Qué es el plagio y cómo detectarlo

Pensaba nunca más volver a escribir en este caduco espacio (hoy por hoy me atrae mucho más Substack) pero en vista de que últimamente mi rincón de Twitter se ha llenado de ofuscaciones ridículas acerca del plagio, perpetradas tanto por los defensores de la Sra Fiscal Diana Salazar como por sus detractores, veo la oportunidad de arrojar un poco de luz sobre el tema mediante la técnica de citar fuentes inapelables.

Mi motivación es muy sencilla y muy egoísta: soy profesor universitario y aunque me falta poco por jubilarme, es probable que los próximos tres años siga con el mismo trabajo de calificar ensayos y trabajos, y a veces de revisar artículos hechos por mis estudiantes. trabajo donde la detección de plagio es una tarea tan molesta como necesaria. Muchas veces me encuentro calificando ensayos después de un examen, procediendo con cierta premura en vistas de que mi clase espera los resultados para mañana, y de repente me encuentro con algo sospechosamente "perfecto", vistosamente reñido con lo que conozco de las capacidades del estudiante. Ahí tengo que dejar todo de lado y ponerme a buscar las posibles fuentes, lo que a veces me hace perder media hora, que representa media hora menos de sueño. Al final, eureka, ahí está la frase, copiada de no sé qué texto accesible desde Google. Es una frase que junta ciertas palabras de una manera inusual, original: mi conocimiento del idioma, y de la literatura relevante, me asegura de que la coincidencia no puede ser casual. ¿Qué hago entonces? Apunto la fuente del texto copiado, por si hay algún reclamo, le pongo una calificación de 1/100 a ese estudiante, siguiendo la norma de la institución, y pongo la etiqueta "plagiador" al lado de su nombre en mi lista de estudiantes, para recordarme que, de ahí en adelante, el tal estudiante deshonesto no se merece ningún "beneficio de la duda". De hecho, haré lo legítimamente posible para que ese estudiante no apruebe este curso, pues ha demostrado que no merece su lugar en esta institución.

Lo que NO hago es cerciorarme de qué "porcentaje" la frase en cuestión representa respecto a la totalidad del texto. Y no lo hago porque, como pienso explicar, ese "porcentaje" es totalmente irrelevante, y cualquier estudiante lo sabe.

Dicho esto, es obvio que lo que menos me conviene es tener que lidiar con una nueva generación de estudiantes que, ante cualquier acusación de plagio, contestarán: ¡pero si la misma Fiscal General hizo esto, y lo justificaron! ¿Quién es Ud. para decir que no puedo hacer lo mismo? Peor: ¡Pero si tan sólo es el 5% de lo que escribí!

Y es que todo esto me lo he pensado muy bien. Un rápido repaso a este blog revelará que soy del campo "anticorreista", y no tengo nada en contra de lo actuado por la Sra Fiscal en su labor como fiscal, aparte de que en lo personal me cae bien: quisiera que las acusaciones de plagio de su parte resultaran falsas, y todavía conservo una pequeña esperanza de que todo resulte un engaño basado en una copia amañada de su tesis, de donde se habrían borrado escrupulosa y maquiavélicamente las referencias de las citas. Pero de no ser así, considero que el plagio ya es fácilmente demostrable, sin necesidad de recurrir a software de ningún tipo (ahí llegaremos), y aunque resulte políticamente desastroso, y abra una vía para el regreso del correismo (que sería para mí, y gran parte del país, una pesadilla) creo que el título de la Sra Salazar se debe anular, y que ella debe renunciar o ser destituida. Y ello es así porque creo que nunca es justificable transigir con los principios por muy conveniente que nos resulte. Aún recuerdo el escándalo que causó el descubrimiento de que parte de la tesis de Jorge Glas fue copiado del Rincón del Vago: en aquel momento se decía, con razón, que si bien un Vicepresidente constitucionalmente no necesita título, un Vicepresidente cuya deshonestidad es pública y notoria no es apto para el cargo y, de hecho, su permanencia en él sólo sirve para mermar la credibilidad de su partido y su gobierno. Pues bien: si aceptas que la Sra Salazar ha sido deshonesta pero insistes en que debe permanecer en el cargo, por razones de cálculo político, entonces por elemental coherencia no puedes objetar en lo sucesivo si otros Jorge Glas (o el mismo) acceden al poder mediante engaños; no puedes legítimamente quejarte si el engaño y la deshonestidad y la viveza criolla se vuelven moneda corriente en un gobierno que no es de tu tendencia. El resultado de esa actitud "todo es válido mientras favorece a los míos", aplicado de lado y lado, a la vista está: un país tercermundista, mediocre y lleno de corrupción: un país de "sabidos" peleándose entre ellos, al que la prosperidad y el progreso siempre eludirán. 

