A la recherche du connoisseur perdu
Por mis pecados, que son legión, me han obligado a inscribirme en un cursillo sobre "pertinencia". Tal como lo oyes. Quieren que yo haga el esfuerzo y sea un poco más pertinente. Bueno, tal vez no soy yo el problema, pero qué quieres, me siento aludido, mi conciencia no me deja tranquilo, pues en el fondo me reconozco... impertinente no sería la palabra... irrelevante. Soy irrelevante. En parte porque creo que dentro de poco habré dejado de existir: primero hay eso. Además, este blog da testimonio de lo indecoroso y lo innecesario de mi punto de vista, de mi particular Weltanschauung, dentro de este gran mundo feliz que habitamos. Y eso que me creo bien encaminado en ciertos temas, pero me falta tiempo para desarrollar las ideas, que languidecen en espera de que un joven enérgico, lleno de smart juniosity, las recoja y las ordene. Y por último, no tengo asas. Se me rompieron hace algún lustro. Así que no hay por dónde cogerme. Ni una puta cuenta offshore tengo. Nada. Lo siento.
Aun así, sigo. En este caso porque, lo confieso, encontrarme otra vez con ese siniestrote de John Rawls en un documento sobre la pertinencia en la educación superior me perturbó, y éste sería mi manera de reponerme, o de vengarme. El argumento iba así, más o menos: (1) la educación superior debe de "inscribirse" (puaj) en un "proyecto" (repuaj) de "sociedad" (mbxyurjhj) "más justa". (2) Justa viene de justicia, ¿no? ¡Aja! Aquí tengo, en la manga de la gabardina, ¡una Teoría de la Justicia! No, no me des las gracias, señora. Todo forma parte del servicio.
Me apena constatar que hay mentes así, así de shoveacious, que en lugar de analizar y depurar conceptos, los aspira inmisericordes, como hoovermatics, los acumula, los exhibe como trofeos, creyendo que inmovilizar sobre el papel es apropiarse. Dejemos eso aparte. John Rawls, hace tiempo que lo supe, empezó su carrera como vendedor de carros de segunda mano, hasta que descubrió y perfeccionó el siguiente truco, variante del conocido Monty Hall tan bien descrito por Christopher John Francis Boone: al cliente comprador le enseñas tres carros (más si quieres) de variados precios, y le explicas que de los tres, sólo uno tiene motor. ¿Cuál desea comprar? le dice al cliente. Decir "ninguno" no es una opción, señor. Tengo su cheque en la mano y puedo escribir en él la cantidad que deseo. Bueno, dice el cliente, pues ése, el más barato. Enhorabuena, dice Rawls, usted desde ya es dueño de un Chevrolet Spark que no anda ni nada, pero como cortesía, lo llevaremos en remolque a su casa, y el Porsche que sí tenía motor nos lo quedamos para ese otro cliente menos pusilánime que usted que todavía no aparece, y esperemos nunca aparezca. Gracias por jugar. Siguiente, por favor.
¿Es preciso señalar que el Velo de la Ignorancia es antihumanista? Quiero decir que postula, explícitamente, que un ser humano real, que siempre tendrá personalidad, historia, experiencia y expectativas, ventajas y desventajas sociales y laborales, y capacidad de abrir capotes de vehículos, es en esencia menos capaz de discernir cuál sería esa sociedad más justa que un ser mítico, inexistente, desprovisto de historia y de conocimientos de ningún tipo, una especie de feto flotando en una solución amniótica en una campana de cristal. Y lo es porque, también explícitamente, Rawls descarta la posibilidad de que un ser humano real pueda ser motivado en sus elecciones por otra cosa que no sea el interés propio. Y lo curioso para mí es que ese árbitro ideal de la justicia, ese ser inhumano (por lo menos, de ignorancia inhumana) en mucho se parece al ciudadano-modelo de los discursos socialpopulistas, ese ser desamparado, heroicamente ingenuo, acrítico, que necesita que le regulen el consumo de bebidas azucaradas, siendo los reguladores otro tipo de ser, una especie superior de la que es mejor no hablar, pero que responde al apelativo de filósofo-rey, o si prefieres, de Jefe de Ventas. Porque si algo sabemos de los seres humanos es que necesitan tener amos, perdón, líderes. O un poco de ambas cosas.
