Die Leiden des Junger Werners, segunda parte
Al joven Werner le preocupa ahora el mesianismo. Esto es un dato esperanzador. Constituye un progreso.
Claro que tal progreso fuera más palpable si solamente se diera la molestia de expresarse con un mínimo de claridad. El artículo arranca así:
[El mesianismo neoconservador e]s aquel que redunda por las bocas de diferentes generaciones que invocan a un continuo individualismo casi salido de la nada y que se construiría a partir de su propio vacío y ansiedad de llenarlo todo con su presencia.
Ejem. Intentemos descifrarlo. Hay un "continuo individualismo", o sea, un individualismo que no se interrumpe, frente (se presume) a otros individualismos que sí se interrumpen, o sea, que son discontinuos. No se me ocurre por qué un individualismo (¿"un" individualismo?) se tendría que interrumpir, y bajo qué circunstancias, pero en fin. Este "continuo individualismo" es "casi salido de la nada". No salió de la nada, pero casi. ¿Casi salió, o salió de la casi nada? No hay precisiones al respecto. Bueno. Después de casi salir, la tal continuo individualismo necesita "ser construido" Ahí sí, se me enciende una lucecita: el individualismo, actitud que yo mismo profeso, no es algo que se te pega al zapato, ni que se te cae del cielo: requiere bastante trabajo, y en mi propio caso sobre todo tiempo (porque intelectualmente soy algo torpe, ya lo ves, ni a un simple articulista del Telégrafo le puedo entender) llegar a ser individualista. La metáfora de la construcción no es que me parezca brillante, pero por lo menos evoca eso, trabajo. Bien. Sigamos. ¿Cómo se construye ese continuo individualismo casi salido de la nada? "A partir de su propio vacío y ansiedad de llenarlo todo con su presencia". ¿Una ausencia (vacío) que quiere llenarlo todo con su presencia? Bueno, ya va tomando forma. O tal vez no. Seamos arriesgados pues. Interpretemos.
Claro que con tamaño galimatías me puedo equivocar, cualquiera puede, pero a mí me parece que el bueno de Vásquez quería decir algo así:
Escucho a mucha gente de diferentes edades decir cosas que a mi parecer reflejan o demuestran una actitud individualista.* No sé de dónde aprenden estas actitudes: a buen seguro no las han sacado de mis autores preferidos: no encontrarás individualismo ni en Marx ni en Lenin ni en Trotsky ni en Gramsci ni en Ernest Mandel. Por tanto, para mí es como si estas actitudes salen de la nada.** En todo caso, como yo soy colectivista, proceso la mera existencia de esas actitudes como una amenaza, como una afrenta, como un desafío. Entonces recurro a mi sistema de defensa habitual, el ad hominem. Si alguien no está de acuerdo conmigo en lo fundamental, sólo puede haber una explicación: es una persona ruin, egoísta, superficial, corrupta, deleznable. Esta forma de pensar tiene la ventaja de permitirme hacer caso omiso de los argumentos del adversario: ¿para qué ponerse a discutir con alguien tan inmerecedor de mi atención?***
* Mejor no pongamos "actitud". Dejemos que sea actitud, filosofía, ideología... por si los pedantes. Eso sí, "individualismo" a secas... meh. Pongámosle un adjetivo. ¿Cuál adjetivo? Ya es tarde, tengo sueño. Dejémoslo en "continuo", que no significa mucha cosa pero suena bien.
** Tal vez alguno de estos individualistas me sacarán de la manga un montón de autores desconocidos para mí. No pongamos "nada", pues, por si resulta que sí tienen antecedentes. "Casi nada". Da lo mismo.
*** Esa gente no merece mi atención ni que les tome en serio, pero... claro, al público, a las masas, a la chusma, hay que educarles. Es mi deber como intelectual.
