Yo tenía a mi Candelaria. Yo tenía a mi Candelaria. Con ella me divertía. Se fue y me dejó llorando. Ay, adiós, Candelaria mía. Aparte de lo obvio, que la letra es inmejorable, esta canción seduce por los ocho costados. Sobre todo, en la misma estructura melódica, pues juega y muy eficazmente con las expectativas: después de establecer la tonalidad con un arpegio terminado en un decisivo sol, machacado, hace un predecible y esperado I-V, en "divertía", pero a pesar de la fuerza de la melodía vuelve al I prematuramente en "Candelaria mía", quedando la primera sílaba de este entrañable nombre como un recuerdo nostálgico, pues la Fa# no hace juego con el acorde de sol, siendo un hijueputa séptimo mayor que en vez de resolverse para arriba, corona una implícita triada de si menor. Luego viene esto: Candelaria, Candelaria, Candelaria, vida mía. De manera algo sorpresiva, pero lógica, escuchamos un fa natural en las primeras dos Candelarias que promete una modulación a IV...