El antihumanismo se manifiesta cada vez que de los seres humanos reales extraemos sus cualidades, talentos, logros y potencias, juntamos todo eso en forma de abstracción ("talento humano", "conocimiento", "mano de obra", "liderazgo", "fuerza productiva") y luego tratamos esa abstracción como si fuera una sustancia líquida, un "recurso" cuya "distribución", en el mejor de los casos, será susceptible a intervenciones y reajustes por parte de nuestros filósofos-rawlses. Hace tiempo se me ocurrió la metáfora de los dientes, la cual mi propia evolución bucal pone sobre el tapete de nuevo. A mí ahora me quedan 6 dientes (sí, esto es real). Veo que usted tiene nada menos que 32. Justicia exige que de esos 32 me regales 13. ¿Estamos? La solución sería brillante, sin duda, si no fuera por una cosa: no tengo cómo aprovecharme de esos 13 dientes tuyos, no tengo huecos listos para que se inserten en mi boca: esa "redistribución" lo único que hace es transformar algo funcional tuyo en algo no funcional mío. Además, cuando tus dientes forman parte de tu sonrisa son algo hermoso: cuando son objetos inertes que reposan en la palma de una mano envidiosa, ya no. Con lo cual quiero expresar que "el conocimiento" para mí no es nada si lo separamos del conocedor, y cuando digo no es nada, quiero decir que perdió su razón de ser. Y lo mismo sucede, creo, con "las riquezas", aunque esto es, ciertamente, más discutible. La mejor manera de dejar de codiciar la riqueza ajena (si ése es tu flaqueza), creo, es simplemente darse cuenta de que esa riqueza no es un "recurso" (incluso un "recurso público", creo haber leído) del cual ese malvado Señor Ofchor se ha "apropiado" de algún modo seguramente ilícito, sino que forma parte de él, lleva sus huellas y el aroma de su cuerpo y de su sudor, es algo que él creó o que creció dentro de él como parte integral de su propio proyecto de vida, y que sin él se convierte en algo inerte, en basura, en algo que no tiene razón de ser.
Lo cual no quiere decir que no haya robos, que no haya ladrones quienes con facciones deformes y en una penumbra atravesada por relámpagos cacarean encima de su horda de ilícitas ganancias. Pero se supone que ni son mayoría ni tienen por qué proporcionarnos nuestro prototipo de lo que significa "tener riquezas", no más que un animal disecado tiene por qué representar para nosotros la imagen de la criatura viva. Una sociedad de ladrones no es ni una sociedad, sino un museo (un British Museum si me apuras). Y si objetas que tu moralidad superior los condena, a esos tenedores de riquezas, donde la legalidad los absuelve, pues me volveré cristiano y así podré objetarte que tú también eres condenado, pero requetecondenadísimo, porque tu tatarabuela comió una manzana, y si eso no lo sabías cuando aún estabas a tiempo para escoger tatarabuela, pues piedra. Todos podemos jugar a ese juego.
Seamos un poco más indulgentes, pues, con esa gente que carga con la maldición de tener talento y de no ser conformista, y que se rige por las leyes existentes y no por las que tú preferirías que existiesen.
El Sr Vallejo, que sigue siendo prácticamente el único columnista del T. (where else) que me resulta simpático hasta el punto de querer invitarlo a una cerveza, no ve las cosas como yo (afortunadamente para él):
Hay un problema con el conocimiento, y es un problema de acceso. Vivimos en una época donde la gran mayoría del conocimiento se produce en las universidades a través de la investigación de sus profesores, quienes publican en revistas académicas. (...)
