El pepsi tardón
Como el lector sabe, cada sábado juego a la ruleta rusa. El juego se llama "de la Pepsi Descartable" y consiste en acercarme, en la media hora que tengo libre, a ese puesto donde venden hamburguesas y colas, pedir una pepsi descartable, y mientras espero completar la transacción, exponerme a unos breves segundos de la sabatina de Correa que se escucha por el televisor del vendedor. Si en esos instantes no escucho un insulto, una expresión de intolerancia o de odio, pierdo. Y perder significaría, según el solemne voto que tengo hecho, tener que ir caminando de Guayaquil a Quito vestido de fraile descalzo, flagelándome, con cadenas en los tobillos, y cargando en la espalda, sin auxilio arimateo alguno, una edición completa de la Constitución de 2008 impresa en letra de 10 puntos. Ayer, la verdad, pasé unos nervios. Eran casi las 11:00. Al acercarme al medio dormido hamburguesero, escuché más o menos esto: "Yo seguiré trabajando para el bien común de los ecuat...