La dictadura del amor

Imagina, con Lennon, un país donde no hubiera pobreza, donde no hubiera enfermedad, donde no hubiera religión, donde todo el mundo viviera hasta los 90 años, donde no hubiera desempleo y todo el mundo trabajara en un campo por el que sintiera afinidad y vocación. ¿Cierto que quisieras vivir en ese país? Yo también, cualquiera querría... ah, pero te dicen, hay un solo inconveniente: es que se trata de una dictadura.

Al parecer, todavía, con este último dato, habría candidatos para emigrar allá. No soy uno de ellos. Prefiero pobreza, enfermedad, desempleo, muerte prematura y dolorosa, hasta música "cristiana", antes de apoyar una dictadura. Digo "prefiero": prefiero para mí. Mis preferencias no abarcan a otras personas. Cuando tienes una familia, y las consabidas responsabilidades, tus preferencias personales ya no cuentan apenas, salvo en los dilemas éticos primordiales.

Ah, dicen, pero tu deber es apoyar activamente esa dictadura por el bien de los demás, por el bien común: otra cosa fuera egoísmo. Puede que a ti no te importa tu salud, pero te tiene que importar la salud de los demás, por solidaridad. Y si esa dictadura la precautela, y además construye magníficas carreteras y refinerías, tus escrúpulos personales ya no vienen a cuenta.

Es cuando cierras los ojos y te imaginas un mundo absurdo, kafkiano, en que todo el mundo sufre y se sacrifica por "los demás": un mundo lleno de sacrificios inútiles, porque nadie se atreve a decir "lo que has desvivido para darme, no me sirve de nada, no lo quiero". Un río como el de Poe en ese mítico Zaire, un río de terrible silencio que lleva los cadáveres de los santos, candentes, al inmenso mar de la eterna futilidad. El sacrificio universal, la eternización de la espera de una sonrisa de auténtico gozo, una sonrisa femenina, que nunca viene, porque ahora, por decreto, todo es compromiso.

Porque el rechazo a la dictadura, tan tajante, tan innegociable, no se debe confundir con el rechazo a que te priven de la posibilidad de escoger, cada 4 años, entre 4 almibarados imbéciles con peinados ligeramente distintos e idéntica cara de yo no fui. El voto es lo de menos. Ya estamos en el s.XXI: los políticos ya no "piden" tu voto, eso es historia antigua, ahora lo fabrican nomás, con las consabidas técnicas del marketing. Ya ni es un voto. Es una molécula de una sustancia gelatinosa, viscosa, indivisible. La cuestión no es ésa. La cuestión es vivir una vida plena: lo único que una dictadura siquiera teórica no puede prometer a sus devotos.

¿Una vida plena para quién? preguntan con sorna. Ya veo, para unos cuantos "ricos". No. Empiezo a creer que nunca en la vida he conocido a un "rico". Empiezo a creer que fabricaron el mito ése de "los ricos" después de encontrar al esqueleto de un Protoceratops en una zona aurífera, al igual que pasó con el Griffin y no sé cuántas más bestias fabulosas. Esperen llegar a mi edad, y lo entenderán mejor. Pasa con tu egoísmo lo mismo que con tu pene: lo llevas por rutina nomás, pero hace mucho ya no influye en tus propósitos ni en tus planes ni en tu filosofía. Es sólo una cosa de adorno. Llegas a una edad en que todo dilema se resuelve siempre, rutinariamente, a favor de "la humanidad", de esa cosa que compartimos, de esa chispa. Si hay ricos, la mayoría serán tan viejos que lo mismo aplicará en su caso. Entre un rico y una verga enhiesta mucho trecho, muchas puertas cerradas siempre ha de haber.

Así que ellos piden que sacrifiques esa chispa, esa alegría, esa tranquilidad, esa verga, esa espina dorsal, ese cerrar la puerta y saber con razonable seguridad que no vendrán matones uniformados por la madrugada para abatirla a patadas y robar tu porno, esa posibilidad de comunicar con otros en libertad, esa posibilidad de vivir sin miedo (salvo para con las cosas que dan miedo, por ejemplo, los dentistas), ese saber distinguir y dirimir a conveniencia entre tus egoísmos y tus diversos altruismos, y de reconocer en la cara guapa de ella una sonrisa de gozo y distinguirla de otra de cumplimiento, porque gozar egoístamente ya no infringe la ley, y así, de poder vivir para hacerla gozar, para verla sonreir de esa manera. Te piden que sacrifiques todo eso en el altar del "bien común".... pero ¿si el bien común resulta ser eso, eso que acabo de decir, la libertad de todos para descubrirse ellos mismos? ¿Hay otro bien común posible?