Ahí está. Los que trabajamos en la universidad aspiramos a producir (o a "formar", según la jerga imperante) conocedores. Donde no podemos formar, podemos por lo menos informar. Pero, ilusos, nos centramos en los individuos, en las personas. Puede que algunos, esos catedráticos despistados con lentes culo de botella y cabello alborotado, den la sensación de no percatarse de las meras personas cuando tienen delante a un teorema... pero si les preguntas, reconocerán enseguida que el teorema no es nada sin las Jewish aunts que lo acompañan (q.v.), y que esas Jewish aunts no son de su propiedad o familia exclusiva, sino que pueden entrar a formar también parte de la tuya... si estás dispuesto a hacer los sacrificios pertinentes, pues si, algo te van a pedir a cambio. En el centro siempre está, pues, el ser humano, que más de tener "acceso" a conocimientos de producción ajena, está con el deber y el derecho de crear, mediante esfuerzo, los suyos. Debería estar.
No sé. A mí se me hace que Vallejo, al igual que el autor de ese documento incalificable sobre la pertinencia, no quieren ver el problema real y se fabrican un problema ilusorio donde no hay. Ya sé que la LOES nos pide a gritos (y a palos) a los universitarios ser pertinentes, pero en un país donde (a) las casas todavía se derrumban y (b) lo que más se enseña es ingeniería, ¿hay realmente un problema de pertinencia? ¿No sería quizás más sensato exigirles pertinencia a esas universidades del primer mundo que expiden títulos en carreras ridículas como "Estudios de Género" o "Mediación Cultural", entre otros mil variedades de teología caduca, títulos inservibles en el mundo real aunque, dicen, altamente preciados en Laputa? Y del mismo modo, me atrevo a preguntar: ¿por dónde se asoma ese problema de acceso al conocimiento, en un mundo, él mismo lo reconoce, revolucionado por los motores de búsqueda, las bases de datos online y la piratería de artículos? ¿Él habrá conocido, alguna vez, a alguien que se haya lamentado, no de la falta de información (lamento común en ciertas ramas del saber), sino de su secretismo, de su dificultad de acceso? Yo no. Allí donde Vallejo ve un mundo lleno de devotos al saber en busca de conocimientos celosamente guardados, yo veo es un mundo de conocimientos que divagan en busca de mentes que los acojan, en busca de conocedores o por lo menos aspirantes a.
Para bienes públicos, sustancias tan inertes como divisibles y redistribuibles, no sé, tal vez la información, esa cosa que llevo como 30 años hablando sans que je n'en susse rien, no pondré muchas objeciones más allá de que, ya les digo, para un pobre bourgeois gentilhomme como yo a veces cuesta distinguir la información de lo que no lo es, del ruido circundante, pues hasta la información tengo a veces la sensación de que a quien no la necesita no le sirve ni le es reconocible como tal... en fin, allá ustedes. Pero el conocimiento, vamos. Sobre los pocos conocimientos que tengo casi lo único que puedo decirles es que complementan perfectamente mis ignorancias, es decir las cosas que sé y las que no sé entre ellas forman un mapamundi de dos colores, tierra y mar, de líneas precisas, tan particular que conocer este mapa mental es conocerme a mí. Ahora, si haces extracción de esos pocos conocimientos, los conviertes en base de datos MySQL y los pones a disposición del público (no tengo inconveniente, desde luego), de modo que cada uno, haciendo caso omiso de todo aquello que ya sabía, gracias, se apropie de ese dato yermo que le faltaba, en ningún caso vas a obtener un mapa remotamente similar al mío, pues mis mares son para otros tierra firme, y sus lagos para mí mesetas. Serían, entonces, conocimientos exiliados del entorno que les dio sentido, y tal vez del que les dio vida. Ya no serían conocimientos, entonces, sino sólo datos. Estoy por decir que cada cual está en el deber de crear y de atesorar sus propios conocimientos, pero la vergüenza me puede. Pero creo que ven adónde voy con esto.
