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Arreglen, por favor

Cada vez que accedo a un artículo de opinión en la edición en línea del Telégrafo, en el apartado "Comentarios" al final del artículo, los campos de Nombre, Correo electrónico y Página Web la mitad de las veces salen con datos de otro usuario. Se supone que serán los datos del último usuario que accedió a la página. Esto me parece que se debe a un error de programación y constituye un atentado contra la intimidad de los usuarios que puede que no quieran que otras personas conozcan sus hábitos de lectura. Lo dicho: arréglenlo.

Mi fe

Hay un comentario de mi mujer algunas veces repetido que va así: No te puedes morir todavía. Tu hijo te necesita. Por la María [mi hijastra] no me preocupo tanto, cuando me muera tiene a su papá en Quito, su abuelita y sus tías, pero él no tiene a nadie. Sólo a mí y a ti. Hay variantes, algunas más patéticas (en el sentido de que el sexto de Chaikovsky lo es). Se ceban en esa pequeña soledad. Y es cierto. Todo eso es cierto. Tener a un hijo autista es tener cerca a una soledad que no muestra señas de querer convertirse en otra cosa. O tal vez, de poder hacerlo. Él cuenta con nosotros (porque estar completamente solo no es de seres humanos), comparte (comparte todo: sus juguetes, su risa, sus animales, sus pequeños gozos) con nosotros, y a los demás seres humanos, los que no son de la familia, en la medida en que no les ignora se acerca con inocente confianza, sin malicia, sin especulaciones previas, sin comprensión. Pidiendo (según la filosofía de la viveza criolla) ser burlado, m...

Dunshittlin?

De vez en cuando a uno se le ocurren nuevas propuestas para el léxico inglés: hace tiempo que me iluminé con el verbo to shittle , que vendría a significar aquel pasatiempo que habitualmente entretiene a ese simpático columnista del Telégrafo cuyo nombre, inevitablemente, se te queda en la mente como Shitler o Shittler, y que desde el primer encuentro me cautivó con su pasmosa habilidad para arreglar el mundo mediante displicentes artículos en donde siempre es cuestión de unas fuerzas sociales, de unos frentes comunes, de unos sectores y unas comunidades y alguna que otra clase socioeconómica, que él y sólo él sabe disponer en su correcta posición en el tablero político, para que se dé ese progreso que todos tanto anhelamos. Las reglas de juego del Shittles parecen sencillos: uno coloca ahí a la comunidad GLBT, allá a los sectores progresistas, acullá a la comunidad afro, etcétera, todos en línea con perfecta simetría, luego se coge el artículo y se le lanza contra tod...

Driving in Ecuador: a guide for foreigners

The following information may be useful for visitors from other countries who are planning to use the roads here. (1) Until very recently, the standard procedure for obtaining a driving licence in Ecuador was to bribe someone from the local traffic authority. Lately, a new, improved procedure has come into force whereby you have to bribe a considerably larger number of people. Estimates vary regarding the number of Ecuadorian drivers who have at some time actually had driving lessons, but observation suggests the number is probably not much higher than 2%. (2) The main purpose of driving in Ecuador is to enrage other drivers, and ideally, cause them to have accidents. Getting to where you want to go is merely a subsidiary goal, to be sacrificed to the main goal whenever the two should conflict. A "good driver" in Ecuador is one who leaves in his wake a trail of skids, crashes, dead motorcyclists and traumatized pedestrians, without damaging the paintwork of his own vehicle. (...

Bailando por un bien común

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¿Risa sana? Recomiendo El Telégrafo : últimamente se lee hasta con más fruición que Condorito. Hoy, por ejemplo, Fabrizio Reyes de Luca nos deleita con las payasadas de un tal Christian Felber, sobre quien wiki se niega a proporcionarnos ningún dato en inglés, pero cuya página en español nos informa que sus hazañas de economista revolucionario disputan su atención y su tiempo con las de bailarín de danza contemporánea. Un hombre verdaderamente polifacético, entonces, digno de la tradición del  Renaissance Man  al estilo de Sir Walter Raleigh o de Garcilaso, o para traer la cosa más hacia casa, digamos que algo así como un Carla Sala austríaco. Eso sí, algo reprensible el despiste de sus wikibiógrafos, que primero lo asocian con la prestigiosa Universidad de Viena, para luego soltar el dato de que en realidad trabaja para la WU-Wien (una simple Business School, nada que ver). Su única maestría es en Filología Románica ( mon semblable! mon frère! ...

Alma de dictador

El argumento: "esto no es atentado a la libertad de expresión: sólo atent amos contra el bolsillo de la media docena de familias que manejan la prensa privada en este país". Facilito, como para despacharlo en los 3 minutos que tengo. Como siempre, Correa demuestra tener una noción sólidamente desarrollada de lo que significa libertad, honor, dignidad, en lo tocante a su propia y majestuosa persona, al tiempo que parece desconocer por completo la existencia de otras personas, y la necesidad que de ello se deriva de practicar la tolerancia, de reconocer los propios límites, de conceder a aquellas otras aquella libertad que para sí mismo reivindica. Claro que él no tiene ninguna obligación de dar entrevistas a ningún medio en especial: faltaría más. Ni él ni nadie. Pero las razones perfectamente respetables que sustentan esa decisión personal suya de no complacer a la prensa privada no sirven para justificar una prohibición que se hace extensiva a los demás funci...

Dónde está mi mente?

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OK, Vanilla Fudge es un acquired taste. La cuestión es ésta. Uno está ocupado. Con trabajo, y otros trabajos. Y de repente llega esa hora de la noche del domingo (suele ser domingo) cuando de repente se te ocurre que hace tiempo que no te ha escrito tu mente, nada, ni un postal. ¿Dónde está? ¿Qué ha estado haciendo estos días? De joven, esto no te pasaba. Vivías solo. Cada día había dónde y cuándo reunirte con toda la tropa, con tus instintos, con tus gozos y tus sombras (aunque éstas se quedaban en la sombra, como por timidez), con tus ridículos anhelos (gloriosamente ridículos) y también tus ambiciones prácticas y mezquinas. A cada momento sabías dónde quedaba tu mente. La vigilabas, por si acaso se le ocurriera algo interesante. Ahora, tus pensamientos quedan sanducheados entre clases, entre obligaciones impostergables, entre todo tipo de distracciones que hace tiempo dejaron de ser molestas y se convirtieron en destino. Al final del día, sólo queda el recuerdo de haber pen...