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The Strawman Cometh

There's a straw man waiting in the sky... (David Bowie, en versión Talking Books for the Deaf ) Son recuerdos remotos de una juventud que se ha vuelto microscópica, acolmenada, como un cuadro de Richard Dadd. Estaba en Segovia, y era aquel período en que se había acabado mi contrato de siete meses de Farsante Educativo y el tema del dinero se había vuelto complicado. Trabajé en una discoteca como DJ, pero no bastaba. Empecé a darle clases de inglés a Crucita, una muchacha de 15 años yerma en neuronas y pletórica en acolchado delantero, que adolecía de una madre astuta y alcahueta. No recuerdo quién me presentó entonces a la Wholia (Julia, pero la grafié así para mis adentros), pintora inglesa de oscuros antecedentes, bastante mayor que yo, que hacía honor a su nacionalidad exhibiendo un soberbio desaliño indumentario y un aire de permanente égarée , de artista inocente perdida en un mundo tan perverso que hasta esperaba que las mujeres artistas fueran algo bonitas. Ella tenía ese ...

Emilio Palacio: gato encerrado

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A veces uno echa de menos algo de claridad en el reportaje de los sucesos. Las preguntas más obvias no encuentran respuesta en la atropellada redacción del bienintencionado periodista. A la larga, se empieza a escuchar jauría de gatos encerrados. Ejemplo: se sanciona a Teleamazonas por, entre otras cosas, haber emitido un reportaje acerca de un "supuesto centro de cómputo clandestino". Yo recuerdo haber visto un reportaje ese día en que un grupo de representantes de la oposición, entre ellos Cynthia Viteri, se adentraban en dicho centro en busca de evidencias. Ella aseguraba que no se le habían informado sobre la existencia del centro, y que era deber de las autoridades informarla en su calidad de representante de un grupo electoral. Si el centro no era clandestino, ¿ella mentía o se equivocaba, y en cuál de dichas afirmaciones? Y ¿de veras el rumor le llegó de Teleamazonas? O bien ¿dicho canal se limitó a informar sobre el "descubrimiento" de tal centro por parte d...

De peces y bicicletas

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Hace unas semanas un lector me dijo, textuosa si no textualmente: maestro, háblenos de la islamización de Europa . Ahora otro me conmina, con cara de aguantarse tremenda risotada: reverendo santón, háblenos de la experiencia ecuatoriana . Con lo cual me permito ser Kehlog Albran (el divino Kehlog) durante cinco minutos (tras lo cual tengo que corregir 55 redacciones atiborradas de run-ons ). Eso sí, sobre la islamización no tengo nada que decir, salvo que estuve sorprendido al leer otro día que de nuevo han publicado en no sé qué diario sueco una caricatura de Mahoma. Mi pregunta es: ¿cómo se puede caricaturizar a un personaje si el público no tiene referencias sobre el aspecto físico de tal personaje, es decir faltando el necesario estereotipo visual? Yo, siendo dibujante, con la mejor o la peor voluntad del mundo no sabría dónde empezar para hacer reconocible tal personaje en una viñeta, excluyendo el torpe recurso de etiquetarlo. Pero en todo caso la buena intención, por lo menos, ...

Picores íntimos

En la novela Delirio , de Laura Restrepo (recomendada: me he prometido una tercera lectura para saquear vocabulario) hay un personaje secundario osadamente tedesco que, a diferencia de su hermano, nunca consigue escaparse de su nativa Alemania para instalarse en Colombia, sino que se atonta progresivamente, encerrada bajo órdenes de su familia, hasta aparecer un día ahogada en un río en plan Ofelia (no se indica si cara abajo, como manda la escuela naturalista, o cara parriba á la Liz Siddal): todo, al parecer, por la condena social y el ostracismo generados a raíz de una pintoresca dolencia suya. Tal dolencia consiste en un picazón que le afecta la zona genital y le obliga a estarse rascando contínuamente, según su familia desvergonzadamente, incluso en situaciones donde el decoro manda aguantarse, por ejemplo en un velorio. Estaría agradecido si alguno de mis lectores doctos en medicina me pudieran ilustrar sobre la (para mí) importante cuestión de la verosimilitud de tal aflicción. ...

If you like a lot of chocolate on your biscuit

Al poco tiempo de llegar a este país alguien me dijo que había un "club" de británicos en Guayaquil. Mi esposa, entusiasmada ("contactos" para posibles trabajos), yo no. Cuando uno atraviesa los campos en Inglaterra, el cuidado por evitar los cowpats viene por acondicionamiento skinneriano; al atravesar el mundo, lo mismo le pasa a uno con los autodenominados expats . Simplemente, evitas pisarlos. Si lo haces, por muy ex que se precien de ser, emiten un característico tufo a colonialismo rancio (y se te pegan en los zapatos). Se creen con derecho a llamar a todo camarero Manuel, a repartir Christmas Puddings como si fueran damas consulares, a organizar partidas de bridge , a hallar en los lugares más insospechados señales de falta de voluntad para perseguir el lavado de activos, y a condescender en escarpado por doquier. Pero bueno, uno también tiene curiosidad. Acudimos un día a ese amplio apartamento convertido en Gentlemen's Club, con vistas al río. Como mand...

Para los atentos e insomnios

Y pues que tengo 34 páginas de traducciones y se aleja a paso cucaracha la ventana de posibilidad para crear nuevo blog con nuevo estilo en un futuro previsible (soy miope), ho-hum, de vuelta a lo apestoso a sábanas dormidas en. Y porque hasta ahora no lo he hecho, para ver si sé cómo, y porque todo el mundo conoce a YouTube desde mocedades (yo lo descubrí lo que es descubrir hace dos días), aquí van dos cosas que me gustan, el uno porque con los Mael Bros siempre compartí sentido de humor (también recuerdo con algún perverso frisson los anuncios de Martini de los setenta) y el otro porque nadie lo entenderá que no vivió los setenta, y me pico de anciano. Inserción desactivada por solicitud

Epilogo

No sé cuándo, sólo que este blog ya chirría, como las articulaciones de mis dedos de la mano izquierda. (Una vez vi a Andrés Segovia tocar, en el Fulcrum Center de Slough ( of all the joints ). Él tenía o parecía tener unos setenta, ochenta años, yo era niño. Se me quedó el pensamiento: esos dedos parecen bananas . No eran dedos "finos, artísticos", tampoco eran dedos de estrangulador; eran dedos que simplemente no parecían humanos. Demasiado grandes, demasiado curvos, sin articulaciones evidentes, y no parecían diseñados para parar cuerdas, eran más bien comestibles. Él tocó el Chaconne en Re menor sin micrófono, el sonido nos llegaba como con salvoconducto. Yo ya conocía de memoria toda la digitación de esa pieza: él, que lo había transcrito, la despreciaba a favor del capricho del momento.) Es fácil soñar con carreteras en el campo, lo hago mucho: caminos sin destino visible. En este sueño, estás parado al lado del camino. Poco a poco se va acercando un harapiento con barb...