¡Los Cosacos!
¿Por qué se hacen enmiendas constitucionales que permitan utilizar a las Fuerzas Armadas en la "seguridad interna" del país? pregunta, entre otros, Sebastián Vallejo. Eisenstein lo tenía claro, en este película que celebra este 24 de diciembre sus 90 años de exposición. En realidad es simple lógica elemental. ¿Qué tienen los soldados, en la actualidad, que no tienen (o no siempre tienen) los policías? O al revés: ¿qué supo encontrar Arroyo del Río en los Carabineros de Guayaquil que no supo encontrar en el Ejército de ese 28 de mayo de 1944? ¿Qué es lo que un Nebot cultiva en sus robaburros, que sabe que no va a encontrar en cualquier cuerpo uniformado donde se insista en estándares mínimos de inteligencia? Pues eso: frialdad, disciplina, una disposición que no les hará dudar, llegado el caso, en disparar sobre una muchedumbre desarmada, con niños incluidos, en defensa del poder, de la autoridad, de los privilegios de los "gobernantes" y de la continuidad de sus salarios. Lo que encontró Lucio Gutiérrez en las FFAA de ese día, unas horas antes de su famosa salida en helicóptero. Sálvenme. Disparen a discreción. Lo único sagrado aquí son mi pellejo y mis billetes.
Las enmiendas constitucionales representan, vistas desde cierto ángulo, ese punto de inflexión por el que pasa todo gobierno populista-autoritario, cuando las realidades económicas empiezan a hacer tambalear ese mecanismo fluido de compra de votos con políticas clientelares y anestesia ideológica administrada por propaganda estatal. Aunque la falta de una oposición unida capaz de sortear los crecientes obstáculos impuestos por el régimen para llegar con su mensaje al votante parece descartar cualquier pérdida del correismo en las urnas en el corto plazo, el tono de las enmiendas deja claro que se está produciendo una especie de atrincheramiento mental en las filas gobiernistas, en que hasta un articulista del Telégrafo se atreve a preguntar si no serán los mismos ciudadanos los que se perfilan como "el Enemigo". O tal vez la relación Gobierno-Pueblo se ilustra mejor con la metáfora de un domador de león en un circo. Mientras la bestia esté bien alimentada, la experiencia demuestra que hacerle saltar por aros de fuego, hacerle sentarse en cuclillas y suplicar como perro, aun en detrimento de su propia dignidad de animal noble y salvaje, será tarea fácil, todo está en el "entrenamiento", en los descubrimientos de Pavlov. Ahora bien, cuando empieza a rumorearse que escasea el suministro de carne crudo, cuando algunos días ha sido necesario darle carne rancio y huesos, el domador inteligente y previsor se toma la precaución de llevar, desde ese entonces, un arma de fuego en el bolsillo, y llegará el día en que antes de meter la cabeza en las fauces del animal, primero y como prudencia natural considerará necesario sacarle los dientes.
¿Sacarle los dientes?
Vallejo no lo considera digno de comentario, pero esa enmienda que insiste en agregar una frase sobre "la comunicación como un servicio público" al principio del articulo relevante (aquello de los medios públicos, privados y comunitarios ya estaba incluido en el texto vigente, por ello, es arenque rojo) y antes de entrar en lo que la Constitución define como "el sistema de comunicación social" (my italics) tan sólo puede obedecer a un deseo de restringir lo que entendemos por "comunicación" (así, tout court, ni siquiera social) a una atribución estatal, a algo que ellos nos "dan", y nosotros agredecemos debidamente. La comunicación, para este gobierno, ya no es ese beso ni esa caricia inocentes, ya no es ese milagro que nos permite superar ese terrible aislamiento consustancial con la condición humana, no es compartir humanidad compartiendo soledades, no es rescatar del vertedero de las palabras esas frases que brillan y hacen saltar una chispa en nuestro espíritu, no es demostrar en el día a día que gasten los millones que quieran Google y Amazon y Zuckerberg y Gates, la prueba de Turing no podrá con nosotros, no es vivir y conocer la libertad mediante el brazo robótico de la sintaxis, cuando el resto de nuestros sentidos se apagan con la edad y la enfermedad: nada de esto. La comunicación, para esos desalmados, es una atribución exclusiva de los gobernantes, pues ellos al fin y al cabo son los únicos que "saben": al resto nos toca escuchar, y agradecer el "servicio" que nos hacen, "informando al ciudadano", "socializado" sus sagrados pronunciamientos. Un "servicio público". Y lo dicen sin el mínimo rubor.
Algunos comentaristas del régimen (ese entrañable ex docente avinagrado, en especial) todavía se deleitan con el cliché ése que ya citamos de memoria: ¡claro que aquí hay libertad de expresión, si cada día ellos, los opositores, publican lo que les da la gana! Lo único que nos comunica esta afirmación es que los del régimen, los ex docentes en especial, tienen unos impresionantes poderes telepáticos, pues sin esos poderes, ¿cómo podrían constatar esa identidad que afirman existe entre lo que dio la gana y lo que salió publicado? Por mi lado, puedo afirmar que el día en que deje de vivir en un régimen autoritario, se producirá la explosión, la mini revolución cultural maoísta de las mil flores, saldrán a relucir en este blog todos esos centenares de artículos que actualmente descansan "en borrador", esperando el día en que no podrán ser utilizados para demostrar en cadena pública la pasmosa degeneración moral de los no correistas. Y es por ello que digo y le exhorto y le conmino al lector: ¡no votes por nadie que apoye esa infame Ley de Comunicación que ha amordazado a todo un país!
Por lo menos, en mi persona lo tengo claro. Si se presenta como candidato en las próximas elecciones el arcángel Gabriel, y dice que se queda con la existente Ley de Comunicación, no le voto. Si se presenta el mismo Demonio, o el mismo Lenin Moreno (casi lo mismo) y asegura que, de obtener mayoría de votos, le envía a esa Ley al tacho de la basura y garantiza como derecho inalienable la comunicación en todas sus formas (sin "discursos de odio", ni consideraciones de "moral pública", "seguridad nacional" ni "protección a la infancia" ni "responsabilidades ulteriores" que valgan), obtendrá mi voto. Así de sencillo. Todo lo demás es negociable: el sueño de algún día, mediante el mensaje en la botella, encontrarme con otro ser humano, eso ya no.
Sobre Vallejo me permito conservar ciertas esperanzas. No está listo aun, pero si se sigue permitiendo cuestionar al régimen tal como hace, puede que llegue el día en que pase con nosotros al Lado Oscuro, ése en que ya no es denunciable que los ciudadanos desestabilicen al gobierno, sino al revés, que lo denunciable es que el gobierno desestabilice a los ciudadanos. Ojalá viva para verlo.
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