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El pepsi tardón

Como el lector sabe, cada sábado juego a la ruleta rusa. El juego se llama "de la Pepsi Descartable" y consiste en acercarme, en la media hora que tengo libre, a ese puesto donde venden hamburguesas y colas, pedir una pepsi descartable, y mientras espero completar la transacción, exponerme a unos breves segundos de la sabatina de Correa que se escucha por el televisor del vendedor. Si en esos instantes no escucho un insulto, una expresión de intolerancia o de odio, pierdo. Y perder significaría, según el solemne voto que tengo hecho, tener que ir caminando de Guayaquil a Quito vestido de fraile descalzo, flagelándome, con cadenas en los tobillos, y cargando en la espalda, sin auxilio arimateo alguno, una edición completa de la Constitución de 2008 impresa en letra de 10 puntos. Ayer, la verdad, pasé unos nervios. Eran casi las 11:00. Al acercarme al medio dormido hamburguesero, escuché más o menos esto: "Yo seguiré trabajando para el bien común de los ecuat...

Información y masaje(3)

Los economistas de la escuela de los trastornados-narcisistas, a más de los gobernantes de similar persuasión, son muy proclives a hablar de los famosos market failures o fallos del mercado. Para ellos, la existencia teórica de estos fenómenos les da un pretexto para interferir en el mercado, o lo que es lo mismo, para acaparar el poder. Su razonamiento: si el mercado no lo hace, o no lo hace bien, el gobierno lo tiene que hacer. Lo que no te dicen es que no existe una sola razón, siquiera en el reino etéreo de la economía teórica, que permita suponer que lo el mercado hace mal, el gobierno no conseguirá hacer peor todavía. De todas maneras, en el caso de la información, ¿qué es lo que hace suponer que los fallos visibles tengan algo que ver con el mercado? Hemos visto que la descripción de la información como una sustancia invisible, homogénea, universal, algo así como "el masaje", difícilmente se adecúa con la experiencia, que nos enseña la información bajo otro aspecto...

Información y masaje (2)

Cuando yo vivía en España, hace fuuu, una de mis actividades favoritas era ir a la peluquería. Sí, en serio. Me volví tan adicto a este pasatiempo, que la frecuencia de mis visitas pasó del reglamentario (dados mi nacionalidad y género) cada seis meses, a algo así como cada dos ó tres. El por qué, creo que quedó plasmado en una serie de posts en diferentes blogs o newsgroups que frecuentaba por aquel entonces; pero para entenderlo a cabalidad, mejor que primero vean la cinta Le Mari de la Coiffeuse . En el tiempo que duraban mis visitas, yo era aquel niño, aquel hombre feúcho, ensimismado a la vez que extasiado ante tanta inmerecida opulencia de carne femenina entrevista, o simplemente barruntada, a través de esas clínicas y a menudo astutamente escotadas batas blancas. No tuve más remedio que reconocer que mi cráneo reunía un sinfín de zonas erógenas antes insospechadas; y ese descubrimiento mucho tuvo que ver con aquella costumbre practicada por las huríes del lugar, que con...

Información y masaje (1)

De nuevo me veo obligado a rectificar. En una entrada anterior, describí como macarrónico el inglés del Presidente Correa, basándome en recuerdos de grabaciones cortas de hace tiempo. En cambio, y en honor a la verdad tengo que decir que cuando por fin pude escuchar por YouTube la conferencia que dio el Majestuoso Ilimitadito al World Leaders Forum de la U. de Columbia, me quedé impresionado tanto con la corrección gramatical, estilística y léxica como con la fluidez de que hizo gala el mencionado sujeto en un discurso que, si bien no era muy largo, lo era en suficiente medida como para descartar la posibilidad de que lo haya aprendido de memoria (salvo que tenga unas dotes mnemónicas bastante excepcionales, de idiot savant , digamos). Tampoco se notaba el uso de ningún aide-mémoire , en forma de teleprompter , poya u otro. Otra cosa es la pronunciación, que calificaría de execrable, y que en algunos momentos sospecho haya dificultado la comprensión para alguno de los asistent...

Adolecientes

Tengo una hijastra, de casi-trece años, que "quiere" un "Blackberry". El entrecomillado alrededor de la dichosa marca es cosa mía (ya lo dije, soy raro); el otro se vuelve obligatorio tratándose de un ser de casi-trece años, y más, de una hembra, y más, de una ecuatoriana criada a la sombra de la Revolución Ciudadana. Con todo esto en su contra, ¿cuáles son las posibilidades de que, más allá de hambres y caprichos anecdóticos y efímeros, haya conseguido en algún momento, a su edad,  querer algo? Ella misma lo dice: "quiere" el "Blackberry" solamente porque "todos los compañeros tienen uno" (sospecho que aquello de tener "Blackberry" entra a formar parte de la definición de compañero , así que estamos tal vez ante una redundancia; al escuchar estas cosas siempre me pongo a imaginar con nostalgia a aquel infeliz que por no tener lo que todos se ha vuelto social y estadísticamente invisible, fantasma de patio de recreo, es decir...

El ciudadano invisible (1)

De su infancia, recuerda palos y paraisos. En su juventud, chupó. Ahora vive en un lugar llamado martirmonio. Su religión profesa es la de hacer cuadrar, un poco como sea y ahorrando esfuerzos donde puede, los números que permiten comer a él y a su familia. Por cierto le quedan algunos restos de valores, en el fondo de la nevera, mohosos: sabe que ni por hacer cuadrar mejor asesinaría, violaría... pero ya, a su edad, los valores activos difícilmente se distinguen de los pasivos, de la cobardía o de la pereza. Secretamente, agradece el hecho de que ser inofensivo, ser bueno, sea la opción más fácil y la más acorde con ese permanente cansancio que le persigue como oficioso acreedor. Tiene la vaga sensación de que este hecho es algo extraordinario. Lo atribuye a alguna estructura confusa y difuminada que él llama "sociedad". Le encantaría tener algún vicio, y está abierto a todos ellos, pero a diferencia de antaño, no le vienen a buscar, y él ni sabe dónde viven. Los má...

La quema del Reichstag

El día 27 de febrero del 1933, se produjo un incendio en el edificio del Reichstag, es decir el parlamento alemán.  Se detuvo inicialmente a un ciudadano, Marinus Van der Lubbe, que estuvo presente cerca del edificio cuando llegaron los equipos de bomberos, por su presunta implicación en el acto, ya que no cabía duda de que el incendio había sido provocado. Van der Lubbe, de nacionalidad holandés, era militante del Partido Comunista, que en unas elecciones recientes había granjeado un 13% del voto popular (y 17% de escaños), frente al 30% del entonces Canciller (Jefe del Ejecutivo, aunque no del Estado), un tal Adolf Hitler: quien, a pesar de su reciente victoria electoral, se enfrentaba a una incómoda situación de debilidad parlamentaria, con la posibilidad de una "muerte cruzada" y otras elecciones inminentes. Abrazándose a la teoría de un supuesto putsch  (golpe de estado), y a pesar de las nulas evidencias a favor de esa teoría, Hitler insistió en ...