Réquiem por una presunción de inocencia
Si algo me falta para ser inglés inglés, es el empirismo. Y sí, la falta de esta importante cualidad es un defecto, lo reconozco. ¿A qué me refiero exactamente? Pues a ese abismo filosófico que siempre separó a las Islas Británicas del Continente, y que se manifiesta en que si un francés o un alemán encuentra en sus elucubraciones cierta simetría, cierto orden, tanto para sugerirle la posibilidad de extraer de ellas "un sistema", va y lo publica. El inglés, en cambio, si encuentra un sistema en sus pensamientos va al médico. Para él es artículo de fe incuestionable, fruto de la amarga experiencia, que el universo es chueco. Que las cosas casi encajan, pero sólo casi. Que en todo hay excepciones y margen de error. Que nada sirve. Sobre todo, que nada es tan sencillo como parece. Y que los sistemas son aburridos, pero las excepciones, interesantes, y que la mayoría en casi todo (no en todo, pues no hay ese "todo") está equivocada.
La Ley de Sturgeon está hecho para los ingleses.
Me objetarán: Darwin fue inglés, y descubrió un sistema, que a la vez dio la estocada de muerte al teísmo y explicó de dónde viene la diversidad de las especies. Bien. Todo esto lo hizo de joven, pero de viejo ya estaba intentando redimirse de tales indecorosos entusiasmos, dedicando su tiempo al estudio minucioso de las lombrices y los gusanos, que al final fueron sus más fieles amigos, pues le acompañaron hasta a la tumba.
De muy joven, en mi primera visita a España, escuché decir: los españoles son devotos de Venus, por eso encierran a sus mujeres; los ingleses son devotos de Baco, por eso cierran los bares a las diez y media. Son de esas cosas que tan sólo se le ocurriera decir a un continental: esos apotegmas que superficialmente parecen ingeniosos y certeros, hasta que los sometas a ciertas pruebas lógicas y te das cuenta de que son simples burradas.
Pues bien: por deformación vivencial, por simplismo mental, por mediocridad, por lo que sea, soy de esas personas que siempre buscan generalizar, que siempre buscan patrones, que siempre buscan sistemas. Soy de los que generalizan sobre "los ingleses" (cosa que ningún inglés haría) hasta que me doy cuenta que soy la excepción que manda toda la regla a la basura. En fin.
Sí, usted acaba de leer un preámbulo auto destructor, como en Mission: Impossible. ¿No vio el humo?
Todo esto en realidad para decir, simplemente, discúlpenme si lo que voy a decir es una generalización temeraria, que sí lo es. Soy un ser hecho de generalizaciones y de prejuicios. No doy más de mí. O si quieres que dé más de mí, mándame una botella de algo fuerte.
Lo que iba a decir: tengo la sensación de que la presunción de inocencia está agonizando en Occidente, y que (aquí viene la maldita búsqueda de patrones) lo mismo se ve en el revuelo en torno a los Panama Papers, como en ese otro revuelo en torno al caso Ghomeshi.
Exhibit A. Titular: Se activa petición en Internet para que publiquen todos los 'Papeles de Panamá' .Lo más hilarante y a la vez ferozmente deprimente del artículo: esos enfermos de odio y de envidia que propulsan dicha "petición" se hacen llamar Juventud por la Ética. Sí, como lo oyes. A ninguno se le ocurre, al parecer, que la ética más elemental se posiciona en contra del robo y de la difusión de información privada. Pero uno ya sabe cómo contestarán ante este tipo de objeción: la privacidad importa un bledo cuando hay delitos o indicios de, o cuando hay inmoralidad, o cuando hay sospecha de "neoliberalismo". Textual:
"Es por eso, que los ciudadanos exigimos a los medios de comunicación que participaron de la investigación financiada por el Center for Public Integrity; que recibe dineros de la Fundación Ford, Carnegie Endowment, Open Society (de George Soros), la Fundación Rockefeller, así como por la USAID; que respeten nuestro derecho a la verdad y la información completa y publiquen al mundo todos los papeles de Panamá"
(emphasis mine). Diez mío, en qué mundo enfermo vivimos. Entérense de una vez, imbéciles: el "derecho a la verdad" no existe. La verdad cada uno tiene responsabilidad de buscarla de la manera que crea más oportuna. Nadie tiene la obligación de regalártela, so burro, con etiqueta de ingredientes y dosis recomendada y advertencia de interacciones, y menos cuando esa "verdad" en realidad esté escrita en documentos robados. Y del mismo modo que tenemos responsabilidad de buscar cada uno nuestra verdad, tenemos la responsabilidad, la más sagrada que jamás haya existido o que pueda concebirse, de no orinar encima de las papas fritas ajenas. Entérense de una vez, hágannos ese favor.