Decir que sacándome un diente, varios dientes, un brazo inclusive, sigo siendo yo, no significa que esas cosas nunca formaron parte de mí, y menos, que tengan el mismo sentido sin mí. Otra manera de decir lo mismo: la propiedad privada no es una simple categoría jurídica: la ley en este caso constituye un intento ciertamente torpe pero sincero y valiente de reconocer una realidad que la traspasa. La propiedad privada se consuma y se justifica en que forma parte de un proyecto de vida de un ser humano: donde no es eso no es nada, pero nosotros no somos quiénes para juzgar dónde lo es y dónde no. Hasta los idiomas celtas, carentes del verbo "tener", tienen su manera propia de acercarse a este misterio: mae gen i het tri chornel. Si no tiene tres esquinas, mi sombrero ya no es. A ése que tiene cuatro, haz lo que quieran con él.
De modo que, siento decírtelo, si desprecias la propiedad privada desprecias al ser humano: mínimo, lo confundes con un feto. Pero ésa será otra historia para otro día.
Donde Vallejo tiene toda la razón es en señalar el absurdo del sistema universitario actual, el cual sospecho que motiva todas esas discusiones mauvaise foi sobre la pertinencia y demás sonsonetes. Hay una serie de problemas fácilmente identificables pero de solución altamente problemática, verbigracia:
* Los McTítulos, los ya referidos "Bachiller en Estudios de Género", "Ingeniero en Construcción de Espacios Seguros", etcétera, que sirven únicamente para meterse a docente en la misma McMateria. Ante lo cual, la respuesta cruel sería: bueno, es un país libre, allá ellas. Será, pero las causas del fenómeno aún merecen aclararse.
* El coste ridículamente alto de los estudios universitarios en ciertos países, v.gr. el Reino hUnDido. Aún estás pagando tu título treinta años después de graduarte. Confiésalo: ni para acostarte con el oso peluche de Deepika Padukone pagarías tanto. No tiene sentido. Algo va mal ahí.
* La Gran Fábrica de Tesis Inútiles. Te amenazan con una olla de aceite hirviendo si no sacas "una maestría" o "un doctorado". Para hacerlo, tienes que investigar... algo. Haces una búsqueda en Google sobre "algo", y te encuentras con que todos los algos que valen la pena ya fueron investigados, gracias. Al final te ves reducido a proponer como materia de investigación "el posible efecto de una interrupción intermitente en el uso de una infusión de yerba mate como lavativa rectal sobre la pronunciación de las vocales retroflejas en la población zurda de las comunidades indígenas de Nueva Guinea a finales del siglo XVIII". Luego pasas el resto de tu vida cambiando de tema en las fiestas de cocteles.
¨
* Las revistas académicas. Específicamente, las revistas del tipo "publicaremos tu tesis inútil, que nadie en su sano juicio leerá, a cambio de pingües sumas de dinero por parte de tus esponsores". Supongo que las revistas cuya falta de accesibilidad le causa tanta pena a Vallejo serán otras, pero éstas también existen, y hacen de las suyas.
¨
* Esa maraña, esa spaghetti junction de concepciones confusas y enfrentadas sobre qué es y para qué sirve, exactamente, una universidad. ¿Debe ser incluyente o excluyente, y si lo último, bajo qué criterio? Los educados en la universidad deberían ser minoría y élite en la sociedad (el modelo inglés, diríamos), o deben formar la cuasi totalidad de la población adulta (modelo español), y qué criterios usamos para escoger nuestro modelo? ¿La educación terciaria es un derecho? ¿Un profesor universitario debería también ser, a la fuerza, investigador? El dumbing down de la población estudiantil, y el grade inflation, son fenómenos reales o son pesadilla de fiebre gripal de decrépitos nostálgicos ultraconservadores? ¿La universidad tiene alguna responsabilidad social, o su responsabilidad es únicamente con sus clientes (curiosamente, esa última responsabilidad es la que todos los teóricos de la pertinencia alegremente olvidan o descartan)? ¿La libertad de cátedra puede coexistir con los Ministerios de Educación y las LOES? (Creo que no.) Y por último, ¿hasta qué punto las autoridades universitarias deberían consentirles a los jóvenes estudiantes sus pasajeras y hormonales tendencias criptofascistas (no-platforming, safe spaces, trigger warnings y toda esa basura conceptual que tan bien satiriza Yiannopoulos)?
