Homenaje al burrócrata
Aprovechando la efeméride del Día Internacional del Burócrata (vigente desde el 2007) he decidido hacer una parada en mis actividades cotidianas de infructuosas búsquedas de sellos y timbres oficiales, para cantarle los loores a ese ser tan importante como menospreciado en la actualidad: ese pequeño y calvo hombre o esférica y surcada mujer que día tras día, infatigablemente y ante la indiferencia o la ingratitud de la mayoría, se dedica a sembrar en nuestro oscuro mundo un poco más de frustración, un poco más de irritación, un poco más de exasperada incredulidad. Se trata del Viejo Calientasillas (Pedantus ariscus), especie que encuentra en el Ecuador su más pletórica evolución. Estoy hablando de ese hombre o esa mujer cuya existencia se resume en rechazar, en cada momento, a quien sea, a lo que sea, donde sea, previa constatación de que el rechazo surtirá el deseado efecto de crear en el rechazado esa sensación de angustia, de desperdicio de tiempo, dinero y esfuerzo, de absurdo existencial, que como los gritos de los niños en Monsters, Inc., sirve para alimentar y alumbrar (es un decir) el enorme y expansivo urbanismo burocrático estatal. Ese hombre que es capaz de rechazar un formulario que ha costado $40 en gastos notariales porque la fecha al final, al lado de la firma, está escrita, de modo perfectamente legible, a mano. Esa mujer que es capaz de negarse a procesar un formulario que ha costado dos horas de baja laboral en su presentación, alegando que la migración de una línea al final de la página 1 desde el principio de la página 2, debido al funcionamiento normal del programa MS Word, constituye una “alteración” que “invalida” el documento. Sí, esos encantadores personajillos. Como todos los héroes no cantados, se merecen su día y su sentido homenaje. Pero tengo algo más que eso. Tengo una entrevista.
EL BALCÓN PEREGRINO: Felicidades en su día, señor Burócrata Inútil Y Arisco.
BURÓCRATA INÚTIL Y ARISCO: Gracias, Cliente Molestoso Y Hediondo A Tabaco.CMYHAT: Veo que usted tiene un hermoso escudo enmarcado en la pared tras su silla. ¿Puede explicarme su significado?
BIYA: Sí.CMYHAT: Y ¿cuál es?
BIYA: No me interesa decírselo.CMYHAT: Entendido. Bueno, para el lector, se trata de un culo sentado sobre fondo verde, con una hoja de papel arrugado, una pila de billetes, y la leyenda “DIFFICULTATEM NON EST MEA.” Señor burócrata, perdón que insista, pero ¿tiene alguna idea del significado de esa leyenda?
BIYA: Ninguna. No me pagan por tener ideas. (Escupe en el suelo.)CMYHAT: De acuerdo. Ahora, para nuestros lectores, ¿podría explicar cuál es la verdadera vocación de un burócrata? ¿Qué sentido puede tener una existencia como la de usted?
BIYA: ¿Cuántos lectores tienes?CMYHAT: Tres, si no me equivoco. Y una salamanquesa.
BIYA: Veo que eres una persona influyente. Bueno, en tal caso, aquí va. Mucha gente cree, erróneamente, que nos dedicamos únicamente a joder, a frustrar, a crear angustia, estrés y depresión entre la población. Claro que hacemos todo eso, con mucho gusto, pero nuestra verdadera vocación va más allá. Somos los apóstoles del sentido del absurdo. Nuestra meta es recordarle a la gente en cada momento lo absurdo e inútil de su existencia.CMYHAT: Y ¿cómo se consigue eso?
BIYA: ¿Ve este papel? ¿Este título universitario de Ingeniero en Plagio (Especialización Poyas)? ¿No te parece una obra de arte?CMYHAT: La verdad es que sí. Parece arte barroco.
BIYA: Muy cierto. Rechazar este documento ha sido mi hazaña más notable de toda esta semana. Me ha causado una satisfacción enorme decirle al cliente que su título no sirve.CMYHAT: Y ¿por qué no sirve, si no es mucho preguntar?
