Dónde está mi mente?
OK, Vanilla Fudge es un acquired taste.
La cuestión es ésta. Uno está ocupado. Con trabajo, y otros trabajos. Y de repente llega esa hora de la noche del domingo (suele ser domingo) cuando de repente se te ocurre que hace tiempo que no te ha escrito tu mente, nada, ni un postal. ¿Dónde está? ¿Qué ha estado haciendo estos días?
De joven, esto no te pasaba. Vivías solo. Cada día había dónde y cuándo reunirte con toda la tropa, con tus instintos, con tus gozos y tus sombras (aunque éstas se quedaban en la sombra, como por timidez), con tus ridículos anhelos (gloriosamente ridículos) y también tus ambiciones prácticas y mezquinas. A cada momento sabías dónde quedaba tu mente. La vigilabas, por si acaso se le ocurriera algo interesante.
Ahora, tus pensamientos quedan sanducheados entre clases, entre obligaciones impostergables, entre todo tipo de distracciones que hace tiempo dejaron de ser molestas y se convirtieron en destino. Al final del día, sólo queda el recuerdo de haber pensado algo, sin saber qué era. Debo comprarme una grabadora de bolsillo, te dices, engañándote.
La cuestión es ésta. Uno está ocupado. Con trabajo, y otros trabajos. Y de repente llega esa hora de la noche del domingo (suele ser domingo) cuando de repente se te ocurre que hace tiempo que no te ha escrito tu mente, nada, ni un postal. ¿Dónde está? ¿Qué ha estado haciendo estos días?
De joven, esto no te pasaba. Vivías solo. Cada día había dónde y cuándo reunirte con toda la tropa, con tus instintos, con tus gozos y tus sombras (aunque éstas se quedaban en la sombra, como por timidez), con tus ridículos anhelos (gloriosamente ridículos) y también tus ambiciones prácticas y mezquinas. A cada momento sabías dónde quedaba tu mente. La vigilabas, por si acaso se le ocurriera algo interesante.
Ahora, tus pensamientos quedan sanducheados entre clases, entre obligaciones impostergables, entre todo tipo de distracciones que hace tiempo dejaron de ser molestas y se convirtieron en destino. Al final del día, sólo queda el recuerdo de haber pensado algo, sin saber qué era. Debo comprarme una grabadora de bolsillo, te dices, engañándote.
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