El basto de la tachura
De nuevo discrepo con Iván (this is getting to be a habit), aunque solamente en parte. Que el problema no está tan sólo en las leyes, concedido; que una refundación cada cuatro años no augura bien para el progreso de un país, también. Sin embargo, y pese a que para mí Lasso es un pésimo candidato presidencial, lo único rescatable de él que he escuchado hasta ahora es precisamente esa promesa de enviar la Ley de Comunicación al tacho de la basura, donde le corresponde estar. De hecho, en las elecciones que vienen eso es para mí la primera prioridad. No hay ningún tema en el país más importante que ése.
Y ello es así porque mientras exista tal Ley, de carácter abiertamente fascista, Ecuador no podrá pertenecer con derecho a la comunidad internacional de países democráticos con libertad de expresión. Recordemos que, entre otras disposiciones, la Ley de Comunicación establece explícitamente (Art. 77) que la libertad de información puede ser "suspendida" en cualquier momento por el Presidente de la República, lo cual torpedea de entrada cualquier pretensión que pueda tener el país de ser democrático: la democracia requiere para su ejercicio ciertas garantías institucionales, entre ellas el poder informarse sin restricciones sobre la oferta y las actuaciones de los supuestos representantes, y ese ejercicio no puede quedar supeditado al capricho de un caudillo.
Y aunque viviéramos en ese cuento de hadas en que parece vivir Iván, donde los verdosos prados se adornan con el ir y venir de políticos benévolos, íntegros, sensatos y sacrificados (no sé dónde él los ve: yo en ninguna parte), que no se aprovecharían de las leyes en beneficio personal porque su conciencia civil se lo impediría (y es cierto: si los políticos fueran así, poco importaría tener alguna ley mala, o digamos "perfectible"), en todo caso el problema de la Ley de Comunicación es que no depende exclusivamente de la voluntad de los representantes elegidos para ser usada como arma en contra de la libre convivencia y la libre expresión de los ciudadanos. Por el contrario, esa Ley establece un sistema de instituciones burocráticas (la ridícula CORDICOM, verbigracia) cuya única justificación reside en su capacidad para interferir en el libre flujo de la información, con lo cual, mientras siga existiendo la Ley, el país tendrá que pagarles un salario a una serie de personas que para justificar ese salario necesita ejercer la censura con cierta regularidad, para que no se diga de ellos que no tienen nada que hacer.
Y finalmente, está el hecho bastante evidente de que la comunicación no necesita ni nunca necesitará regularse por ley alguna, pues por su propia naturaleza no representa ningún peligro ni es capaz de infligir de por sí ningún tipo de daño a las personas (salvo las que, como Correa, cargan con una pesada "honra" a la usanza calderoniana). De modo que tener una Ley de Comunicación es como tener una ley que te diga cuándo y en qué circunstancias y bajo qué condiciones puedes respirar. Es un absurdo de por sí, y un país encumbrado de leyes así nunca podrá atraer cierto tipo de inversiones ni prosperar en el escenario internacional. Es una Ley que por su simple existencia proclama "acá somos tercermundistas". Por eso, repito, no puedo ni tener en seria consideración a ningún candidato que no establezca como prioridad inmediata su destrucción.
Cambiando de tema: bueno, alegra ver que el informe Chilcot finalmente establece como verdad institucional lo que todos ya sabíamos, que el ex primer ministro británico Tony Blair no sólo fue un mentiroso (siendo político, suponer otra cosa de él sería un ejercicio de ingenuidad arriesgado) sino que fue un mentiroso corresponsable (con Bush y Aznar) de la muerte de casi medio millón de seres humanos inocentes. Lo mínimo que sería lícito esperar a continuación sería que se le procesara como criminal de guerra. Y sin embargo, todos sabemos que eso no sucederá. Les invito a soñar con un mundo en que tal manifestación de elemental justicia sí fuera posible. Sobre cómo conseguir un mundo así, su opinión vale tanto como la mía, y posiblemente un tantico más.
Y ello es así porque mientras exista tal Ley, de carácter abiertamente fascista, Ecuador no podrá pertenecer con derecho a la comunidad internacional de países democráticos con libertad de expresión. Recordemos que, entre otras disposiciones, la Ley de Comunicación establece explícitamente (Art. 77) que la libertad de información puede ser "suspendida" en cualquier momento por el Presidente de la República, lo cual torpedea de entrada cualquier pretensión que pueda tener el país de ser democrático: la democracia requiere para su ejercicio ciertas garantías institucionales, entre ellas el poder informarse sin restricciones sobre la oferta y las actuaciones de los supuestos representantes, y ese ejercicio no puede quedar supeditado al capricho de un caudillo.
Y aunque viviéramos en ese cuento de hadas en que parece vivir Iván, donde los verdosos prados se adornan con el ir y venir de políticos benévolos, íntegros, sensatos y sacrificados (no sé dónde él los ve: yo en ninguna parte), que no se aprovecharían de las leyes en beneficio personal porque su conciencia civil se lo impediría (y es cierto: si los políticos fueran así, poco importaría tener alguna ley mala, o digamos "perfectible"), en todo caso el problema de la Ley de Comunicación es que no depende exclusivamente de la voluntad de los representantes elegidos para ser usada como arma en contra de la libre convivencia y la libre expresión de los ciudadanos. Por el contrario, esa Ley establece un sistema de instituciones burocráticas (la ridícula CORDICOM, verbigracia) cuya única justificación reside en su capacidad para interferir en el libre flujo de la información, con lo cual, mientras siga existiendo la Ley, el país tendrá que pagarles un salario a una serie de personas que para justificar ese salario necesita ejercer la censura con cierta regularidad, para que no se diga de ellos que no tienen nada que hacer.
Y finalmente, está el hecho bastante evidente de que la comunicación no necesita ni nunca necesitará regularse por ley alguna, pues por su propia naturaleza no representa ningún peligro ni es capaz de infligir de por sí ningún tipo de daño a las personas (salvo las que, como Correa, cargan con una pesada "honra" a la usanza calderoniana). De modo que tener una Ley de Comunicación es como tener una ley que te diga cuándo y en qué circunstancias y bajo qué condiciones puedes respirar. Es un absurdo de por sí, y un país encumbrado de leyes así nunca podrá atraer cierto tipo de inversiones ni prosperar en el escenario internacional. Es una Ley que por su simple existencia proclama "acá somos tercermundistas". Por eso, repito, no puedo ni tener en seria consideración a ningún candidato que no establezca como prioridad inmediata su destrucción.
Cambiando de tema: bueno, alegra ver que el informe Chilcot finalmente establece como verdad institucional lo que todos ya sabíamos, que el ex primer ministro británico Tony Blair no sólo fue un mentiroso (siendo político, suponer otra cosa de él sería un ejercicio de ingenuidad arriesgado) sino que fue un mentiroso corresponsable (con Bush y Aznar) de la muerte de casi medio millón de seres humanos inocentes. Lo mínimo que sería lícito esperar a continuación sería que se le procesara como criminal de guerra. Y sin embargo, todos sabemos que eso no sucederá. Les invito a soñar con un mundo en que tal manifestación de elemental justicia sí fuera posible. Sobre cómo conseguir un mundo así, su opinión vale tanto como la mía, y posiblemente un tantico más.
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