BIYA: Mira. Aquí está la firma de la Secretaria de la Universidad que expidió el título. Acá abajo, sale el impreso que certifica que la firma de la Secretaria es genuina. Aquí, ¿ves? en la esquina, está el sello y la firma del Departamento de Validación de Títulos del Ministerio de Educación en Guayas, que dice que la firma de quien validó la firma de la Secretaria también es la que acostumbra usar tal autoridad en sus actos públicos. Aquí está la firma de otra persona del mismo ministerio que certifica que la firma anterior también es genuina. Y aquí, ¿ves?, a este lado, sale el sello del notario que dice que la firma del empleado del Ministerio también es la suya propia auténtica. Ahora, ¿cuál es el problema? Pues simplemente, que este documento carece de garantía de que la firma del mismo notario sea genuina. Podría ser una falsificación, al igual que este sello, ¿no es cierto? Entonces, tuve que explicarle al cliente que vuelva cuando haya conseguido un abogado que certifique que la firma del notario es la auténtica. CMYHAT: Déjeme adivinar. Cuando el cliente haya vuelto de su viaje a Quito en pos de esa firma, le va a decir que el documento sigue careciendo de validez por el hecho de que nadie está certificando que la firma del tal abogado sea genuina.
BIYA: Exactamente. Veo que usted capta las cosas rapidito. Al cliente todavía le espera esa agradable sorpresa. (se ríe.)CMYHAT: En tal caso, estamos ante una regresión infinita, pues cualquier firma necesitará siempre de la firma de otra persona que valide su autenticidad.
BIYA: ¿Regresión? No me vengas con filosofías. No me pagan por estar filosofando. CMYHAT: Intento decir que, con lo que usted expone, ningún documento podrá tener nunca validez alguna.
BIYA: Muy cierto. Ningún documento la tiene.CMYHAT: Entonces, ¿cómo es que a veces ustedes aceptan procesar algún documento?
BIYA: La validez viene con esto. (hace un gesto frotando pulgar e índice.) Es lo más práctico. Todos consumimos muchas colas. Pero no me acuses de receptar muchos documentos. No lo suelo hacer. Es mucho más divertido rechazarlos.CMYHAT: ¿En qué encuentra usted la diversión?
BIYA: Disfruto mucho viendo la cara de decepción, de tristeza y de asco de una persona que ha pasado varios días reuniendo firmas, papeles, copias de su cédula a color, haciendo columna en diferentes ministerios, contralorías, notarías y otras oficinas estatales o parasitarios del Estado, bajando formularios del Internet y rellenándolos, llamando al trabajo para decir que no puede ir, etcétera, para que al final le digan que le falta una coma o que le sobra una paréntesis o que tal cosa debe ir en mayúsculas y que debe volver a pasar por todo el proceso de nuevo, pues no se aceptan tachaduras ni enmendaduras. Quien inventó esta última frase realmente fue un genio. Te haré una confesión. Esa frase, “NI TACHADURAS NI ENMENDADURAS” la tengo como una especie de lema personal. Me ha ayudado mucho en la vida. A ti también te la recomiendo.CMYHAT: La tendré en cuenta. Pero acláreme una cosa. ¿Por qué me habrían dicho, el otro día, que una fecha escrita a mano al final de un formulario impreso no servía, si la tal fecha se leía perfectamente bien?
BIYA: Obvio. No tiene el formato adecuado.CMYHAT: ¿Adecuado para qué? La forma en que estaba escrita la fecha era perfectamente adecuada para leerla. ¿Qué más se puede hacer con una fecha, aparte de leerla?
BIYA: La pregunta es tonta. Como si las cosas tuvieran que servir para algo. ¿Todavía sigues con esas supersticiones?CMYHAT: Veamos. A mí me parecía que la cosa podría tener algo que ver con algún fetichismo. Ya sabe, confundir el medio con el fin, o la media con el fémur. Glorificar el Times New Roman, 11 puntos, por encima de la salud mental del sujeto pensante tras todos esos inútiles formularios. Ahora, usted me está diciendo que se trata más bien de nihilismo, puro y duro. Una filosofía de que nada tiene sentido, ni debe tenerlo.
