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Xarnegos

Hasta con El Telégrafo a veces uno se pone a soñar. El artículo de Juan Cárdenas Espinoza (nombre de apostólico azote de herejes donde los haya) hoy me ha transportado de sopetón a mis pasadas vivencias catalanas. Y no es que hable para nada de Catalunya, pero eso de distinguir entre guayaquileños “de cepa” y los que son “nietos de emigrantes”, qué quieren que les diga, a uno le hace revivir experiencias que creía enterradas en un pasado lejano e irrelevante. Aunque tal vez no tanto, ahora que lo pienso: si fui capaz, al llegar aquí, de captar el doble sentido de “cholo” (etnia para algunos, burdo peyorativo para otros, estos últimos al parecer miembros de cierta burguesía rancia y juvenil), seguramente fue mediante analogía inconsciente con ese “xarnego” catalán, que la explicación wikipediátrica glosa deshonestamente, sin mencionar siquiera que para toda una burguesía barcelonense pudiente de los años 90, la de los JASP y de las camisetas Lacoste, “xarnego” era el descalificativo de...

Caja de jabón

No entiendo cómo con algo tan sencillo como la libertad de expresión la gente se crea tantos problemas. Para empezar, olvidémonos de que sea un “derecho”. La cuestión de si existen o no “derechos”, sean humanos, ciudadanos, “de la naturaleza” o de cualquier otro tipo, no es necesario que se resuelva antes de hablar de libertad de expresión, de la misma manera que no es necesario resolver la cuestión filosófica del “derecho a la vida” para poder saber qué es y qué no es la vida, y de qué manera se la puede perder; tampoco es necesario definir de antemano cuáles deberes le “corresponden” a ese supuesto derecho. Si quieres que sea un derecho, bien, no me opongo. Si quieres que tenga asociados unos cuantos deberes, discutamos cuáles. Lo que me interesa, sin embargo, es simplemente definir en qué consiste tal libertad de expresión. Con una buena definición creo que nos ahorramos muchos problemas posteriores. Para mí, y creo que para muchos, libertad significa ausencia de coerción. Ni más ni...

Anecdotal oneupmanship?

Sucedió en la calle Boyacá, frente a las oficinas de El Telégrafo . Propios de una vida de célebre comentarista a la par de irredento flâneur , como ya sabrán los lectores de este bitácora, son aquellos bucólicos paseos matutinos sin bicicleta, que sirven tanto para digerir uno de los más que pasables ceviches de algas de la marisquería Neptune Puk’d , como para reflexionar sobre el extraordinario alcance de la estupidez humana, ejemplificado en este caso por la conversación de mi compañero, el pana Rodolfo, una gran persona cuya facilidad para encontrar colillas de cigarrillos aun rescatables entre la basura de las alcantarillas (cortesía Nebot) hace tiempo que consiguió granjear mi simpatía y condescendencia en aquellas ocasiones en que casualmente topaba con él (el caso de la mañana en cuestión). En esta ocasión, a pesar de mis esfuerzos dialécticos, el pobre seguía, evidentemente, sin apreciar el punto de mi argumento, acerca de la posibilidad de aplicar el archiconocido criterio ...

Ardor revolucionario

El tipo se llamaba Alan Thornett. Era mediano en todo: estatura, edad, inteligencia. Pelo ralo, ni corto ni largo, que normalmente llevaba alborotado al estilo “acabo de quitarme un abultado jersei de lana, y qué”. Tez sonrosada, cejas puntiagudas, las cuales le prestaban cierto aire puckish . Tenía ese acento ligeramente West Country que denotaba que, aun siendo de Oxfordshire, sus credenciales eran auténticamente townie . Trato agradable, y (clave para entender sus logros), gran capacidad para escuchar. Se diría que se sentía más cómodo escuchando que hablando: cuando tenía que dar un discurso, le salía con dificultad, y se apoyaba mucho en consignas aprendidas de memoria, aunque las sabía mezclar con esos giros académicos reivindicadores de sutileza de pensamiento que los cicerones izquierdistas siempre codician para sí y pronuncian a su manera (para él, cadre rimaba con padre ). En los círculos de izquierda trosquista británica de ese entonces (los años 80), arrasaba. Lo que, en t...

What if Correa was one of us?

Se ha puesto de moda, dicen, entre la “beautiful people” de la Revolución Ciudadana, eso de llevar varias cédulas de identidad y toda una faja de pasaportes . Como señala Juan Sebastián Utreras-Carrera , eso podría ser síntoma de esquizofrenia aguda, pero la explicación real es probablemente más prosaica: cada cédula de identidad te da un voto en las elecciones, y cada pasaporte te permite viajar a un bloque de países diferentes sin despertar atención oficial indeseable a raíz de los sellos ya registrados en ese documento. Personalmente, no veo nada de malo en que una persona vote dos veces en una elección: si votar es un deber cívico, entonces votar dos veces tendría que representar un esfuerzo patriótico heroico “más allá del deber”, y así evidentemente lo han de entender nuestros gobernantes, que sobre el tema de la doble cedulación masiva parecen no preocuparse en lo más mínimo. En cuanto a los pasaportes, yo tenía un amigo norirlandés con doble nacionalidad irlandesa y británica, ...

Pechonalidades

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Claro que a cierta edad, o según como tengas la fuerza de la gravedad en tu barrio (en el mío, todavía no tenemos. El alcalde ha prometido que todas las casas en Durán tendrán gravedad antes del 2015, si lo reelegimos. Si no, si sale la Ana Diecon de Sociedad Patriótica [eslogan: “¡Ana Diecon Vence!”], supongo que tendremos que seguir desayunando en la pared y durmiendo boca abajo en el techo), a cierta edad, digo, los senos es como los matrimonios, no se dirigen ya apenas la palabra, y duermen dándose la espalda, lo más alejados que pueden el uno del otro sin caerse del pecho. Se desinflan, se vuelven como alicaídos globos de la fiesta de anteayer; se tornan, en suma, africanos. Pero hay una edad para todo, y/o un sostén para todo, la cuestión es que pese a las legionarias voces del cinismo, yo sí he visto pechos que hacen buena pareja, que realmente se quieren entre ellos. Anteayer, por ejemplo. Mis alumnos, enzarzados en una evaluación rutinaria, miraban silenciosos y deprimidos sus...

Cita del día

"What if someone gave a war and Nobody came?" (Allen Ginsberg, 1972, plagiando a Carl Sandburg) " What if someone held an election and Nobody voted? " (Endivio Roquefort, 2009, fagocitando* a ambos) Esta vez, que dejen en paz a Brecht. Realmente, hay cosas que él no dijo. * for American readers: this does not mean what it appears to.