Thank you, Zuckers
Hace muchos años (lo cual, en mi sistema de cómputo alzheimerizado, significa "más de dos semanas, por lo menos", o sea, se trata de una fecha remotísima en la historia del universo) una amiga canadiense me contó que tenía un perfil en "Facebook". Hice una búsqueda y di con la guarida de ese tal "Facebook". Recuerdo haber pensado entonces que con un nombre tan ridículo, un diseño tan cutre y unas prestaciones tan mediocres, ese sitio Web era predestinado a gozar de una breve vida útil de fulgurante irrelevancia. Seguramente, el tal "Facebook" no albergaba los datos de más de un puñado de despistados, sobrados de tiempo y con cero conocimientos informáticos. Típico de mi amiga, pensé, buscar una red de amistades tan minoritaria y patética, habiendo muchas opciones más mainstream de hacer vida social cibernética. Sin embargo, me apunté en el acto, simplemente para hacerle compañía y porque pensé "bueno, si cambio de parecer luego me doy de ba...