Revolución cultural
En un mismo día, en el Telégrafo, dos intelectuales burocráticos de peso, un Fabrizio Reyes de Luca por un lado y un Pablo Salgado Jácome por otro, se enzarzan en un diálogo de sordos. El uno dice que "el arte y la cultura" entran en los "seis aspectos" que "reclaman la atención de cualquier propuesta" en torno a la reducción de la pobreza. El Estado, por supuesto, "está llamado a una intervención decidida" en ese tema. El otro explica que ya ha habido, y hay, tal intervención decidida por parte del Estado, que cada año entrega "importantes recursos económicos", robados del sufrido contribuyente, a los artistas, y que sin embargo, hay "crisis" en el sector. Es decir, los "artistas" favorecidos con esos dineros robados, en lugar de escribir imperecederas novelas, libros de poesía y obras de teatro, o de dirigir inmortales películas, o de componer importantes sinfonías, o de embellecer los aseos públicos con sus significativos grafitos, todo a mayor gloria de la Revolución Ciudadana, prefieren embolsillarse la plata y gastárselo en farras en la zona rosa y en putas de la 18. Claro, porque para ser artista primero hay que vivir un poco, ¿no es así?
Me pregunto quién tirará la primera piedra. Yo no, por supuesto. Mi solidaridad de artista fallido (la parte "vivir" más o menos me salió a pedir de boca, la otra no tanto) me lo impide. No diré que haría exactamente lo mismo que ellos, pero... bueno, reconozcamos por lo menos que no es lo mismo ganarse algo con esfuerzo que encontrarse la plata llovida del cielo (por oficios del SRI). El destino de los fondos obtenidas de una y otra manera suele ser bien diferente. Y he aquí el punto.
El otro día, en el mismo diario, nos deleitaron con la noticia de que Ecuador es el país más democrático del mundo, o casi. El World Values Survey así concluye, basándose en unas encuestas recientes. Bien. No voy a ponerme a pelear con un millar de encuestados anónimos por unas apreciaciones de discutible interpretación. Lo que interesa del sitio web del WVS es, para mí, esto:
No hay cómo perderse, ¿verdad? El infeliz (yo) que pelea a diario con la aritmética Micawberense, intentando mantenerse a flote en una mar de compromisos financieros (ya no quieren que el pequeño siga en esa escuela barata de Durán; hay petición de nevera nueva; el subsidio al gas peligra, toca conveccionarse rápido; mi maestría puede o no servir en el 2017, senescyt volente, por lo de la materia afin) vive en un universo absolutamente separado del de, digamos, el asambleísta de tropa o el columnista del Telégrafo, donde los problemas de la supervivencia ya están resueltos, y sólo toca autoexpresarse. Es imposible que habitantes de estos dos mundos, el de la cruda supervivencia y el de la autoexpresión, lleguen a entenderse, pues parten de valores diferentes. O tal vez no tan imposible. Si eres expresionista, medita lo siguiente:
Los "recursos" ("económicos" o no: también hay el atún), eso que tanta falta hace, eso que salvamos de entre las mismas fauces del tiburón, no son un grande y maravilloso pastel que sólo falta "repartir", y si cae algo al suelo, pues para los perros (léase, asambleístas) y tranquilo, pues para todos hay, y mucho más.
El enemigo no es aquél que tiene en su plato dos tajadas de pastel, porque llegó antes y se sentó en la silla más estratégica.
Los recursos son una llama que hay que seguir soplando para que no se extinga. Los recursos son jodidamente escasos. Por eso hay toda una materia universitaria, una carrera, una profesión, dedicada por entero a su jodida escasez. Se llama economía, la ciencia de la asignación de lo jodidamente escaso. Y desde el momento que empiezas a dar de patadas a los sopladores de la llama, a los que realmente producen estos recursos, y les robas su plata y la regalas a vividores, con ínfulas artísticas o sin ellas, porque te fascina más la #igualdad que la razón aurea, y porque quieres que hagan una película en tu honor, y si luego hasta te pones a robar a las generaciones venideras, porque has ideado un sistema económico que te lo permite, pues antes de proceder, ponte a leer sobre la colectivización agrícola soviética, o si no te convence, habla con un venezolano, de los que no rezan padrenuestros a un bufón occiso o tienen pajaritos en la cabeza.
