Cómo ser pobre con $6.000 al mes


Apenas hay espectáculo en el mundo más divertido y tierno que ver a un político que intenta dárselas de “hombre del pueblo”. Ahí aparece, en su tarima, rodeado de los micrófonos de sus medios estatales, y en círculos concéntricos, sus guardaespaldas, sus GEO, sus policías, sus ejércitos, todos erizando los sacrosantos fusiles que legitiman el robo y el parasitismo que constituyen su razón de ser, y dice, con cara de no haber redactado un Código:

-          Yo soy uno como ustedes.

No me digan que no es tierno. Ahora, hay casos que, dentro de lo exagerado, rozan la obscenidad, y entre ellos colocaría al de la Sra. Gabriela Ricademeirda, Presidenta de la Asamblea, la que citando a una canción prescindible de un grupo prescindible, y recordando acaso a tan ilustre antecesora como puede ser la dicharachera de la María Antonieta, tuvo a bien recomendar dieta de pan para los pobres, y a los ricos,

-         Qu’ils mangent de la merde.

Como era de esperar, la frase no tuvo la fortuna que ella le había previsto. Como consecuencia más inmediata, dio lugar a cierta confusión entre los cocineros que proveen el menú diario de los señores asambleístas, hasta tal punto que el día siguiente, y echando mano tal vez de alguna vieja receta del emperador Caligula, ya aparecía en la carta del día del comedero de tan ilustre edificio delicias como éstas:

Hors d’oeuvres:

Ors d’ures

Horse d’ung

Entrées:

Cacapés de Caviar

Sopa del Día (y de la Diarrea)

A suivre :

Pot-au-feu de la merde aux petits légumes

Merde au poivre vert

Estiércol aux fines herbes

Desserts:

Cheesecaca

Crap Suzette

Y no creo que se les pueda culpar a los cocineros mencionados haber pensado que, si una persona que gana en exceso de $6.000 mensuales dice que a los ricos hay que ponerlos a dieta de heces, tal persona forzosamente se incluya dentro de tan sabia recomendación, y si la tal persona ostenta el título de Presidenta de Lo Que Sea, que la tal coprofagia confesa se hace extensible a todos y va a misa. Con lo que no contaban era ese fenómeno que podemos llamar corrupción cognitiva, esa peculiar tendencia a creer que “los ricos”, por mucho que uno “tiene”, siempre son los demás, nunca uno mismo, al igual que los “privilegiados”, los “egoístas” y demás fauna de discursos demagogos. En el caso que nos ocupa, sinceramente no creo que la Ricademeirda haya urdido su discurso con fines deliberadamente engañosas, como dando a entender que ella no tiene ni para el autobús a casa, pues es demasiado fácil dar con el Google y descubrir lo que gana un asambleísta raso (más hermetismo veo sobre los posibles alicientes económicos para Presidentas De); más bien creo que la respetable señora, que al parecer no es que le sobren conocimientos ratificados en forma de títulos (le sugiero uno, apto para tebeo asambleístoïde: Bachilleres Of The Universe!) simplemente y quizás fruto de caballeresca cortesía de parte de sus colegas, no ha escuchado la noticia de que al convertirse en asambleísta uno tiene que aceptar ¡oh gran sacrificio! cargar in saeculi saeculona con la condición pública de rico/a, además de la de privilegiado/a, y un montón de cosas más que puede que saquen a relucir en canciones de tus antiguos grupos preferidos de tu época de Reina de Belleza estilo “Quiero Cambiar el Mundo, la Verdadera Belleza está en el Interior, pero Gracias por la Corona”, traidoramente y con condenable alevosía. Por eso necesitamos Leyes de Comunicación, Nuevos Códigos Pendejos y demás, pues. Para que a nadie se le ocurra llamar al pan, pan, y al rico, rico. Como dicen todos acerca de la tal Presidenta, con cara de mimar a un encantador bebé, y yo que me uno también encantado a la tal orgia de sentimentalismo populistoïde, faltaría más: ya aprenderá.

Sí lo creo. Ya aprenderá a no llamar la atención sobre ese pingüe salario que percibe exclusivamente por el laborioso trabajo de creerse superior a los demás, aunque estos demás produzcan riqueza y ella nomás la comparta y reparta: aprenderá a ser otra más de la especie politiquera, experta en arreglar vidas y salarios ajenos mientras alrededor de los suyos, vida y salario, se extiende el círculo de fusiles con bayoneta y alrededor de éste, el miasma de propaganda secomotizada que permite que las tales bayonetas reluzcan siempre limpias y reflejen el sol.  Propaganda que dora con broche de oro el cilíndrico excremento en que se convierte el verbo “tener” tras pasar por un sistema digestivo accionado por la envidia y la superficialidad; y que, inclusive, se recrea en el uso del sustantivo “pueblo”, ese ninguno al cual no hay que ningunear, esa especie de fraternidad mística a la que la Sra Ricademeirda siempre pertenecerá, eso sí por derecho propio, por muchos abortos que prohíba, por muchas poblaciones que oprima, por muchas leyes injustas que deje pasar, por muchos “principios” que traicione, por muchos bolsillos que vacíe y por muchas palabras propias que, a petición del paladar, desdiga.

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