Ahora, ¿qué significa plagio? Cualquier sitio web de cualquier universidad de renombre proporcionará la respuesta; aquí echo mano de la página web de Harvard Business School (2023, traducción mía, énfasis mío):

          "El plagio se define como cualquiera de las siguientes prácticas:

  • El uso de las palabras o las ideas de otra persona sin acreditar la fuente original.
  • Parafrasear o reproducir las ideas de otra persona sin reconocer el origen.
  • Presentar datos o hechos prestados de alguna fuente sin citar plenamente la fuente original. El fraude — ofensa más grave — implica la presentación de datos o hechos fabricados.
  • Utilizar un término o concepto único encontrado en la lectura, sin reconocer el autor o la fuente.
  • Utilizar las ideas de otros estudiantes sin acreditarlo debidamente. Tales ideas incluyen las que posiblemente hayan sido obtenidas mediante grupos de discusión, apuntes, apuntes electrónicos, y el trabajo de estudiantes que hayan participado en discusiones de clase anteriores. Si bien el plagio verbal es más difícil de detectar y penalizar, se aplican los mismos estándares y principios de acreditar y atribuir.
  • Copiar un programa informático de otro estudiante o de cualquier otra fuente, o derivar un programa sustancialmente del trabajo de otra persona, sin obtener el permiso necesario y sin acreditarlo."

En lo sucesivo utilizaremos esta definición. Si no le satisface, estimado lector, está libre de buscar otra en cualquier fuente fidedigna. Sinceramente, no creo que vaya a encontrar nada que difiera sustancialmente de lo citado. Está claro: plagiar es presentar palabras o ideas ajenas como si fueran propias. A veces se trata de ganar dinero o fama copiando una obra de creación artística (hay novelas plagiadas, canciones plagiadas...); en lo académico se trata de satisfacer el requisito formal de demostrar que puede contribuir al discurso con palabras y pensamientos propios. En ambos casos, la persona que lo hace está mintiendo. Está diciendo "Miren ustedes, ¡yo he escrito esto! ¡yo he pensado esto! ¡yo he investigado y descubierto esto!" cuando no es el caso: otro lo escribió, otro lo pensó, otro lo investigó y descubrió, y tú sólo copiaste: lo mismo pudiera haber hecho un niño tonto, tal vez un chimpancé. Y es triste constatar que a ese pillo que lo intenta, habitualmente le importa un comino que, por no citar la fuente, está privando al autor original del reconocimiento y del mérito que le corresponden. (Piense en cómo se sentiría si un simple Tweet de su autoría, que le pareció brillante al escribirlo, fuese copiado por otro, sin indicar la fuente, y que todos los "likes" fueran a parar al copión: así, pero en vez de likes, un título universitario). Tampoco le importa que, al intentar engañar el sistema académico, cuya responsabilidad es formar personas honestas, responsables y capaces, está poniendo en entredicho a la universidad o institución que lo albergó (pues tarde o temprano su incapacidad se hará manifiesta, y la gente se acordará de qué institución le dio el título) y más allá de eso, está socavando los cimientos de la meritocracia sobre la cual se erige, inevitablemente, todo intento de crear o de mantener una sociedad pacífica, productiva y próspera.

