Camiseta y pasaporte

Estuve en Madrid, de paso, sentado en aquella plaza rodeada de columnas y llena de dibujantes callejeros. Se me acercó una chica y empezó a contarme su historia. Era rumana (afirmación que sostuvo sacando un poema que había escrito en su idioma natal: el poema me conmovió menos que el idioma, una preciosidad de latinidad barroca con efluvios magyares y esteparios. Cuenta pendiente) y según me relató no tenía pasaporte. ¿Cómo así? Pues había atravesado Europa mediante una combinación de bárbara suerte y de encanto personal (yo creo en esas cosas. Creo en todo lo que no puedo ser ni tener. Es genético), haciéndose amiga de policías, cruzando fronteras por la medianoche itálica repantigada en el asiento de atrás de un automóvil con distintivo oficial, etcétera. Total, que había conseguido llegar a España de forma triunfalmente ilegal, y sólo le quedaba una frontera más, la de Portugal, para llegar adonde su novio, que laboraba en Lisboa. La última parte del relato me pareció la más interesante. Aquella misma mañana, según ella, se había sentado a llorar en la estación de Chamartín, desesperada por la falta de los modestos billetes (diez euros, según ella) que necesitaba para costearse el viaje en autobus de largo recorrido hacia Lisboa. En ésas, se le detuvo delante un "hombre mayor, con barba", quien tras averiguar la causa de tal llanto le largó un billete de cincuenta euros y se marchó. La chica, como era de esperarse, con eso se fue directo a comprarse el billete. La parte más sorprendente viene ahora.

"Luego, con lo que me sobró, vine acá y me hice dibujar este retrato. ¿Te gusta?"

Es decir, entre ella y la destitución había cuarenta euros nomás, y en vez de pensar en que tal vez iba a tener sed entre Madrid y Lisboa, sólo se le ocurrió pensar que a su novio le iba a gustar tener un retrato de ella hecho por un dibujante madrileño.

Es hasta triste ver hasta dónde algunas mujeres llevan eso del amor. Es maravilloso, reconfortante y conmovedor ver que la vida, para algunos, sí funciona como debiera.

Ella me preguntó si podía dormir en el piso de mi cuarto de hotel aquella noche, alegando que por mi aspecto ella ya se aseguraba de que "no iba a pasar nada". Yo le expliqué que en esos viajes que hago normalmente no me molesto en buscar alojamiento, prefiriendo los bancos públicos. Tomamos juntos un café y nos despedimos.

Y todo esto viene a cuenta de...

Algunos diarios estadounidenses: "¿Gripe porcina? Demasiados mexicanos. Cerremos nuestra puerta."

El lector ubicará la falacia donde quiera, pero yo la sitúo en la penúltima palabra.

El país, el que sea, no es "nuestro", para que "nosotros" decidamos quién entra y quién no (dicho sea de paso, considero que el plural de la primera persona es una desinencia muy especializada, prescindible a voluntad. Una vez especulé que entre la edad de 30 y 40 años no lo hice servir, oralmente ni por escrito, ni una sola vez. Hasta diría que el pronombre "nosotros" apesta un poco). El derecho a viajar donde uno quiera, sin restricciones estatales, sin pasaportes ni otros documentos obligados, sin controles de inmigración, es decir, el de la libertad de movimiento a nivel planetario, queda como el único derecho fundamental que ningún estado hasta ahora ha tenido el valor de conceder. Por algo será. Por ahí habría que darles duro.

¿"Ríos de sangre" (Enoch Powell dixit)? No lo creo. La redistribución de la población mundial, tal vez sí: redistribución voluntaria, a diferencia de otras. ¿Fin del estado nodriza? En tal caso, bienvenido sea.

Cuando pedí el reemplazo de pasaporte, el acostumbrado roce con el class system británico me chocó como suele: "haga firmar una de las fotos por una persona de cierto standing social, por ejemplo, un magistrado o un médico." Al lado de esto, admitamos que las supuestas veleidades esnobs de un Emilio Palacio son moneda pequeña. "Soy yo en la foto, pero sólo en la medida en que puedo convencer a una persona de clase media-alta, es decir de clase fehaciente, que legitime tal impresión subjetiva." "El magistrado me ha concedido licencia para tener una identidad. Oh joy!"

Mi camiseta dice (con variaciones, y en diversos idiomas): "Ninguna persona es ilegal". Creo que la llevaba esa noche. He engordado desde entonces, pero la atesoro.

Comments

  1. Y, la historia.

    Siempre supe que nunca había visto realmente una mala cara, hasta que no pase por un control migratorio cruzando el charco y después fue cuestión de costumbre. Preguntas inútiles y ofensivas y frases que van buscando el idioma que piensan que no conoces, ja.
    Un tiempo x pasé, ese que toca de espacio renovable, mis amigos debatían sobre si debía ir a la policía o yo que se a cuanta estupidez de oficina existe, otros investigaban por internet y preguntaban en casa, a mi la verdad siempre me gusto ese rumor de que era ilegal, incluso me esforce por mantenerlo sin mentir y la variedad de reacciones que obtuve a esa altura del nivel del mar me divirtió mucho tiempo.

    Para mi , todas esas, incluyendo las que llamas veleidades, producen la misma náusea. No es necesrio estar en el basurero, oliendo basura para tener asco.

    Ah, con los rumanos siempre se puede hablar, me arrancaste un suspiraso con el comienzo y coincido.
    Frumos ei limbă Rumanian!

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  2. Una vez presencié cómo se hace eso de cruzar fronteras sin pasaporte. Se trataba de un desertor de la Legión española en Marruecos, que quería pasar a Francia. Habló con el conductor del autobús, quien entretuvo al inspector en la frontera con varias latas de Coca-Cola, para que se olvidara de adentrarse en el vehículo, y asunto arreglado.

    Para muchos españoles mayores, Perpignan todavía es sinónimo de libertad.

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  3. Hace tiempo que decidí sentirme extranjero en todas partes: es la única manera de asegurarse una patria verdaderamente altiva y digna. A mí me sobra con presentar en las fronteras un salvoconducto del Balcón peregrino debidamente sumillado con el sello de su Imperial Majestad.

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  4. Todo el mundo tiene buenas intenciones, como la rumana enamorada o el español desertor. No existen las enfermedades infecciosas, no hay terroristas, ni genocidas, ni supremacistas, ni gente queriendo vivir gratis del trabajo de otros.

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