Acciones afirmativas
Que todos seamos iguales "ante la ley" es un enunciado bastante venerable, que se podría llamar "constitucional" en el sentido que su evidente propósito es ponerle límites al abuso del poder, de la misma manera que lo haría una constitución bien redactada. En ausencia de tal principio de, digamos, "igualdad", es obvio que la clase gobernante intentaría siempre crear leyes de aplicación discriminatoria que favoreciesen a ellos mismos.
En contra de ese, como él lo llama, "igualdad formal", Xavier Flores desde su columna del órgano del Estado ecuatoriano opone la "igualdad real", una entelequía que según él justifica cualquier tipo de acción discriminatoria cuyo efecto sea el de "compensar las desigualdades". Aparentemente, se trata de ese tipo de "acción afirmativa" que, en los EEUU, permite que unos burócratas profundamente racistas hayan establecido una pluralidad de parámetros de acceso a la educación superior en función del color de piel de los aspirantes, en la aparente convicción de que entre una "raza" y otra existen diferencias de aptitud insuperables que hagan necesaria ese tipo de intervención. (Evidentemente, no se han dado cuenta de que el concepto de "raza" en relación a la especie humana es obsoleto desde hace décadas: según los biólogos, no tenemos "razas". Lo que sí tenemos son racistas, que vienen en dos sabores: tradicionales e invertidos. Los dos huelen igual de dégueulasses.)
Así que entramos, tras la gran Revalidación, en época de ingeniería social.
Ayer, sobre las cinco, salí de casa para encontrar que alguien había roto el parabrisas de nuestro carro con una roca.
A pesar de las apariencias (vivo en la zona más botada de Durán, rodeado de lodo y maleza, sin alcantarillado a la vista; estoy temporalmente sin empleo y tengo la cuenta bancaria prácticamente en cero) es evidente que alguien ha decido que soy "pelucón", y supongo que ha de ser porque ese carro, hasta hace poco portador de diversos golpes y desperfectos de toda clase, la semana pasada fue sometido a una operación de cirugía cosmética, consistente en varios enderezos y una capa de pintura nueva, con la intención de poder venderlo y así sacar unos seis o siete mil para poder "ir tirando" (mi mujer me tiene vedado el uso de esta frase, que aprendí en España, Dios sabrá por qué). Ahora, con la rotura del parabrisas, ni podremos matricularlo ni mucho menos venderlo.
Ya sé: no es importante. La desesperación no es importante. "Just another day for you and me in Ecuador" (Phil Collins). Siempre, de alguna manera, queda la cerveza.
Pero me llama la atención esto de la "acción afirmativa", en este caso para "compensar" la evidente desigualdad existente entre ese carro (que compré con una plata heredada de mi difunta madre hace tres años: las herencias, otro mal social susceptible de corrección estatal) y ese otro carro que tendrá, o no tendrá, el de la roca.
Entiendo, hasta cierto punto, que ver un carro recién pintado puede provocar en cualquier espectador envidia, ira, tristeza, y justa indignación. Entiendo que tal espectáculo puede inducir a alguien a expresar esos negativos sentimientos de forma destructiva.
Pero es bien curioso que los aviones y los limusines presidenciales y los respectivos bienes de congresistas y ex ministros de deportes suelen lucir inmaculadamente ilesos.
Supongo que el caso mío viene por la falta de "igualdad real" (que hay que corregir, con rocas o lo que venga más a mano), y lo suyo es un caso de "igualdad formal" (que hay que respetar). Sí, eso debe ser.
En contra de ese, como él lo llama, "igualdad formal", Xavier Flores desde su columna del órgano del Estado ecuatoriano opone la "igualdad real", una entelequía que según él justifica cualquier tipo de acción discriminatoria cuyo efecto sea el de "compensar las desigualdades". Aparentemente, se trata de ese tipo de "acción afirmativa" que, en los EEUU, permite que unos burócratas profundamente racistas hayan establecido una pluralidad de parámetros de acceso a la educación superior en función del color de piel de los aspirantes, en la aparente convicción de que entre una "raza" y otra existen diferencias de aptitud insuperables que hagan necesaria ese tipo de intervención. (Evidentemente, no se han dado cuenta de que el concepto de "raza" en relación a la especie humana es obsoleto desde hace décadas: según los biólogos, no tenemos "razas". Lo que sí tenemos son racistas, que vienen en dos sabores: tradicionales e invertidos. Los dos huelen igual de dégueulasses.)
Así que entramos, tras la gran Revalidación, en época de ingeniería social.
Ayer, sobre las cinco, salí de casa para encontrar que alguien había roto el parabrisas de nuestro carro con una roca.
