Alma de dictador

El argumento: "esto no es atentado a la libertad de expresión: sólo atentamos contra el bolsillo de la media docena de familias que manejan la prensa privada en este país".

Facilito, como para despacharlo en los 3 minutos que tengo.

Como siempre, Correa demuestra tener una noción sólidamente desarrollada de lo que significa libertad, honor, dignidad, en lo tocante a su propia y majestuosa persona, al tiempo que parece desconocer por completo la existencia de otras personas, y la necesidad que de ello se deriva de practicar la tolerancia, de reconocer los propios límites, de conceder a aquellas otras aquella libertad que para sí mismo reivindica. Claro que él no tiene ninguna obligación de dar entrevistas a ningún medio en especial: faltaría más. Ni él ni nadie. Pero las razones perfectamente respetables que sustentan esa decisión personal suya de no complacer a la prensa privada no sirven para justificar una prohibición que se hace extensiva a los demás funcionarios del gobierno, pues no son razones de Estado. No existe ni un precepto constitucional, ni una política de estado, ni siquiera un compromiso electoral partidista, que dicte la necesidad de atentar contra los supuestos intereses mercantiles de esas "ciertas familias". Además, la verdadera razón de la prohibición (de momento, informal, pero no por ello menos efectiva) es transparente para cualquiera. Los medios gubernamentales le dicen mesías: los privados son más bien críticos, creyendo que ése es su deber. Correa es de los que no saben encajar la crítica. Su personalidad infantil y narcisista no le concede ese don. Por lo que, repito, su odio a la prensa privada es perfectamente comprensible, pero obligar a otras personas, funcionarios de su gobierno, a compartir tal cruzada personal es caer en lo más hondo del infantilismo, además que debilita cualquier pretensión de pudiera todavía permanecer de que "el gobierno" de este país sea otra cosa que el capricho de un único dictador.

Sin embargo, como siempre, la medida tiene su lado positivo, pues permite asegurarse de quién ese quién en ese triste sucedáneo de gobierno que lleva. El que agache la cabeza y siga esos absurdos decretos-caprichos, podemos estar seguros de que es un ente servil, un simple cero a la izquierda: una persona, por tanto, a quien de todas maneras no vale la pena entrevistar, pues en ningún momento estuviera hablando con voz propia, que no tiene. Si realmente queda algún ser vertebrado en ese club de paranoicos, oportunistas y demás fauna pintoresca, estaremos ahora por verlo.

Comments

  1. ...y ahora el gobierno ofrece asilo a Assange (a quien ya se lo había ofrecido antes el entonces funcionario Kintto Lucas, que fue entonces desautorizado).

    ¿Qué haría Rafael Correa si un medio ecuatoriano publicara secretos de Estado?

    Vaya ridiculez... y gracias por seguir escribiendo.

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