Sí: un país donde el plagio es recurso común en los trabajos académicos es un país condenado al tercermundismo permanente. Donde todo el mundo plagia, tonto el que no lo hace. Y de ese lugar donde la persona responsable, con principios, con ansia de contribuir, es visto como un tonto, difícilmente se espera progreso.

En alguno de esos hilos en Twitter he visto objetar: "¡pero es imposible que en una tesis, todo sea original!" Por supuesto. No solamente imposible, sino indeseable. Es obvio que tenemos que recurrir a obras, fuentes, autores, para construir nuestro argumento: para ello existe la cita. Nada te impide valerte de las ideas y de las palabras ajenas, con tal de que utilices las convenciones de la cita textual, que habitualmente requiere el uso de comillas, una referencia breve a la fuente dentro del texto, y una bibliografía donde se especifican las fuentes con algo más de detalle. También tienes la opción de parafrasear, con las mismas condiciones, salvando las comillas. Lo importante es que no quede duda de dónde provienen las palabras o las ideas en cuestión. Por eso tuve que corregir a ese tuitero, no sé si era hipócrita o simplemente imbécil, que me recriminó diciendo que las referencias de la tesis de la Sra Salazar estaban al final del documento, en "Referencias":

 
Hay dos problemas aquí: el más obvio es que las normas APA, ya vigentes en el 2005 (quinta edición), no permiten que todo quede únicamente en "Referencias" o "Fuentes". El segundo es que de ser así, no habría manera de que el lector sepa cuáles partes del documento son citas y cuáles son originales. Por ello, es únicamente a nivel de colegio secundario que a veces se permite una simple bibliografía sin insistir en la inclusión de referencias textuales. Lo evidente es que el autor del tuit citado nunca pisó una universidad.

Habrán notado que el Harvard Business School no especifica un "mínimo aceptable" de plagio. Eso es porque ninguna institución de renombre en el mundo entero especifica tal cosa. Una sola frase plagiada, aunque represente el 0.001% del trabajo presentado, implica deshonestidad académica e incurre consecuencias. Cito esta vez el Harvard University Plagiarism Policy (Harvard University, 2023, traducción mía):

"Los estudiantes que, por cualquier razón, entregan trabajo que no sea propio o que no tenga una atribución clara a sus fuentes serán sujetos a acción disciplinaria, que puede llegar hasta la expulsión de la universidad."

De nuevo, desafío al lector: si encuentra un documento público de cualquier universidad del mundo que especifique un "porcentaje aceptable" de plagio, me lo hace saber y, si la universidad en cuestión no es de garaje, rectificaré. No lo va a encontrar. ¿De dónde viene, entonces, esa extraña obsesión con el supuesto "40% de plagio" o el "6% de plagio" (según fuente) que encuentro en esos interminables hilos en Twitter? Simple: viene de la estupidez de unos actores políticos, o de su deseo de aprovecharse de la estupidez de su público, haciendo creer que plagio es lo mismo que coincidencia y que al ser inevitable cierto grado de coincidencia entre el texto examinado y otros (lo cual no se discute), el mismo grado de plagio debe ser aceptado. Todo ello, claro, acolitado por los programas tipo TurnItIn, cuya verdadera finalidad esos mismos actores no conocen o intencionalmente tergiversan. Me explico:

