Degenerado
Mi otro lector, que por su silencio me da la sensación de ser muy inteligente, se habrá quedado perplejo ante el comentario de Anónimo en la última entrada. Debo precisar que Anónimo es como una rata que visita la celda de un solitario condenado: no es la compañía que uno quisiera, pero es compañía, es lo que hay, y por eso le tengo una suerte de aprecio. Por supuesto que está como una chota; pero tal vez también lo estoy yo. ("Si la locura fuese dolor", dice sabiamente la Celestina, "en toda casa dieran voces".) Desde luego que tengo talento para atraer a este tipo de parásito, por eso creo que debo de tener algo, algún olor a podredumbre de que estoy inconsciente, para que estos hongos proliferen en mi alrededor. Hace años, cuando frecuentaba Usenet, hubo un tipo que por alguna extraña razón, y contra toda la profusa evidencia autobiográfica que yo habitualmente proporcionaba, logró convencerse de que yo era "en realidad" un joven actor, protagonista de una serie de ciencia ficción (Stargate creo que se llamaba) que yo ni siquiera he visto. Como ese actor era objeto de una malsana obsesión homosexual por parte del tipo, me perseguía virtualmente hasta que tuve que desistir de escribir públicamente un buen rato para perderle la pista. De esa experiencia aprendí que hay gente que se convencerá de lo que sea, hasta el punto de que ya no importan las evidencias: su necesidad de creer triunfa sobre todo raciocinio.
De tal manera, en una extraña mezcla de lectura superficial y delirante fantasía, parece que Anónimo cree que soy alguien importante, alguien cuya opinión cuenta en el mundo real, como para que valga la pena pasar tiempo acumulando citas y enlaces con artículos de diarios para convertirme a su actitud de beligerante hostilidad y violento rechazo al islamismo y al flujo migratorio que él entiende pone en peligro la continuidad de la civilización europea, amenazada por las hordas de la media luna. Claro que para autoconvencerse de la necesidad de tal conversión, o de tal victoria dialéctica, ha tenido que crear un adversario de esperpento, una especie de peligroso comunistoïde disfrazado dedicado a socavar las bases de la civilización con propaganda anticristiano y proislámico. La cosa llega a tal extremo de absurdo que una entrada de blog que no menciona para nada el cristianismo, ni para bien ni para mal (el lector inteligente lo puede comprobar en dos minutos) pero sí en cambio a Dickens, Ortega y Gasset, Judge Jeffries, Genghis Khan, Doctor Who, Tutankamún y Baltasar Garzón, atrae acusaciones de "anticristianismo", siendo definido como anticristianos aquellos blogueros que mencionan el cristianismo "por lo menos 3 veces por post". Es decir, Anónimo necesita que yo sea un anticristiano obsesivo y militante. Él lee lo que necesita leer, no lo que hay en la página. La enfermedad es bastante frecuente, pero pocas veces llega a estos extremos tan vistosos. Claro que la cosa tiene su lado cómico:
Lo que tú ignoras, o pretendes ocultar, es que el gobierno de Ecuador es ferozmente nacionalista y el de Inglaterra en cambio prohibe la bandera nacional para no "ofender" a los extranjeros...
No sé cómo decirlo: si visito el blog de un aficionado a los trenes modelo, dedicado exclusivamente a este tema, y le acuso de "ignorar, o pretender ocultar" que la manzanilla es buena para los trastornos digestivos, pues me merezco por lo menos un WTF. Lo que el bueno de Anónimo ni ignora, ni pretende ocultar, porque para ambas cosas hay que tener cierta mínima potencialidad cognitiva, es que no estaba hablando ni de nacionalismos ni de banderas nacionales, aunque sí en otra ocasión hace tiempo habré tocado el tema, aclarando en ese entonces que las banderas no me interesan en absoluto, no más que los remedios caseros al devoto de los mini-locomotores. Por tanto, lo que parecería evidente es que para tener una buena discusión sobre esos temas, hasta para ganarse un converso, lo mejor sería buscarse un blog de alguien a quien realmente eso le interese. Y no es que escaseen precisamente. Blogs sobre religión hay decenas de miles, de todas las tendencias (el otro día estuve leyendo con cierta fruición un blog ultracatólico), sobre nacionalismos y banderas ídem. Si Anónimo quiere que alguien se escandalice por que en Inglaterra (no lo dudo) haya autoridades que prohiben el uso de la bandera, pues nada más sencillo que buscarse a alguien a quien esa bandera represente algo serio. Aunque por supuesto la tal prohibición me parece cosa execrable, se me antoja una nadería al lado de otras asuntos mucho más graves, como la prohibición de fumar en los pubs. La verdad es que cuando me enteré de que los ingleses habían aceptado esa ley, la del tabaco, prácticamente sin rechistar, en ese momento me di cuenta de que yo ya no era inglés, pues ya no tenía evidentemente nada en común con el resto de la gente de ese país. Tal impresión se intensificó el otro día, cuando vi las imágenes de un grupo de jóvenes londinenses, que se acercaban a un tipo que tenía la mandíbula rota, aparentemente para socorrerlo, en realidad para robarle el contenido de su mochila. Cuando vi eso, supe a ciencia cierta que lo que yo recordaba como Inglaterra ya era algo muerto: ni siquiera "historia", simplemente alguna estúpida nostalgia de un viejo sonámbulo y moribundo. En la Inglaterra que yo conocía, o que falsamente me parece recordar, tales cosas no sucedían. Así que ya nada me une a ese país, más que un molesto y delatador acento.