Repito: lo de arriba son interpretaciones. Quizás no son las más caritativas entre las disponibles. Seré sincero: este hombre me irrita. Me irrita de la misma manera que cuando voy a YouTube a escuchar un maravilloso guitarrista, un Chet Atkins pongamos, y encuentro en los comentarios que a la gente sólo se le ocurre discutir sobre quién entre un conjunto reducido de grandes es "mejor" que el otro, o que los demás. "Meh, este Chet es bueno, pero mejor es BB King/Paco de L./Eric Clapton/Hendrix." Cuando lees esto, sabes que nunca han tocado una guitarra... y lo más triste, nunca sabrán apreciar a un gran músico. Hasta el más modesto que se haya adentrado en esa disciplina aprende rápido que los grandes siempre serán mejores que tú, y que tú no eres mejor que nadie, y que puedes serlo si le dedicas cada miligramo de tu sudor por el resto de tu vida, pero nunca lo sabrás, y que esto es lo único que cuenta, porque ser grande es precisamente no sostener comparaciones. Probemos de otra manera. Los grandes son grandes precisamente porque no son "mejores que" nadie. Son ellos mismos. En eso consiste el ser grande. Como decían los griegos: conócete, γνῶθι σεαυτόν. (Hay dudas sobre si realmente esto fue escrito en el templo de Apolo en Delfos. Digamos que sí. Lo inscribiría en la portada de este blog, si no fuera demasiado pretencioso: es realmente lo único que trato de decir en todos estos posts.)
Entonces, cuando ves a un tipo que desde la cima de su parnasiana superioridad como intelectual de izquierda se dedica a mear copiosamente sobre las papas fritas de todos aquellos que reivindican para sí hasta la más modesta autonomía individual, acusándoles de ser gente "vacía" porque no aceptan el Gran Plan que los intelectuales de izquierda han ideado para sus vidas, porque no se conforman con un lobotomizado "buen vivir" ni con ser "las masas", la carne de cañón de los iluminados de la vanguardia, pues eso, me sale la vena mala leche, y perdonen el españolismo.
El Gran Plan de Werner Vásquez para las Ignorantes Masas, según él, es "mejor que" cualquier cosa que los miembros de dichas Ignorantes Masas pudieran haber ideado ellos solitos. Lo que ellas pueden tener en sus cabezas es sólo un "vacío" que tienen la desfachatez de enseñar al mundo cual herida supurante, adornándolo impúdicamente con grandilocuentes palabras como "individualismo". Él es diferente. En su cabeza no hay "vacío". Hay Grandes Planes. Hay Frentes Amplios en que los oprimidos por motivos raciales, o de género, o de clase social, o de orientación sexual, van unidos de la mano, conquistando las cimas del Poder. Porque eso es lo que cuenta. El Poder. Los individualistas son tan giles, que ni de eso se dan cuenta. Hay que tener poder. Lo demás es cuento.
Ay, me aburro con esto. Son lecturas malsanas. Muy rápidamente, pues:
Lo mesiánico de ese comportamiento está en reivindicar un radicalismo histórico determinista, es decir, que de entrada la historia solo es un escenario plano donde el destino manifiesto de fuerzas superiores se hace carne y hueso en los individuos. De esta forma ese mesianismo rechaza la posibilidad del cambio y la transformación social. Creen en la historia como sucesión de hechos naturales y, por tanto, la propia economía es un acontecimiento natural intrínseco y su máxima expresión lógica los precios en el mercado.
Sólo hay una manera, caritativa o no, ya poco me importa, de sacarle algún sentido a esto: consiste en suponer que el autor está en guerra con las palabras, con la claridad, con la coherencia misma. Hay que atribuirle alguna coherencia donde no hay, unir cabos, sustituir palabras poco afortunadas. En fin. Empezamos con "lo mesiánico": Ser mesiánico es creer que algo, más concretamente alguien, una persona especial, elegido por el destino, un mesías, aparecerá en algún momento para "salvarnos", para poner las cosas en orden, para vencer a nuestros adversarios, para marcar un Antes y un Después, para instaurar el Buen Vivir. Sí. Antes de esta fortuita aparición, sólo había la Larga y Triste Noche (sea Neoliberal, o de la República de Weimar, o póngale el calificativo que quieras). Después de su aparición, todo es distinto. Tenemos a nuestro mesías, nuestro Guía, nuestro Pastor de Pueblos, con toda esa majestad manifiesta que le rodea. ¿Dónde hemos escuchado antes todo esto? Ustedes ya me dirán. No creo que sea de la boca de ningún "individualista", pues condición básica e insoslayable del individualismo es dejar de creer en mesías, en salvadores de la patria, y todas esas tonterías. Por lo que, cuando dice "mesíánico", no creo que Vásquez hable en serio. Intenta decir otra cosa. Tal vez, no sé, "determinista". Quedémonos con eso, pues.
