Libertad, piel de aguacate

En piel de aguacate quedan algunas palabras cuando se las vacía de significado. Por fuera aún duras y brillosas, por dentro más o menos huecas, salvo aquellos resquicios que la cuchara, apresurada, perdonó. Tal fenómeno como el deshuesado del lenguaje sólo será lamentado por aquellas personas que añoran una palabra instrumento (no sólo expresión) del pensamiento; para el resto, el deber de una palabra es significar, sumisa, lo que uno quiere o necesita en ese momento.

Así, una autora en una revista en línea puede lamentar (acerca de una reciente decisión judicial en Canadá) que "la 'libertad de expresión' de los hombres ha quedado por encima del derecho de las mujeres a sentirse seguras". Es decir: la libertad de expresión, consagrada en cuanta constitución haya nacido sin cesárea en el mundo, ya no es derecho o no merece ser mentada como tal, y en cambio el "sentirse seguras" sí lo es, pese a no constar en cuerpo legal alguno... porque a mí me place, y soy feminista, y punto.

Y si algunas escritoras se querellan con el significado, entendido como denotación, de una palabra, otros, gustosos, se lían a zarpazos con sus connotaciones o, para ser más exactos, collocations. Así el caso Dictionarygate de la semana pasada, donde el Guardian, nada menos, se rebajó, ante la hilaridad e incredulidad generales, a publicar un artículo que lamentaba la inclusión de la expresión rabid feminist como ejemplo del uso del dichoso adjetivo, aseverando que un diccionario tiene la responsabilidad, no tanto de ilustrar el uso de las palabras en el mundo real, sino - en plan chaperone victoriana - de velar por la pureza de sus compañeros de cláusula. Si bien una feminista puede ser rabid en la expresión popular, no debe constar como tal en un diccionario, pues el hipotético usuario carente de personalidad propia, inteligencia o pensamiento crítico podría derivar de ahí algún "prejuicio", aunque el autor no especifica cuál, pues lo único que se saca en limpio de tal expresión es que algunas feministas son rabiosas y otras, por lógica elemental, no... es decir, que las feministas son seres humanas. No sé si hoy día rebajarlas a tal categoría se considera señal de irrespeto. No me extrañaría.

En fin. Ya en otro apartado hemos hablado del "slut shaming", otro caballo de batalla feminista, donde supuestamente el "patriarcado" sería el responsable de usar "slut" como insulto, a pesar de que (dejando aparte que muchos hombres gays se autocalifican entusiasmadamente con esta palabra) los únicos usos documentados con esa tonalidad despectiva en el mundo hetero son de origen femenina, pues el sentido común nos dice que ningún hombre en sus cabales va a querer ensuciar un vocablo que representa una especie de apoteosis de todo lo que en las mujeres se considera comúnmente deseable, v.gr. entusiasmo por el sexo, nulo interés por la pulcritud y el aseo, y un largo etcétera de excelentes y entrañables virtudes. Imaginemos si no el caso de un hombre que se enfrenta a su cita a ciegas y escucha: a propósito, soy feminista. Aun sin el rabid, se le va el corazón a los pies, pues interpreta, creo que con mucho tino: carezco completamente de sentido de humor, soy puritana, me encanta hacerme la víctima, buscar imaginarias infracciones y colmar de insultos a todo aquel que no esté de acuerdo conmigo. En cambio, escucha: a propósito, soy una zorra. Ahí sí, levanta los ojos al cielo y silenciosamente ofrece un voto de agradecimiento a Cupido, o a quien haya puesto este tesoro en su camino. Pero el patriarcado, como el papel, aguanta todo: es una de las múltiples ventajas de no existir. Y hablando de enemigos cómodamente inexistentes...

