Teteteteagua
El título es una cita textual de Endivio Roquefort Junior, de 4 años, autista y destacado dirigente del movimiento mundial de los Desaguados. Posibles traducciones:
Quiero agua.
Dame agua.
Necesito agua.
Por favor, ¿podría proporcionarme un poco de agua?
Lo interesante aquí es que en su actual etapa de limitada destreza lingüística, el niño parece haberse dado cuenta de algo que se enseña en cualquier curso de gramática inglesa que se precie, verbigracia, el principio de end-weight, según el cual en una frase bien construida la información más importante viene al final, lo cual a su vez remite a la eventual necesidad de usar recursos como la voz pasiva, etcétera. Habría que consultar a Chomsky para saber si este principio forma parte de nuestro hard-wiring universal. La intuición me dice que sí, a pesar de que los recuerdos de las clases de latín me dicen que no. En todo caso, a mí me parece lógico que coloquemos la información importante al final de la declaración, con independencia del idioma, pues si no lo hacemos, nos arriesgamos a que el oyente deje de escuchar cuando cree haber dado con lo esencial, dando lugar a posibles malentendidos posteriores. Para el niño, una escucha atenta a ese misterioso idioma de los adultos (o de los no autistas) le ha convencido de que la mayor parte de lo que decimos es sólo relleno, y que al final de unos cuantos te-te-te-te (aproximadamente: sobra tiempo para perfeccionar) viene lo medular.
Maravillosa inocencia.
En realidad, the devil is in the detetetetetails. Quiero decir que lo que parece relleno más adelante se nos revela como un mundo de mentiras, pues si algo se aprende en la clase de Manipulación 101, es a aprovechar en beneficio propio la estructura del discurso, de la siguiente manera: allí donde el oyente espera encontrar información nueva, sin verificar, posiblemente controversial, le colocas algo obvio, o algo que genere confianza y adhesión, mientras que allí donde espera encontrar simple desambiguación e identificador de sujeto (al principio de la frase, según ciertas ortodoxias), ahí le cuelas tu mentira (gracias, Sr Goebbels, aunque primero llegó Maquiavelo). Contra los argumentos creemos poder defendernos; pero contra lo obvio, los consensos universales, sobre todo cuando parecen conducir a conclusiones acertadas, a veces no.
De modo que el hábil manipulador puede conseguir que la gente discuta de cuál manera se garantiza mejor el "derecho a la información", sin darse cuenta de que tal derecho es una solemne idiotez (ni la constitución más progresista puede crear o garantizar un "derecho" que no dependa de la acción del gobierno, a menos que se implante primero la esclavitud), o bien, que se discuta cómo el gobierno debe organizar la educación, los servicios de salud, o (ver post anterior) combatir el racismo, cuando no está demostrado que el gobierno deba tener nada que ver en estos asuntos. Así pues, me animó leer esto en una columna de opinión del Telégrafo, ayer:
Cuando nos hablan como a tontos, se busca que actuemos como tales, que anulemos nuestro sentido crítico y que hagamos eco de frases trilladas que no podemos demostrar, pero que se quedan en las mentes de quienes las reciben. (...)
Nos manipulan cuando apelan a nuestras emociones para inducirnos a sentir miedo u orientar nuestra opinión y conducta en favor de intereses ajenos; y cuando nos venden la idea de que una postura vale porque “dizque” todo el mundo la tiene o porque es un mal necesario, o de todos el menos peor.
"Cuando nos hablan como a tontos"... el Sr Alvarado se habrá puesto incandescente al leer esto. Bien por ti, Ana María, pero no creo que en el Telégrafo vayas a durar mucho. Si los cheques de la columna son importantes para pagar la escuela del bebé, mejor aprende a hacer eco de frases trilladas, como eso de que La Revolución Ciudadana Está En Marcha, y deja que los señores de la Revolución piensen por ti, pues para eso se les ha votado.
Quiero agua.
Dame agua.
