¡Ya llegó el Monopolio Ecuatoriano!

En serio, eso dice en El Comisariato, así que pueden creérselo.

Escuchen atentamente. El Monopolio es malo. Si juegas al Monopolio, te crecerán pelos en las palmas de las manos, tu frente y tu barbilla se retraerán, los nudillos de tus manos empezarán a rozar el suelo, y hasta te puede crecer un sombrero de copa. El Monopolio es malo porque quien tiene un hotel en Park Lane (versión local: Carondelet) se erige en dueño de todo el show, con los demás hace lo que le da la gana, y sólo hay libertad para ir a la cárcel (No Te Pases de Listo, No Colecciones Cincuenta Libras) o para comer tristes arroces con menestra. En cambio, el Monopolio es bueno, pero si lo tiene el gobierno, pues es sabido que los gobernantes No Son Como Los Demás. Actualmente, el gobierno tiene el Monopolio de la Verdad y de la Razón, así como de la Fuerza, pero tal vez no sean suficientes. Por ahí dicen que algún otro gobierno tiene el monopolio del petróleo, y algún otro, de los medios de granmanicación. Por ahí también tendrían que moverse. No vaya a ser que se les escape algo.

Por lo tanto, es alentador enterarse de que está prohibida por el CONARTEL, nada menos, "la transmisión de escenas o sonidos que induzcan, promuevan o se refieran a desigualdades, exclusión, discriminación, ridiculización o violencia por condiciones raciales, de identidad étnica o cultural, así como la transmisión de escenas o sonidos que induzcan o promuevan el sexismo y/o comercio sexual", o sea, en buen castellano, está prohibido todo tipo de comunicación, pues es prácticamente imposible hoy en día abrir la boca (o ponerse a rodar la videocámara) sin "referirse" a alguna desigualdad o alguna exclusión, o "inducir al sexismo" a algún pobre diablo que todavía no ha descubierto la gran alegría que da el ser sexista. Pongamos por caso que por algún oscuro y sin duda reprensible motivo neoliberal, quiero emitir en mi canal de televisión la maratónica película Gone With The Wind. Evidentemente, tal acción me atraerá toda la furia de CONARTEL, pues en sus primeros minutos la dichosa película nos ofrece referencias visuales de la discriminación, por condiciones étnicas o culturales, existente en contra de los esclavos en los estados norteaméricanos al sur de la línea Mason-Dixon. En vista de ello, tal vez me lo piense mejor y me decido por Casablanca. Ni hablar: allí se ve claramente cómo discriminaban los nazis en aquel Marruecos de los años 40 en contra de la población nativa, formada por sospechosos habituales, por no hablar de los héroes de la resistencia francesa, que eran discriminados que daba hasta pena verlo. Nada: tenemos que repensarlo y ofrecer alguna película más bonachona, más infantil y para todo público. Ya lo tengo: echemos a rodar a los 101 Dálmatas. Pero fíjate si es sexista esa película, que pone como villana a una mujer y así induce a creer que todas las mujeres son unas sádicas coleccionistas de pieles caninas. Imposible que algo asi se le escape al ojo de águila del García ése. De modo que al final, ¿qué nos queda que podamos mostrar sin temor a represalias? Claro que nada más y nada menos que la propaganda gubernamental, que es lo único que sabemos que no trae problemas.

Y así, siendo tan evidentes al final los beneficios que traen el monopolio estatal, es bien curioso que los portavoces habituales estén mostrando últimamente tanta histeria colectiva en sus sempiternas denuncias de la prensa "mediocre y corrupta", o de la ubicuidad de Jorge Ortiz, ése que a pesar de ser una sola persona de alguna manera se multiplica como monstruosa Hydra para salir hasta en la sopa (en la mía no sale, pero compro barato), para constituirse por sí solo en fenómeno nacional mediático aborrecible y necesitado de legislación. ¿No será que quieren distraer la atención? Nada, no seamos malpensados. Todo es por nuestro bien. Primero las mascarillas y luego las mordazas, pero no escatimemos para evitar que nos llegue esa terrible fiebre sexista, ésa que como todo flagelo que se precie viene de fuera. Protejámonos y esperemos.

Comments

  1. A la usansa de aquel mal perdedor y fanfarrón, procedo a citar al mismo, para confirmar lo por mi apreciado. Es así que, con palabras de Xavier Flores, el tal García sería un buen candidato a integrar cualquier lista de infradotados.

    García decide qué es lo que pueden y deben ver, oir o leer los ecuatorianos. Solo él sabe qué es lo que ofende, y qué es lo que le conviene ver al pueblo.

    Alfredo "Torquemada" Vera, le pasa el dato y vigila cual pesquisa.

    Lo mismo, en su ámbito, léase encomienda, ha hecho Vallejo al sentenciar qué es lo que los pobres pueden y deben comprar, para justificar esa desesperación gubernamental por hacerse de dólares, de cualquier manera.

    Este post abunda en lo dicho por mi. Bienvenida sea la corroboración.

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  2. Nunca. En España, por muy idiotas las leyes, siempre queda el consuelo de un buen vino, de unas patatas bravas, de una sepia a la plancha.

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