Cinta roja y tinta verde
La frase “tinta verde” ha tenido que salir en este blog como cinco veces para que me dé cuenta de que se trata de un símbolo privado, de resistente opacidad. Pues bien, aclaremos: la MayTe era una jovencita delgada y de carácter algo reservada; su hermana menor Maribel, más dicharachera, rolliza y embarazable (yo no fui); había dos hermanos también. A la mamá el hueco de un incisivo ausente le daba un aire entrañablemente defectuosa cuando sonreía, que era casi siempre; el papá, de aspecto barriobajeramente hitleriano, regentaba el bar, situado frente a un campo de fútbol en desuso, donde trabajaban todos menos él, que tenía su hamaca allá fuera, y también su negocio de máquinas tragaperras (ésas que últimamente han dado lugar en este país a una orgía de moralizantes discursos y a una Pierina Correa la mar de huraña). Ese bar fue mi segundo hogar durante casi un año. La MayTe me servía esos interminables sol y sombra, Farias y botellines del tiempo, con cara de esfinge. Cuando ya me ha...