El enemigo es eso mismo: la escasez, y el trabajo que nos cuesta superarla. No hay para ningún perro. El mundo no está diseñado de esa manera.
"The largest increase in existential security occurs with the transition from agrarian to industrial societies"... precisamente por eso, por una ilusión óptica, porque ya no ves de dónde viene la comida que aparece en las tiendas, y por tanto, te quedas con la superstición de que, como tiendas muchas hay, vivimos en medio de una cornucopia de "recursos", y si no te tocan todos los "recursos" que quisieras, debería ser por alguna injusticia.
En fin. Casi produce ternura ver cómo esos dos grandes intelectuales se dan de cabezazos contra la pared de la propia incomprensión, al preguntarse cómo puede ser posible que un gobierno tan, tan revolucionario no haya podido generar una "cultura", unas "expresiones artísticas" de majestad conmensurable. El uno termina por la vía paternalista-autoritaria, explicando a los artistas que sus producciones "pueden ser la construcción de una visión ‘disidente’ con respecto al mundo dominante del cual los pobres son excluidos y la irrupción de la aspiración a una vida digna." Es decir: basta de huevadas, ustedes son pobres, verdad, pues a retratar pintorescamente la propia pobreza y su aspiración a una vida digna, y no olviden decir quiénes les ha facilitado esa vida digna, toma, aquí tienen su cheque, manos a la obra. El otro se acerca al tema por la vía de la paradoja en el mejor estilo Zen: "La cultura y la creación existirán siempre; al margen del ministerio o, mejor dicho, a pesar del ministerio. Por ello es hora de que el nuevo ministro Francisco Borja abra de par en par las puertas e inicie una gestión incluyente y participativa." Es decir: la creación necesita estar desvinculada de la política, y sólo es posible "al margen" de ella: por tanto, hay que hacer lo posible para que el creador encuentre a un político cada vez que meta la cuchara en la sopa. Ustedes traten de entenderlo: yo ya renuncié.
Con lo fácil que es abrir un libro de historia del arte, de la literatura, de la rama que sea, y darse cuenta de que los fondos gubernamentales son para la creación artística más o menos como la sal para las babosas.
Y con lo fácil que es abrir un libro de economía y encontrarse también el por qué.
Si la misma expresión "Ministerio de Cultura" no te produce una mueca de sorna cada vez que la escuchas, es que te falta afinar un poquito el intelecto. Cultura y política no son complementarios: son antónimos. La auténtica revolución cultural será cuando aprendan a dejar la cultura en paz.
Me pregunto quién tirará la primera piedra. Yo no, por supuesto. Mi solidaridad de artista fallido (la parte "vivir" más o menos me salió a pedir de boca, la otra no tanto) me lo impide. No diré que haría exactamente lo mismo que ellos, pero... bueno, reconozcamos por lo menos que no es lo mismo ganarse algo con esfuerzo que encontrarse la plata llovida del cielo (por oficios del SRI). El destino de los fondos obtenidas de una y otra manera suele ser bien diferente. Y he aquí el punto.
El otro día, en el mismo diario, nos deleitaron con la noticia de que Ecuador es el país más democrático del mundo, o casi. El World Values Survey así concluye, basándose en unas encuestas recientes. Bien. No voy a ponerme a pelear con un millar de encuestados anónimos por unas apreciaciones de discutible interpretación. Lo que interesa del sitio web del WVS es, para mí, esto:
- People’s priorities shift from survival to self-expression values as their sense of individual agency increases (or backwards from self-expression values to survival as the sense of individual agency decreases).[5]
- The largest increase in individual agency occurs with the transition from industrial to knowledge societies. Consequently, the largest shift from survival to self-expression values happens in this phase.[5]
No hay cómo perderse, ¿verdad? El infeliz (yo) que pelea a diario con la aritmética Micawberense, intentando mantenerse a flote en una mar de compromisos financieros (ya no quieren que el pequeño siga en esa escuela barata de Durán; hay petición de nevera nueva; el subsidio al gas peligra, toca conveccionarse rápido; mi maestría puede o no servir en el 2017, senescyt volente, por lo de la materia afin) vive en un universo absolutamente separado del de, digamos, el asambleísta de tropa o el columnista del Telégrafo, donde los problemas de la supervivencia ya están resueltos, y sólo toca autoexpresarse. Es imposible que habitantes de estos dos mundos, el de la cruda supervivencia y el de la autoexpresión, lleguen a entenderse, pues parten de valores diferentes. O tal vez no tan imposible. Si eres expresionista, medita lo siguiente:
Los "recursos" ("económicos" o no: también hay el atún), eso que tanta falta hace, eso que salvamos de entre las mismas fauces del tiburón, no son un grande y maravilloso pastel que sólo falta "repartir", y si cae algo al suelo, pues para los perros (léase, asambleístas) y tranquilo, pues para todos hay, y mucho más.