A pesar de las apariencias (vivo en la zona más botada de Durán, rodeado de lodo y maleza, sin alcantarillado a la vista; estoy temporalmente sin empleo y tengo la cuenta bancaria prácticamente en cero) es evidente que alguien ha decido que soy "pelucón", y supongo que ha de ser porque ese carro, hasta hace poco portador de diversos golpes y desperfectos de toda clase, la semana pasada fue sometido a una operación de cirugía cosmética, consistente en varios enderezos y una capa de pintura nueva, con la intención de poder venderlo y así sacar unos seis o siete mil para poder "ir tirando" (mi mujer me tiene vedado el uso de esta frase, que aprendí en España, Dios sabrá por qué). Ahora, con la rotura del parabrisas, ni podremos matricularlo ni mucho menos venderlo.
Ya sé: no es importante. La desesperación no es importante. "Just another day for you and me in Ecuador" (Phil Collins). Siempre, de alguna manera, queda la cerveza.
Pero me llama la atención esto de la "acción afirmativa", en este caso para "compensar" la evidente desigualdad existente entre ese carro (que compré con una plata heredada de mi difunta madre hace tres años: las herencias, otro mal social susceptible de corrección estatal) y ese otro carro que tendrá, o no tendrá, el de la roca.
Entiendo, hasta cierto punto, que ver un carro recién pintado puede provocar en cualquier espectador envidia, ira, tristeza, y justa indignación. Entiendo que tal espectáculo puede inducir a alguien a expresar esos negativos sentimientos de forma destructiva.
Pero es bien curioso que los aviones y los limusines presidenciales y los respectivos bienes de congresistas y ex ministros de deportes suelen lucir inmaculadamente ilesos.
Supongo que el caso mío viene por la falta de "igualdad real" (que hay que corregir, con rocas o lo que venga más a mano), y lo suyo es un caso de "igualdad formal" (que hay que respetar). Sí, eso debe ser.
Gracias, Erika.
ReplyDeleteLa mala racha no terminó. Mi niño está en el Hospital del Niño, en observación, con una fractura craneal. Mi mujer y yo estamos turnando esta noche.
¡Ja, ja, ja! Lo revelador es que manifieste su postura a través de la frase que dice que "los hombres deben ser hechos tan iguales como sea posible"...
ReplyDeleteY pensar que esos "torpes prejuicios" que se les achacan a estos "ajusticiadores" ¡son reafirmados por ellos mismos!
Yo siempre he pensado que medidas como aquellas no hacen sino darles la razón a los racistas y demás. Y si yo fuera uno de los afirmativamente privilegiados, si me preguntan, lo tomaría como una falta de respeto que te traten como incapaz desde la ley.
Gracias, JS. Lo único que puedo decir ahora es que el bebé tiene doble fractura craneal pero no hay hemorragia interna. Lo siguen reteniendo en Observación. Más datos seguramente mañana: lo tiene que ver un neurocirujano.
ReplyDeleteqs: "los hombres deben ser hechos tan iguales como sea posible"
ReplyDeleteA mí también me causó repulsión esa frase. Hasta Agatha Christie, que una vez se describió como máquina de salchichas, distinguía entre generales retirados, solteronas amantes de la naturaleza, belgas bigotudos con pequeñas células grises, jóvenes vamps, y policías de pies planos. Si las salchichas no salen iguales (afortunadamente: Krakowska), ¿por qué los comesalchichas sí habrían de salir así?
Entonces, lo siento por el dano de bolsillo. Y por allá seguro estuvo en buenas manos. Repito también se conoce todo. Qué se hizo pobre? Heredaría tu mala cabeza? Esperaremos que si, la dinastía web, escribiendo en 20 anos!!
ReplyDeleteJM: Cuando se calme un poco y consiga dormir unas horas, mi mujer va a decir que nos han embrujado. Todo lo que nos pasa es consecuente con la teoría de que alguien tiene una pequeña muñeca fea, con un alfiler metido en la mandíbula, otro más grande atravesando el pecho, y para más inri (es difícil excederse con el inri, lo mismo que con el curry powder), la han metido en un carro con una familia de muñecas y las han quemado todas juntas. Afortunadamente, sabemos que fuera de Haiti esas cosas sólo funcionan a ratitos.
ReplyDeleteAmanda: me impresionó ese hospital. Si fuera Bill Gates le dejaría algo en herencia.
El níño, aprovechándose de un descuido momentáneo de su hermanastra, hizo caer un mueble de madera con un televisor antiguo de 22", que en ese momento estaba dando Barney. Parece que el televisor le esquivó (si no, otro fuera el resultado) pero el mueble no. Doble fractura occipital, hematoma frontal, y un ojo morado que muchos niños algo más grandes ya quisieran lucir para sí.
Oh, I´m glad I´m not an Oscar Mayer wiener.
ReplyDeleteThat is what I´d never want to be...