Los poderes fícticos
Referente a lo de Bonil: esperaba algo de los columnistas de opinión de El Telégrafo para justificar lo injustificable. Al final llegó: no recuerdo qué día esta semana, voy corto de tiempo para ponerme a buscar, pero cumplió con mi predicción. Es decir, yo esperaba de ellos alguna referencia a los famosos "poderes fácticos", y ahí llegó, fresco y puntual como la primera cagada del día de tu perro labrador. Ya se imaginan el argumento. "Sí... claro que los caricaturistas deben meterse con el Poder.. pero ¡con el de verdad!, no con este gobierno que en realidad no es ningún poder, sino más bien un contrapoder (no recuerdo si el columnista usó esta palabra, me suena que no, pero será porque no se le ocurrió en ese momento), pues el poder de verdad, mejor dicho los poderes, son..." Bueno, ya les dije que no tengo tiempo, así que llene usted mismo la lista, pero que no falten los sospechosos habituales: bancos, banqueros, CIA, OTAN, ONGs, empresaurios, multinacionales, fabricantes de armamentos, "medios mercantiles" y sus editores, dueños de casino, toreros, médicos, profesores, mineros, sindicatos, partidocracia, Martha Roldós, la Yoni, los Taromenane, la iglesia, los iluminati, los sefuelaluzi, los desconectalaneveri, los judíos, los masones, los reptiles, los hombres, y por supuesto, los mismos caricaturistas. ¡Sí! ahora que lo pienso, si el caricaturista quiere arremeter contra alguien poderoso, debe hacerlo contra sí mismo, pues tanto poder tiene, que con solamente un garabato rápido e insustancial, puede deslegitimar todas las autoridades del país, e inaugurar una terrible agitación social que llevaría ineluctablemente a un golpe de estado. Eso sí es poder, y lo demás, cuento.
El lector habitual de este blog ya sabe lo que pienso acerca de este argumento. Retorno a él simplemente porque se me acaba de ocurrir un nombre perfecto para tal falacia: llamémosla, pues, la falacia de "los poderes fícticos". Ya sé que "fíctico" no es una palabra, pero ¿qué mejor que una palabra que no existe para referirse a una cosa que no existe? Además, se parece lo suficiente a "ficticios" para que se entienda que por ahí va la cosa: si bien el Papa, las ONGs, los editores de diarios provincianos y los fabricantes de bebidas gaseosas son entes reales, al atribuirles algún poder sobre nosotros estamos entrando en un subgénero de ficción bastante paranoico además de trillado y de muy limitados recursos. Peor: estamos malgastando energía. Y eso es exactamente lo que quieren los poderosos de verdad: que perdamos el tiempo y las fuerzas midiéndonos en lid desigual contra molinos de viento disfrazados de gigantes, situados unos centímetros por encima de nuestra cabeza. Y no es que esa gente fíctica no tenga poder: claro que sí lo tiene, pero no en tu barrio. La directora de la empresa fabricante de gaseosa tendrá sometido seguramente a su marido, que en vistas de las largas noches de espera "estoy en reunión", hasta habrá aprendido a elaborar gnocchi caseros y dar de comer él solito a la boa constrictora. Pero si ella quiere extender ese poder y que tú y yo entremos en su círculo, no tiene más remedio: tiene que vendernos su refresco. Patético, ¿no? Y es que la mayoría de esos "poderes fácticos" son así: personas, organizaciones, empresas, que simplemente para que les tengamos en cuenta, tienen que vendernos algo. Y si tu "poder" depende de lo bien que sabes vender tu producto, sea éste un cepillo de dientes, un periódico o un lugar en el paraíso, es que poder no tienes ninguno. Ni fáctico, ni de ninguna otra clase.
