Qué hacer con los groseros

(...) [P]romover que las redes sociales se constituyan en un espacio favorable para el debate civilizado, con ideas y propuestas, y sin incurrir en agravios o amenazas hacia los involucrados (...) es un requerimiento cada vez más necesario, especialmente, en una sociedad en la que estos espacios se han convertido en una trinchera para lanzar ataques desde el anonimato. (...) No se trata, pues, de ser tolerante ante una supuesta ‘irreverencia’ de aquellos, sino de exigir respeto y responsabilidad en el uso de las redes sociales. Sin duda, estas reivindicaciones serán siempre satanizadas por los defensores a ultranza del libertinaje de expresión y aprovechadas por los opositores a todo proceso de cambio.

(de un artículo encontrado en el Telégrafo, where else)

Pobre Fernando. Ésta no ha sido su semana, creo, así que seamos comprensivos y un poco indulgentes, y en lugar de satanizar sus reivindicaciones, intentemos buscar terreno común, para lo cual, nada mejor que el párrafo que acabo de citar. Creo, por lo menos... bueno, ya veremos.

Empecemos con lo de las redes sociales. Confesaré desde un principio que no soy muy ducho en ellas: llevo varias semanas en Twitter y no consigo ni acercarme a la gloriosa meta de los 100 fologüeros; no tengo Facebook porque el Zuckerberg me cae chancho; no sé ni cómo funciona Guatsap ni para qué sirve. Realmente, no soy un tipo muy social. De lo poco que he visto, creo que puede haber redes "favorables para el debate civilizado", aunque no los he descubierto; también creo firmemente que Twitter no es una de ellas. No lo es porque por muy económico que seas en tu expresión, hay ideas que difícilmente se pueden empaquetar en 140 caracteres, por lo menos en tiempo real y con el perro y el niño persiguiéndose alrededor de tu pierna. Más que para el debate civilizado, yo lo uso para enterarme de las noticias, para compartir mis extraños y tétricos gustos musicales, y para formular frases pretendidamente lapidarias sobre cualquier tema que me llama la atención desde la pantalla de Tweetdeck. Ah, y también para hacer el mono de vez en cuando. Encuentro que Twitter es ideal para todos estos propósitos. Para el debate, no tanto. Son percepciones nomás. Si Fernando quiere hacer sus pinitos de debate civilizado en el mismo medio, me parece, desde luego, excelente. Aparte de la novedad del debate, ver al jefe de la SECOM portándose civilizadamente en cualquier medio sería un espectáculo verdaderamente fascinante.

Lo que no hago es agraviar gratuitamente a nadie, ni peor amenazar. Y estoy con Fernando: yo no promovería nada de eso. Yo mismo he sido objeto de la táctica calumnia + doxeo en un pasado, cuando frecuentaba otras redes ya difuntas (y mucho más fructíferas y eficientes: ah, lo que es tener edad para recordar aquellos heroicos tiempos): no desearía a nadie esa angustia, y creo que sé tan bien como Fernando, y tal vez mejor, qué tipo de persona proterva y desequilibrada se presta a esas prácticas. Digamos nomás: el mismo tipo de persona que, cuando se encuentra perdiendo una discusión relativamente trivial contra un respetado periodista televisivo, por pura rabia crea y emite una "cadena" pública, con siniestro (y anónimo) voz en off incluido, donde se muestra la casa del periodista en un amago de intimidación digno de un alma miserable. En fin, lo único en que tal vez difiero de las sabias palabras citadas, es en eso de "exigir" respeto y responsabilidad de los usuarios de dichas redes. Lo puedo promover, pero difícilmente "exigir" salvo en lo que a mí personalmente me concierne, ya que no soy dueño de ninguno de esos medios. Pero ya que hemos entrado en el tema. ¿cómo puedo o debo actuar frente a esos posibles agravios, esos insultos y difamaciones de que podemos ser objeto en cualquier momento? Lo que sigue son mis pensamientos y recomendaciones al respecto.