En mi época de estudiante, no existía el Internet: cualquier plagio, entonces, se consumaba empleando los textos físicos de que la Universidad disponía. Por ende, era necesario que el tutor o profesor conociera íntimamente esos textos, que normalmente constaban en su lista bibliográfica. Cumplido este requisito, era difícil que el plagio quedara sin detectar. Luego vino el Internet, y por tanto se multiplicaba la cantidad de textos ajenos a los que el estudiante tenia acceso. Ahí se complicaba la tarea del instructor o evaluador: tenia que convertirse en detective, "reconstruyendo" los pasos que el estudiante pudiera haber dado, desde Google o Google Scholar, para llegar a la supuesta fuente no citada. Con el tiempo, se desarrollaron programas para ayudarle en esa tarea: programas que buscaban coincidencias entre el texto del estudiante y todo lo publicado en Internet. Esos programas de primera generación no distinguían entre texto debidamente citado y texto plagiado: esto era responsabilidad del evaluador, evidentemente: simplemente señalaban coincidencias que pudieran ser posteriormente investigadas. Con el tiempo se desarrollaron versiones mejoradas de esos programas (segunda generación) capaces, en algunos casos, de
  • descartar textos con fecha de publicación posterior a una determinada fecha, que pudiera ser la del documento cuestionado
  • descartar citas explícitas encerradas en comillas y hechas según la normativa vigente (APA, MLA, Chicago...)
  • descartar giros comunes y coincidencias de pocas palabras o que no contengan palabras léxicas como verbos y sustantivos
  • identificar casos de sustitución de sinónimos (parafraseo)
  • descartar coincidencias con algún documento publicado (que podría ser una reproducción del propio documento cuestionado)
  • señalar texto creado mediante recursos de IA tipo ChatGPT
Es importante constatar que no necesariamente van a hacer nada de lo indicado a menos que se estipule. Y ello es así porque esos programas habitualmente sirven para otro fin que no es la detección de plagio: sirven para detectar el porcentaje de "coincidencia".

El porcentaje de coincidencia se entiende que incluye las citas debidamente señaladas, de modo que un texto con cero plagio podría tener, tal vez, un 90% de coincidencia con otros textos, todos ellos citados según la normativa. Sería el caso dentro de un Literature Review (parte estándar de un artículo científico o "paper") donde si no hubiera un alto grado de coincidencia, se sospecharía que el estudiante no habría entendido la finalidad de tal escrito, que es pasar revista, mediante citas o parafraseo debidamente señalados, a toda la literatura pertinente al tema escogido. En cambio, puede haber trabajos académicos donde prime la originalidad, y en tal caso se esperaría un porcentaje de coincidencia relativamente bajo. Todo depende del tipo de trabajo: ensayo, tesis, carta, artículo original, metaestudio, cuento, propuesta... y de lo estipulado por el instructor (que a veces insiste en un porcentaje de coincidencia bajo para evitar que el estudiante presente trabajos "abultados" con citas innecesarias). Es sencillamente falso, y bastante ridículo, dar a entender que existe un único "porcentaje de coincidencia" válido en todos los lugares para cualquier tipo de documento, y aunque existiera, coincidencia no significa plagio. (Màs de un pomposo idiota en Twitter les quiere hacer creer que "menos de un 10% de plagio (sic) se acepta en cualquier universidad". A veces la cifra varia según conveniencia.)

En resumen, los programas tipo TurnItIn y afines NO pretenden dictaminar la existencia o no existencia de plagio en un texto. Son un simple recurso didáctico: para el estudiante que quiere cumplir con las exigencias de su tutor, y para el docente que busca encontrar posibles coincidencias que al ser evaluadas podrían o no constituirse en plagio. Cito directamente de la página web de TurnItIn (2023, énfasis mío): "Turnitin does not check for plagiarism in a piece of work." (TurnItIn no comprueba el plagio en un documento.) Más claro imposible. De modo que es ridículo y deshonesto pretender que sea ese programa, o cualquier otro del mismo tipo, que determine si la tesis de la Sra Salazar contiene plagio o no, y todavía más ridículo insistir sobre el "porcentaje de coincidencia" (alto o bajo, según conveniencia) como si eso demostrara alguna cosa, cuando en realidad no demuestra nada de nada.

