Bailando por un bien común

¿Risa sana? Recomiendo El Telégrafo: últimamente se lee hasta con más fruición que Condorito.

Hoy, por ejemplo, Fabrizio Reyes de Luca nos deleita con las payasadas de un tal Christian Felber, sobre quien wiki se niega a proporcionarnos ningún dato en inglés, pero cuya página en español nos informa que sus hazañas de economista revolucionario disputan su atención y su tiempo con las de bailarín de danza contemporánea. Un hombre verdaderamente polifacético, entonces, digno de la tradición del Renaissance Man al estilo de Sir Walter Raleigh o de Garcilaso, o para traer la cosa más hacia casa, digamos que algo así como un Carla Sala austríaco. Eso sí, algo reprensible el despiste de sus wikibiógrafos, que primero lo asocian con la prestigiosa Universidad de Viena, para luego soltar el dato de que en realidad trabaja para la WU-Wien (una simple Business School, nada que ver). Su única maestría es en Filología Románica (mon semblable! mon frère!), ¿y qué más? ah, y que podemos estar razonablemente seguros de que su patrimonio actual no supera los 10 millones de euros, pues ésa sería la cifra mágica que separa buenos y malos, y el sacrosanto limite que en su peculiar Utopía los gobiernos estarían encargados de imponer mediante las acostumbradas expropiaciones. Por lo demás, el modelo propuesto por Felber es un poco lo de siempre: una revolucionaria y nunca-antes-pensada "tercera vía" entre el capitalismo cruel y salvaje y el socialismo inútil y fracasado. (Con las Terceras Vías pasa un poco lo de las Reliquias de la Cruz: reúnelas todas y tienes un macrocristo de 100 metros de estatura, o un Spaghetti Junction con tantas terceras vías que ni con sat.nav. sales de ello. Pregunten a Blair.) En fin: lo tierno, lo simpático de Christian es que ni se molesta en desarrollar su modelo, ya saben, intelectualmente, pues según él, "se debe ir construyendo entre todos". De hecho, resulta que aparte de una serie de desiderata aptas para monjas de clausura ("confianza, honestidad, responsabilidad, cooperación, solidaridad, generosidad y compasión, entre otros"), la única zona clara de su pensamiento es la referente a los ricos, ese gran problema, es decir, el problema de que al parecer en el mundo hay gente que tiene más plata que él tiene ni que estima podrá algún día tener. No, en serio: realmente se trata de un problema, pues si hay gente rica, es imposible que tal riqueza se haya conseguido de otra manera que estafando, mintiendo, extorsionando, explotando, destruyendo el medio ambiente, etcétera. Para ser más claros: si tienes 10 millones de euros y un poquito más, eres un malvado explotador: si todavía te faltan unos centavitos para llegar a esa cifra, por el contrario, eres con toda probabilidad un parangón de humanidad, además de un bailarín de excepcionales cualidades. Se muestra interesante el camino a recorrer, por donde el bueno de Christian, a medida que vende más y más panfletos, irá descubriendo que en realidad no se trata de diez millones ni de veinte, sino de, simplemente, esa fluida y huidiza frontera entre la propia virtud y la maldad ajena, ese inasequible horizonte del mal al cual nunca se alcanza ni queriendo, pues el infierno siempre son y serán los demás. Camino, por otro lado, ya recorrido por nuestros propios gobernantes, que ya descubrieron que el pelucón es por definición, y por mucho patrimonio que uno haya conseguido acumular y por mucho Camilo Samán que uno haya sido condenado a ser o a conocer, siempre el otro, nunca uno mismo.

