La sopa
La película Random Harvest, apoteosis de cierto sentimentalismo de lágrima fácil, también es una magnífica película aunque sea por el título, y por aquella pegadiza niebla que representa tan bien como puede aquella extraña enfermedad que, según el novelista, le puede pasar a una memoria en sí excelente (quiero decir que pasada la enfermedad, funciona a la perfección, recordando lo que hay que recordar, no como las memorias reales. The Cartoon Laws of Physics, recuerden). Lo absurdo del argumento no consigue estropearnos esa niebla, que es lo que queda de la película cuando vuelves a la vida. Y te encuentras, como yo ahora, usando la misma niebla para representarte otra cosa: no la pérdida temporal de fichas mentales de datos herméticamente ordenadas, cosa que al fin y al cabo solo sucede en las películas, sino esa sopa, esa pea-souper moral en la que intentas no vivir aunque, por momentos, te rodea.
Y tal vez esos olvidos de los que nunca, nunca te recuperas, que como todo olvido real, nunca son completos y sin su correspondiente cicatriz y misterioso y relamido hueco.
Otra película, The Fisher King, te enseña algo, solamente algo, de lo que piensa un mendigo en una estación de trenes.
"Para no tener que mirarme, es por lo que me pagan." (Como profesor, lo ratifico.)
"Un día piensas: podría coger esas tijeras y clavármelas en el brazo de mi jefe."
El hombre tiene cara de no haber clavado nada en el brazo de nadie.
No hay misterio. Yo soy grandemente creación póstuma de un autor inglés, TH White, que con su Once And Future King me formó en virtud y vicios más o menos a los 10 años. Tras leerlo 30 veces, perdí el libro, así que muy resumiendo: el caballero que se pasa la vida rescatando doncellas, el Lancelot ése, es lógicamente en su interior un hombre cruel, un sádico. "Como todos los crueles, es el más inofensivo, el más suave, el más cortés". (Diría: gentle, pero en castellano la gentillesse nunca se inventó.) Vamos: lo leí con 10 años y a mí me pareció evidente. Pero a los devotos de la extegridad (q.v.) no les parece. Necesitan una cosa u otra. O un inofensivo, o un cruel. No puedes ser ambas cosas a la vez. Descartado. Y si guardas una (cualquiera) de esas facetas para tus adentros, horror de horrores: hipócrita, porque nosotros, o sea la Sociedad, la Cosa Pública, la bienpensanterie, la Twittosphere, en fin, tenemos derecho a eso que nos ocultas, necesitamos saber la verdad.
¿Cuál verdad prefieres? Su Majestad escoja.
No les gusta escuchar eso. Diosecillos en su interior, no quieren ni escoger ni cojear. Quieren toda la tienda.
"Ajá. En el interior él es así. Eso es lo que cuenta, lo que define. Lo de fuera es solo comedia."
¿En serio? ¿Ahora resulta que te importa lo interior? Pues prueba alguna vez de tener uno.
Resulté ser yo ese sádico que se cuida muy mucho de serlo, porque lo es. Tampoco hay misterio: uno crece sabiéndose mendigo, por accidentes que no vienen al caso, y los mendigos tenemos esas cosas, esas fantasias un punto tremendistas. La esperpéntica idea que tiene un mendigo de lo que fuera no ser mendigo ¿te escandaliza? Me parece muy bien. Pero entonces deja de solidarizarte con lo que en el fondo no te gusta, con lo que es ajeno a ti y a tu mundo. Los pobres no somos buena gente. No somos ese "pueblo". Ubícate: el pueblo es un puñado de actores profesionales, eso es todo. Lo demás, ese gran himno patriotiquero hecho de votos imantados y Colgate, es una idea tuya que tuviste antes de desayunar.
(¿Lo de mendigo te parece exagerado? Será porque eres mujer, y de las suertudas. El día que ellas entienden, simplemente entienden, lo que somos todos de mendigos, en este denostado interior, el feminismo se disuelve. Fundar un movimiento social sobre un malentendido: vaya tiempo de sobra que algunas personas tienen. Pero la cosa sigue teniendo cierta gracia. Por muy católico que me criaron, a estas alturas no creo que nadie, por muchos pecados que haya cometido, esté condenado a pasar la eternidad en un ascensor con Rebecca Watson.)
La gente se revela bastante en sus castigos y en sus violencias. Un obseso sexual va por tus testículos. Un narcisista va por tu imagen, por tu honra, por tu credibilidad, que él procesa como amenaza a la suya. Luego escudriña ese paisaje devastado, yermo de bondades, de talentos, de buena onda, de dignidad, y dice: nosotros no somos violentos. Nosotros no desaparecemos a nadie.
