Plantas versus Zombis
El Sr Pérez tal vez tenga razón: ahora que dice, yo tampoco veo de qué sirven acá los partidos políticos. Peor, los "movimientos". Como comenté en otra parte, el uso ecuatoriano de la palabra "movimiento" es especialmente chocante para quien viene de fuera. De la misma manera que en Ecuador y sólo en Ecuador "un poco" significa "mucho" (Cuando llegué había un poco de gente esperando), hay que acostumbrarse a que en este país "un movimiento", palabra que en otras latitudes denota una causa que reúne y galvaniza a un poco de gente, significa "un político ambicioso que de momento no tiene apenas seguidores, ni la más remota idea de cuál será esa causa o esa ideología que le permitirá granjear alguno, pero está en ello, y por lo menos tiene un nombre, que es la mitad de la batalla". La verdad, no suelo acordarme de tan sutiles distinciones, no sabría decir con confianza si Avanza, SUMA o CREO son partidos o "movimientos": para el caso no importa, la cuestión es que claramente no representan a nadie ni a nada más que la ambición de su "líder", o de un puñado de éminences grises aún desesperados por encontrar a alguien entre su número que tenga aunque sea una pizca de carisma. El caso de Alianza PAIS es más complejo: aunque está claro que representa o encarna las aspiraciones de un sector social (pongamos, cierta burguesía metropolitana acomodada con ambiciones mundanas a más de inquietudes progresistas o si se quiere guardianistas), y aunque más allá de eso ha sabido establecer eficaces políticas clientelares que le permiten acudir confiados a cualquier elección general, también está claro que no existe ningún mecanismo interno democrático que garantice o articule tal representatividad. Es decir, uno se afilia a AP no con la esperanza de ayudar a definir políticas y praxis, sino con la esperanza de ser tenido en cuenta en la próxima repartición de sinecuras o de sánduches. En las filas de AP ni por asomo veremos una mente curiosa, inquieta y mucho menos independiente. Por eso creo que es lícito, dentro del juego electoral demencial que empieza a desplegarse, caracterizar al bando oficialista como el de los vegetales (por la ausencia de actividad cerebral) o si se quiere, de las plantas.
Por el otro lado, ya lo dijimos, están los zombis: un puñado de viejas irrelevancias de otra época animados al parecer no por ningún ideal ni por ninguna vocación planificadora o administrativa ni por ningún valor o principio ético, sino simplemente por el hambre del poderrr. Ustedes no sé, pero para mí resulta difícil escuchar el nombre de Lasso, pongamos, sin imaginarme una siniestra figura con los brazos tiesos que camina maquinalmente por la Nueve de Octubre graznando con voz de ultratumba su única palabra: brainzzz...
Y el problema de eso es que, aunque no me considero experto en el juego (es mi hijo el que se pasa la tarde de sábado jugando o viendo videos de gameplay), a mí se me hace que en el juego auténtico, las plantas siempre ganan. Y de no ser así, peor todavía: si ganan los zombis, se ponen a comer tu cerebro. ¿Has pensado en esa posibilidad?
Y es cuando uno se pone a rumiar: Plantas versus Zombis, Clinton versus Trump, May versus Corbyn, Lucifer versus Yahweh, definitivamente el mundo está mal hecho. Algo les pasa a las democracias, algún virus está haciendo de las suyas, para que últimamente sólo arrojan y enfrentan a opciones impresentables, a más de terroríficas. La máquina electoral en todo Occidente se ha vuelto perversa. Arroja humo, lanza chispas, y habla con voz de HAL. No sé por qué será.