Pero no quería hablar de eso. Me chocó, lo digo en serio, profundamente, el haber tenido que ver a Correa en no sé qué inútil conferencia o cumbre mascullando esa ridícula historia de que "si todo el mundo viviera como un neoyorquino, necesitaríamos cinco planetas". Ridícula por diversas razones, entre ellas, que no tenemos cinco planetas, constatación que relega la tal aseveración al tacho de las irrelevancias; tanto más en vista del hecho de que no todo el mundo quiere vivir como un neoyorquino (Dios me libre a mí de vivir así, si de hecho eso se llama vivir), y difícilmente entonces se aprecia la razón por la que estaríamos llamados a vivir así siquiera en el campo de la especulación. Pero hay más. El famoso dato de los "cinco planetas" proviene de la Global Footprint Network, organización que afortunadamente se revela la mar de cándida sobre sus métodos de cálculo, por lo que podemos apreciar enseguida que caen presos de un error elemental que consiste en ignorar lo que los entendidos en la materia llaman economías de escala. La cuestión es sencillísima: si el día de mañana por no sé qué fenómeno de locura o histeria colectiva el mundo entero decidiera vivir como neoyorquinos, la producción de determinados bienes (entre ellos el apreciadísimo baloney o bologna) experimentaría un revolución en sus métodos y su organización, elevando dramáticamente el nivel de eficiencia y dando como resultado directo un cambio cualitativo en el uso del suelo (que es lo que la GFN pretende medir), lo cual inmediatamente transformaría en obsoletos todas las mediciones y los datos usados en el tal cálculo. Ahora bien: que un bailarín austríaco ignore el concepto de economía de escala me parece permisible: que un PhD en Economía lo ignore me parece doloroso, harto doloroso. Por lo que digo: menos mal, sólo le vi al Jefe de Estado unos segunditos, nada, lo que dura el caerse de la cama a las seis de la mañana y arrastrarse al baño para empezar otro largo y penoso día laboral, que hoy me llevó hasta a Quito, imagínense.

Lo que no fue tan mal, pues esta vez sabiamente me negué a leer durante el viaje otra novela de Git Ssnotragg. El viernes pasado tocó Man som hatar kvinnor, opus en que el gran autor avanza la teoría de que algunos hombres odian a las mujeres, y que a aquéllos puedes conocerlo por las siguientes señas: cometen actos de violación y sangrientos asesinatos a cada rato, tienen mazmorras insonorizadas llenas de instrumentos de tortura, jaulas, etcétera. Y que la mejor manera de, digamos, vacunarte contra ese odio es ser políticamente correcto a la usanza sueca, ya pormenorizada en otro artículo de este blog. Y fue entonces cuando dije: menos mal que Git no vivió para ver a Assange, el arquetípico odiador de mujeres (por eso le persiguen, a fin de cuentas) que al mismo tiempo y por aquello mismo del pluriempleo del hombre renacentista, consigue a la vez ser el perfecto sueco: estéril, incomprensible, aburrido y una barbaridad de izquierdoso. Por mí que le dén asilo, y rápido: será la perfecta comedia cuando ya esté instalado acá y resulta que el modesto territorio que abarca este país simplemente no da para un ego del tamaño del de Correa y otro del mismo porte, en un sólo estado de derechos. Les dejo con Sparks, y con el pensamiento de que, si el ego de nuestro mandatario sigue expandiendo a la presente velocidad, necesitaríamos, ahí sí, por lo menos cinco planetas para sostenerlo. Aunque por mí, que la morada principal del mismo sea nuestro lejano vecino Júpiter: sería todo un avance. Per ardua ad astra.

Comments

  1. A propósito de El Telégrafo...

    http://www.eltelegrafo.com.ec/index.php?option=com_zoo&task=item&item_id=44022&Itemid=27#comment-17912

    Hay joyas como:

    "el desarrollo de los acuerdos, compromisos y negocios desde una condición jurídica estable" (para un periódico que defiende a Correa y Chávez)

    "La Unasur adoptará las medidas más adecuadas (...) deben ser en favor de restituir a Lugo en su cargo, garantizar el desarrollo democrático de las instituciones..." (de nuevo)

    "el usurpador Franco, quien cabildeó cuatro años para ocupar el cargo y servir a los herederos de la dictadura paraguaya" (una afirmación así en un EDITORIAL, me parece que roza la calumnia...)

    En fin, me gustaría conocer tu opinión al respecto. Gracias

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