En resumen: el problema, muy probablemente, es que esa gente cree que tener más dinero que ellos, el suficiente como para querer guardarlo en lugar seguro, es inmoral, o que buscar cómo pagar legalmente menos impuestos es inmoral. Y tal vez lo sea, porque la moralidad es subjetiva a fin de cuentas. Cualquiera, en cinco minutos, es capaz de idearse una moralidad que justifica todo su propio proceder, pasado, presente y futuro, y condena a todas aquellas personas que uno, por las razones que sea, quisiera ver en la cárcel. Hace siglos se dieron cuenta de eso, y por eso, para salvar a la convivencia social. inventaron el concepto de legalidad. Que uno podría ser todo lo inmoral que quisiera (de acuerdo con la visión puritana ajena), con tal de apegarse a las leyes. Por lo que, insisto, tiene cierta relevancia la observación de que figurar en la lista de Mossack Fonseca no constituye delito, no siquiera indicio de tal. Es legalmente irrelevante. Por tanto, todo este revuelo se basa en la presunción de delito donde no ha sido probado delito alguno, ni siquiera existen sospechas fundadas. O sea, en ganas de fregar.
Y es que a veces uno se levanta, abre el diario y se choca ante el triste espectáculo de una sociedad mediática mundial holier than thou, hinchada de un moralismo pagado de sí, hambrienta de motivos para indignarse, y siempre dispuesta a condenar antes de escuchar.
Exhibit B: Caso Jian Ghomeshi. Se me acaba el tiempo, así que muy brevemente: un popular radiodifusor canadiense es acusado de haber violado y/o abusado sexualmente de varias mujeres. Se entabla un juicio. En el juicio, bajo interrogatorio, se demuestra que todas esas mujeres mienten. Incluso se escucha a una de ellas decir: bueno, todo esto lo hemos urdido simplemente por al placer de verle humillado al tipejo ése. Y entonces, una persona de mente sana piensa: menos mal que existe la presunción de inocencia, menos mal que existe el debido proceso, menos mal que existe el derecho al interrogatorio, para que personas inocentes no vayan a la cárcel. La sorpresa: tras el fallo del juicio, los diarios (en Canadá, en el R.hU., en no sé qué más países) se llenan de artículos de gente que basándose en ese mismo juicio insisten en que la presunción de inocencia no debe proceder para casos de violación o abuso sexual, que se debe creer al acusante y no someterle a ningún interrogatorio, porque si no se procede así, corremos el riesgo de que los mentirosos se revelen, y así, perderemos la posibilidad de encarcelar a gente que, si bien son legalmente inocentes, apestan.
A eso hemos llegado, y creo que lo peor está por venir.
Cuídense.
La Ley de Sturgeon está hecho para los ingleses.
Me objetarán: Darwin fue inglés, y descubrió un sistema, que a la vez dio la estocada de muerte al teísmo y explicó de dónde viene la diversidad de las especies. Bien. Todo esto lo hizo de joven, pero de viejo ya estaba intentando redimirse de tales indecorosos entusiasmos, dedicando su tiempo al estudio minucioso de las lombrices y los gusanos, que al final fueron sus más fieles amigos, pues le acompañaron hasta a la tumba.
De muy joven, en mi primera visita a España, escuché decir: los españoles son devotos de Venus, por eso encierran a sus mujeres; los ingleses son devotos de Baco, por eso cierran los bares a las diez y media. Son de esas cosas que tan sólo se le ocurriera decir a un continental: esos apotegmas que superficialmente parecen ingeniosos y certeros, hasta que los sometas a ciertas pruebas lógicas y te das cuenta de que son simples burradas.
Pues bien: por deformación vivencial, por simplismo mental, por mediocridad, por lo que sea, soy de esas personas que siempre buscan generalizar, que siempre buscan patrones, que siempre buscan sistemas. Soy de los que generalizan sobre "los ingleses" (cosa que ningún inglés haría) hasta que me doy cuenta que soy la excepción que manda toda la regla a la basura. En fin.
Sí, usted acaba de leer un preámbulo auto destructor, como en Mission: Impossible. ¿No vio el humo?
Todo esto en realidad para decir, simplemente, discúlpenme si lo que voy a decir es una generalización temeraria, que sí lo es. Soy un ser hecho de generalizaciones y de prejuicios. No doy más de mí. O si quieres que dé más de mí, mándame una botella de algo fuerte.
