El Joven Ejemplar

"Yoooo soy un ejeeeemploooo". La nueva payasada de la Alcaldía de Guayaquil, que al parecer quiere imitar al gobierno nacional en eso de la recaudación de votos por mercadotecnia, pero sin disponer del canofjov (los alemanes así pronuncian knowhow) de los Alvaroebbels, y con estos tristes resultados.

Yo he visto a jóvenes ejemplares, algunos, desde que estoy aquí.

El último, alumno mío el año pasado. Todavía tengo sospechas de que lo suyo era síndrome de Marfan (yo con mis 1m89 era enano al lado suyo), pero no viene al caso. Fue simplemente el alumno más agradecido, más educado, más servicial que he conocido nunca. También, el chico más solitario que he visto en mucho tiempo. Nadie quería hablar con él. Todos le evitaban. ¿Por qué? Pues dejando de lado el halitosis, mal menor que aflige a un 31% aproximadamente de universitarios ecuatorianos (según datos del Instituto Guayaquileño Universitario de Estadísticas Sin Sustento, IGUESS), creo que por eso mismo, porque era tan ejemplar. Yo pasé mi infancia haciéndome amigo de parias de diversa índole, por una oscura sensación de solidaridad o identificación que tenía con ellos. Ya paso. Si veo de lejos o de reojo al Ejemplo, cambio de asiento o miro por el otro lado o de repente encuentro algo muy interesante en mi maletín: lo que sea con tal de evitarle la mirada, para que no venga a hacerme una de esas preguntas perfectamente inútiles con que demuestra lo Ejemplar de su dedicación al Saber. Lo siento. Yo nunca fui ejemplar en ningún sentido.

En general, el Joven Ejemplar se luce en los patios de los colegios. Suele ser desnutrido, barbilampiño, con pantalones y mangas de camisa mal ajustados, y la cabeza rapada. Alza banderas. Es que en este país, al parecer la ejemplaridad se demuestra y se consume en eso, en alzar banderas. Así, el Joven Ejemplar también se conoce como el Abanderado. El mayor momento de gloria de toda su vida, y es triste constatarlo, es cuando le llaman para que cruce el patio y le dé un besote a ese trozo de tela mustia y luego agarre de la cuerda y lo jale parriba, pa que ondee durante unos minutos y hasta la próxima. En ese instante goza de la mirada complacida de todo un manípulo de educadores, que ven vindicada en él su pretensión de impartir valores (hay una columnista en El Universo que expone repetida y desvergonzadamente esa horripilante teoría de que los educadores tendrían que transmitir valores. Mejor que no se me acerque: si veo a alguien transmitiendo valores a mi hijo le propino un mamporro en la nariz. Para eso están los padres). Pero ¿qué pasa con esos educadores? Esa tribuna de caras sonrientes de repente empieza a ondear, como la bandera, como un reflejo en el agua después de la caída de una piedra; se difumina, se desvanece, y ahora no se ve. Al Joven Ejemplar de sopetón le asedia una terrible sensación de soledad. Todos esos transmisores de valores se quedaron atrás en el tiempo: en el presente no hay nadie. Y como uno ha sido demasiado Ejemplar como para cultivar todos esos vicios que permiten a uno descubrirse a sí mismo (sobre todo la Pereza, la divina Pereza, madre de la Inspiración) entonces, pues, el Joven Ejemplar se ha quedado no solamente sin esponsores sino, lo que es peor, sin saber quién mismamente es. Y siente la terrible necesidad de que alguien se lo diga.

¡Zas! el Lobo.

El Lobo tiene mucha experiencia en eso de reconocer a tiernos y apetitosos Jóvenes Ejemplares. Los huele a kilómetros. Él, por supuesto, trabaja para el Gobierno. Sabe que el Joven Ejemplar tiene esa peculiaridad, de ser absoluta y agradecidamente servil a cambio de unas migajas de hipócritos Valores y una palmadita en la espalda, o en otra parte. Así, la semana pasada, uno de sus mejores Ejemplares pudo ser visto arrastrando el bulto por la tele, de manera más lastimera imposible, defendiendo con sus características muecas y mal aprendidos sarcasmos lo indefensible, a cambio de, aun da risa recordarlo, una mísera Segunda Vicepresidencia de la Asamblea (sólo para los Ejemplares existen los "segunda vice", y no se dan ni cuén). Así que, a disimularse las fauces y ya. ¿Otro periodista de segunda con las mangas que apenas le tapan medio codo? Esto es Revolución, compañerito. Acá te apreciamos.

¿Usted quiere ser Ejemplar? Diríjase entonces a la Alcaldía de Guayaquil, que ahí hay para usted Infinito Amor, además de un puestito seguro botando a enamorados del Malecón 2000. Y si los mil quinientos laptops no te parecen lo suficientemente infinitos, pues ya saben que hay mejor postor por otra parte. Para el perfecto borrego siempre habrá una sonrisa en alguna parte.

Comments

  1. "La halitosis". Por lo demás,soberbio como siempre.

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