Información y masaje (1)

De nuevo me veo obligado a rectificar. En una entrada anterior, describí como macarrónico el inglés del Presidente Correa, basándome en recuerdos de grabaciones cortas de hace tiempo. En cambio, y en honor a la verdad tengo que decir que cuando por fin pude escuchar por YouTube la conferencia que dio el Majestuoso Ilimitadito al World Leaders Forum de la U. de Columbia, me quedé impresionado tanto con la corrección gramatical, estilística y léxica como con la fluidez de que hizo gala el mencionado sujeto en un discurso que, si bien no era muy largo, lo era en suficiente medida como para descartar la posibilidad de que lo haya aprendido de memoria (salvo que tenga unas dotes mnemónicas bastante excepcionales, de idiot savant, digamos). Tampoco se notaba el uso de ningún aide-mémoire, en forma de teleprompter, poya u otro. Otra cosa es la pronunciación, que calificaría de execrable, y que en algunos momentos sospecho haya dificultado la comprensión para alguno de los asistentes, aunque tal vez no de manera significativa (lovesuit por lawsuit... bueno, pasa). Los tropiezos fueron poco frecuentes, y sería de más destacarlos. En suma, una actuación, en lo tocante a las formas, si no estelar, perfectamente respetable.

El contenido es otra cosa. Pero antes de pasar a comentarlo, es interesante siempre observar la reacción del público (que no fue enfocado en ningún momento por la cámara, por lo que solamente se pudo inferir por voces, aplausos, o ausencia de los mismos, y las preguntas al final). El Augusto Caudillo fue presentado al foro por el anfitrión, el Pres. de la Universidad Lee Bollinger (PrezBo para sus incondicionales), como un gobernante que había conseguido importances avances para su país en materia de reducción de la pobreza, construcción de carreteras y estabilidad política. Silencio. A continuación, Bollinger dice que hoy, en Ecuador, Correa "sigue siendo un líder popular y admirado por muchos". En ese momento se escucha una reacción yo diría que cortésmente escéptica. Algo así como unas risitas sofocadas (0:03:30-33), que interrumpen momentáneamente el discurso de bienvenida. El anfitrión esboza una sonrisa levemente irónica, como autodisculpándose, y a continuación, se refiere a algunas "críticas" que Correa ha recibido (risas mas fuertes) por su tratamiento de los medios impresos y emisoras en Ecuador. Es evidente que una parte del público algo sabe o algo ha escuchado acerca de este tema controvertido. A partir de este momento, empero, los asistentes a lo largo del discurso mantienen un silencio respetuoso. Incluso hay algún susurro de aprobación, o leve tentativa de aplauso ante ciertos enunciados, por parte (es mi impresión) de una minoría de asistentes. El tenor de las preguntas con que se concluye la sesión revela, con mayor claridad, que entre los asistentes hay quienes, sea por supuestas afinidades ideológicas, sea por los argumentos del propio discurso, sea por otro motivo, consideran a Correa como un interlocutor serio y solvente. Sin embargo, quienquiera se someta con frecuencia a esa ordalía que es el discurso en público sabe que no hay peor pesadilla para el conferenciante que el chiste mal recibido. Correa no se atreve a muchos brotes de humor, pero los que sí ensaya son recibidos con un penoso silencio. "As you well know, I am myself an economist," espeta, "yet... I am still a good person". Sigue ese incómodo silencio, algo de bullicio nervioso, ese frufrú de piernas que se descruzan y se vuelven a cruzar, de quienes se saben invitados a reir y no aciertan plenamente a transformar, a petición expresa, la vergüenza ajena en hilaridad. Pues si algo saben los asistentes a esta conferencia, o por lo menos deben saber, es que quien se dirige a ellos es todo menos "a good person". Le asistirá el carcomido derecho de su país, tal vez, como él insiste. Habrá sido, quizá, como él sostiene, calumniado. Será verdad (¿será?) que los medios de su país constituyen, como él afirma, una poderosa oligarquía. Pero no deja de ser cierto que él es un hombre que manda a la cárcel, caprichosamente, por tres años, a tres hombres inocentes. A tres personas que no escribieron nada, ni dijeron nada en contra del "honor" de nadie. Y desde luego, en todo su discurso, el propio Correa se cuida muy bien de referirse a esos tres hombres, ni de intentar justificar el absurdo legal que conforma su demanda contra ellos. Si alguien por inocente equivocación hubiese creido que todos los cuatro acusados en el caso El Universo fueron los autores de sendas calumnias maliciosas, nada en el discurso ni en la sesión de pregunta y respuesta posterior le habría desengañado de esta noción.