Ahora, lo de la historia. Como es sabido, el izquierdismo de hoy traza su linaje intelectual del idealismo alemán decimonónico, cuyo exponente más preclaro fue GWF Hegel. El hegelianismo puro no ha corrido la mejor de las suertes: hoy en día nadie lo toma en serio, por lo menos no hasta el punto de creer que el Estado Prusiano de hace siglo y medio fue la mayor y más pura expresión del Espíritu Universal en la Tierra. Pero sigue viviendo, de forma algo soterrada, en los pensamientos confusos del "progresismo", de los devotos de la teoría Whig de la historia, los que creen que hay un "inevitable" progreso material y espiritual del ser humano, por lo que oponerse a cualquier "cambio" es ir a contracorriente de aquella gran Fuerza que nos lleva por el sendero del Progreso hacia un Mejor Futuro. Es, precisamente, ese idealismo bobo el que predica que hay Fuerzas que, siguiendo una evolución "dialéctica", convierten a los actores humanos de la historia en simples marionetas del Destino. El Karl Marx a cuyos pies nuestro Vásquez se arrodilla fue, por confesión propia, alumno aventajado de Hegel, y su originalidad estriba solamente en ponerle a esas Grandes Fuerzas Manifiestas de la Historia etiquetas como "modo de producción", "burguesía", "proletariado", es decir, pretender asociarlas con realidades palpables mediante un ingenioso proceso de abstracción selectiva.
¿Algo de esto entra en el universo mental del neoconservador (dicho sea de paso, no entiendo por qué Vásquez habla de neoconservadurismo, una desafortunada tendencia política casi exclusivamente estadounidense que cayó en descrédito general con el fiasco de la guerra de Irak. No creo que en todo Ecuador exista un solo neocon hoy en día, ni que haya existido nunca esta exótica corriente intelectual en este país. Supongo que por neoconservadurismo querrá decir "conservadurismo" a secas)? Tal vez sí, pues los originales y auténticos neocons nacieron de una izquierda desilusionada, y traían consigo todo el bagaje mental de un trosquismo otoñal (para un exponente británico de dicha tendencia, ver Christopher Hitchens, el único defensor respetable de la guerra de Irak, y no sé cómo dormía por las noches, pero sigo profesándole una gran admiración a pesar de todo). Lo que está claro es que, en la medida que eres individualista, estás destinado tarde o temprano a despertarte de estos sueños o estas fantasías. La Historia, aun con mayúscula, no es más que la anotación obsesiva del comportamiento longitudinal de fenómenos impredecibles (pues si fueran predecibles, si siguieran "leyes" científicas, no merecería anotarse los fenómenos, sino solamente las leyes subyacentes) y sistemas inestables. Y los requisitos para ser protagonista en ella no son precisamente los mismos que te convertirán en un auténtico individuo. Por ello, ninguna persona sensata quisiera salir en un libro de historia. Son muy malas compañías las que encontrarás en esas páginas.
El individualista no "rechaza la posibilidad del cambio". Nadie rechaza eso. Claro que un determinado cambio puede no gustarle. Y en tal caso, se sentirá libre para decirlo, y le importaría un comino encontrarse en una minoría de uno. Porque ser una minoría de uno es requisito sine qua no para empezar a vivir como auténtico ser humano, aun perdiendo la batalla contra las monstruosas, perdón, "grandes" mayorías. No hay otra.
