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Degenerado

Mi otro lector, que por su silencio me da la sensación de ser muy inteligente, se habrá quedado perplejo ante el comentario de Anónimo en la última entrada. Debo precisar que Anónimo es como una rata que visita la celda de un solitario condenado: no es la compañía que uno quisiera, pero es compañía, es lo que hay, y por eso le tengo una suerte de aprecio. Por supuesto que está como una chota; pero tal vez también lo estoy yo. ("Si la locura fuese dolor", dice sabiamente la Celestina, "en toda casa dieran voces".) Desde luego que tengo talento para atraer a este tipo de parásito, por eso creo que debo de tener algo, algún olor a podredumbre de que estoy inconsciente, para que estos hongos proliferen en mi alrededor. Hace años, cuando frecuentaba Usenet, hubo un tipo que por alguna extraña razón, y contra toda la profusa evidencia autobiográfica que yo habitualmente proporcionaba, logró convencerse de que yo era "en realidad" un joven actor, protagonista de ...

De jueces y mamadas

La identificación de un juez antes era sencilla: sólo tenías que mirarle la cabeza. Si ésta llevaba pegada encima una peluca con rulos que parecía excrecencia del mismo cráneo, ése era tu hombre. Claro que eran todos hombres, faltaría más. Pero no importaba que lo fueran, porque eran hombres sólo en ese sentido minimalista que se solaza y se consume en no ser mujeres. Por lo demás, eran seres asexuados. La edad lo garantizaba. Sólo se podía ser juez si llevaba en este planeta, o algún otro, unos cuantos centenares de años, los suficientes como para haberte desprendido de toda pasión corporal, si alguna hubiera padecido en su momento, y para que la modernidad, con sus automóviles, sus faldas cortas y sus pulgares oponibles le pareciera nimia e irrelevante. Prueba de esa falta de apego a los apetitos terrenales era una complexión desnutrida, digna de una película de Hammer: esqueleto vestido de toga, el juez modelo dudosamente gozaba de facultades locomotoras, las cuales en todo caso no ...

Demonios

He estado ausente de Twitter (lo que se dice ausente, ni sapear siquiera) y de este blog, y se perfila más ausencia y más ausencias. El por qué pertenece al blog negro. Mis enemigos, si es que tengo alguno (no soy consciente de ello) se alegrarán al saber que la columna de mis demonios ya da vuelta y media de la manzana. Son muy pacientes: simplemente esperan, día y noche, conversando intermitentemente, como quien espera las rebajas de enero en algún almacén de Londres. La mayoría visten estilo Mormón, con terno y corbata, y algunos el consabido macuto de donde sobresalen unas enormes tenazas. Tal vistosa columna como que da un poco de colorido al vecindario: por lo menos eso dicen los vecinos. Tantísima pezuña hendida junta creo que ni en la Asamblea, vaya. Las noticias de las últimas semanas, tal como me han sido filtradas a través de las fuentes no contrastadas de rigor, como mi esposa por ejemplo: Lourdes Tibán ha hablado de ladillas. Me parece correcto. Se ha d...

Ironía

Ya está. Blogger.com me acaba de comer otra entrada más, algo extensa, sobre el tema El Universo. Como sea que hace tiempo ya me da demasiado asco todo esto, con esta nueva putada me rindo. Ya ni me apetece seguir escribiendo. Ese odio, esa saña enfermiza que se ha adueñado de la vida pública de este país no es bueno para el alma. Como decía en esa entrada desaparecida: si te encuentras con un marido violento que dice "pero ella se lo mereció porque me dijo..." ¿qué haces? ¿ponerte a discutir sobre lo que ella habrá o no habrá dicho? Si el monstruo no es capaz siquiera de entender que ha abusado de una fuerza desigual, en este caso descomunal, no cabe nada que no sea el mudo desprecio. Correa es ese gorila a quien el abuso de la fuerza, y la servilidad de un juez vendido, le parecen voluntad de Dios, y para quien mandar a inocentes a la cárcel le resulta un juego divertido. Su violencia, claro, como no podía ser menos tratándose de un cobarde, es violencia vicaria . Para cual...

Olivia, la mujer 220

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Ya escribí sobre ella. Me imagino que todo el que viaje diariamente en la Metrovía le tendrá dedicado un poema. Es esa mujer que en todo es modelo. Por la mañana incluso trabaja de modelo profesional, ante un aluvión de fotógrafos, haciendo alarde de esa técnica de apoyar el mentón sobre una mano coquetamente virada que le ha valido elogios y premios internacionales; luego va a la oficina, donde se dedica a su otro empleo, el de "modelo de ejecutiva", oficio que consiste en balancear vertiginosamente las caderas al caminar, al tiempo que menea un dedo índice reprobatorio, de vanidad y presunción suculentas, hacia cualquier caminante en sentido contrario, donde la verdadera habilidad se muestra en coordinar balanceo con meneo, reto que ella supera de modo ejemplar, de ahí ese alto salario que a continuación se muestra en el contenido de las múltiples fundas de supermercado que ella saca del interior de su lujoso 4x4, después de hacer las compras camino a casa y de contemplarse...

Ninepence ha'penny

Night journey home I was in a large travelling dormitory attached to a train. Most of the other travellers were absent, probably in the buffet car. So I wandered up to this woman's bed and borrowed her book. It was called "Stockbroker Racing" and was about stockbroker racing at weekends. I returned to my bed, settled down and started reading. The book was OK and had a lot of pictures in it of lean stockbrokers in kennels but wasn't anything that special. So I returned it and picked up another book from this absent woman's bedside collection. This one had a bookmark in it about half way through. I opened it and found it was set in epic Roman times. All the main characters had the same Christian name, 'Tis: for example, 'Tis Brown, 'Tis Smith, 'Tis Blair, etc. This made reading the dialogues a bit difficult: "Who goes there?" roared 'Tis. '''Tis," shot back 'Tis. "'Tis who?" bellowed 'Tis. "Th...

Aprendices

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Mi hermana estudió música en el Conservatorio (es un decir: el nombre se me fu) hace fu, en esa ciudad grande que teníamos al lado, a vuelo de paloma. Cuando me tocó clarinete, también pude entrar. Lo que recuerdo es poco: polvo, mucho polvo, y retratos por todos lados, se supone de los grandes. Beethoven, ubicuo. Él, príncipe entre modelos de rol , resumía lo que era aquello de ser músico: cabello indomable, ojos de oscuro y temible transporte, bototas, juventud incombustible disfrazada de años. También, por supuesto, había manuscritos apilados por doquier: aquello parecía gabinete de abogados dickensiano. Al iniciarte, no tardabas en descubrir que la música era una corriente alternativa dentro de la civilización. O tal vez, simplemente, era la civilización. (Aunque en aquellos años todavía existían otras corrientes aparentes, ya casi estancas.) Para participar en ella, imprescindible interiorizar un centenar largo de palabras italianas de lo más floribundo (to...