Degenerado
Mi otro lector, que por su silencio me da la sensación de ser muy inteligente, se habrá quedado perplejo ante el comentario de Anónimo en la última entrada. Debo precisar que Anónimo es como una rata que visita la celda de un solitario condenado: no es la compañía que uno quisiera, pero es compañía, es lo que hay, y por eso le tengo una suerte de aprecio. Por supuesto que está como una chota; pero tal vez también lo estoy yo. ("Si la locura fuese dolor", dice sabiamente la Celestina, "en toda casa dieran voces".) Desde luego que tengo talento para atraer a este tipo de parásito, por eso creo que debo de tener algo, algún olor a podredumbre de que estoy inconsciente, para que estos hongos proliferen en mi alrededor. Hace años, cuando frecuentaba Usenet, hubo un tipo que por alguna extraña razón, y contra toda la profusa evidencia autobiográfica que yo habitualmente proporcionaba, logró convencerse de que yo era "en realidad" un joven actor, protagonista de ...