* La estupidez humana, que tanta importancia concede a un título y tan poco a un gesto de amabilidad, a la construcción de un puente o a un riego de jardín.
No, no tengo la solución a nada de esto. Lo único que digo es que cuando llegue, será, como dice Vallejo, "radical". Probablemente, más radical de lo que él mismo se imagina. Más allá de eso, no voy.
Aun así, sigo. En este caso porque, lo confieso, encontrarme otra vez con ese siniestrote de John Rawls en un documento sobre la pertinencia en la educación superior me perturbó, y éste sería mi manera de reponerme, o de vengarme. El argumento iba así, más o menos: (1) la educación superior debe de "inscribirse" (puaj) en un "proyecto" (repuaj) de "sociedad" (mbxyurjhj) "más justa". (2) Justa viene de justicia, ¿no? ¡Aja! Aquí tengo, en la manga de la gabardina, ¡una Teoría de la Justicia! No, no me des las gracias, señora. Todo forma parte del servicio.
Me apena constatar que hay mentes así, así de shoveacious, que en lugar de analizar y depurar conceptos, los aspira inmisericordes, como hoovermatics, los acumula, los exhibe como trofeos, creyendo que inmovilizar sobre el papel es apropiarse. Dejemos eso aparte. John Rawls, hace tiempo que lo supe, empezó su carrera como vendedor de carros de segunda mano, hasta que descubrió y perfeccionó el siguiente truco, variante del conocido Monty Hall tan bien descrito por Christopher John Francis Boone: al cliente comprador le enseñas tres carros (más si quieres) de variados precios, y le explicas que de los tres, sólo uno tiene motor. ¿Cuál desea comprar? le dice al cliente. Decir "ninguno" no es una opción, señor. Tengo su cheque en la mano y puedo escribir en él la cantidad que deseo. Bueno, dice el cliente, pues ése, el más barato. Enhorabuena, dice Rawls, usted desde ya es dueño de un Chevrolet Spark que no anda ni nada, pero como cortesía, lo llevaremos en remolque a su casa, y el Porsche que sí tenía motor nos lo quedamos para ese otro cliente menos pusilánime que usted que todavía no aparece, y esperemos nunca aparezca. Gracias por jugar. Siguiente, por favor.
¿Es preciso señalar que el Velo de la Ignorancia es antihumanista? Quiero decir que postula, explícitamente, que un ser humano real, que siempre tendrá personalidad, historia, experiencia y expectativas, ventajas y desventajas sociales y laborales, y capacidad de abrir capotes de vehículos, es en esencia menos capaz de discernir cuál sería esa sociedad más justa que un ser mítico, inexistente, desprovisto de historia y de conocimientos de ningún tipo, una especie de feto flotando en una solución amniótica en una campana de cristal. Y lo es porque, también explícitamente, Rawls descarta la posibilidad de que un ser humano real pueda ser motivado en sus elecciones por otra cosa que no sea el interés propio. Y lo curioso para mí es que ese árbitro ideal de la justicia, ese ser inhumano (por lo menos, de ignorancia inhumana) en mucho se parece al ciudadano-modelo de los discursos socialpopulistas, ese ser desamparado, heroicamente ingenuo, acrítico, que necesita que le regulen el consumo de bebidas azucaradas, siendo los reguladores otro tipo de ser, una especie superior de la que es mejor no hablar, pero que responde al apelativo de filósofo-rey, o si prefieres, de Jefe de Ventas. Porque si algo sabemos de los seres humanos es que necesitan tener amos, perdón, líderes. O un poco de ambas cosas.