Primero, si estamos hablando de gente grosera, insultadora e irrespetuosa, hay que distinguir claramente entre las dos categorías: los impotentes y los poderosos. Los impotentes son aquellos que, en su imaginación, representan el sentir de cierto grupo o sector, del cual son los voceros autoelegidos: sus insultos son canalizados desde el hígado pasando por alguna zona primitiva del cerebro, donde reciben su baño de justificación moral, antes de consumarse en algún atropellado vendaval de mayúsculas, calificativos sin imaginación y errores ortográficos. Los hay de todos los sabores, aunque los más persistentes suelen vestir el manto de guerreros de Justicia Social (SJWs, por sus siglas en inglés). Su única arma retórica es el sarcasmo de colegial: son aburridos, repetitivos y por lo general, inofensivos. Mi recomendación: después de comprobar su nulo interés en el intercambio de ideas o el acercamiento de posiciones, bloquearlos. Fin del problema, si realmente se puede llamar así.

Los poderosos, ésa es otra cuestión. Y lo es porque, si bien alguno puede tener puntos vulnerables y perder vistosamente los estribos de vez en cuando, por lo general ellos no se dignan en insultarte de manera verbal, con todo el riesgo que ello representa (siendo como es el lenguaje un campo de batalla relativamente igualitario y exento de privilegios). Su manera de insultarte consiste en exigirte, con los intermediarios que hagan falta y aprovechando el andamiaje estatal, permanente tributo. Presumen de dirigir y "regular" vidas, entre ellas la tuya, y tienen la interesante pretensión de comprar sus lujosas mansiones con fondos extraídos a la población mediante extorsión. Ahora, puesto que su poder es relativo y depende de la pasividad de la población, en los países con tradición democrática más vetusta la tal pasividad se precautela con un código de comportamiento y de discurso humilde, cortés e indulgente con el votante, a quien incluso llegan a pedirle disculpas en muchas ocasiones por ofensas reales o imaginarias: somos, dicen, con su mejor y más servicial sonrisa, meros representantes y sirvientes públicos. Se trata, a fin de cuentas, de no exacerbar las sensibilidades de víctimas de su parasitismo, y la mayoría de esos sirvientes públicos entienden que tanto los insultos como las bromas que les son dirigidos, aparte de exhibir la justificación de la defensa propia, sirven como necesaria válvula de escape de frustraciones que de otro modo podrían tornarse peligrosos... hasta el punto, incluso, de "obligarles" a matar a niños de 14 años, por si acaso.

¿Qué hacer con ellos? Está dicho: en la medida de lo posible, y aun desde la postración a la que nos someten, reírse de ellos. Y si, a diferencia de aquéllos demócratas ya mencionados, lo toman personalmente, y replican con amenazas, juicios y encarcelamientos, entonces: reírse más. ¿Por qué? No solamente porque reír es mejor que llorar o patear al perro: también, porque la risa compartida es la mejor garantía de la continuidad de aquella sociedad civil, autónoma e independiente, que algún día los ha de enterrar, a toda la casta parasitaria y a sus pretensiones de controlarlo todo.

Y es en este contexto que se ha de ver el tema del anonimato al que también hace referencia el autor del medio párrafo citado. En un régimen con separación de poderes y estado de derecho, el anonimato no sería más que un afectación en el 99% de los casos, y estratagema de delincuentes en el restante 1%. En un régimen como el que tenemos aquí, de tendencia neofascista, es simple sentido común, igual que lo ha sido siempre en todos aquellos regímenes históricos que un desesperado lacayo como Werner Vásquez, pese a toda su alardeada educación marxista, convenientemente olvida (pregúntale quién fue Junius y por qué). Permite expresarse libremente (no insultar, no amenazar, expresarse) sin ir a la cárcel por ello. Además, y pese a todos sus inconvenientes (desde el punto de vista de quien quiere cosechar fama y reconocimiento social) el anonimato tiene una gran virtud: sabes inmediatamente y con absoluta certeza que quien se molesta por ello es porque quiere verte tras las rejas o en el paredón, así de sencillo. A nadie más le tiene por qué importar. Así, tienes una manera más de identificar a tus enemigos, o mejor dicho, a los enemigos de la convivencia pacífica. Aquellos que, por supuesto, seguirán diciendo que la sociedad de la convivencia son ellos, o que es algo que ellos han "construido" o que van a "construir", en cuanto los feroces embistes de los caricaturistas, los comediantes y los memeógrafos se lo permiten, y en cuanto los niños de 14 años sobrantes y adscritos a "la derecha" se hayan exterminado de manera ejemplar y precautelar.