BIYA: Es lo que predicamos. Es nuestro evangelio ante el mundo. Queremos que la gente se dé cuenta de que no puede ganarle al universo. De que para nada sirve esforzarse. En eso, colaboramos plenamente con el actual gobierno. Modestia aparte, nuestra burocracia es el primer causal de pérdidas de días laborales en el país, por delante del resfriado común, del chuchaqui y de la sartén de la esposa. Contribuimos al empobrecimiento de la nación. Pueden poner los límites de velocidad que quieran, las leyes laborales bizantinas que deseen, pero nada ni nadie hará tanto como nosotros para fomentar y propagar la improductividad, la pérdida de tiempo y riqueza, y la carestía de innovación y creatividad que nace de nuestra insaciable hambre de formularios inútiles, de declaraciones juramentadas, de fotocopias de cédulas a color, de firmas de notarios, de bases de datos centrales de títulos inútiles, y demás asombrosas ridiculeces, todas en horario de oficina y en triplicado.CMYHAT: ¿Usted sabía que en el Reino hUnDido no existen ni los notarios, ni la obligación de tener cédula de identidad? ¿Que las universidades de mayor prestigio no proporcionan mallas curriculares, y los cheques se pueden escribir en el lomo de una vaca?
BIYA: Me resisto a creer nada de eso. Si no hubiera el oficio de notario, ¿a qué se dedicaría la gente que no supiera hacer nada bien?CMYHAT: Pues a dar clases de inglés, evidentemente.
BIYA: Tonterías. Si sigues propagando esos rumores, tendremos que encarcelarte por desacato. El notariazgo es el oficio más viejo del mundo, y una reciente sonda a Marte ha revelado que hasta los microbios extraterrestres disponen de cédula de identidad y papel de votación. Si no, no habría forma de comprobar su existencia.CMYHAT: Explíqueme otra cosa. ¿Por qué, en una visita reciente al SRI, a mi esposa le rechazaron el poder notariado que le di para representarme, alegando que no decía específicamente que le otorgaba poder para representarme ante el SRI, si en el poder decía “ante todas las instancias gubernamentales”?
BIYA: Pues obvio, porque no decía “ante todas las instancias gubernamentales, incluído el SRI”.CMYHAT: Piaget decía que la capacidad de razonar en el sentido de construir esquemas simbólicas de superordinados y subordinados, de todo y parte del todo, es algo que se desarrolla en el niño entre la edad de 3 y 7 años. ¿Debo inferir que el SRI tiene una edad mental inferior a 7 años?
BIYA: Es posible. En todo caso, no es mi problema.CMYHAT: Finalmente, ¿con qué sueña usted todas las noches?
BIYA: No me pagan por tener sueños. Me pagan por destruir los de de la gente.CMYHAT: ¿Ni un solo sueño tiene usted?
BIYA: Bueno, sí, ahora que se me ocurre. Estaba remando en un bote, solo, en medio de un gran océano sin horizonte. El sol brillaba, y el mar estaba apacible. De repente salió del agua, al lado del bote, un inmenso tiburón.CMYHAT: Y ¿qué hizo usted?
BIYA: Evidentemente, pedirle una fotocopia de su cédula, como condición para engullirme.CMYHAT: ¿Y se la proporcionó?
BIYA: Sí. El tiburón tenía tres copias, con papel de votación incluido en cada una.CMYHAT: ¿Pero?
BIYA: Pero no estaban a color.
Huelen nuestra angustia y nuestro miedo. Son felices al saber que de ellos dependen nuestras vidas.
ReplyDeleteLo peor es verlos en enjambres en centros comerciales, cines y supermercados con sus uniformes policiales de la ineficiencia y la ineptitud. Plagas.
Pero sus miserables vidas se decantan al vaiven del regimen imperante, rezando que las hachas de las compras obligatorias de renuncias voluntarias no les caigan, y mandados por algun inepto truchiman premiado por la campaña politica.
Saludos del 2 de 3.