O dicho de otra manera: no tengo tribu.
Tal vez valga la pena (no para Anónimo, desde luego) insistir sobre eso. En parte porque creo que sirve de explicación al fenómeno apuntado arriba, el por qué atraigo a gente rara, trastornada y obsesiva. Es porque me ven, simplemente, solo. A las enfermedades como a los depredadores la soledad se lee como señal de presa fácil. Por lo menos, a los más tontos les parece así. Y lo cierto es que no tengo bandera, ni busco una. No tengo ni partido, ni ideología, ni religión, ni me siento identificado con ninguna clase social, ni con ninguna "raza" (para quienes todavía creen en esas cosas), ni desde luego con ninguna patria. Ni siquiera estoy muy cómodo con mi supuesto género, y hace mucho dejé de "identificarme" con él. Soy como mi hijo: solo en el mundo, y buscando entretenerse con cualquier niñería inocente mientras el huracán espera tras la puerta.
O si insisten en buscarme afiliación: homo sum, etc.
Se es humanista como se es hincha del Barcelona: sabes que tu equipo siempre va a perder, pero simplemente sigues por lealtad, o por pereza. No espero gran cosa de los seres humanos, no después de ver ese video de los ladrones de Londres (a propósito, lo que se ve actuando ahí es "la sociedad". Pasen el dato). Pero parece que tengo más de humano que de otra cosa, y a mi edad entrenarse para microbio supone demasiado esfuerzo. Así que con esta especie me quedo. Pero realmente, poco importa. Me espera poco tiempo en este cuerpo, y pronto seré un confuso pulular de gusanos subterráneos, y nadie apenas se dará cuenta, pues no cambié el mundo, ni puedo hacerlo, ni de poder hacerlo me lo permitiría (no suelo tocar lo que no es mío). Y eso me lleva naturalmente a la siguiente reflexión:
Soy degenerado, sí, tal como creo que alguna vez me acusó Anónimo, pero sólo en potencia. Soy antisocial, también (la última acusación) pero de nuevo, sólo en potencia. Para realizarme plenamente como degenerado necesitaría conocer a algún otro de la misma especie. Es falso que "vivo entre antisociales". Ojalá fuese verdad. Ojalá conociera a alguien más que no tuviera tribu, que oyera como quien oye llover a los cantos a la Patria, a los discursos de Partido, a las zalamerías de los publicistas de Blackberries y del peinado del Justin. O sea, a otro hedonista perverso, despreocupado, caprichoso e irresponsable como yo.
Limando un poco: me siento solo. Lonely es la palabra.
De tal manera, en una extraña mezcla de lectura superficial y delirante fantasía, parece que Anónimo cree que soy alguien importante, alguien cuya opinión cuenta en el mundo real, como para que valga la pena pasar tiempo acumulando citas y enlaces con artículos de diarios para convertirme a su actitud de beligerante hostilidad y violento rechazo al islamismo y al flujo migratorio que él entiende pone en peligro la continuidad de la civilización europea, amenazada por las hordas de la media luna. Claro que para autoconvencerse de la necesidad de tal conversión, o de tal victoria dialéctica, ha tenido que crear un adversario de esperpento, una especie de peligroso comunistoïde disfrazado dedicado a socavar las bases de la civilización con propaganda anticristiano y proislámico. La cosa llega a tal extremo de absurdo que una entrada de blog que no menciona para nada el cristianismo, ni para bien ni para mal (el lector inteligente lo puede comprobar en dos minutos) pero sí en cambio a Dickens, Ortega y Gasset, Judge Jeffries, Genghis Khan, Doctor Who, Tutankamún y Baltasar Garzón, atrae acusaciones de "anticristianismo", siendo definido como anticristianos aquellos blogueros que mencionan el cristianismo "por lo menos 3 veces por post". Es decir, Anónimo necesita que yo sea un anticristiano obsesivo y militante. Él lee lo que necesita leer, no lo que hay en la página. La enfermedad es bastante frecuente, pero pocas veces llega a estos extremos tan vistosos. Claro que la cosa tiene su lado cómico:
Lo que tú ignoras, o pretendes ocultar, es que el gobierno de Ecuador es ferozmente nacionalista y el de Inglaterra en cambio prohibe la bandera nacional para no "ofender" a los extranjeros...
