Putas y poetas

Hace unos veinte años, en España, escuché brotar al padre de mi entonces novia la siguiente inolvidable interyección:

"Me cago en la Gran Puta de Oros."

No me acuerdo del contexto, aunque se me hace que el tipo entonces andaba algo frustrado. La cuestión es que la frase me pareció excelente. Ese mismo año, se la conté a mi hermana (la poetisa) y ella estuvo de acuerdo: tal expresión, efectivamente, encierra una enorme belleza y expresividad y será siempre motivo de legítimo gozo y jolgorio de parte de quienquiera la escuche, sobre todo si se la compara con lo que se le escaparía a un inglés en similares circunstancias, inevitablemente una miserable monosílaba de cuatro letras repetida tantas veces como abarca el cenit del enojo. La belleza de la expresión reside en su dramatismo, evidentemente, pero también en su misterio. Los españoles son muy proclives a cagarse en una impresionante variedad de objetos y sustancias, entre ellos la leche, la hostia, Dios, el número diez, por no hablar de la madre que a cualquier artilugio (carro, refrigeradora, llave de agua, presidente del gobierno, rallador de queso) supuestamente le habría parido; la mayoría de tales improvisados recipientes de atropellados excrementos verbales son fácilmente identificables, pero hasta la fecha no he podido dar con el nombre ni con el historial de susodicha Gran Puta de Oros, y no ha sido por falta de ganas. Sospecho que su origen puede remontar hasta aquella diosa supernumerariamente tetuda cuyo templo estuvo en Efeso, aunque sus mayores devotas pudieron ubicarse en Corinto, y que provocó la ira tanto de ese anónimo epistolero misógino que tuvo a bien disfrazarse del apóstol Pablo, como del loco de Juan, que en su más famoso acid trip la veía fundida con la ciudad de Babilonia, que algunos han querido identificar con la Roma de Nerón. De todas maneras, esa Gran Puta ocupa un lugar singular en el folclor castizo, apareciendo en diversas expresiones de habla coloquial, y provoca un sinnúmero de reflexiones, la mayoría vertientes forzosamente sobre esa terrible y maldita religión monoteista que en nuestro Occidente se ha ocupado durante dos milenios de cagarse en cuantas Grandes Putas ha podido, de infinidad de maneras, sin el mínimo respeto por lo antiguo y lo sagrado del oficio que ellas desempeñan. Y lo de sagrado no es un decir: en diversas civilizaciones a lo largo y ancho del mundo se ha identificado en diferentes épocas la vocación de puta con la consagración a alguna que otra divinidad, o con el ritual místico que une los opuestos y abre la puerta al goce sobrenatural. Y es evidente que la perversa ocurrencia de menospreciar, perseguir y estigmatizar al oficio más antiguo y más venerable del mundo sólo pudo haber nacido en la mente de un miserable representante del clero, o de un político, como lo demuestra en la actualidad el afán regulador e inquisitorial de ambas deshonrosas castas. De modo que estuve contento al enterarme (entre mudanza de casa y aparatoso accidente de carro) de que iba a haber una Marcha de las Putas. Qué bien, me dije, que a algunas se les ha ocurrido reivindicar su vocación, su importante labor, su imprescindible contribución a la estabilidad social. Pero se me fue el gozo al piso cuando los diarios dejaron claro que la tal marcha no había sido de putas, sino que era la misma marcha de siempre, que en Ecuador se repite casi todos los meses del año, es decir, la Marcha de las (y los) Todosomosistas.

Tanto la definición del término como mi rechazo a la actitud que encierra quedan registrados en este blog, pero resumimos: el Todosomosismo es un triste, pálido y cobarde reflejo de esa identificación con El Otro que a algunas personas en la historia les ha arrancado heroicas hazañas de autosacrificio. Es el deseo de identificarse con alguna cualidad o algún atributo envidiado y codiciado (aunque sólo sea ese atributo que se resume en ser víctima de moda), sin cargarse con ninguna de las responsabilidades ni de los sacrificios ni de los necesarios aprendizajes que ello normalmente supone. Así, si la atención mediática por algún motivo se enfoca en los problemas de los emigrantes, a alguien de buen seguro se le ocurrirá el lema de Todos Somos Emigrantes, aunque ese alguien no haya salido nunca de su parroquia de nacimiento. Lo que provoca bostezos, en todo caso, no es el confuso afán de solidarizarse durante unas cuantas horas con quienquiera que sea, sino la colérica estridencia y la patética actitud contestataria con que se pregona la innecesaria e infantil mentira.