Necesito agua.
Por favor, ¿podría proporcionarme un poco de agua?
Lo interesante aquí es que en su actual etapa de limitada destreza lingüística, el niño parece haberse dado cuenta de algo que se enseña en cualquier curso de gramática inglesa que se precie, verbigracia, el principio de end-weight, según el cual en una frase bien construida la información más importante viene al final, lo cual a su vez remite a la eventual necesidad de usar recursos como la voz pasiva, etcétera. Habría que consultar a Chomsky para saber si este principio forma parte de nuestro hard-wiring universal. La intuición me dice que sí, a pesar de que los recuerdos de las clases de latín me dicen que no. En todo caso, a mí me parece lógico que coloquemos la información importante al final de la declaración, con independencia del idioma, pues si no lo hacemos, nos arriesgamos a que el oyente deje de escuchar cuando cree haber dado con lo esencial, dando lugar a posibles malentendidos posteriores. Para el niño, una escucha atenta a ese misterioso idioma de los adultos (o de los no autistas) le ha convencido de que la mayor parte de lo que decimos es sólo relleno, y que al final de unos cuantos te-te-te-te (aproximadamente: sobra tiempo para perfeccionar) viene lo medular.
Maravillosa inocencia.
En realidad, the devil is in the detetetetetails. Quiero decir que lo que parece relleno más adelante se nos revela como un mundo de mentiras, pues si algo se aprende en la clase de Manipulación 101, es a aprovechar en beneficio propio la estructura del discurso, de la siguiente manera: allí donde el oyente espera encontrar información nueva, sin verificar, posiblemente controversial, le colocas algo obvio, o algo que genere confianza y adhesión, mientras que allí donde espera encontrar simple desambiguación e identificador de sujeto (al principio de la frase, según ciertas ortodoxias), ahí le cuelas tu mentira (gracias, Sr Goebbels, aunque primero llegó Maquiavelo). Contra los argumentos creemos poder defendernos; pero contra lo obvio, los consensos universales, sobre todo cuando parecen conducir a conclusiones acertadas, a veces no.
De modo que el hábil manipulador puede conseguir que la gente discuta de cuál manera se garantiza mejor el "derecho a la información", sin darse cuenta de que tal derecho es una solemne idiotez (ni la constitución más progresista puede crear o garantizar un "derecho" que no dependa de la acción del gobierno, a menos que se implante primero la esclavitud), o bien, que se discuta cómo el gobierno debe organizar la educación, los servicios de salud, o (ver post anterior) combatir el racismo, cuando no está demostrado que el gobierno deba tener nada que ver en estos asuntos. Así pues, me animó leer esto en una columna de opinión del Telégrafo, ayer:
Cuando nos hablan como a tontos, se busca que actuemos como tales, que anulemos nuestro sentido crítico y que hagamos eco de frases trilladas que no podemos demostrar, pero que se quedan en las mentes de quienes las reciben. (...)
Nos manipulan cuando apelan a nuestras emociones para inducirnos a sentir miedo u orientar nuestra opinión y conducta en favor de intereses ajenos; y cuando nos venden la idea de que una postura vale porque “dizque” todo el mundo la tiene o porque es un mal necesario, o de todos el menos peor.
"Cuando nos hablan como a tontos"... el Sr Alvarado se habrá puesto incandescente al leer esto. Bien por ti, Ana María, pero no creo que en el Telégrafo vayas a durar mucho. Si los cheques de la columna son importantes para pagar la escuela del bebé, mejor aprende a hacer eco de frases trilladas, como eso de que La Revolución Ciudadana Está En Marcha, y deja que los señores de la Revolución piensen por ti, pues para eso se les ha votado.
Para mas INRI:
ReplyDeleteMarx Carrasco: "no queremos que la gente saque su dinero "a especular en el mercado financiero internacional"...
"y esta medida no tiene porque golpear a la clase media, peor a los sectores populares"
Y hay quienes se lo tragan y piden mas.