En cuanto a los "hechos naturales", no sé qué demonios querrá decir con esto, pero de nuevo, interpretemos un poco. Los teóricos que él critica, en el campo de la economía, pretenden describir e incluso predecir la actuación del mercado. Lo "aceptan" como algo "natural", lo cual quiere decir, en este contexto "existente, real". Puede que en alguno de sus postulados no es tan real como piensan (siempre he pensado que el Homo oeconomicus es un tipo muy raro y asaz antipático, si soy sincero) pero bueno, hacen el intento. Pero a Vásquez este intento no le sirve de mucho. Como diría Marx: los filósofos sólo interpretan al mundo: la cuestión es cambiarlo. Por tanto, Vásquez no quiere descripciones, quiere críticas. Basta de describir el mercado: ¡denúncialo! ¡Sugiere otra cosa!
No tengo palabras adecuadas para resumir lo infantil de esta actitud. (Y por si acaso, quien me susurra el calificativo es el propio Lenin.) Para "cambiar" algo, tienes que entender cómo funciona. Si no quieres hacer ese esfuerzo, vete a YouTube y sin ser guitarrista, ponte a criticar a los guitarristas sentenciando, desde esa cátedra informal que te proporciona tus vastos conocimientos, que tal o cual otro "es mejor". Sí, así de infantil son los que quieren "cambiar" una realidad que no merece entenderse, simplemente porque no es la que su mamá les prometió. ¡Yo no pedí Mercado! ¡Yo quería Cockaigne! ¡Cockaigne es mejor que Mercado! Buaj.
El neoconservadurismo proclama la supremacía del individuo por sobre el ser humano; y no es una contradicción.
Sí lo es. Estás citando mal, Werner. Aquí va lo dicho por Unamuno:
Cada hombre vale más que la humanidad entera.
Dicho así, lo ratifico al 100%. La humanidad es una abstracción, y ser hombre, o ser mujer, de verdad, es conseguir ser algo más que una abstracción, lo cual se demuestra en ese atributo único del individuo, el ser impredecible, y por tanto, insustituible.
Claro que tal progreso fuera más palpable si solamente se diera la molestia de expresarse con un mínimo de claridad. El artículo arranca así:
[El mesianismo neoconservador e]s aquel que redunda por las bocas de diferentes generaciones que invocan a un continuo individualismo casi salido de la nada y que se construiría a partir de su propio vacío y ansiedad de llenarlo todo con su presencia.
Ejem. Intentemos descifrarlo. Hay un "continuo individualismo", o sea, un individualismo que no se interrumpe, frente (se presume) a otros individualismos que sí se interrumpen, o sea, que son discontinuos. No se me ocurre por qué un individualismo (¿"un" individualismo?) se tendría que interrumpir, y bajo qué circunstancias, pero en fin. Este "continuo individualismo" es "casi salido de la nada". No salió de la nada, pero casi. ¿Casi salió, o salió de la casi nada? No hay precisiones al respecto. Bueno. Después de casi salir, la tal continuo individualismo necesita "ser construido" Ahí sí, se me enciende una lucecita: el individualismo, actitud que yo mismo profeso, no es algo que se te pega al zapato, ni que se te cae del cielo: requiere bastante trabajo, y en mi propio caso sobre todo tiempo (porque intelectualmente soy algo torpe, ya lo ves, ni a un simple articulista del Telégrafo le puedo entender) llegar a ser individualista. La metáfora de la construcción no es que me parezca brillante, pero por lo menos evoca eso, trabajo. Bien. Sigamos. ¿Cómo se construye ese continuo individualismo casi salido de la nada? "A partir de su propio vacío y ansiedad de llenarlo todo con su presencia". ¿Una ausencia (vacío) que quiere llenarlo todo con su presencia? Bueno, ya va tomando forma. O tal vez no. Seamos arriesgados pues. Interpretemos.
