Murió Ruth Rendell

Si no has leído A Judgment in Stone, léetelo, es imprescindible por lo menos para novelistas aprendices. También me impresionó No Night is Too Long, y tengo cita con A Dark-Adapted Eye, que a mi difunta mamá le encantó: creo que fue casi lo último que leyó. Rendell/Vine fue una impresionante artesana que escribió gran cantidad de novelas cuyo rasgo más notable es una despiadada eficacia (te absorben y no te sueltan), garantía de éxito comercial, unida con un interés personal, incombustible por lo visto, por ver y describir el mundo desde la óptica de los marginados y trastornados sicológicos. De modo que el mejor consejo que tengo para una persona nacida para ser misfit es ésta: vive y piensa de manera tan interesante que eres digno de protagonizar una novela de Rendell. There.

También ha muerto la India María, de quien poco sé aparte de que sus películas me inspiran cierta agradable somnolencia, y que hubiera pagado lo que fuera por verla compartir guión con El Santo, el Chapulín Colorado y no sé quiénes más en una versión mexicana de Los Vengadores, que me figuro sería bastante más humana y fumable que la que recién ha perpetrado Hollywood. Y ya que estamos: no, no esperas una crítica acá. Creo que me merezco algo mejor que perder dos horas de la vida viendo una película en que sale un supuesto dios nórdico que habla como John Bunyan y tiene un mazo para mascota. Buajj. Next.

También ha muerto Freddie Gray. Respecto a lo cual, y en consonancia con lo ya comentado por el bueno de Vallejo en El Telégrafo: ajj, eso de los motines hay que haberlo vivido, y no estamos en país de motines, sino en el país de no seas malito. ¿Qué les voy a explicar? En el Reino hUnDido, uno crece con motines, son parte de la cultura, más o menos como el futbol, a que se parecen mucho. Para neófitos en el tema, recomiendo la visión de la película Sammie y Rosie se lo montan, primeros minutos, que escenifica bastante bien esos motines de Brixton de aquel entonces, de la era thatcheriana, los carros volcados y quemados porque sí, el ambiente a la vez dionisiaco y siniestro. Resumiendo: hay gente con auténtica alma de motinero, para quienes, como para Nerón, la destrucción es un arte: luego están los aprovechados, los que salen sólo a robar, aprovechándose de la ausencia de las fuerzas del orden. Y está el tercer grupo, mucho menos nutrido, pero el único que cuenta: el de los amigos y allegados y familiares de la víctima, porque detrás de un motín siempre hay una víctima, casi siempre un "negro" de acuerdo con el esperpéntico lenguaje policial. El guión siempre es el mismo:

Los matones (thugs) matan a un tipo. Con preferencia, uno desarmado y completamente inofensivo.

La gente protesta.

Una judicatura corrupta o unas instancias internas policiales corruptas absuelven, explícita o implícitamente, a los asesinos, que son, recordémoslo, instrumentos y dignos representantes del Estado. (Si quieres una imagen del Estado nacional de cualquier nación del mundo, imagina una bota pisoteando una cabeza humana para siempre, siguiendo a Orwell, o bien, esposando y a agrediendo a un sujeto en la parte trasera de un vehículo policial.)

La protesta sale a la calle. Los ladrones y los nerones se unen y pasan un día divertido. Vuelven a casa con un televisor gigante de pantalla plana nuevo, con los bolsillos llenos de bling, con una gran sonrisa. Algunos policías son levemente heridos, pero para eso hay riot shields, nada de importancia.

Los medios, como señala Vallejo, llaman matones (thugs) a los que, en el transcurso de ese día, simplemente se aprovecharon de la coyuntura y mostraron su lado más humano, o sea, egoísta y oportunista. Se olvidan de mencionar que todo el chou se ha montado por causa de unos auténticos thugs, que también a veces llamamos policías, a cuyas fechorías estamos obligados a contribuir con nuestros impuestos.

No me cansaré de decirlo: si crees que siempre ha habido policías y es imposible siquiera imaginar una sociedad sin ellos, te han practicado un lavado de cerebro de los peores. Coge un libro de historia. La primera fuerza de policía fue creada por un corrupto político inglés, Robert Peel, en el s. XIX: antes, no había policías en ninguna parte del mundo... y sin embargo, había sociedad, había ley, había orden. Simplemente porque cada uno tenía la responsabilidad de ser su propia policía. Si eso no sería una situación bastante preferible a la que tenemos, pregúntenselo a los familiares de Freddie Gray. Y no digo más.

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