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Patas al revés

Tenía en ese lejano entonces una gata llamada Trotsky. Tenía también con qué costearme sus caprichos alimenticios (esas latitas Cordon-Bleu: no recuerdo cómo se llamaban, era como Nouvelle Cuisine felina) pero no me llegaba la plata para ligaduras de trompas ni nada por el estilo, aparte de que el evidente sufrimiento de la gata en celo no estaba convencido de que se podía aliviar de esa forma, o de cualquier otra forma que dejando que la espinilla de mi pierna le sirviera de gato-sustituto las veces que fuera necesario. En fin, encontró a un gato no-sustituto y dio a luz. Los dos primeros, absolutamente sin esfuerzo, en cuestión de pocos segundos, sin que ella siquiera haya asistido a clases ni que nadie le dijera que empujara, que empujara, en fin, se ve que ser de raza felina y por lo tanto no tener ninguna maldición bíblica macrocefálica pesando encima no deja de ser una bárbara suerte. Pero el último retoño era otra cosa. La Comandante del Ejército Rojo se puso a gritar y a dar vu...

Estupefacientes

¿Qué es una sustancia estupefaciente? ¿Algo que produce estupidez? No, dice la RAE. Estupidez, no. Estupefacción . Ah. Y ¿estupefacción? Pasmo, estupor. Estupor , acepción 1: pasmo, asombro. Acepción 2: "Disminución de la actividad de las funciones intelectuales, acompañada de cierto aire o aspecto de asombro o de indiferencia", digamos: transitoria estupidez. Bien. Una sustancia estupefaciente es cualquier cosa que me produce pasmo, asombro, o que disminuya la actividad de mis funciones intelectuales, al tiempo que me induce a poner cara de indiferencia. Sería difícil encontrar una descripción más exacta de la sustancia de la propaganda televisiva del gobierno. Por eso encuentro interesante la propuesta en el proyecto de Ley Mordaza: Se propone que los medios de comunicación privados estén obligados a “destinar una hora diaria, no acumulable, de lunes a sábado, para programas oficiales con carácter educativo que fortalezcan los valores democráticos, la promoción de los DD.H...

Ecuador, 2009

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La moda del insulto gratuito arrasa. "Somos gente amable."

De crucifijos

En el blog de la María Paula Romo , se celebra como "interesante" el que el Tribunal de DDHH de Estrasburgo haya fallado a favor de una demandante italiana que se quejaba de que en el aula de clase de sus hijos había un crucifijo. Sentenció el tribunal: "El Estado debía de abstenerse de imponer creencias en lugares de los que dependen las personas." Sólo cabe aplaudir estas palabras. Ciertamente, el Estado debe de abstenerse de imponer creencias en cualquier lugar. El único problema es que esto no tiene nada que ver con el caso que fue presentado ante el Tribunal. No se trataba de que el Estado impusiera creencias: se trataba de que había un crucifijo en una aula. Y colocar un crucifijo sólo puede significar imponer una creencia en el supuesto de que la persona que viera el crucifijo, o que lo tuviera cerca, se hallara forzada a creer en el crucifijo, o en algo representado por él. Para poner a prueba dicho supuesto, acabo de exponerme, no sin cierto recelo, a la v...

Cinta roja y tinta verde

La frase “tinta verde” ha tenido que salir en este blog como cinco veces para que me dé cuenta de que se trata de un símbolo privado, de resistente opacidad. Pues bien, aclaremos: la MayTe era una jovencita delgada y de carácter algo reservada; su hermana menor Maribel, más dicharachera, rolliza y embarazable (yo no fui); había dos hermanos también. A la mamá el hueco de un incisivo ausente le daba un aire entrañablemente defectuosa cuando sonreía, que era casi siempre; el papá, de aspecto barriobajeramente hitleriano, regentaba el bar, situado frente a un campo de fútbol en desuso, donde trabajaban todos menos él, que tenía su hamaca allá fuera, y también su negocio de máquinas tragaperras (ésas que últimamente han dado lugar en este país a una orgía de moralizantes discursos y a una Pierina Correa la mar de huraña). Ese bar fue mi segundo hogar durante casi un año. La MayTe me servía esos interminables sol y sombra, Farias y botellines del tiempo, con cara de esfinge. Cuando ya me ha...

Gay marriage, drugs and rock ‘n’ roll

En este blog es frecuente que los pocos que se asoman por la caja de comentarios se olviden de limpiarse las botas antes de entrar, con lo cual uno después tiene que agacharse y repasar la alfombra, tarea ingrata pero que bien merece el privilegio de tener lectores. No me quejo. Ni siquiera cuando entre esos restos de naturaleza campestre que quedan adheridos al suelo (barro, hojas secas, briznas de paja, coleópteros difuntos de diversos tamaños) se encuentra, y esto sucede con sorprendente regularidad, un xaflag. No sé por qué será que tantos de mis visitantes andan con un xaflag pegado al tobillo, sólo sé que cuando ya han venido a ver el post y se han servido el té en la caja de comentarios y ya se han marchado, repaso los comentarios y ¡zas! otro xaflag que alguien ha dejado ahí, como incrustado. Pues bien, se me ocurre que igual se trata de alguna arcana costumbre local, y que hay que pegarse un xaflag de vez en cuando, aunque sea sólo por tres minutos (para ahorrar agua). Así que...

El Placer de Ser Too Ombré

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Sentimiento y pasión, razones locas que me juntan contigo, amándonos sensaciones que me levantan el deseo de ser uno del otro....y para siempre .. Sería difícil concebir cuatro versos más execrables que éstos, ¿verdad? Lo único que les falta es algún error ortográfico (“ pación ”, tentador) para que sirvan como paradigma inmejorable de ese género tan de nuestros días, el Internet Poetry , ese reino del analfabetismo funcional, de la autosuficiencia microcefálica, y del mal gusto de marras. Todo lo demás está aquí: puntuación aleatoria, con los puntos suspensivos de rigor, clichés verbales (”razones locas ”) y conceptuales (“ser uno del otro”), sorprendente torpeza expresiva (“me levantan el deseo”, “me juntan contigo”), vaguedad (“amándonos”), infantilismo (“y para siempre”), altivo desprecio por el arte de la versificación, y por último, esa actitud de boba autocomplacencia tan codiciada por cualquiera que haya intentado alguna vez parodiar el género. El engendro completo se encuent...