Ya hemos comentado en otros lugares lo curioso de esa palabra neoliberal, carente de significado preciso por no decir de devotos confesos, que hoy día parece haber desterrado a fascista como insulto predilecto de jóvenes progresistas (se supone que más de uno se habrá dado cuenta de que entre el progresismo de hoy y el fascismo de antaño hay demasiadas similitudes como para encima hacerlas notar). Ya en su momento formulé el axioma: si en un texto encuentras la palabra neoliberal, la falta de seriedad y de rigor académico ya son cien por cien garantizables, y el texto en sí, por ende, perfectamente prescindible. Pero aun así, decidí darle a Tatiana Hidrovo Quiñónez el beneficio de la duda esta vez. Ya no más.

Más allá de los simplismos históricos y las atropelladas e incómodas formulaciones ideológicas que hacen pensar en un catequismo de algún partido izquierdista-populista (barrunto una educación emepedeísta), lo que trasciende del artículo de la Hidrovo-Q es la clara intencionalidad de cercar y neutralizar la palabra libertad, ensuciarla, problematizarla, academizarla, para que el lector se lo piense dos veces antes de soltarla: "iba a decir libertad, pero ¿en qué tipo de libertad estoy pensando, en la buena o en la mala?... y ¿cuál era la diferencia entre ambas? ... ¿tenía algo que ver con el ecologismo?... Mierda, ya no me acuerdo... mejor escojo otra palabra que no sea tan espinosa y complicada de definir..."

Es decir, las tres sílabas de "libertad" incomodan tanto al telegrafista como las dos de "puta" a la guerrera de justicia social.  Y si lo incómodo no lo podemos prohibir, lo que nos queda es la resignificación, el vaciado sigiloso, el deshuesado del aguacate.

Por supuesto, Orwell llegó primero, con su Freedom is Slavery... pero atrás viene el ejército de autoritarios, y vaya estampida que ahora tenemos.

Resumiendo:

En su concepción moderna la idea de libertad es relativamente nueva, apenas surgió hace unos trescientos años

Cuénteselo a Espartaco.

Pero el liberalismo se bifurcó en su momento en dos corrientes: la que consideró que su razón de ser eran los derechos del hombre y, por lo tanto, se ancló a una perspectiva humanista; y la que en contraparte consideró que lo más importante era la libertad del comercio y garantizar el derecho a la propiedad privada.

Es decir, el "derecho a la propiedad privada" no es uno de los "derechos del hombre" ni forma parte de una "perspectiva humanista". Novedosa teoría.

Los humanistas desarrollaron desde el siglo XVIII la idea de los derechos fundamentales, es decir el derecho a la libertad de expresión, a la libertad de cultos y a la vida

Y dale. Los derechos naturales, según Locke y sus humanistas seguidores, eran tres: vida, libertad y propiedad (estate).  La Hidrovo-Q tapa la de propiedad (estate) con un pañuelo de seda, y con un abracadabra, saca el pañuelo y ¡oh sorpresa! ¡se ha convertido en un conejo! (aplausos). Asimismo, "libertad" se ha convertido en dos libertadcillas: expresión y "culto". La libertad de, por ejemplo, asociarse con otros, hacer reuniones y huelgas, manifestarse en la calle, casarte con quien te dé la gana, o de andar enseñando los muslos, con estrías y todo, éstas pues dependen de lo que dice nuestro amado Líder, no adelantemos.

La mayoría de nosotros estamos convencidos de que la idea de libertad es inmemorial, es un don natural y siempre estuvo relacionada con los individuos humanos. Sin embargo,

Oye, Tati, parece que nunca has tenido una avispa en el carro, ni un jilguero en una jaula, ni un assange en una embajada, ni un grillo en el calzón, para que sueltes esas sandeces de sinembargos. "La idea de libertad" es algo que cualquier criatura multicelular descubre rapidito en cuanto se le impide la movilidad, se le amordaza la boca o se le acerca un policía de la Met. Y la Torre de Londres tiene algo más de 300 años.

el origen de esta idea, en el mundo moderno, tuvo que ver con el interés de una nueva clase social, la burguesía, que necesitaba que se liberara a los siervos y esclavos para que engrosaran la masa de obreros industriales