No sé cómo decirlo: si visito el blog de un aficionado a los trenes modelo, dedicado exclusivamente a este tema, y le acuso de "ignorar, o pretender ocultar" que la manzanilla es buena para los trastornos digestivos, pues me merezco por lo menos un WTF. Lo que el bueno de Anónimo ni ignora, ni pretende ocultar, porque para ambas cosas hay que tener cierta mínima potencialidad cognitiva, es que no estaba hablando ni de nacionalismos ni de banderas nacionales, aunque sí en otra ocasión hace tiempo habré tocado el tema, aclarando en ese entonces que las banderas no me interesan en absoluto, no más que los remedios caseros al devoto de los mini-locomotores. Por tanto, lo que parecería evidente es que para tener una buena discusión sobre esos temas, hasta para ganarse un converso, lo mejor sería buscarse un blog de alguien a quien realmente eso le interese. Y no es que escaseen precisamente. Blogs sobre religión hay decenas de miles, de todas las tendencias (el otro día estuve leyendo con cierta fruición un blog ultracatólico), sobre nacionalismos y banderas ídem. Si Anónimo quiere que alguien se escandalice por que en Inglaterra (no lo dudo) haya autoridades que prohiben el uso de la bandera, pues nada más sencillo que buscarse a alguien a quien esa bandera represente algo serio. Aunque por supuesto la tal prohibición me parece cosa execrable, se me antoja una nadería al lado de otras asuntos mucho más graves, como la prohibición de fumar en los pubs. La verdad es que cuando me enteré de que los ingleses habían aceptado esa ley, la del tabaco, prácticamente sin rechistar, en ese momento me di cuenta de que yo ya no era inglés, pues ya no tenía evidentemente nada en común con el resto de la gente de ese país. Tal impresión se intensificó el otro día, cuando vi las imágenes de un grupo de jóvenes londinenses, que se acercaban a un tipo que tenía la mandíbula rota, aparentemente para socorrerlo, en realidad para robarle el contenido de su mochila. Cuando vi eso, supe a ciencia cierta que lo que yo recordaba como Inglaterra ya era algo muerto: ni siquiera "historia", simplemente alguna estúpida nostalgia de un viejo sonámbulo y moribundo. En la Inglaterra que yo conocía, o que falsamente me parece recordar, tales cosas no sucedían. Así que ya nada me une a ese país, más que un molesto y delatador acento.
O dicho de otra manera: no tengo tribu.
Tal vez valga la pena (no para Anónimo, desde luego) insistir sobre eso. En parte porque creo que sirve de explicación al fenómeno apuntado arriba, el por qué atraigo a gente rara, trastornada y obsesiva. Es porque me ven, simplemente, solo. A las enfermedades como a los depredadores la soledad se lee como señal de presa fácil. Por lo menos, a los más tontos les parece así. Y lo cierto es que no tengo bandera, ni busco una. No tengo ni partido, ni ideología, ni religión, ni me siento identificado con ninguna clase social, ni con ninguna "raza" (para quienes todavía creen en esas cosas), ni desde luego con ninguna patria. Ni siquiera estoy muy cómodo con mi supuesto género, y hace mucho dejé de "identificarme" con él. Soy como mi hijo: solo en el mundo, y buscando entretenerse con cualquier niñería inocente mientras el huracán espera tras la puerta.
O si insisten en buscarme afiliación: homo sum, etc.