Lo que iba a decir: tengo la sensación de que la presunción de inocencia está agonizando en Occidente, y que (aquí viene la maldita búsqueda de patrones) lo mismo se ve en el revuelo en torno a los Panama Papers, como en ese otro revuelo en torno al caso Ghomeshi.
Exhibit A. Titular: Se activa petición en Internet para que publiquen todos los 'Papeles de Panamá' .Lo más hilarante y a la vez ferozmente deprimente del artículo: esos enfermos de odio y de envidia que propulsan dicha "petición" se hacen llamar Juventud por la Ética. Sí, como lo oyes. A ninguno se le ocurre, al parecer, que la ética más elemental se posiciona en contra del robo y de la difusión de información privada. Pero uno ya sabe cómo contestarán ante este tipo de objeción: la privacidad importa un bledo cuando hay delitos o indicios de, o cuando hay inmoralidad, o cuando hay sospecha de "neoliberalismo". Textual:
"Es por eso, que los ciudadanos exigimos a los medios de comunicación que participaron de la investigación financiada por el Center for Public Integrity; que recibe dineros de la Fundación Ford, Carnegie Endowment, Open Society (de George Soros), la Fundación Rockefeller, así como por la USAID; que respeten nuestro derecho a la verdad y la información completa y publiquen al mundo todos los papeles de Panamá"
(emphasis mine). Diez mío, en qué mundo enfermo vivimos. Entérense de una vez, imbéciles: el "derecho a la verdad" no existe. La verdad cada uno tiene responsabilidad de buscarla de la manera que crea más oportuna. Nadie tiene la obligación de regalártela, so burro, con etiqueta de ingredientes y dosis recomendada y advertencia de interacciones, y menos cuando esa "verdad" en realidad esté escrita en documentos robados. Y del mismo modo que tenemos responsabilidad de buscar cada uno nuestra verdad, tenemos la responsabilidad, la más sagrada que jamás haya existido o que pueda concebirse, de no orinar encima de las papas fritas ajenas. Entérense de una vez, hágannos ese favor.
En resumen: el problema, muy probablemente, es que esa gente cree que tener más dinero que ellos, el suficiente como para querer guardarlo en lugar seguro, es inmoral, o que buscar cómo pagar legalmente menos impuestos es inmoral. Y tal vez lo sea, porque la moralidad es subjetiva a fin de cuentas. Cualquiera, en cinco minutos, es capaz de idearse una moralidad que justifica todo su propio proceder, pasado, presente y futuro, y condena a todas aquellas personas que uno, por las razones que sea, quisiera ver en la cárcel. Hace siglos se dieron cuenta de eso, y por eso, para salvar a la convivencia social. inventaron el concepto de legalidad. Que uno podría ser todo lo inmoral que quisiera (de acuerdo con la visión puritana ajena), con tal de apegarse a las leyes. Por lo que, insisto, tiene cierta relevancia la observación de que figurar en la lista de Mossack Fonseca no constituye delito, no siquiera indicio de tal. Es legalmente irrelevante. Por tanto, todo este revuelo se basa en la presunción de delito donde no ha sido probado delito alguno, ni siquiera existen sospechas fundadas. O sea, en ganas de fregar.
Y es que a veces uno se levanta, abre el diario y se choca ante el triste espectáculo de una sociedad mediática mundial holier than thou, hinchada de un moralismo pagado de sí, hambrienta de motivos para indignarse, y siempre dispuesta a condenar antes de escuchar.
Exhibit B: Caso Jian Ghomeshi. Se me acaba el tiempo, así que muy brevemente: un popular radiodifusor canadiense es acusado de haber violado y/o abusado sexualmente de varias mujeres. Se entabla un juicio. En el juicio, bajo interrogatorio, se demuestra que todas esas mujeres mienten. Incluso se escucha a una de ellas decir: bueno, todo esto lo hemos urdido simplemente por al placer de verle humillado al tipejo ése. Y entonces, una persona de mente sana piensa: menos mal que existe la presunción de inocencia, menos mal que existe el debido proceso, menos mal que existe el derecho al interrogatorio, para que personas inocentes no vayan a la cárcel. La sorpresa: tras el fallo del juicio, los diarios (en Canadá, en el R.hU., en no sé qué más países) se llenan de artículos de gente que basándose en ese mismo juicio insisten en que la presunción de inocencia no debe proceder para casos de violación o abuso sexual, que se debe creer al acusante y no someterle a ningún interrogatorio, porque si no se procede así, corremos el riesgo de que los mentirosos se revelen, y así, perderemos la posibilidad de encarcelar a gente que, si bien son legalmente inocentes, apestan.
A eso hemos llegado, y creo que lo peor está por venir.
Cuídense.
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