Si quieres una teoría: antes, alguna vez, los partidos políticos representaban a clases sociales. Por lo menos en el Reino hUnDido siempre fue así. El partido laborista, como su nombre indica, representaba a la clase trabajadora. El conservador, a la clase media, media-alta y a la aristocracia. El liberal, a la progresía biempensante. Y el partido de Sutch, pues a Sutch mismo (no lo conocerán. Fue una clase social con un único miembro, para entendernos). Todo eso empezó a venirse abajo cuando la sociedad posindustrial le dio la estocada de muerte a la conciencia de clase. Ya me lo decía una amiga española allá por los años 80: nadie quiere reconocerse ahora como obrero, o de "clase obrera". Ahora todos son técnicos. No creo que sea casualidad que en el PSOE siempre les dio un poco de remilgo la O, y pasó lo que pasó en Suresnes. En el R,hU. supongo que los censores siguen empeñados en sus pedantes clasificaciones: C1, C2 y toda la vaina: sólo que ahora nadie sabe reconocerse en ellas, ni les ve ninguna utilidad. Uno está en C2 como puede estar en Leeds o en Corfú, esperando el bus. Peor que el laborismo siempre fue el partido del humo de tabaco, y el conservadurismo el de la gozosa crueldad hacia los animales (y un poco hacia los niños, de rebote). Estamos en un mundo donde ambas cosas son vicios... ahora que pienso, donde prácticamente todo es vicio. Identificarse con una clase social, hoy en día, es una pose arriesgada. Yo que tú me lo pensaría dos veces.
Por lo que el juego ése de agrupar a la sociedad en clases o sectores y ponerse a deshojar la margarita soñando con que alguno de ellos querrá algo contigo, requisito sine qua no para que te hagas con el ansiado poderrr, luce hoy un poco anacrónico por decir lo menos. De acuerdo, esto no es el R.hU. ni es España, acá nunca ha habido tanta variedad de clases sociales: estamos en el país del verano versus el invierno, de "la oligarquía" versus "los demás". Pero acá como en todos sitios, ya nadie vota por lealtad a "su clase", aun suponiendo que sabe definirla. Por ello es porque arrasa el populismo, es decir en este contexto el oportunismo electoral. No veo ninguna manera de que pueda funcionar de otra manera (si tú sí ves una, explícamelo en la caja de comentarios), por lo menos dentro de la cancha constitucional actualmente vigente. Es una lástima.
Se me acaban los diez minutos de hoy. Les dejo con el gran chiste del día: el de un Presidente de la República en funciones que quiere dictar "clases magistrales" de economía en diversas universidades del país, para - wait for it, waaaaiiit for iiiit -
generar un espacio de intercambio de conocimientos y debate entre el Jefe de Estado y estudiantes
(incredulity mine, y ahora sí permiso para disolverse en carcajadas). Ustedes me dirán. No solamente que el tipo en cuestión tiene un largo recorrido en aquello de enviar furibundo a la cárcel a todo aquel que ose discrepar con su majestuosa persona, así sea gestualmente, con lo cual las perspectivas de intercambio o de debate se nos presentan, digamos que algo yermas, sino que el capricho de disfrazar de "clase" o "cátedra magistral" lo que ya se ha anunciado será un sermón de propaganda electoral sembrado de autobombo, autojustificación y autoadulación, me parece a mí que difícilmente encaja en una pretendida república democrática moderna, y a uno le hace dudar si está en Guayaquil o en Pyongyang. Si así va a ser toda la campaña electoral, despiértenme cuando ya ha acabado, o díganme qué hay en el otro canal.
Por el otro lado, ya lo dijimos, están los zombis: un puñado de viejas irrelevancias de otra época animados al parecer no por ningún ideal ni por ninguna vocación planificadora o administrativa ni por ningún valor o principio ético, sino simplemente por el hambre del poderrr. Ustedes no sé, pero para mí resulta difícil escuchar el nombre de Lasso, pongamos, sin imaginarme una siniestra figura con los brazos tiesos que camina maquinalmente por la Nueve de Octubre graznando con voz de ultratumba su única palabra: brainzzz...
Y el problema de eso es que, aunque no me considero experto en el juego (es mi hijo el que se pasa la tarde de sábado jugando o viendo videos de gameplay), a mí se me hace que en el juego auténtico, las plantas siempre ganan. Y de no ser así, peor todavía: si ganan los zombis, se ponen a comer tu cerebro. ¿Has pensado en esa posibilidad?