Empiezo a pensar que la Idrovo-Q realmente debería volver a la escuela, entrevistarse con la directora y exigir que le devuelven lo pagado por su educación emepedeísta, pues no le permite dar pie con bola. Si no, que me complazca detallando cuántos miembros del nuevo proletariado industrial en países como Inglaterra o Alemania eran ex esclavos "liberados" según órdenes de Voltaire y JS Mill para "engrosar la masa" de obreros, y asimismo, qué clase social había más consumidora de "siervos" (allá se decían sirvientes) que esa nueva burguesía que, según ella, quería prescindir de todos ellos concediéndoles (¿ilusoriamente?) su "libertad".

El principio liberal de libertad fue deformado por el neoliberalismo, una técnica política

Esto se vuelve divertido. La semana pasada, el neoliberalismo era una ideología. La otra, una escuela de economía. La otra, una actitud (gracias Pierrot). Ahora es una simple técnica. Resulta que no solamente no hay acuerdo sobre lo que el sucio neoliberal cree, ni sobre lo que dice, ni sobre lo que hace, sino que tampoco hay acuerdo sobre si existe como ente estable: lo digo porque si yo utilizo, para desasfixiar a un comensal, la técnica de Heimlich, o si uso la técnica del baloncesto para retardar la llegada del orgasmo, esto no me hace ni heimlichiano ni baloncestista en cuanto a identidad propia supracoyuntural. Y eso que quería fundar un Club de Neoliberales en mi barrio. Double drat.

mediante la cual se busca achicar a los Estados para que no interfieran en el libre comercio de la mercancía tangible e intangible, y la explotación del trabajo humano sin respetar derechos individuales y colectivos, con el propósito de facilitar la acumulación de capital real e irreal, y crear las condiciones para que grupos de poder anclados a imperios controlen el mundo.

 Es decir, si no queremos que "grupos de poder" "controlen el mundo", hay que confiar en "los Estados", es decir, en grupos de poder que quieren controlar el mundo. 'Ave a banana.

Mientras los pueblos usan el discurso de la libertad en relación a sus derechos humanos y a la soberanía, los poderosos anclan el principio a la libertad mercantil, al libre mercado. Así mismo, manosean el principio de libertad, para decir verdades o mentiras con fines políticos y usan a la prensa, aunque con ello afecten derechos humanos, uno de ellos la honra.

Dirán que sólo tengo cincuenta y cuatro años, y es cierto, pero nunca en la vida he conocido el caso de algún "poderoso" que abogue por el libre mercado, ni uno. Algunos empresarios y políticos usan el término en su retórica, porque da resultado, pero en la práctica todos ellos se colocan firmemente en contra de la eclosión de un mercado de esas características, y a favor del status quo, es decir, del salvataje de bancos "too big to fail" y otros sinsabores por el estilo: de hecho, en el mundo actual, buscar interferir en el libre mercado es prácticamente sinónimo de "ser poderoso".

La mínima libertad necesaria para que no tengamos otra Kampuchea Democrática (la que al parecer Idrovo-Q sí quiere para sí y para nosotros), ésa sí nos la conceden gustosos. No es mucho decir.

La pregunta relevante entonces sería:¿por qué de puertas afuera dicen creer en el libre mercado, cuando los hechos lo contradicen constantemente? ¿Por qué "da resultado" esa retórica? Ustedes tendrán sus respuestas; la mía es, porque la gente en general tiene la suficiente inteligencia como para darse cuenta de que "libre mercado", si existiera, no significaría ni más ni menos que la libertad del individuo para vender lo que quiere vender, al precio que quiere, y comprar lo que quiere comprar, cuando puede y al precio que puede. En términos prácticos: significaría no tener que ir a Colombia o a Perú para comprarse un laptop, un carro o unos cartones de Marlboro, y luego comprarle la vista gorda al guardia en la frontera, sino simplemente ir al centro comercial o al vendedor local y pagar el precio razonable sin "salvaguardias" y otras ridículas distorsiones al servicio del caudillo populista de turno. Ese libre mercado.