Claro, dicen ellos. El bien común material. Lo único que cuenta es lo material. Pero ojo con ser materialista. Eso no está bien.

Empieza a salir humo.

Sí - prosiguen. - Exigimos que ustedes no sean egoístas, sino que sean altruistas, y la mejor manera de ser altruista es apoyar un sistema en que nadie puede ser altruista, porque nadie puede saber lo que realmente quieren los demás, ni puede dárselo, ni debe insultarles creyendo que pueden querer algo para ellos mismos, egoistamente.

Más humo.

De Diego de San Pedro tuvimos la Cárcel del Amor: ahora de un autor más contemporáneo viene la "Dictadura del Amor", y no faltará en un futuro próximo quien pruebe suerte con el Butt-Plug del Amor y no sé cuántas permutaciones más con el mismo sustantivo, todas igualmente defendibles y decorosos si admites que Amor es una palabra con una historia bien promiscua y prácticamente sin sentido hoy en día: prueba de ello es la facilidad con que la llevan al infinito sin siquiera hacer una pausa para tomar aire. Pero quedarán los pedantes que dirán que "dictadura del amor" suena como verga con miel: si te gusta ese tipo de cosa, bien, pero no deja de ser una vulgar conflación de categorías. En fin: todo lo que sea "del amor" me da ganas de hurgarme la nariz.

Hablando de la vejez...

Acabo de caer ante un rutinario clickbait de ésos que pone Yahoo en su página principal. Era sobre una historia increíblemente insípida de una tal, pongámosle Ana, que tuvo (en su desesperación por encontrar marido) una cita con un tal Pongámosle Pedro. Después de la cita, Pongámosle le dirige a Ana una misiva por correo o SMS o Facebook o lo que fuese, a tenor de que "me gustaste, eres muy divertida, guapa, etcétera, pero no eres mi tipo físicamente, pues a mí me van las delgadas". Para el autor/la autora (quién sabe) del artículo el mensaje no estuvo bien. Intenta llevar a la poco imaginativa respuesta de Ana a la categoría de genialidad, en aras de clickbait ("A mí no me importa ser gorda, si sirve para alejar a cerdos como tú", algo por esa línea, lo típico). Introduce el asombroso argumento de que la respuesta de Pongámosle estuvo mal "porque hirió a Ana en lo más íntimo y profundo que toda mujer tiene, esa autoestima basada en su peso".  ("Toda mujer", textual.)  De modo que por un segundo quedas pensando: ¿y cuál sería la respuesta correcta para un Pongámosle? ¿Simplemente evitarla a Miss Demasiado Gruesa, no decirle nada? ¿Mentir y decir que acaba de recordar que tiene esposa y 12 hijos en Addis Ababa? ¿Decir que lo que no le gustó del aspecto de ella fue la relativa longitud de sus dedos meñique respecto a los otros? ¿O bien se supone que cualquier "gracias pero no" te convierte en un cerdo? Probablemente lo último: otra vez, debes sacrificarte, seguir saliendo con quien no te gustó hasta que ella sea quien te envíe a freír espárragos, es lo único lícito. Lo que me recuerda que entre las pocas lecciones que puedo darle a mi hijo ante lo confuso y contradictorio de las relaciones sexuales es ésta: nunca, pero nunca, hagas nada a, o con, o para una mujer "por amor". Si no sabes dar a tu cobardía, tu deseo de "quedar bien", tu repugnancia ante las lágrimas, tu conformismo, tu cansancio, tu traicionera ternura, tu curiosidad por saber "el desenlace", tu intermitente lujuria o lo que fuese un nombre más preciso, ese algo sin nombre no merece que lo tengas ni lo uses como motivo. Olvídate del amor: es el Ratoncito Pérez de los medio adultos. Hazme caso, o no, a tu propio riesgo. He dicho.

(Pero ¿sabes lo que más tristeza te da en la vejez? Es recordar que una vez, todas esas gilitudes, ese mercado de "relaciones" de desesperados huérfanos crustáceos, te importó. Tanto tiempo perdido tomando en serio lo que no se puede tomar en serio, despreciando a los excelentes anisópteros.)


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