Y es cuando uno se pone a rumiar: Plantas versus Zombis, Clinton versus Trump, May versus Corbyn, Lucifer versus Yahweh, definitivamente el mundo está mal hecho. Algo les pasa a las democracias, algún virus está haciendo de las suyas, para que últimamente sólo arrojan y enfrentan a opciones impresentables, a más de terroríficas. La máquina electoral en todo Occidente se ha vuelto perversa. Arroja humo, lanza chispas, y habla con voz de HAL. No sé por qué será.
Si quieres una teoría: antes, alguna vez, los partidos políticos representaban a clases sociales. Por lo menos en el Reino hUnDido siempre fue así. El partido laborista, como su nombre indica, representaba a la clase trabajadora. El conservador, a la clase media, media-alta y a la aristocracia. El liberal, a la progresía biempensante. Y el partido de Sutch, pues a Sutch mismo (no lo conocerán. Fue una clase social con un único miembro, para entendernos). Todo eso empezó a venirse abajo cuando la sociedad posindustrial le dio la estocada de muerte a la conciencia de clase. Ya me lo decía una amiga española allá por los años 80: nadie quiere reconocerse ahora como obrero, o de "clase obrera". Ahora todos son técnicos. No creo que sea casualidad que en el PSOE siempre les dio un poco de remilgo la O, y pasó lo que pasó en Suresnes. En el R,hU. supongo que los censores siguen empeñados en sus pedantes clasificaciones: C1, C2 y toda la vaina: sólo que ahora nadie sabe reconocerse en ellas, ni les ve ninguna utilidad. Uno está en C2 como puede estar en Leeds o en Corfú, esperando el bus. Peor que el laborismo siempre fue el partido del humo de tabaco, y el conservadurismo el de la gozosa crueldad hacia los animales (y un poco hacia los niños, de rebote). Estamos en un mundo donde ambas cosas son vicios... ahora que pienso, donde prácticamente todo es vicio. Identificarse con una clase social, hoy en día, es una pose arriesgada. Yo que tú me lo pensaría dos veces.
Por lo que el juego ése de agrupar a la sociedad en clases o sectores y ponerse a deshojar la margarita soñando con que alguno de ellos querrá algo contigo, requisito sine qua no para que te hagas con el ansiado poderrr, luce hoy un poco anacrónico por decir lo menos. De acuerdo, esto no es el R.hU. ni es España, acá nunca ha habido tanta variedad de clases sociales: estamos en el país del verano versus el invierno, de "la oligarquía" versus "los demás". Pero acá como en todos sitios, ya nadie vota por lealtad a "su clase", aun suponiendo que sabe definirla. Por ello es porque arrasa el populismo, es decir en este contexto el oportunismo electoral. No veo ninguna manera de que pueda funcionar de otra manera (si tú sí ves una, explícamelo en la caja de comentarios), por lo menos dentro de la cancha constitucional actualmente vigente. Es una lástima.
Se me acaban los diez minutos de hoy. Les dejo con el gran chiste del día: el de un Presidente de la República en funciones que quiere dictar "clases magistrales" de economía en diversas universidades del país, para - wait for it, waaaaiiit for iiiit -
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(incredulity mine, y ahora sí permiso para disolverse en carcajadas). Ustedes me dirán. No solamente que el tipo en cuestión tiene un largo recorrido en aquello de enviar furibundo a la cárcel a todo aquel que ose discrepar con su majestuosa persona, así sea gestualmente, con lo cual las perspectivas de intercambio o de debate se nos presentan, digamos que algo yermas, sino que el capricho de disfrazar de "clase" o "cátedra magistral" lo que ya se ha anunciado será un sermón de propaganda electoral sembrado de autobombo, autojustificación y autoadulación, me parece a mí que difícilmente encaja en una pretendida república democrática moderna, y a uno le hace dudar si está en Guayaquil o en Pyongyang. Si así va a ser toda la campaña electoral, despiértenme cuando ya ha acabado, o díganme qué hay en el otro canal.
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