Malos poemas

A nuestro querido Pierrot, que aún se recupera de una reciente crisostomía frontal, le enviamos nuestros fraternales saludos, al tiempo que recomendamos la lectura de su último artículo "por un Beso de la FLACSO, Daría Lo Que Fuera". En él se pueden leer perlas como ésta:

Lastimosamente parece que muchos piensan que lo mejor es pasar la vida acumulando bienes y honores. ¿Nos hemos preguntado por qué se da la casualidad de que, en estos tiempos de campaña electoral, está subiendo el precio de la harina y del pan? ¿No será que, de esta manera, nos quieren hacer financiar alguna campaña electoral?

Menos mal que tenemos a los articulistas del Telégrafo para hacernos caer en cuenta de que el gremio de los panaderos es en realidad una conspiración de partidos opositores y que cada vez que te compras un enrollado o una cara sucia, ese dinero se va directo a las arcas del MPD o del PRE. No me explico por qué un escritor tan perspicaz puede quejarse de que los bienes y los honores se van para otro lado: de ser cierto, vaya injusticia. Por lo menos hemos cumplido en este blog concediéndole en más de una ocasión el único premio de que actualmente disponemos. Por otra parte, no puedo más que aplaudir la tesis central de su artículo, que él expresa así, citando al parecer un "dicho popular":

“Mejor comer un pan de pie que un pollo de rodillas!”

Y es que si llego a ver a un pollo de rodillas, se me va todo el hambre enseguida: no es por nada, es que si te fijas bien en las patas de los pollos, verás que no tienen rodillas, lo que se dice rodillas, de ésas como las nuestras que se doblan para atrás, sino que la evolución en su gran sabiduría dispuso que las patas avícolas fueran de otra manera, con el lugar correspondiente a la rodilla ocupado por la articulación tibio-tarsal, mientras que la rodilla propiamente dicha está como hundida dentro del cuerpo del ave, de modo que un pollo para poder ponerse de rodillas, digamos, en actitud de articulista del Telégrafo, tendría que sufrir severas deformaciones anatómicas, las cuales harían sospechar la presencia de un alto nivel de radioactividad en la criatura en cuestión, y la poca o nula aptitud para el consumo humano.


Es, precisamente, lo que tienen de simpático los pájaros: no se arrodillan nunca.

Aparte, el intrépido articulista nos pone sobre la pista de algo muy importante: que los políticos como Álvaro Noboa que en sus cutres eventos electorales entregan premios como becas, puestos de trabajo, casas y plata con la esperanza de ser votados por seres carentes de dignidad, no tienen nada que ver con esos otros políticos, como Rafael Correa, que en su magnífico electoralismo entregan cosas como becas de estudio en el extranjero, puestos en los ministerios, casas MIDUVI y "bonos de pobreza" con la esperanza de ser votados por seres absolutamente rebosantes de dignidad. Y si te preguntas en qué consiste esa diferencia, pues no es lo que tú piensas. No tiene nada que ver con que los intentos de soborno electoralista de Noboa por lo menos están pagados con su propia plata, mientras que los de Correa están financiados con plata ajena. No es ésa la cuestión. La cuestión es que Noboa es un rico y Correa no lo es. Hay que insistir en eso, pues hay muchos datos por ahí que pueden confundirnos. El propio juez Paredes, que es para Correa lo que la capa de Sir Walter Raleigh fue para la reina Isabel I, al intentar calcular el patrimonio del Presidente para saber lo que para el mismo pudiera significar la pérdida de unas tres libras y siete coma siete onzas de honor, incluyó en éste el monto total del Presupuesto Anual del Estado, al parecer convencidísimo de que dicho Presupuesto era la simple asignación filantrópica de un dinero que era propiedad personal del Jefe de dicho Estado. ¿Alguien dispuesto a echarle la culpa? Yo no. Lo que pasa es que las apariencias engañan. Crisostométricamente hablando, está claro que Álvaro Noboa lo tendría dificilísimo para pasarse por el ojo de una aguja, mientras que la cintura esbelta del Presidente eso aun puede y muchas hazañas más. El Presidente no es rico. Su primo tal vez sí, pero él no. El ñaño indudablemente, pero él no. Mientras sigamos creyendo eso, el reino de los cielos puede ser nuestro. Palabra de Jesús (Mateo 5:8).

Pero no quería hablar de eso.