Lo que sí puede hacer ese programa es señalar coincidencias que luego tienen que ser examinadas y calificadas por personas competentes. (Dicho sea de paso, ningún programa siquiera de la nueva inteligencia artificial se ha demostrado competente para realizar esa tarea.) En el caso de la Sra Salazar, ese trabajo ya se hizo, al parecer. A continuación reproduzco lo que he visto en Twitter, que bien puede denominarse pistola humeante:



Aquí sólo caben dos posibilidades. O bien el texto supuestamente original, que lleva el nombre de Diana Salazar, ha sido alterado maliciosamente a fin de ocultar las indicaciones de que ella está citando correctamente según la normativa (se han borrado comillas o sangrías, se ha ocultado la referencia entre paréntesis que harían de esto una cita válida), o bien estamos ante un caso de plagio evidente. Y lo que me inclina hacia la segunda conclusión, insisto, no es ninguna animadversión política (repito, soy de su misma tendencia) sino el hecho de que, en este caso, se trata aparentemente de una cita textual que ha sido masajeada para ocultar su procedencia. El texto fuente del blog Explored, disponible en línea, tiene fecha de 2004, de modo que no es de extrañar que use la frase "en lo que va de 2004". La copia de Salazar, en cambio, sustituye "en el año 2004", pues su tesis es del 2005. Si se tratara de una cita textual, tal sustitución no sería necesario, ni tampoco permisible; la normativa sí permite parafrasear un texto fuente, siempre que se indique con precisión lo parafraseado y de dónde viene, pero lo que se reproduce aquí tampoco es parafraseo, pues la coincidencia de los textos es casi exacta. En el supuesto de que el texto reproducido es genuino, cualquier académico reconocerá la existencia de plagio aquí, so pena de quedar como perfectamente incompetente. En el caso de que el supuesto texto original de Diana Salazar no fuera genuino, sino alterado, se esperaría de la Fiscal General un fulminante reclamo jurídico por fraude y difamación, que no veo que se haya producido.

Insisto una vez más: que este único ejemplo de plagio represente el 80%, el 30% o (más que probable) algo como el 0,3% de la totalidad de la tesis es completamente irrelevante. Cuando vi este ejemplo, ni siquiera me molesté en examinar el resto de los ejemplos que "zoom.ec" gentilmente nos proporciona, porque con uno hay suficiente. Hay plagio, y punto. De ser mi estudiante, con lo citado la Sra Salazar ya reprobó y se quedó sin título.

De modo que, si prospera el intento de reunir un comité académico en la UCE para examinar el caso, no esperes, gentil lector, escuchar de boca de su rector "na, no importa, en una tesis aceptamos un poco de plagio hasta un determinado porcentaje". No va a decir eso, porque convertiría su universidad en el hazmerreir de la comunidad académica internacional, y convertiría instantáneamente los títulos de todos sus alumni en papel mojado, inservible siquiera para encontrar empleo en McDonalds. Por eso, los que realmente entienden el tema y no quieren que la Salazar pierda su puesto se ejercen en enturbiar el asunto con cuentos de supuestos programas infalibles y porcentajes de coincidencia y otros arenques rojos, para intentar desviar la atención. Saben que hay plagio, pero por cálculo político no quieren que se reconozca, y para evitar que se reconozca lo evidente, mienten. Seré sincero: hay personajes a quienes hasta ayer les tenía un gran respeto y simpatía, que en este tema me han decepcionado, y les he perdido todo el respeto que les tenía. No se puede sacrificar el valor de la honestidad sobre el altar de la conveniencia política. 