Claro que, sin conocer personalmente a ninguna de las (y los) asistentes a la tal Marcha, no puedo asegurar que no hayan sido, efectivamente, todas putas (y putos). Pero lo dudo mucho, y esa duda se justifica con las declaraciones publicadas de las organizadoras y simpatizantes. Resulta, primero, que ellas piensan que "puta" es un insulto. Luego, que las personas a quienes supuestamente se les insulta con este término son mujeres "que visten como les da la gana". Así que lo que se reivindica no es más que eso, el vestirse como a una le da la gana (¿todavía habrá alguna que, fuera del trabajo, no lo hace?). Posiblemente, también, el llevar una vida sexual de ésas que mi esposa gusta de llamar "desordenadas"... aunque los medios han preferido no indagar demasiado en esa posible reivindicación secundaria. Ah, y había algunas que pensaban que la violencia y el estupro son cosas malas, y querían informar al público en general de tan original punto de vista. Y yendo más atrás en el tiempo (pues lo de las Marchas de Putas, como todo lo que se hace en Ecuador, es una interpretación a lo divino y con órgano Casio de algo de ultramar) resulta que había alguna que otra intención de protesta contra un jefe de policía canadiense que en un discurso habría recomendado, para evitar agresiones, que las mujeres se vistan como monjas. (Lo cual revela muy escaso conocimiento de la mentalidad del violador, de acuerdo, pero decir que con eso se disculpaba al agresor es una sorprendente estupidez. Si digo que para evitar robos mejor cierres las ventanas del carro antes de bajarte a comprar cigarrillos, ¿estoy justificando el robo? me cago en mis pequeñas medias de algodón.)

Nada de esto, desde luego, suena ni huele mucho a putas, y se lo dice uno que nunca consiguió ser puto (máxime hijo de, en todo caso) pero que tuvo la suerte, buena o mala según marca de cerveza, de conocer a una puta auténtica, allá en España hace cosa de once años. Fueron cuatro meses que ahora recuerdo como mi único viaje espacial jamás ensayado. Y fue ella quien me puso sobre la pista (con sus habituales requerimientos de que la llame, o "puta" o "zorra", en ciertos momentos) de que, pese a los etimólogos de sangre de donut, "puta" es en realidad una forma de decir "poeta": Y creo que con remarcarlo es casi suficiente, porque las similitudes son obvias. Entre ellas: que para serlo, siquiera soñar con serlo, tienes que tener muy pero muy superada esa infantil obsesión con la reputación, con los supuestos "insultos", con el qué dirán y qué pensarán, pues es una vocación que te aleja definitivamente de la multitud pluri-solidarizable. Segundo, que son muchas las llamadas y pocas las escogidas: no toda la que quiere ser puta lo consigue, pues en esto como en todo lo que vale la pena hay arte y esfuerzo. En especial: para ser puta hay que conseguir, a nivel espiritual, algo que hoy en día se ha puesto fuera del alcance de la mayoría, verbigracia, sentir un gusto especial por los hombres (me place pensar que antes, previo al apogeo de la política y de los medios y de la manufactura de "modelos de rol", eso era más asequible: casi diría que me consta). Y en eso las putas (las que son por vocación, no hablo de simples cumplidoras a sueldo) requieren de una disciplina mental muy parecida a la de un poeta que tiene que entrenarse a ver, donde sus instintos le están prefiriendo ciego.

Y más allá de todo esto: hay que saber atormentar.

Ella sí supo, y sabe, y todavía no me suelta. Por eso, esto. "Ni" (que diría Marlowe) "estoy fuera de ello."

Comments

Popular posts from this blog

Odio

Relaciones diplomáticas

The OK Salvadoran