Claro que con tamaño galimatías me puedo equivocar, cualquiera puede, pero a mí me parece que el bueno de Vásquez quería decir algo así:
Escucho a mucha gente de diferentes edades decir cosas que a mi parecer reflejan o demuestran una actitud individualista.* No sé de dónde aprenden estas actitudes: a buen seguro no las han sacado de mis autores preferidos: no encontrarás individualismo ni en Marx ni en Lenin ni en Trotsky ni en Gramsci ni en Ernest Mandel. Por tanto, para mí es como si estas actitudes salen de la nada.** En todo caso, como yo soy colectivista, proceso la mera existencia de esas actitudes como una amenaza, como una afrenta, como un desafío. Entonces recurro a mi sistema de defensa habitual, el ad hominem. Si alguien no está de acuerdo conmigo en lo fundamental, sólo puede haber una explicación: es una persona ruin, egoísta, superficial, corrupta, deleznable. Esta forma de pensar tiene la ventaja de permitirme hacer caso omiso de los argumentos del adversario: ¿para qué ponerse a discutir con alguien tan inmerecedor de mi atención?***
* Mejor no pongamos "actitud". Dejemos que sea actitud, filosofía, ideología... por si los pedantes. Eso sí, "individualismo" a secas... meh. Pongámosle un adjetivo. ¿Cuál adjetivo? Ya es tarde, tengo sueño. Dejémoslo en "continuo", que no significa mucha cosa pero suena bien.
** Tal vez alguno de estos individualistas me sacarán de la manga un montón de autores desconocidos para mí. No pongamos "nada", pues, por si resulta que sí tienen antecedentes. "Casi nada". Da lo mismo.
*** Esa gente no merece mi atención ni que les tome en serio, pero... claro, al público, a las masas, a la chusma, hay que educarles. Es mi deber como intelectual.
Repito: lo de arriba son interpretaciones. Quizás no son las más caritativas entre las disponibles. Seré sincero: este hombre me irrita. Me irrita de la misma manera que cuando voy a YouTube a escuchar un maravilloso guitarrista, un Chet Atkins pongamos, y encuentro en los comentarios que a la gente sólo se le ocurre discutir sobre quién entre un conjunto reducido de grandes es "mejor" que el otro, o que los demás. "Meh, este Chet es bueno, pero mejor es BB King/Paco de L./Eric Clapton/Hendrix." Cuando lees esto, sabes que nunca han tocado una guitarra... y lo más triste, nunca sabrán apreciar a un gran músico. Hasta el más modesto que se haya adentrado en esa disciplina aprende rápido que los grandes siempre serán mejores que tú, y que tú no eres mejor que nadie, y que puedes serlo si le dedicas cada miligramo de tu sudor por el resto de tu vida, pero nunca lo sabrás, y que esto es lo único que cuenta, porque ser grande es precisamente no sostener comparaciones. Probemos de otra manera. Los grandes son grandes precisamente porque no son "mejores que" nadie. Son ellos mismos. En eso consiste el ser grande. Como decían los griegos: conócete, γνῶθι σεαυτόν. (Hay dudas sobre si realmente esto fue escrito en el templo de Apolo en Delfos. Digamos que sí. Lo inscribiría en la portada de este blog, si no fuera demasiado pretencioso: es realmente lo único que trato de decir en todos estos posts.)
Entonces, cuando ves a un tipo que desde la cima de su parnasiana superioridad como intelectual de izquierda se dedica a mear copiosamente sobre las papas fritas de todos aquellos que reivindican para sí hasta la más modesta autonomía individual, acusándoles de ser gente "vacía" porque no aceptan el Gran Plan que los intelectuales de izquierda han ideado para sus vidas, porque no se conforman con un lobotomizado "buen vivir" ni con ser "las masas", la carne de cañón de los iluminados de la vanguardia, pues eso, me sale la vena mala leche, y perdonen el españolismo.