El antihumanismo se manifiesta cada vez que de los seres humanos reales extraemos sus cualidades, talentos, logros y potencias, juntamos todo eso en forma de abstracción ("talento humano", "conocimiento", "mano de obra", "liderazgo", "fuerza productiva") y luego tratamos esa abstracción como si fuera una sustancia líquida, un "recurso" cuya "distribución", en el mejor de los casos, será susceptible a intervenciones y reajustes por parte de nuestros filósofos-rawlses. Hace tiempo se me ocurrió la metáfora de los dientes, la cual mi propia evolución bucal pone sobre el tapete de nuevo. A mí ahora me quedan 6 dientes (sí, esto es real). Veo que usted tiene nada menos que 32. Justicia exige que de esos 32 me regales 13. ¿Estamos? La solución sería brillante, sin duda, si no fuera por una cosa: no tengo cómo aprovecharme de esos 13 dientes tuyos, no tengo huecos listos para que se inserten en mi boca: esa "redistribución" lo único que hace es transformar algo funcional tuyo en algo no funcional mío. Además, cuando tus dientes forman parte de tu sonrisa son algo hermoso: cuando son objetos inertes que reposan en la palma de una mano envidiosa, ya no. Con lo cual quiero expresar que "el conocimiento" para mí no es nada si lo separamos del conocedor, y cuando digo no es nada, quiero decir que perdió su razón de ser. Y lo mismo sucede, creo, con "las riquezas", aunque esto es, ciertamente, más discutible. La mejor manera de dejar de codiciar la riqueza ajena (si ése es tu flaqueza), creo, es simplemente darse cuenta de que esa riqueza no es un "recurso" (incluso un "recurso público", creo haber leído) del cual ese malvado Señor Ofchor se ha "apropiado" de algún modo seguramente ilícito, sino que forma parte de él, lleva sus huellas y el aroma de su cuerpo y de su sudor, es algo que él creó o que creció dentro de él como parte integral de su propio proyecto de vida, y que sin él se convierte en algo inerte, en basura, en algo que no tiene razón de ser.
Lo cual no quiere decir que no haya robos, que no haya ladrones quienes con facciones deformes y en una penumbra atravesada por relámpagos cacarean encima de su horda de ilícitas ganancias. Pero se supone que ni son mayoría ni tienen por qué proporcionarnos nuestro prototipo de lo que significa "tener riquezas", no más que un animal disecado tiene por qué representar para nosotros la imagen de la criatura viva. Una sociedad de ladrones no es ni una sociedad, sino un museo (un British Museum si me apuras). Y si objetas que tu moralidad superior los condena, a esos tenedores de riquezas, donde la legalidad los absuelve, pues me volveré cristiano y así podré objetarte que tú también eres condenado, pero requetecondenadísimo, porque tu tatarabuela comió una manzana, y si eso no lo sabías cuando aún estabas a tiempo para escoger tatarabuela, pues piedra. Todos podemos jugar a ese juego.
Seamos un poco más indulgentes, pues, con esa gente que carga con la maldición de tener talento y de no ser conformista, y que se rige por las leyes existentes y no por las que tú preferirías que existiesen.
El Sr Vallejo, que sigue siendo prácticamente el único columnista del T. (where else) que me resulta simpático hasta el punto de querer invitarlo a una cerveza, no ve las cosas como yo (afortunadamente para él):
Hay un problema con el conocimiento, y es un problema de acceso. Vivimos en una época donde la gran mayoría del conocimiento se produce en las universidades a través de la investigación de sus profesores, quienes publican en revistas académicas. (...)
Ahí está. Los que trabajamos en la universidad aspiramos a producir (o a "formar", según la jerga imperante) conocedores. Donde no podemos formar, podemos por lo menos informar. Pero, ilusos, nos centramos en los individuos, en las personas. Puede que algunos, esos catedráticos despistados con lentes culo de botella y cabello alborotado, den la sensación de no percatarse de las meras personas cuando tienen delante a un teorema... pero si les preguntas, reconocerán enseguida que el teorema no es nada sin las Jewish aunts que lo acompañan (q.v.), y que esas Jewish aunts no son de su propiedad o familia exclusiva, sino que pueden entrar a formar también parte de la tuya... si estás dispuesto a hacer los sacrificios pertinentes, pues si, algo te van a pedir a cambio. En el centro siempre está, pues, el ser humano, que más de tener "acceso" a conocimientos de producción ajena, está con el deber y el derecho de crear, mediante esfuerzo, los suyos. Debería estar.
