The Strawman Cometh
There's a straw man waiting in the sky... (David Bowie, en versión Talking Books for the Deaf ) Son recuerdos remotos de una juventud que se ha vuelto microscópica, acolmenada, como un cuadro de Richard Dadd. Estaba en Segovia, y era aquel período en que se había acabado mi contrato de siete meses de Farsante Educativo y el tema del dinero se había vuelto complicado. Trabajé en una discoteca como DJ, pero no bastaba. Empecé a darle clases de inglés a Crucita, una muchacha de 15 años yerma en neuronas y pletórica en acolchado delantero, que adolecía de una madre astuta y alcahueta. No recuerdo quién me presentó entonces a la Wholia (Julia, pero la grafié así para mis adentros), pintora inglesa de oscuros antecedentes, bastante mayor que yo, que hacía honor a su nacionalidad exhibiendo un soberbio desaliño indumentario y un aire de permanente égarée , de artista inocente perdida en un mundo tan perverso que hasta esperaba que las mujeres artistas fueran algo bonitas. Ella tenía ese ...