Jewish Aunts
A veces me pregunto por qué será que para todas las cosas más importantes en la vida, no existe palabra para nombrarlas, o si existe, tenemos que ir a buscarla en lenguas y culturas remotas. O acaso puede ser, como en el caso del "amor", que la palabra es cotidiana, pero se le ha encumbrado de tantos significados diversos que resulta imposible usarlo y ser entendido con claridad: "¿me amas o no me amas?" es casi siempre una pregunta tonta sin contestación posible, salvo que uno esté dispuesto a ahondar largamente en unas necesarias precisiones semánticas, o que acepte las reglas de un juego que premia, por encima de todo, la complaciente insinceridad. Desde luego, toda palabra que haya sido tocada por el dedo esquelético de la demagogia política queda pronto marchita de significado, de modo que "liberal", por ejemplo, significa lo contrario en EEUU que en el resto del mundo, y entre dos cabezas sean del país que sean probablemente ocupará distintos vericuetos léxicos, lo mismo que "democrático", que para las almas más románticas puede describir hasta un régimen como el cubano o el norcoreano. Esas palabras antaño recónditas y con significado preciso, p.ej. "avatar" (la forma humana que encarna a un dios) al cobrar popularidad, película mediante, inician ese rápido declive que termina en significar casi cualquier cosa (ya no es necesariamente humana la forma que toma ese ser que con casi total seguridad no es un dios). Bueno, supongo que para eso tenemos a los poetas, portadores de la sagrada y delicada misión de fotografiar a la palabra justo en ese instante en su triste ciclo de vida en que significa algo, en que resplandece, en que bate de alas mientras se estremece la flor.
Y si conseguiste esta hazaña, la de sorprender a la palabra todavía viva y con libertad de asociación, te habrás topado con ese goce muy particular para el cual varias generaciones de académicos ingleses han sentido la ausencia, en su idioma, de un término adecuado. Evidentemente "enjoyment" no da la talla, puesto que suele denotar un tipo de goce completamente pasivo y sin compromiso, y "pleasure" suena a algo susceptible a reformas tributarias. Por eso, en los textos sobre todo de crítica literaria se ha asentado el uso del término francés jouissance, el mismo que da título a esta entrada mediante una inocente asimilación ortográfica común en los apuntes apresurados de estudiantes de letras con fuerte carga de conferencias magistrales. Nada de esto le resultará comprensible al hispanoparlante, puesto que "gozo" sirve perfectamente (y tal vez "goce": nunca tuve clara la diferencia, salvo que en un pozo es más probable que encuentras a uno que a otro). Pero si a pesar de todo, quieres saber la diferencia entre enjoyment (disfrute, pongamos) y Jewish Aunts, creo que bastará un rápido repaso a tus carcajadas de los últimos siete días (ah, y evita a Lacan como al demonio... pero eso ya lo hacías). Pongamos que algunas de esas carcajadas tuvieron lugar delante de la tele, mientras veías algún programa de comedia con banda sonora de risas pavlovianas (canned laughter) incorporada. Es triste reconocerlo, pero te reíste cuando tocó reírse: bien, te divertiste, se supone que no es pecado, pero fuiste consumidor de carcajadas nomás, y de eso se trata con el maldito enjoyment, uno no pasa nunca de ser consumidor pasivo, sea de helados, de chistes, de canciones tontas o de argumentos románticos.
En cambio, si te reíste del penoso espectáculo que dio el Presidente en la última sabatina, si te reíste del conejo asesino con que soñaste anoche, si te reíste al enterarte de que Boaty McBoatface casi fue un barco que zarpó el año pasado, por petición y voto democrático, si te reíste al percatarte, esta mañana, de que los zapatos de tu mujer se habían peleado entre sí, entonces ten por seguro que las Jewish Aunts están detrás de ti, acolitándote.
Están en las sombras que dividen la acera de enfrente entre visible e intuido. Están en las caras que no están viradas hacia ti y que no son de lástima. Están en esa lluvia de símbolos que de repente cae como langostas en la mueblería del jardín público y te refresca. Están en los baños, eterna fuerza y refugio, socorro en tiempos difíciles. Están en esos áticos que, según asegura Larkin, han sido vaciados de ti, o sólo esperan tu muerte para serlo.