Les dejaré con algunas breves reflexiones acerca de la presente coyuntura académica. Como el lector habrá detectado, soy viejo (camino a la jubilación), lo suficiente como para haber vivido la explosión en participación universitaria durante el último medio siglo. Cuando yo todavía iba a la escuela allá en el Reino hUnDido (1971), un 5% de la población de ese país tenía título universitario ((Higher Education Statistics Agency, 2022)): en el 2021, la cifra estaba en 44% (Higher Education Statistics Agency, 2022).  Tamaña masificación, reflejada en mayor o menor medida en gran parte del mundo, inevitablemente conlleva un cambio de actitud. Si en aquellos tiempos ir a la universidad era un privilegio para el cual había que demostrar especial aptitud intelectual (aunque no siempre), ahora vivimos en un mundo en que para muchos ir a la universidad es un derecho para todas y todos, y la existencia de requisitos, un simple formalismo. (Y la necesidad de pagar, una afrenta.)  El resultado es que en mis clases tengo estudiantes universitarios, sí, universitarios, que tranquilamente reconocen que en su vida han leído un libro, y otros que no pueden señalar su propio país en un mappamundi. Y a medida que se rebajan o simplemente se anulan los requisitos mínimos para ser estudiante, obviamente se rebajan también los requisitos para graduarse, pues gran parte del trabajo del profesor universitario viene a ser remedial (se enseñan cosas que debían de haberse aprendido en secundaria, a veces en primaria) y poco tiempo queda para alcanzar cimas más altas. Se podría objetar que lo que se pierde por un lado (necesidad de repetir temas de enseñanza secundaria) se gana por otro lado: mayor acceso a la información, mejores herramientas de estudio, etcétera, lo cual es muy cierto. Pero tal vez debemos enfocarnos más en las consecuencias de la masificación en la motivación del estudiante, y las consecuencias que eso tiene para el profesor.

Si bien en el pasado el profesor era una autoridad inapelable (si te reprobaba, reprobado quedaste, y él no tenía que justificarse siquiera), ahora es un simple empleado proporcionando un servicio al público, como un mesero o un mecánico de taller. Si no te quedas satisfecho del servicio, reclamas y exiges tus derechos. Y para muchos, graduarse es un derecho, el cliente tiene siempre la razón, y los requisitos de graduación, por ejemplo el requisito de demostrar que eres capaz de escribir una oración coherente, de razonar sobre temas de relevancia, de evitar caer en falacias, de distinguir entre fuentes de información fidedignas o otras no tanto, etcétera, simples formalismos para los cuales siempre hay un truco de fácil acceso para evitar la molesta necesidad de pensar. Con la llegada de ChatGPT, lo mismo elevado al cuadrado.

De esta manera, sin darnos cuenta estamos robando a los estudiantes un don de incalculable valor: la motivación para superarse. ¿Por qué debo esforzarme, si los demás no lo hacen? ¿Por qué debo ser el único tonto que estudia, si los demás hacen trampa e igual aprueban? ¿Por qué molestarme en leer libros, si todos en mi entorno prefieren los videojuegos?

En cuanto al profesor, asediado por las exigencias de estandarización y acreditación y transparencia, por las evaluaciones estudiantiles, y por el creciente número de estudiantes en sus clases y la consecuente dificultad de dar a todos la atención individual que merecen, algo de lo mismo le ocurre: ¿Por qué debo ser el único tonto que pasa horas buscando posibles plagios, comparando original y fuente y calculando la probabilidad de que la coincidencia verbal sea simplemente casual? ¿Por qué, cuando mis colegas simplemente pasan el trabajo de sus estudiantes por un detector de plagio (sic) y ya?  De modo que no dudo que habrán algunos académicos que les quieren vender el cuento de que TurnItIn "detecta plagio" cuando la misma empresa insiste en que no hace tal cosa, y mucho menos de manera definitiva e inapelable. Les exime de responsabilidad: quién no quisiera eso?

Me parece que, con la llegada de ChatGPT y otras vertientes de inteligencia artificial, todos estos problemas se volverán más acuciantes en un tiempo relativamente corto. Y del mismo modo que las universidades, y los sistemas educativos públicos y privados en general, no han sabido regenerarse adecuadamente frente a la realidad de la masificación, sino que aún arrastran instintos y reflejos que pertenecen a un pasado con diferentes valores y supuestos, del mismo modo existe la probabilidad de que ahora emprendan una estrategia defensiva, buscando escudar su negocio haciéndolo "relevante en la edad de la Inteligencia Artificial", cuando en realidad lo único que enseñarán es cómo cooperar con el omnipotente App para satisfacer necesidades triviales de actividades ociosas, pues empleos que requieran razonar y sentir apenas quedarán. Hasta que un día, la gente se dará cuenta de que no necesita ir a la universidad para saber pedir a Alexa el pronóstico del tiempo, para planificar su día de consumo de Netflix y pizza, para buscar un itinerario hacia la playa o para diseñar una dieta baja en calorías y rica en vitaminas.