Para quien desee un resumen aséptico y pormenorizado del contenido del discurso, olvídense de esta entrada, éste me parece les ha de satisfacer. Las money quotes ya fueron desentrañadas por la prensa nacional (véanse: Telégrafo, Universo, etc), y no sorprenden, pues lo expresado aquí está muy en la línea de los argumentos ya ensayados en torno a la Ley de Comunicación, entre otros focos de controversia. La cita destacada en la página antes referida, en cambio, es ésta:

Ustedes critican al presidente, y nada les pasa. Ustedes maltratan a un perro, y van a la cárcel. ¡Interesante país!

De nuevo, un intento fallido de granjear alguna risita de complicidad de los asistentes. ¿Por qué no se ríen? Quizás porque lo destacado por Correa no es, para ellos, una pintoresca idiosincrasia gringa, ni un absurdo llamativo, ni una vistosa paradoja tal como el ponente entiende. Es simplemente algo normal en cualquier país que se precie de civilizado. El trato a los animales demuestra, se supone, algo de loable humanidad sentimental; y el trato a los presidentes demuestra que allí, en ese "interesante país", por lo menos queda algo de conciencia de que el Presidente no debe ser un semidios encombrado de privilegios, ni merecedor de ellos, sino todo lo contrario, es un sirviente público, depositario de responsabilidades de una importancia y gravedad tales, que la susceptibilidad ante la crítica - incluso ante la mentira - sería un rasgo sencillamente descalificador para el puesto. Tanto aquí como al principio, cuando el Caudillo recibe su vasito de agua y su servilleta de mano de unos flunkies tan obsecuentes como (en el primer caso) pintorescamente ataviado, Correa se enmarca inocentemente en el peor estereotipo gringo del dictadorzuelo latino, para quien el privilegio, la exagerada deferencia, y la muda obediencia de cuantos le rodean, son consustanciales con el altísimo y majestuoso cargo que ostenta.

Y hablando de deferencia...

Lo primero que dice Correa en su discurso es que Bollinger "está equivocado". Equivocado, porque "el pleito que yo seguí contra diario El Universo no utiliza ninguna ley especial que proteja a funcionarios del gobierno, no: es la ley común que protege el honor, la dignidad, excétera, de cualquier ciudadano". He aquí lo que dijo Bollinger:

"Students of the jurisprudence of free expression will recognise Ecuador's laws as another form of seditious libel".

O sea que en ningún sitio dice aquello que le atribuye Correa, acerca del pleito contra el Universo, específicamente, sino que hace una constatación general de que "las leyes ecuatorianas" amparan "otra forma de" la figura de "difamación sediciosa", es decir, del archiconocido desacato. Cosa bien cierta, como todos sabemos. Tan cierta como que, en esta instancia, el propio Correa no dice la verdad, pues en su propia demanda, se lee lo siguiente:

...solicito muy respetuosamente, que se digne [palabra ilegible: ¿dictar?] la sentencia en contra de EMILIO PALACIO URRITIA, CARLOS NICOLAS LAPENTTI, CARLOS EDUARDO PEREZ BARRIGA y CESAR ENRIQUE PEREZ BARRIGA, declarándolos autores del delito tipificado en el artículo 489, en concordancia con los artículos 491 y 493 del Código Penal...