Se es humanista como se es hincha del Barcelona: sabes que tu equipo siempre va a perder, pero simplemente sigues por lealtad, o por pereza. No espero gran cosa de los seres humanos, no después de ver ese video de los ladrones de Londres (a propósito, lo que se ve actuando ahí es "la sociedad". Pasen el dato). Pero parece que tengo más de humano que de otra cosa, y a mi edad entrenarse para microbio supone demasiado esfuerzo. Así que con esta especie me quedo. Pero realmente, poco importa. Me espera poco tiempo en este cuerpo, y pronto seré un confuso pulular de gusanos subterráneos, y nadie apenas se dará cuenta, pues no cambié el mundo, ni puedo hacerlo, ni de poder hacerlo me lo permitiría (no suelo tocar lo que no es mío). Y eso me lleva naturalmente a la siguiente reflexión:
Soy degenerado, sí, tal como creo que alguna vez me acusó Anónimo, pero sólo en potencia. Soy antisocial, también (la última acusación) pero de nuevo, sólo en potencia. Para realizarme plenamente como degenerado necesitaría conocer a algún otro de la misma especie. Es falso que "vivo entre antisociales". Ojalá fuese verdad. Ojalá conociera a alguien más que no tuviera tribu, que oyera como quien oye llover a los cantos a la Patria, a los discursos de Partido, a las zalamerías de los publicistas de Blackberries y del peinado del Justin. O sea, a otro hedonista perverso, despreocupado, caprichoso e irresponsable como yo.
Limando un poco: me siento solo. Lonely es la palabra.
Bueno, tampoco es que tengas solo dos lectores, es solo que algunos guardamos un respetuoso silencio (¿o yo soy el otro?). En todo caso no me queda más que desear que anónimo reciba la atención siquiátrica que necesita.
ReplyDeleteNada, solo quería dejar estas pocas palabras para demostrar que tanto como solo no estás, aunque así te sientas. Es refrescante poder leerte mientras se pueda, y por eso hay gratitud. Aunque me haya salido un poco meloso el comentario...
Homines sumus, mi imperial peregrino.
ReplyDelete(De los comentarios de Anónimo, solo caben las tres letras que ya pusiste: WTF. Y que pena que tu respuesta aplazó para luego lo ofrecido en la entrada anterior: hablar de mamadas, mujeres rebeldes y braguetas de feos)
Mantener un blog en este mundo globalizado es ser como una luz en medio de la noche: inevitablemente atraes a toda clase de bichos. Pero este blogotropismo no sólo te permite conocer insectos rastreros...
Dudo mucho que sólo seamos 2 los lectores que esperamos cómodamente saques una nueva entrada para leerla ávidamente. Y si no comentamos nada, talvez será por comodismo o por concordar con lo leído. En mi caso, cuando hablabas de jueces y de mamadas no dije nada por que concuerdo 100% en que la justicia ecuatoriana es una mercancía y que una mujer rebelada es una compinche sexual peligrosa.
Lamento que te sientas solo. Y aunque no lamento no ser un hedonista perverso, despreocupado, caprichoso e irresponsable, valga decirte que un hedonista reprimido, caprichoso e irresponsable en ciertas cosas te guarda gratitud, te aprecia y te sigue con atención.
Una de las maravillas del mundo virtual del internet es que puede acercar a las personas de una manera impresionante, y sin embargo, seguirá conservando ese aire estéril y aséptico que impide a las personas embarrarse de una verdadera amistad.
ReplyDelete(Han habido grandes y entrañables amistades que solo han funcionado o existido en el modo epistolar)
Siendo así, creo que el pasar regularmente por este blog ha hecho que yo imagine que en un mundo real, talvez podríamos ser amigos.
Respeto y admiración es lo que puedo decir por alguien como vos.
Los que vivimos en este planeta, hacemos este mundo. Tu dices que no has logrado cambiar el mundo. No estoy seguro de qué mismo significa aquello. Solo se que mucho de lo que tu dices tiene su grado de influencia en mis propias ideas. Me confieso ávido lector tuyo. Has influenciado en otros integrantes de ese mundo. Whatever that means!
No estás solo, simplemente asépticamente acompañado. Pero bueno, nada es perfecto en este mundo. Seguiré siendo parte de tus feligreses for as long as this lasts.
Si te leemos, es porque tu pones por escrito de manera más elegante y elocuente lo que muchos pensamos y coincidimos.
“Assholes are the new Intelectuals in Ecuador”, eso vino soldado con la “revolución ciudadana”. El anónimo nos ha agasajado con abrumadora evidencia que lo confirma. Claro, tampoco descarto la posibilidad de que esos “comentarios” sean pagados con el dinero de mis impuestos, si puede ser.
ReplyDeleteEn efecto, al leer semejante despliegue de inquina en contra de quien sea que no profese la religión correana, me ha provocado un profundo desconsuelo y satisfacción al mismo tiempo. Desconsuelo provocado por ver como un ser humano se arrastra por defender a un gobierno cuya corrupción raya en lo arcano y por leer comentarios que asemejan basura en un blog que nos merece admiración y respeto.
Satisfacción, por otro lado de saber que ningún otro comentarista la ha dado importancia alguna a las palabras del correano, tal como le sucede al monologo de los Sábados, les guste o no.
Como siempre, un placer leerte mi estimado Amigo Emperador.