El único poder que debe importarnos, y que se debe dignar con ese nombre, es el poder coercitivo, el que habitualmente (aunque no en Somalia) maneja el Estado. Cualquier otra cosa sería irresponsabilidad: sería pretender culpar al otro (al que te vendió ese diario cuyo dibujante "te ofendió", por ejemplo) de lo que tú mismo decidiste hacer (o leer). Decir que un diario es "poderoso" porque tiene gran número de lectores, a quienes "influye", o que una iglesia lo es por razones parecidas, es una triste confesión: primero, de envidia, y segundo, de una psicopatología, no menos dañina por ser tan extendida, que se revela en el afán de instrumentalizar a las personas (sí: me simpatiza mucho más ese querer influir dalecarnegiesco, ese "quiéreme alguien", que el querer influir en los demás "para poder...". Los puntos suspensivos, si no te resultan siniestros es que nunca te detuvo la Met). ¿Lo quieres de otra manera? Pues espera esa patada en la puerta a medianoche (yo antes usaba eso como metáfora en este blog, pero como siempre, piensa mal y acertarás, ahí está lo de Villavicencio) y luego podrás llevar a cabo el experimento tú mismo. Por un lado están los gorilas uniformados con sus rifles y sus pistolas, exigiendo a gritos que les entregues todos tus gigas de pornografíay denuncias de corrupción. Por el otro lado, tú con tu diario (el Poder de la Prensa). Enróllate el diario y apunta. "Cuidado, señores. Este diario está cargado (de mentiras). Suelten las armas y manos arriba." Pruébalo y luego me contarás.
El lector habitual de este blog ya sabe lo que pienso acerca de este argumento. Retorno a él simplemente porque se me acaba de ocurrir un nombre perfecto para tal falacia: llamémosla, pues, la falacia de "los poderes fícticos". Ya sé que "fíctico" no es una palabra, pero ¿qué mejor que una palabra que no existe para referirse a una cosa que no existe? Además, se parece lo suficiente a "ficticios" para que se entienda que por ahí va la cosa: si bien el Papa, las ONGs, los editores de diarios provincianos y los fabricantes de bebidas gaseosas son entes reales, al atribuirles algún poder sobre nosotros estamos entrando en un subgénero de ficción bastante paranoico además de trillado y de muy limitados recursos. Peor: estamos malgastando energía. Y eso es exactamente lo que quieren los poderosos de verdad: que perdamos el tiempo y las fuerzas midiéndonos en lid desigual contra molinos de viento disfrazados de gigantes, situados unos centímetros por encima de nuestra cabeza. Y no es que esa gente fíctica no tenga poder: claro que sí lo tiene, pero no en tu barrio. La directora de la empresa fabricante de gaseosa tendrá sometido seguramente a su marido, que en vistas de las largas noches de espera "estoy en reunión", hasta habrá aprendido a elaborar gnocchi caseros y dar de comer él solito a la boa constrictora. Pero si ella quiere extender ese poder y que tú y yo entremos en su círculo, no tiene más remedio: tiene que vendernos su refresco. Patético, ¿no? Y es que la mayoría de esos "poderes fácticos" son así: personas, organizaciones, empresas, que simplemente para que les tengamos en cuenta, tienen que vendernos algo. Y si tu "poder" depende de lo bien que sabes vender tu producto, sea éste un cepillo de dientes, un periódico o un lugar en el paraíso, es que poder no tienes ninguno. Ni fáctico, ni de ninguna otra clase.
El único poder que debe importarnos, y que se debe dignar con ese nombre, es el poder coercitivo, el que habitualmente (aunque no en Somalia) maneja el Estado. Cualquier otra cosa sería irresponsabilidad: sería pretender culpar al otro (al que te vendió ese diario cuyo dibujante "te ofendió", por ejemplo) de lo que tú mismo decidiste hacer (o leer). Decir que un diario es "poderoso" porque tiene gran número de lectores, a quienes "influye", o que una iglesia lo es por razones parecidas, es una triste confesión: primero, de envidia, y segundo, de una psicopatología, no menos dañina por ser tan extendida, que se revela en el afán de instrumentalizar a las personas (sí: me simpatiza mucho más ese querer influir dalecarnegiesco, ese "quiéreme alguien", que el querer influir en los demás "para poder...". Los puntos suspensivos, si no te resultan siniestros es que nunca te detuvo la Met). ¿Lo quieres de otra manera? Pues espera esa patada en la puerta a medianoche (yo antes usaba eso como metáfora en este blog, pero como siempre, piensa mal y acertarás, ahí está lo de Villavicencio) y luego podrás llevar a cabo el experimento tú mismo. Por un lado están los gorilas uniformados con sus rifles y sus pistolas, exigiendo a gritos que les entregues todos tus gigas de pornografía
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