Un principio: no hacer el mal. En tu caso, no tocar a nadie. Guarda las composturas, haz el buen papel, y si tienes que ser tú, sélo a solas. No hagas daño, y pásate la vida riéndote tristemente de quienes piensan que no podrías, que no sabrías. Empieza siendo un principio según el cual vives, y termina siendo tú, o no, según para quién y según cómo quieren verlo. En tu mente, por lo menos, funciona. El mandamiento, el imperativo categórico, parece claro.
Luego sobreviene, otra vez, la niebla.
Y tal vez esos olvidos de los que nunca, nunca te recuperas, que como todo olvido real, nunca son completos y sin su correspondiente cicatriz y misterioso y relamido hueco.
Otra película, The Fisher King, te enseña algo, solamente algo, de lo que piensa un mendigo en una estación de trenes.
"Para no tener que mirarme, es por lo que me pagan." (Como profesor, lo ratifico.)
"Un día piensas: podría coger esas tijeras y clavármelas en el brazo de mi jefe."
El hombre tiene cara de no haber clavado nada en el brazo de nadie.
No hay misterio. Yo soy grandemente creación póstuma de un autor inglés, TH White, que con su Once And Future King me formó en virtud y vicios más o menos a los 10 años. Tras leerlo 30 veces, perdí el libro, así que muy resumiendo: el caballero que se pasa la vida rescatando doncellas, el Lancelot ése, es lógicamente en su interior un hombre cruel, un sádico. "Como todos los crueles, es el más inofensivo, el más suave, el más cortés". (Diría: gentle, pero en castellano la gentillesse nunca se inventó.) Vamos: lo leí con 10 años y a mí me pareció evidente. Pero a los devotos de la extegridad (q.v.) no les parece. Necesitan una cosa u otra. O un inofensivo, o un cruel. No puedes ser ambas cosas a la vez. Descartado. Y si guardas una (cualquiera) de esas facetas para tus adentros, horror de horrores: hipócrita, porque nosotros, o sea la Sociedad, la Cosa Pública, la bienpensanterie, la Twittosphere, en fin, tenemos derecho a eso que nos ocultas, necesitamos saber la verdad.
¿Cuál verdad prefieres? Su Majestad escoja.
No les gusta escuchar eso. Diosecillos en su interior, no quieren ni escoger ni cojear. Quieren toda la tienda.
"Ajá. En el interior él es así. Eso es lo que cuenta, lo que define. Lo de fuera es solo comedia."
¿En serio? ¿Ahora resulta que te importa lo interior? Pues prueba alguna vez de tener uno.
Resulté ser yo ese sádico que se cuida muy mucho de serlo, porque lo es. Tampoco hay misterio: uno crece sabiéndose mendigo, por accidentes que no vienen al caso, y los mendigos tenemos esas cosas, esas fantasias un punto tremendistas. La esperpéntica idea que tiene un mendigo de lo que fuera no ser mendigo ¿te escandaliza? Me parece muy bien. Pero entonces deja de solidarizarte con lo que en el fondo no te gusta, con lo que es ajeno a ti y a tu mundo. Los pobres no somos buena gente. No somos ese "pueblo". Ubícate: el pueblo es un puñado de actores profesionales, eso es todo. Lo demás, ese gran himno patriotiquero hecho de votos imantados y Colgate, es una idea tuya que tuviste antes de desayunar.
(¿Lo de mendigo te parece exagerado? Será porque eres mujer, y de las suertudas. El día que ellas entienden, simplemente entienden, lo que somos todos de mendigos, en este denostado interior, el feminismo se disuelve. Fundar un movimiento social sobre un malentendido: vaya tiempo de sobra que algunas personas tienen. Pero la cosa sigue teniendo cierta gracia. Por muy católico que me criaron, a estas alturas no creo que nadie, por muchos pecados que haya cometido, esté condenado a pasar la eternidad en un ascensor con Rebecca Watson.)
La gente se revela bastante en sus castigos y en sus violencias. Un obseso sexual va por tus testículos. Un narcisista va por tu imagen, por tu honra, por tu credibilidad, que él procesa como amenaza a la suya. Luego escudriña ese paisaje devastado, yermo de bondades, de talentos, de buena onda, de dignidad, y dice: nosotros no somos violentos. Nosotros no desaparecemos a nadie.
Un principio: no hacer el mal. En tu caso, no tocar a nadie. Guarda las composturas, haz el buen papel, y si tienes que ser tú, sélo a solas. No hagas daño, y pásate la vida riéndote tristemente de quienes piensan que no podrías, que no sabrías. Empieza siendo un principio según el cual vives, y termina siendo tú, o no, según para quién y según cómo quieren verlo. En tu mente, por lo menos, funciona. El mandamiento, el imperativo categórico, parece claro.
Luego sobreviene, otra vez, la niebla.
Comments
Post a Comment