No sé. A mí se me hace que Vallejo, al igual que el autor de ese documento incalificable sobre la pertinencia, no quieren ver el problema real y se fabrican un problema ilusorio donde no hay. Ya sé que la LOES nos pide a gritos (y a palos) a los universitarios ser pertinentes, pero en un país donde (a) las casas todavía se derrumban y (b) lo que más se enseña es ingeniería, ¿hay realmente un problema de pertinencia? ¿No sería quizás más sensato exigirles pertinencia a esas universidades del primer mundo que expiden títulos en carreras ridículas como "Estudios de Género" o "Mediación Cultural", entre otros mil variedades de teología caduca, títulos inservibles en el mundo real aunque, dicen, altamente preciados en Laputa? Y del mismo modo, me atrevo a preguntar: ¿por dónde se asoma ese problema de acceso al conocimiento, en un mundo, él mismo lo reconoce, revolucionado por los motores de búsqueda, las bases de datos online y la piratería de artículos? ¿Él habrá conocido, alguna vez, a alguien que se haya lamentado, no de la falta de información (lamento común en ciertas ramas del saber), sino de su secretismo, de su dificultad de acceso? Yo no. Allí donde Vallejo ve un mundo lleno de devotos al saber en busca de conocimientos celosamente guardados, yo veo es un mundo de conocimientos que divagan en busca de mentes que los acojan, en busca de conocedores o por lo menos aspirantes a.
Para bienes públicos, sustancias tan inertes como divisibles y redistribuibles, no sé, tal vez la información, esa cosa que llevo como 30 años hablando sans que je n'en susse rien, no pondré muchas objeciones más allá de que, ya les digo, para un pobre bourgeois gentilhomme como yo a veces cuesta distinguir la información de lo que no lo es, del ruido circundante, pues hasta la información tengo a veces la sensación de que a quien no la necesita no le sirve ni le es reconocible como tal... en fin, allá ustedes. Pero el conocimiento, vamos. Sobre los pocos conocimientos que tengo casi lo único que puedo decirles es que complementan perfectamente mis ignorancias, es decir las cosas que sé y las que no sé entre ellas forman un mapamundi de dos colores, tierra y mar, de líneas precisas, tan particular que conocer este mapa mental es conocerme a mí. Ahora, si haces extracción de esos pocos conocimientos, los conviertes en base de datos MySQL y los pones a disposición del público (no tengo inconveniente, desde luego), de modo que cada uno, haciendo caso omiso de todo aquello que ya sabía, gracias, se apropie de ese dato yermo que le faltaba, en ningún caso vas a obtener un mapa remotamente similar al mío, pues mis mares son para otros tierra firme, y sus lagos para mí mesetas. Serían, entonces, conocimientos exiliados del entorno que les dio sentido, y tal vez del que les dio vida. Ya no serían conocimientos, entonces, sino sólo datos. Estoy por decir que cada cual está en el deber de crear y de atesorar sus propios conocimientos, pero la vergüenza me puede. Pero creo que ven adónde voy con esto.
Decir que sacándome un diente, varios dientes, un brazo inclusive, sigo siendo yo, no significa que esas cosas nunca formaron parte de mí, y menos, que tengan el mismo sentido sin mí. Otra manera de decir lo mismo: la propiedad privada no es una simple categoría jurídica: la ley en este caso constituye un intento ciertamente torpe pero sincero y valiente de reconocer una realidad que la traspasa. La propiedad privada se consuma y se justifica en que forma parte de un proyecto de vida de un ser humano: donde no es eso no es nada, pero nosotros no somos quiénes para juzgar dónde lo es y dónde no. Hasta los idiomas celtas, carentes del verbo "tener", tienen su manera propia de acercarse a este misterio: mae gen i het tri chornel. Si no tiene tres esquinas, mi sombrero ya no es. A ése que tiene cuatro, haz lo que quieran con él.