Tiene que abrirse un diálogo sobre qué tipo de raza humana queremos que herede el futuro. (Una de las posibilidades, si quieres verla, estriba en esos seres beatos, bobos, indefensos y rotundos que habitan la nave espacial en la película Wall-E.)

En tiempos de mis abuelos, hasta de mis padres, todo hombre adulto sabía despellejar un conejo*, y toda mujer adulta sabía cocinarla. Desde mi generación, en pro de la igualdad de género, ni el hombre ni la mujer saben nada de eso. El progreso social implica la pérdida de conocimientos ancestrales, y con ello, la creciente dependencia de una sociedad que sólo ofrece un espejismo de participación, de inclusión, de democracia, y que por contraparte exige una cuota cada vez mayor de sumisión y de groupthink. ¿Queremos eso? Bien, adelante. No es necesario pedirle conocimientos ni probidad a una Fiscal General: con que ella sepa manejar Google hay suficiente. ¿Queremos otra cosa? Entonces hay que darle énfasis, mucho más que lo que hacemos, a la capacidad para razonar, lo cual se demuestra en la capacidad para escribir, sin trampas, reconociendo las fuentes y destacando el aporte propio. Y si crees que ChatGPT te enseñará a escribir y a pensar libre y creativamente, tengo un puente en Brooklyn y una universidad de garaje para venderte.

*Exagero, pero no mucho. La autobiografía del Príncipe Harry, más joven que yo, explica cómo su educación real le exigió aprender a despellejar un ciervo. El conejo, para la plebe se supone. 


Fuentes citadas:

Anon (accessed 4 June 2023), "FORMATO APA - QUINTA EDICIÓN", http://www.in.uib.cat/docs/Apa_Edicion5.pdf

Anon/"BLANCO Y NEGRO" (7 August 2004, accessed 4 June 2023) "Coyotaje, segundo negocio ilegal más rentable", Explored, https://hoy.tawsa.com/noticias-ecuador/coyotaje-segundo-negocio-ilegal-mas-rentable-184941.html

Duke of Sussex, Prince Harry The (2023, 10 January), "Spare", buggered if I can remember the page, https://www.amazon.com/-/es/Prince-Harry-Duke-Sussex/dp/0593593804

Higher Education Statistics Agency (accessed 4 June 2023), HESA, https://www.hesa.ac.uk/

Harvard Business School website (accessed 4 June 2023), "Citing Sources and Plagiarism", https://www.hbs.edu/about/campus-and-culture/policies/Pages/citing-sources-and-plagiarism.aspx

Harvard University (accessed 4 June 2023), "Harvard University Plagiarism Policy", https://usingsources.fas.harvard.edu/harvard-plagiarism-policy

Some idiot (2023), Tweet, https://twitter.com/ARMAURO/status/1661025786248175617?s=20

TurnItIn (accessed 4 June 2023), "Interpreting the Similarity Report", https://help.turnitin.com/feedback-studio/turnitin-website/instructor/the-similarity-report/interpreting-the-similarity-report.htm

ZoomEcuador, Tweet, https://twitter.com/ZoomEcuador/status/1660819009988857857?s=20


NOTA: Cuando escribí lo anterior no era consciente de que la tesis de la Sra Salazar se encontraba disponible al público en el repositorio de la UCE. Ahora he podido comprobar que, en el ejemplo citado, no se ha alterado el texto original, ni se han borrado comillas o referencias. El blog copiado ni siquiera consta en la bibliografía al final del documento. El plagio entonces está claro, a menos que se pueda demostrar que el blog citado es de creación posterior a esa tesis, con fines maliciosas, a pesar de que muestra fecha de 7 de agosto 2004. 

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