Creo que me queda poco tiempo. Ahora parece que hacen carrera mis pulmones, mi circulación, la gangrena de mi rodilla, los restos de lo que antaño fuera un cerebro (mediocre, pero un cerebro), mis ojos presos de glaucoma como ante un pelotón de fusilamiento, todos mis órganos hacen carrera franca para ver quién se degenera con mayor rapidez. No creo que un ser en estas condiciones aguante mucho tiempo, es antinatural y antihigiénico. Y entonces, en estos instantes que quedan, es cuando uno ve de lejos a las Jewish Aunts, y corre para encontrarse con ellas, o intenta correr, y tal vez consigue estar tan sólo a unas cuadras de donde van caminando, de prisa y alejándose para siempre.
Y si conseguiste esta hazaña, la de sorprender a la palabra todavía viva y con libertad de asociación, te habrás topado con ese goce muy particular para el cual varias generaciones de académicos ingleses han sentido la ausencia, en su idioma, de un término adecuado. Evidentemente "enjoyment" no da la talla, puesto que suele denotar un tipo de goce completamente pasivo y sin compromiso, y "pleasure" suena a algo susceptible a reformas tributarias. Por eso, en los textos sobre todo de crítica literaria se ha asentado el uso del término francés jouissance, el mismo que da título a esta entrada mediante una inocente asimilación ortográfica común en los apuntes apresurados de estudiantes de letras con fuerte carga de conferencias magistrales. Nada de esto le resultará comprensible al hispanoparlante, puesto que "gozo" sirve perfectamente (y tal vez "goce": nunca tuve clara la diferencia, salvo que en un pozo es más probable que encuentras a uno que a otro). Pero si a pesar de todo, quieres saber la diferencia entre enjoyment (disfrute, pongamos) y Jewish Aunts, creo que bastará un rápido repaso a tus carcajadas de los últimos siete días (ah, y evita a Lacan como al demonio... pero eso ya lo hacías). Pongamos que algunas de esas carcajadas tuvieron lugar delante de la tele, mientras veías algún programa de comedia con banda sonora de risas pavlovianas (canned laughter) incorporada. Es triste reconocerlo, pero te reíste cuando tocó reírse: bien, te divertiste, se supone que no es pecado, pero fuiste consumidor de carcajadas nomás, y de eso se trata con el maldito enjoyment, uno no pasa nunca de ser consumidor pasivo, sea de helados, de chistes, de canciones tontas o de argumentos románticos.
En cambio, si te reíste del penoso espectáculo que dio el Presidente en la última sabatina, si te reíste del conejo asesino con que soñaste anoche, si te reíste al enterarte de que Boaty McBoatface casi fue un barco que zarpó el año pasado, por petición y voto democrático, si te reíste al percatarte, esta mañana, de que los zapatos de tu mujer se habían peleado entre sí, entonces ten por seguro que las Jewish Aunts están detrás de ti, acolitándote.
Están en las sombras que dividen la acera de enfrente entre visible e intuido. Están en las caras que no están viradas hacia ti y que no son de lástima. Están en esa lluvia de símbolos que de repente cae como langostas en la mueblería del jardín público y te refresca. Están en los baños, eterna fuerza y refugio, socorro en tiempos difíciles. Están en esos áticos que, según asegura Larkin, han sido vaciados de ti, o sólo esperan tu muerte para serlo.
Creo que me queda poco tiempo. Ahora parece que hacen carrera mis pulmones, mi circulación, la gangrena de mi rodilla, los restos de lo que antaño fuera un cerebro (mediocre, pero un cerebro), mis ojos presos de glaucoma como ante un pelotón de fusilamiento, todos mis órganos hacen carrera franca para ver quién se degenera con mayor rapidez. No creo que un ser en estas condiciones aguante mucho tiempo, es antinatural y antihigiénico. Y entonces, en estos instantes que quedan, es cuando uno ve de lejos a las Jewish Aunts, y corre para encontrarse con ellas, o intenta correr, y tal vez consigue estar tan sólo a unas cuadras de donde van caminando, de prisa y alejándose para siempre.
WHEN you are old and grey and full of sleep,
ReplyDeleteAnd nodding by the fire, take down this book,
And slowly read, and dream of the soft look
Your eyes had once, and of their shadows deep;
How many loved your moments of glad grace,
And loved your beauty with love false or true,
But one woman loved the pilgrim Soul in you,
And loved the sorrows of your changing face;
And bending down beside the glowing bars,
Murmur, a little sadly, how Love fled
And paced upon the mountains overhead
And hid her face amid a crowd of stars.