De modo que, siento decírtelo, si desprecias la propiedad privada desprecias al ser humano: mínimo, lo confundes con un feto. Pero ésa será otra historia para otro día.
Donde Vallejo tiene toda la razón es en señalar el absurdo del sistema universitario actual, el cual sospecho que motiva todas esas discusiones mauvaise foi sobre la pertinencia y demás sonsonetes. Hay una serie de problemas fácilmente identificables pero de solución altamente problemática, verbigracia:
* Los McTítulos, los ya referidos "Bachiller en Estudios de Género", "Ingeniero en Construcción de Espacios Seguros", etcétera, que sirven únicamente para meterse a docente en la misma McMateria. Ante lo cual, la respuesta cruel sería: bueno, es un país libre, allá ellas. Será, pero las causas del fenómeno aún merecen aclararse.
* El coste ridículamente alto de los estudios universitarios en ciertos países, v.gr. el Reino hUnDido. Aún estás pagando tu título treinta años después de graduarte. Confiésalo: ni para acostarte con el oso peluche de Deepika Padukone pagarías tanto. No tiene sentido. Algo va mal ahí.
* La Gran Fábrica de Tesis Inútiles. Te amenazan con una olla de aceite hirviendo si no sacas "una maestría" o "un doctorado". Para hacerlo, tienes que investigar... algo. Haces una búsqueda en Google sobre "algo", y te encuentras con que todos los algos que valen la pena ya fueron investigados, gracias. Al final te ves reducido a proponer como materia de investigación "el posible efecto de una interrupción intermitente en el uso de una infusión de yerba mate como lavativa rectal sobre la pronunciación de las vocales retroflejas en la población zurda de las comunidades indígenas de Nueva Guinea a finales del siglo XVIII". Luego pasas el resto de tu vida cambiando de tema en las fiestas de cocteles.
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* Las revistas académicas. Específicamente, las revistas del tipo "publicaremos tu tesis inútil, que nadie en su sano juicio leerá, a cambio de pingües sumas de dinero por parte de tus esponsores". Supongo que las revistas cuya falta de accesibilidad le causa tanta pena a Vallejo serán otras, pero éstas también existen, y hacen de las suyas.
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* Esa maraña, esa spaghetti junction de concepciones confusas y enfrentadas sobre qué es y para qué sirve, exactamente, una universidad. ¿Debe ser incluyente o excluyente, y si lo último, bajo qué criterio? Los educados en la universidad deberían ser minoría y élite en la sociedad (el modelo inglés, diríamos), o deben formar la cuasi totalidad de la población adulta (modelo español), y qué criterios usamos para escoger nuestro modelo? ¿La educación terciaria es un derecho? ¿Un profesor universitario debería también ser, a la fuerza, investigador? El dumbing down de la población estudiantil, y el grade inflation, son fenómenos reales o son pesadilla de fiebre gripal de decrépitos nostálgicos ultraconservadores? ¿La universidad tiene alguna responsabilidad social, o su responsabilidad es únicamente con sus clientes (curiosamente, esa última responsabilidad es la que todos los teóricos de la pertinencia alegremente olvidan o descartan)? ¿La libertad de cátedra puede coexistir con los Ministerios de Educación y las LOES? (Creo que no.) Y por último, ¿hasta qué punto las autoridades universitarias deberían consentirles a los jóvenes estudiantes sus pasajeras y hormonales tendencias criptofascistas (no-platforming, safe spaces, trigger warnings y toda esa basura conceptual que tan bien satiriza Yiannopoulos)?
* La estupidez humana, que tanta importancia concede a un título y tan poco a un gesto de amabilidad, a la construcción de un puente o a un riego de jardín.
No, no tengo la solución a nada de esto. Lo único que digo es que cuando llegue, será, como dice Vallejo, "radical". Probablemente, más radical de lo que él mismo se imagina. Más allá de eso, no voy.
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