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Por fin llueve (la cita escurridiza)

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Tengo cita con la lluvia. De aquí una hora salgo al patio. Espero para entonces no amaine, como tantas lluvias de estas pasadas semanas. Tiene que durar, fortalecerse, tronar, ocupar toda la noche. Quiero volver a descubrir la distancia, la lejanía, lo subjetivamente infinito, esa dimensión que sólo el sonido de la lluvia puede revelarte. Lo necesito tanto. Mientras, voy a volver sobre algunos pasos anteriores. Voy a repetirme. Lo hago a menudo en este blog; a veces, me acuso de reciclador. No importa. He notado muchas veces a lo largo de los años que todo el que tiene algo que decir, lo dice más de una vez: tanto es así (y sobre todo ahora, en este mundo tan sordo) que quien no recalca como que se pierde en el ruido circundante, y algunos genios a veces se confunden peligrosamente con aquellos locos de una única idée fixe . En el concierto mismo de la lluvia hay muchas repeticiones, así no llegue a basso ostinato. La cita, entonces, que seguramente habrá salido antes en estas página...

Boue to a Goose

  With salt in the offing, the sluggish river declines to rush: her flanks flag, dawdle, take in the sights. Sea-lettuce scales the brackish backwash, slights canoeists, drifts in egret-priested lines. Death commingles here with life, and dines in wayside kitchens; where the fly alights, cross-hairs twitch silver; sudden appetites explode even the mayfly's mild designs.   The deep ahead now scarcely pulls this blood, which curls and clings to talismanic signs, backwater reconstructions of remembered mud: here, when a certain tidal swell reminds of old affairs mistaken at the flood, the subtle serpent drools her anodynes.

Vampiros

Los columnistas del Telégrafo son como los Reyes Magos: si bien todos están ahí para postrarse y adorar al Redentor, algunos lo hacen con ogro, otros con incienso, y otritos con algo que, por el olor, parece mirra en estado puro. Bueno. Me había jurado no meterme más con el Padre Pierrot, y con todo ese montón de mirra que habitualmente coloca en sus artículos. Pero no quería dejar pasar la ocasión para, una solita vez, ponerme de acuerdo con él. Y es que si en una cosa sintonizamos completamente, es que la temporada de elecciones hace pensar en los muertos . Para él, "los muertos" son todos aquéllos que no comulgan con su ideología política: y si a ese requisito se agrega ese terrible extra ecclesiam nulla salus que como sacerdote católico tiene la obligación de sostener como dogma, tenemos a un sujeto que debe de ver muertos por todas partes, como un milagroso superviviente en un relato de holocausto nuclear. Claro: si no te condenas por infiel o por hereje, aún...

El por qué de Londres

Me desperté en una preciosa tina de baño victoriana, dentro de una pequeña habitación desordenada y sucia, de paredes húmedas. Una rápida ojeada me confirmó que el baño estaba lleno de ácido sulfúrico , y que mis piernas, brazos, nalgas y gran parte de mi espalda ya prácticamente se habían disuelto. Solamente la barriga, producto de innumerables almuerzos ecuatorianos, aún flotaba, como una isla tropical de ensueño, encima de tanta líquida devastación. A su alrededor. algunos islotes de extremidades diversas, el inminente peligro de inundación. En ese momento, se me antojó interesante y curioso el hecho de que, si coges la piel, la sangre, las vísceras, los huesos de una persona, y los mezclas todos juntos mediante descomposición ácida, el resultado es una especie de lodo de color roble, tonalidad que nada tiene que ver con la de la piel, y eso a pesar de la gran importancia que algunos despistados le conceden a semejantes externali...

Recomendación para Bonil

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Un curso aquí podría solucionarle todos sus problemas. Me parece.

Los poderes fícticos

Referente a lo de Bonil: esperaba algo de los columnistas de opinión de  El Telégrafo para justificar lo injustificable. Al final llegó: no recuerdo qué día esta semana, voy corto de tiempo para ponerme a buscar, pero cumplió con mi predicción. Es decir, yo esperaba de ellos alguna referencia a los famosos "poderes fácticos", y ahí llegó, fresco y puntual como la primera cagada del día de tu perro labrador. Ya se imaginan el argumento. "Sí... claro que los caricaturistas deben meterse con el Poder.. pero ¡con el de verdad!, no con este gobierno que en realidad no es ningún poder, sino más bien un contrapoder (no recuerdo si el columnista usó esta palabra, me suena que no, pero será porque no se le ocurrió en ese momento), pues el poder de verdad, mejor dicho los poderes, son..." Bueno, ya les dije que no tengo tiempo, así que llene usted mismo la lista, pero que no falten los sospechosos habituales: bancos, banqueros, CIA, OTAN, ONGs, empresa u rios, multinacional...

El Caricaturista

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"Stop them damned pictures!" (William M. Tweed)   Sería sin duda prematuro augurar para el Presidente Correa el mismo trágico destino final que el protagonista de la novela Retrato de Dorian Gray ; sin embargo, uno no puede evitar de recordar en estos días aquella genial fábula sobre un hombre cuyo arrebatador aspecto le asegura un amplio crédito público (salvo en sus víctimas) pero cuya serenidad dentro del cinismo se ve amenazada por un retrato, eso sí, cuidadosamente escondido, que con el correr del tiempo adquiere paulatinamente todos esos rasgos delatores que su fresco y juvenil rostro se resiste a reflejar. Si bien en el mundo de la fábula el mecanismo de tan diabólico trueque es necesariamente un misterio, en el de la política sabemos que cualquiera puede gozar de la misma inagotable lozanía, el mismo aire de eterna y fresca inocencia delante del gran público, si tiene en su haber algo así como una Secretaría Nacional de Comunicación con millonario presupuesto; y en cu...