El enemigo no es aquél que tiene en su plato dos tajadas de pastel, porque llegó antes y se sentó en la silla más estratégica.
Los recursos son una llama que hay que seguir soplando para que no se extinga. Los recursos son jodidamente escasos. Por eso hay toda una materia universitaria, una carrera, una profesión, dedicada por entero a su jodida escasez. Se llama economía, la ciencia de la asignación de lo jodidamente escaso. Y desde el momento que empiezas a dar de patadas a los sopladores de la llama, a los que realmente producen estos recursos, y les robas su plata y la regalas a vividores, con ínfulas artísticas o sin ellas, porque te fascina más la #igualdad que la razón aurea, y porque quieres que hagan una película en tu honor, y si luego hasta te pones a robar a las generaciones venideras, porque has ideado un sistema económico que te lo permite, pues antes de proceder, ponte a leer sobre la colectivización agrícola soviética, o si no te convence, habla con un venezolano, de los que no rezan padrenuestros a un bufón occiso o tienen pajaritos en la cabeza.
El enemigo es eso mismo: la escasez, y el trabajo que nos cuesta superarla. No hay para ningún perro. El mundo no está diseñado de esa manera.
"The largest increase in existential security occurs with the transition from agrarian to industrial societies"... precisamente por eso, por una ilusión óptica, porque ya no ves de dónde viene la comida que aparece en las tiendas, y por tanto, te quedas con la superstición de que, como tiendas muchas hay, vivimos en medio de una cornucopia de "recursos", y si no te tocan todos los "recursos" que quisieras, debería ser por alguna injusticia.
En fin. Casi produce ternura ver cómo esos dos grandes intelectuales se dan de cabezazos contra la pared de la propia incomprensión, al preguntarse cómo puede ser posible que un gobierno tan, tan revolucionario no haya podido generar una "cultura", unas "expresiones artísticas" de majestad conmensurable. El uno termina por la vía paternalista-autoritaria, explicando a los artistas que sus producciones "pueden ser la construcción de una visión ‘disidente’ con respecto al mundo dominante del cual los pobres son excluidos y la irrupción de la aspiración a una vida digna." Es decir: basta de huevadas, ustedes son pobres, verdad, pues a retratar pintorescamente la propia pobreza y su aspiración a una vida digna, y no olviden decir quiénes les ha facilitado esa vida digna, toma, aquí tienen su cheque, manos a la obra. El otro se acerca al tema por la vía de la paradoja en el mejor estilo Zen: "La cultura y la creación existirán siempre; al margen del ministerio o, mejor dicho, a pesar del ministerio. Por ello es hora de que el nuevo ministro Francisco Borja abra de par en par las puertas e inicie una gestión incluyente y participativa." Es decir: la creación necesita estar desvinculada de la política, y sólo es posible "al margen" de ella: por tanto, hay que hacer lo posible para que el creador encuentre a un político cada vez que meta la cuchara en la sopa. Ustedes traten de entenderlo: yo ya renuncié.
Con lo fácil que es abrir un libro de historia del arte, de la literatura, de la rama que sea, y darse cuenta de que los fondos gubernamentales son para la creación artística más o menos como la sal para las babosas.
Y con lo fácil que es abrir un libro de economía y encontrarse también el por qué.
Si la misma expresión "Ministerio de Cultura" no te produce una mueca de sorna cada vez que la escuchas, es que te falta afinar un poquito el intelecto. Cultura y política no son complementarios: son antónimos. La auténtica revolución cultural será cuando aprendan a dejar la cultura en paz.
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