... Los actos dolosos, intencionados y deliberados descritos... constituyen el delito de injurias calumniosas con los agravantes estipuladas en el artículo [ilegible] del Código Penal, numeral 1, 4 y 6, ... además que al estar dirigidas a mi persona ya que s[ilegible] autoridad, conforme al artículo 493 del Código Penal deben ser sentenciados y reprimidos con la máxima pena que es de 3 años de prisión por las injurias calumniosas.

Ahora: un vistazo al Código Penal revela que el mismo delito de injurias calumniosas recibe diferentes penas según sea el ofendido un simple ciudadano (art. 491) o una "autoridad" (art. 493). En el primer caso, la pena máxima es de 2 años; en el segundo, de 3. Entendámonos: si Correa, tal como viene diciendo últimamente, "no quería meter preso a nadie", sino sólo "sentar un precedente" para envalentonar a los simples ciudadanos injustamente calumniados por la malvada prensa corructa, pudiera haber pedido entre 1 año y 2 años de cárcel, estando dichas penas acordes, eso sí, con ese dichoso art. 493 pero a la vez dentro del límite de lo que "cualquier ciudadano" pudiera exigir. Pero no: su rencor, su odio y deseos de venganza fueron tales, que no pudo menos que pedir ese privilegio especial de las autoridades de ver pudrirse tras las rejas a sus enemigos un añito más. En fin. A lo que voy, es que si bien Bollinger le merece el calificativo de "wrong" (equivocado), no así el segundo interlocutor en la sesión de preguntas y respuestas, que es acusado, por una supuesta inexactitud terminológica ("opinión" vs, "mentira", ya llegaremos), de "mentiroso". ¿Qué es lo que demuestra esta diferencia de trato?

Estoy abierto a opiniones y aclaraciones. Confieso que más de una vez me he sorprendido con la ligereza y la presteza con que, tanto en Ecuador como en otros paises latinos, se suele calificar al adversario dialéctico de mentiroso, con la aclaración posterior de que algo dicho por él no es cierto. Y digo que me sorprende porque, a mi modo de ver, no es lo mismo estar equivocado y mentir. El mentiroso sabe que lo que dice no es cierto: el equivocado no lo sabe. Lo primero conlleva una crítica moral; lo segundo, no necesariamente (a veces sí, si del equivocado se le espera mayor dedicación en la búsqueda de la verdad: ya volveremos sobre eso). Sinceramente, a veces estoy tentado a creer que mucha gente no entiende esta diferencia, o que no les importa. Mentira, para ellos, es cualquier afirmación que no sea cierta, independientemente de si se hizo o no de buena fe. Y tal vez hay casos, hay situaciones en que a efectos prácticos da lo mismo. Pero hay casos que no. Quien me dice que estoy equivocado puede ser un amigo (muchas veces, lo ha sido) y por tanto, merece ser escuchado. Quien me acusa de mentiroso, salvo que yo mismo esté obligado, en mi fuero interior, a reconocer lo certero de la acusación, no es, en cambio, ningún amigo. La acusación de mentiroso, lanzada en circunstancias donde cabe una interpretación más generosa, es una agresión verbal, un modo de sembrar cizaña, de polarizar, de declarar la guerra. De modo que, una de dos: o la cultura latina encuentra en Correa un fiel exponente, y el inventor de alambicadas e inútiles distinciones soy yo, o bien por el mismo pecado de decir cosas supuestamente inciertas, un respetable Presidente de una respetable Universidad merece un castigo verbal sensiblemente menor que el apropiado para un don nadie como Lauría. ¿Obsecuencia? ¿Esnobismo? Ustedes decidirán.

En el resto de este artículo quiero profundizar en algunos temas tratados en el discurso de Correa, sin pretender, repito, resumir cabalmente todo su contenido. Mejor que arranque, para eso, en otro post, algo más adelante. Me he quedado sin tabaco.

Comments

Popular posts from this blog

Odio

Relaciones diplomáticas

The OK Salvadoran