Comments

  1. Tratar de dialogar con personas como FA es un ejercicio en paciencia. El, no lo dudo, es como persona, alguien capaz de sentarse y discutir profundamente temas de diferentes índoles con terrible lógica y pragmatismo. Yo no dudo, que inclusive, en circunstancias diferentes, el abogue por la libertad y el derecho al anonimato y tantas obviedades más que nosotros podemos anhelar cuando somos "uno más". Todo, eso sí, en privado, entre amigos, en condiciones de confianza e igualdad. Es más, hasta el mismo RC, se transmuta en una persona decente, si lo desnudamos del poder y posición que ocupa.
    Me gustaría vivir para ver a RC en USA o Suecia, hablando de persecución política y presiones gubernamentales, de falta de garantías y ausencia de libertad. A él y a muchos de ellos, me encantaría verlos llorando su oneroso destierro.
    Sin embargo, al momento, no son más que depredadores, comportándose exactamente como se espera de una fiera. Buscando debilidades en su hábitat y fortaleciendo su posición de poder y jerarquía. Son la variante de nuestra especie que más se acerca a su estado primitivo. Animales. Nada más. Acaparando la presa y gruñendo salvajemente a cualquiera que ose acercarse.
    Este asunto de la libertad de expresión y anonimato, no es más que otra debilidad inherente a este sistema político que vivimos y que no les permite dialécticamente convertirlo en lo que desean. Una autocracia. Totalitarismo. Esta mascara de democracia les incomoda y coarta sus aspiraciones personales. Es un estorbo.
    Se pueden llenar la boca de tolerancia, libertad y democracia, pero son conceptos que no pasan de su garganta. Cuando nadie mira, e incluso con testigos, los escupen y devoran aquellos otros que en verdad aprecian. Que los alimentan.
    Por eso Cuba es una forma de democracia y que pertenezca a China el 50% de la deuda es coherente. Por eso los ves defender muchas cosas, pero nunca los DDHH. Y entre ellos hablan el mismo idioma y se piropean los unos a los otros de "humanistas".
    No hay que tener mas de dos dedos de frente para reconocer que es necesaria la libertad de expresión para poder discutir y que si bien hay quienes disfrutan destruyendo el dialogo y otros que lo hacen por conveniencia, las herramientas para callarlos son simples y efectivas. Tan solo los bloqueas. De tu FB, TW o blog, y listo, a seguir dialogando.
    Pero no es ese dialogo que ellos quieren evitar, no es a los que mienten a los que quieren callar, es a los que dicen la verdad. Esos son los que deben ser controlados. Esos son los que deben pasar las pruebas legales y demostrar lo que dicen. Esos son los que no deben ser escuchados. Los que saben que hay 42 bodegas de medicamentos en el hospital del IESS, pero no pueden demostrarlo. Todos los que son testigos diarios de la inmundicia gubernamental y deben ser callados, no vaya a desplomarse la tramoya y esa mayoría electoral, de pronto decida que esta revolución, en verdad no ha cambiado nada.
    Este TrollCenter es eso precisamente, un lugar de recolección de identidades e identificación de riesgos. Una base de datos, complementada con información de inteligencia, donde la oposición es propiamente identificada y catalogada. Quien es quien, donde vive, de que vive, de que pata cojea y que tan peligroso es. Prohibir el anonimato es tan solo facilitarles la labor.

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