Odio
Un restaurante, para ganarse clientela, tiene que lucir impecable. Manteles blancos, recién planchados. Flores frescas en la mesa. Cubertería bien lavada, reluciente. El camarero tiene que acercase a la mesa - aunque esté muerto de sueño, de dolor, de rabia - con formalidad y corrección, sonriente, servicial. Todo eso supone trabajo. Trabajo de lavandería, de cocina, de repostería, de limpieza, de atención al cliente, de autocontención. Sincronización, coordinación, eficiencia. Gente que se gana a pulso lo poquísimo que se le paga. En una compañía de televisión, otro tanto. Herculino labor el de tener cada mañana, a primer bostezo, las noticias frescas sobre la mesa, la animadora sonrisa, la agenda de entrevistas y de variedades, y coordinarlo todo para que no se note el estrés, el nerviosismo, la angustia por el invitado que no aparece, la necesaria improvisación, las múltiples y traicioneras incertidumbres del oficio. Perder kilos en sudor para que todo parezca relajado, cordial, inf...
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