El Gran Plan de Werner Vásquez para las Ignorantes Masas, según él, es "mejor que" cualquier cosa que los miembros de dichas Ignorantes Masas pudieran haber ideado ellos solitos. Lo que ellas pueden tener en sus cabezas es sólo un "vacío" que tienen la desfachatez de enseñar al mundo cual herida supurante, adornándolo impúdicamente con grandilocuentes palabras como "individualismo". Él es diferente. En su cabeza no hay "vacío". Hay Grandes Planes. Hay Frentes Amplios en que los oprimidos por motivos raciales, o de género, o de clase social, o de orientación sexual, van unidos de la mano, conquistando las cimas del Poder. Porque eso es lo que cuenta. El Poder. Los individualistas son tan giles, que ni de eso se dan cuenta. Hay que tener poder. Lo demás es cuento.
Ay, me aburro con esto. Son lecturas malsanas. Muy rápidamente, pues:
Lo mesiánico de ese comportamiento está en reivindicar un radicalismo histórico determinista, es decir, que de entrada la historia solo es un escenario plano donde el destino manifiesto de fuerzas superiores se hace carne y hueso en los individuos. De esta forma ese mesianismo rechaza la posibilidad del cambio y la transformación social. Creen en la historia como sucesión de hechos naturales y, por tanto, la propia economía es un acontecimiento natural intrínseco y su máxima expresión lógica los precios en el mercado.
Sólo hay una manera, caritativa o no, ya poco me importa, de sacarle algún sentido a esto: consiste en suponer que el autor está en guerra con las palabras, con la claridad, con la coherencia misma. Hay que atribuirle alguna coherencia donde no hay, unir cabos, sustituir palabras poco afortunadas. En fin. Empezamos con "lo mesiánico": Ser mesiánico es creer que algo, más concretamente alguien, una persona especial, elegido por el destino, un mesías, aparecerá en algún momento para "salvarnos", para poner las cosas en orden, para vencer a nuestros adversarios, para marcar un Antes y un Después, para instaurar el Buen Vivir. Sí. Antes de esta fortuita aparición, sólo había la Larga y Triste Noche (sea Neoliberal, o de la República de Weimar, o póngale el calificativo que quieras). Después de su aparición, todo es distinto. Tenemos a nuestro mesías, nuestro Guía, nuestro Pastor de Pueblos, con toda esa majestad manifiesta que le rodea. ¿Dónde hemos escuchado antes todo esto? Ustedes ya me dirán. No creo que sea de la boca de ningún "individualista", pues condición básica e insoslayable del individualismo es dejar de creer en mesías, en salvadores de la patria, y todas esas tonterías. Por lo que, cuando dice "mesíánico", no creo que Vásquez hable en serio. Intenta decir otra cosa. Tal vez, no sé, "determinista". Quedémonos con eso, pues.
Ahora, lo de la historia. Como es sabido, el izquierdismo de hoy traza su linaje intelectual del idealismo alemán decimonónico, cuyo exponente más preclaro fue GWF Hegel. El hegelianismo puro no ha corrido la mejor de las suertes: hoy en día nadie lo toma en serio, por lo menos no hasta el punto de creer que el Estado Prusiano de hace siglo y medio fue la mayor y más pura expresión del Espíritu Universal en la Tierra. Pero sigue viviendo, de forma algo soterrada, en los pensamientos confusos del "progresismo", de los devotos de la teoría Whig de la historia, los que creen que hay un "inevitable" progreso material y espiritual del ser humano, por lo que oponerse a cualquier "cambio" es ir a contracorriente de aquella gran Fuerza que nos lleva por el sendero del Progreso hacia un Mejor Futuro. Es, precisamente, ese idealismo bobo el que predica que hay Fuerzas que, siguiendo una evolución "dialéctica", convierten a los actores humanos de la historia en simples marionetas del Destino. El Karl Marx a cuyos pies nuestro Vásquez se arrodilla fue, por confesión propia, alumno aventajado de Hegel, y su originalidad estriba solamente en ponerle a esas Grandes Fuerzas Manifiestas de la Historia etiquetas como "modo de producción", "burguesía", "proletariado", es decir, pretender asociarlas con realidades palpables mediante un ingenioso proceso de abstracción selectiva.