La otra noche soñé con que había atropellado un perro mientras circulaba por la vía Samborondón-Salitre. Era una especie de cruce entre dálmata y gran danés. Al percatarme de la colisión, enseguida me detuve al lado del camino y fui a socorrer al pobre animal, que agonizaba allá en plena carretera. Cuando me vio acercarme, el can levantó débilmente la cabeza, me miró con sus ojos húmedos llenos de tristeza, abrió la boca y dijo:

- That guy Alvaro Noboa gives tax evasion a bad name.

Luego expiró. Pero no quería hablar de eso, tampoco.

La cuestión es que hay malos poemas en el mundo. Sí hay. Hay bastantes. Cuando digo "malos", me refiero a una cualidad muy precisa, cuya presencia o ausencia se puede determinar mediante un simple experimento. Un mal poema es, sencillamente, un poema que a los alérgicos a la poesía les hace estornudar.

“Los poetas locos cósmicos/ pianistas clandestinos/… Hay poetas de casino./ Los hay que por tan devotos/ del silbido de sus sílabas/ mueren de hambre en las calles/… Yo soy poeta ¡Señor!/ Yo soy poeta/ pero no por mérito, sensibilidad o vergüenza/ sino porque de tan desocupado siempre me sobró el tiempo”.

Yo no estornudé al leer esto: pero es que no sufro de esa alergia, y además, frecuenté durante algunos años algunos grupos de ciberpoetastros, experiencia que deja a cualquiera con la piel razonablemente curtida. Pero está claro que los citados versos pecan de eso, de esa enfermedad mortal a la vez que maloliente, la autorreferencialidad o mejor dicho autoombligüedad popoética. ¿Por qué será que los gafiteros no van por el mundo llamando la atención de todos sobre la gafitería de su ineluctable destino? Un poeta que dice "soy poeta" se merece una patada en el trasero: si realmente lo fuera, ya lo cacharíamos sin su ayuda, así que son dos palabras, si no mentirosas, redundantes, y se supone que la poesía porta ese estandarte, de que no tiene que haber redundancia ni siquiera de letras o de espacios. Además, no es cosa como para fanfarronearse. Un poeta, si realmente has conocido a alguno, sabrás que es una persona, macho o hembra, con una barba copiosa, hedionda a tabaco, e incipiente calvicie, una forma de hablar desagradable y pedante, y una mano metida permanentemente en tu bolsillo. El poeta en sí no es nada: la poesía, eso que se hace a través de él y a pesar suyo las más de las veces, puede ser algo, puede ser todo. Pero repito: no es El Oro todo lo que colinda con Azuay. Hay muchos malos poemas. Por eso, me cae realmente simpático y siento una especie de efusión de compasión inmensa hacia ese pobre hombre que semana sí, semana también, tiene el deber de escribir algún artículo en el Telégrafo en que siempre es cuestión de algún poeta o libro de versos malo malísimo, de producción eso sí nacional, y de buscar la manera de hacerle quedar bien como sea. Al principio caí en el error de pensar que el tal Aníbal Fernando Bonilla escribía de esa manera hueca y verborréica por pretenciosidad personal. Luego me di cuenta de que para alabar algo que francamente no te da asas por ningún lado, tienes que escribir así.

 La poesía es la manera febril de referirse a la tentación de la manzana.

¿Lo será? En tal caso, estamos a salvo, y los alérgicos que sigan con su alergia, que poca cosa se pierden a fin de cuentas. El día en que alguien ose referirse, febrilmente o no, a esas otras tentaciones, las de los pollos arrodillados que gritan ¡cómeme!, ya les avisaremos. Mientras, siga la fiesta.


Comments

  1. Aunque no quería hablar de eso, pero su mensaje es contundente:

    Para un correísta, mientras las dádivas de Alvaro son "manipulación y aprovechamiento" hacia "gente (sin) dignidad", las dádivas de la campaña electoral del líder autoreconocida como permanente desde el 2007 son "la patria ya es de todos", "los honestos somos más" o "correa para los corruptos". Jajaja!

    La dignidad abunda tanto en ellos que casi siempre se les chorrea.

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  2. Me encantó tu aclaración sobre los "seres absolutamente rebosantes de dignidad" que son los que votan por nuestros revolucionarios regalones.

    ¿Qué piensas del anuncio / amenaza presidencial de sacarles dinero a los bancos para aumentar el (totalmente digno, por supuesto) bono a la pobreza? Además de aclarar que banquero que no quiera, se le compra el banco y se lo nacionaliza.

    Yo solía bromear con el hecho de que en este país el Vicepresidente es Lenin y el encargado de cobrar los impuestos es el mismísimo Carlos Marx, pero la realidad me sobrepasa: tal parece que no hay manera de ser izquierdista sin ser radical.

    Saludos...

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