El libre mercado, en suma, le beneficia a todas las personas, menos a una: el poderoso, el que se queda con el excedente ése que se paga cuando se tiene la mala suerte de tener un gobierno como el que tenemos.

Para "redistribuirlo", claro. Sigamos.

Libertad es una bella palabra; América Latina le dio otro contenido

Era una bella palabra, mientras significaba algo, así que hubo que terminar con eso pero ya, y darle "otro contenido" lo más rápido posible. Entendido.

En general la izquierda latinoamericana ha cocido el principio de libertad al principio de la vida.

¿Eres vivo? Pues agradécele al Comandante, compañerito, y deje de fregar con eso de la libertad, que bastante libertad tienes con que no te fusilemos ahora mismo. (No necesitarás esta vaca.)

Ahora existen nuevos pensamientos, como el del ecosocialismo, que amplían la noción de libertad como sinónimo del derecho a la vida como expresión múltiple y compleja contenida en la naturaleza.

Esto me recuerda un video que vi ayer, en que una joven e ingenua chica de algún programa de MTV explicaba solemnemente que alargar la lista de las cosas que no se pueden decir (por no "ofender") significa "ampliar" la libertad de expresión. Me quedé embelesado.

Lo mismo aquí: alargar la lista de los entes cuyos supuestos derechos limitan tu libertad es una forma de "ampliar" tu libertad. Ahora no solamente tienes que preocuparte por no orinar sobre las papas fritas de tus semejantes humanos: también debes pensar en las papas fritas de las orugas, de los grillos y de las Aedes aegypti, todos ellos parte de esa "naturaleza" con derecho a vida igual que tú.

Este enfoque budista, este amor por la vida en toda su abundancia, ese no matarás perentorio y extensible hasta al más humilde bacterium, esa exquisita sensibilidad, impresionaría, y hasta seduciría, si uno no sospechara que forma parte de una, digamos, técnica, mediante la cual se busca achicar la libertad de los individuos para que no interfieran en los planes de reelección de la clase dominante, haciéndoles creer a dichos individuos que aspirar a una vida algo más libre y más interesante que la que se tiene es síntoma de oprobioso egoísmo. Y de hecho, la técnica está bien pensada: no se me ocurre ninguna prohibición, ninguna opresión, ninguna barbaridad, que no sea en principio susceptible de una justificación ecológica post facto. Los Nazis, con su valiente plan de diezmar la población humana de todo un continente, era la gente más ecológica del mundo. Este show dará mucho de sí: es una promesa.

En la contracara, yace el principio neoliberal que busca proteger al mercado, como si fuera un ser vivo. Actualmente la gran lucha en el mundo tiene que ver, en definitiva, con los dos conceptos opuestos de libertad, el uno profundamente ecohumanista, y el otro basado en la codicia.

Este párrafo, Tati, es un buen ejemplo de por qué no volveré a leerte. Acusar a quienes quieren intercambiar libremente recursos con sus semejantes en beneficio mutuo (porque una transacción libre es de mutuo beneficio prácticamente por definición), en paz y con las reglas claras - acusar a tales personas de "codicia", es como acusar a quienes quieren relacionarse y casarse libremente por amor sin importar género ni otros prejuicios sociales, de "lujuria" o "egoísmo" (al estilo de algún prelado católico que escribe para el otro diario). Es ruin, es vil, es indigno de quien aspire a ejercer un periodismo responsable. Eso sí, es perfectamente coherente con esa visión autoritaria, colectivista y elitista que quiere imponer sobre nosotros, y en pos de la cual necesita que olvidemos lo que significa ser libres, y que el diccionario se reescriba en consecuencia.

Lo siento, pero para vaciar el aguacate necesitará algún utensilio más adecuado para la tarea que un manojo de sustantivos abstractos y un vademécum emepedeísta. Aprende a escribir primero, luego veremos.

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