¿Algo de esto entra en el universo mental del neoconservador (dicho sea de paso, no entiendo por qué Vásquez habla de neoconservadurismo, una desafortunada tendencia política casi exclusivamente estadounidense que cayó en descrédito general con el fiasco de la guerra de Irak. No creo que en todo Ecuador exista un solo neocon hoy en día, ni que haya existido nunca esta exótica corriente intelectual en este país. Supongo que por neoconservadurismo querrá decir "conservadurismo" a secas)? Tal vez sí, pues los originales y auténticos neocons nacieron de una izquierda desilusionada, y traían consigo todo el bagaje mental de un trosquismo otoñal (para un exponente británico de dicha tendencia, ver Christopher Hitchens, el único defensor respetable de la guerra de Irak, y no sé cómo dormía por las noches, pero sigo profesándole una gran admiración a pesar de todo). Lo que está claro es que, en la medida que eres individualista, estás destinado tarde o temprano a despertarte de estos sueños o estas fantasías. La Historia, aun con mayúscula, no es más que la anotación obsesiva del comportamiento longitudinal de fenómenos impredecibles (pues si fueran predecibles, si siguieran "leyes" científicas, no merecería anotarse los fenómenos, sino solamente las leyes subyacentes) y sistemas inestables. Y los requisitos para ser protagonista en ella no son precisamente los mismos que te convertirán en un auténtico individuo. Por ello, ninguna persona sensata quisiera salir en un libro de historia. Son muy malas compañías las que encontrarás en esas páginas.
El individualista no "rechaza la posibilidad del cambio". Nadie rechaza eso. Claro que un determinado cambio puede no gustarle. Y en tal caso, se sentirá libre para decirlo, y le importaría un comino encontrarse en una minoría de uno. Porque ser una minoría de uno es requisito sine qua no para empezar a vivir como auténtico ser humano, aun perdiendo la batalla contra las monstruosas, perdón, "grandes" mayorías. No hay otra.
En cuanto a los "hechos naturales", no sé qué demonios querrá decir con esto, pero de nuevo, interpretemos un poco. Los teóricos que él critica, en el campo de la economía, pretenden describir e incluso predecir la actuación del mercado. Lo "aceptan" como algo "natural", lo cual quiere decir, en este contexto "existente, real". Puede que en alguno de sus postulados no es tan real como piensan (siempre he pensado que el Homo oeconomicus es un tipo muy raro y asaz antipático, si soy sincero) pero bueno, hacen el intento. Pero a Vásquez este intento no le sirve de mucho. Como diría Marx: los filósofos sólo interpretan al mundo: la cuestión es cambiarlo. Por tanto, Vásquez no quiere descripciones, quiere críticas. Basta de describir el mercado: ¡denúncialo! ¡Sugiere otra cosa!
No tengo palabras adecuadas para resumir lo infantil de esta actitud. (Y por si acaso, quien me susurra el calificativo es el propio Lenin.) Para "cambiar" algo, tienes que entender cómo funciona. Si no quieres hacer ese esfuerzo, vete a YouTube y sin ser guitarrista, ponte a criticar a los guitarristas sentenciando, desde esa cátedra informal que te proporciona tus vastos conocimientos, que tal o cual otro "es mejor". Sí, así de infantil son los que quieren "cambiar" una realidad que no merece entenderse, simplemente porque no es la que su mamá les prometió. ¡Yo no pedí Mercado! ¡Yo quería Cockaigne! ¡Cockaigne es mejor que Mercado! Buaj.
El neoconservadurismo proclama la supremacía del individuo por sobre el ser humano; y no es una contradicción.
Sí lo es. Estás citando mal, Werner. Aquí va lo dicho por Unamuno:
Cada hombre vale más que la humanidad entera.
Dicho así, lo ratifico al 100%. La humanidad es una abstracción, y ser hombre, o ser mujer, de verdad, es conseguir ser algo más que una abstracción, lo cual se demuestra en ese atributo único del individuo, el ser impredecible, y por tanto, insustituible.
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