Si algo me falta para ser inglés inglés, es el empirismo. Y sí, la falta de esta importante cualidad es un defecto, lo reconozco. ¿A qué me refiero exactamente? Pues a ese abismo filosófico que siempre separó a las Islas Británicas del Continente, y que se manifiesta en que si un francés o un alemán encuentra en sus elucubraciones cierta simetría, cierto orden, tanto para sugerirle la posibilidad de extraer de ellas "un sistema", va y lo publica. El inglés, en cambio, si encuentra un sistema en sus pensamientos va al médico. Para él es artículo de fe incuestionable, fruto de la amarga experiencia, que el universo es chueco. Que las cosas casi encajan, pero sólo casi. Que en todo hay excepciones y margen de error. Que nada sirve . Sobre todo, que nada es tan sencillo como parece. Y que los sistemas son aburridos, pero las excepciones, interesantes, y que la mayoría en casi todo (no en todo, pues no hay ese "todo") está equivocada. La Ley de Sturgeon está hecho para l...