Post sin razón de ser
Últimamente me estoy debatiendo sobre la conveniencia de seguir con este blog. Tal vez lo deje como monumento a la capacidad humana de perder el tiempo en empresas infructuosas; tal vez, en un arranque de obsesión higiénica, lo envío a la papelera, para entonces poder disfrutar de la sensación de estar "limpia y segura toda el día" como dicen en los anuncios de toallas sanitarias. De hecho, ahora que lo pienso, tener un blog puede que sea lo más parecido a la menstruación que un hombre puede experimentar. Cada 28 días, más o menos (aunque mi calendario hormonal no es demasiado confiable, como ven) uno despierta con ese dolor íntimo que anuncia la formación de un nuevo post. En el trabajo ese día estás malhumorado y un poco ausente. Cuando el post ya bajó, te sientes como manchado, y esperas que nadie lo haya visto. Lo único diferente es que todavía no han inventado los blogs con alas.
Este post, sin embargo, no pertenece al ciclo. Digamos que es un simple aborto.
Si decido dinamitar este blog, probablemente dentro de unas semanas abriré otro en otro lugar, en otro idioma y con una nueva identidad. Y es que el sueño de terminar diciendo algo coherente, así sea por equivocación, no me abandona. Quizás no es eso. Quizás la cuestión de fondo es que me canso de no tener con quién hablar.
Estos días pienso mucho en mi madre qepd. Soy muy parecido a ella en el sentido que ninguno de los dos parece que tuviéramos nada que contribuir a La Sociedad. Éramos raros de un modo inofensivo, por lo tanto desapercibido. Ella con sus piedras, sus gaviotas, sus series de detectives, sus navidades, yo con mis canciones, mis "programas", mis alicaídas novias, mis inconfesables obsesiones y escrúpulos. Pertenecíamos a la oscura tribu de los seres humanos no exitosos, los que no contribuyen al Bien Común, y no podrían aunque quisieran, los que por no tener Siete Hábitos no tienen ninguno. Cuando ella murió, el mundo se despertó el día siguiente sin notar que le faltara nada. A mí me faltó ella y me sigue faltando.
Uno escribe, tal vez, con el deseo inconsciente de reivindicar tu universo, que no es el de los demás, y nunca, nunca podrá ser de "La Sociedad". Para que, por lo menos, conste en alguna parte.
Cada día despierto con menos dientes, menos energía, menos tiempo, menos capacidad de organizarme o de distinguir dónde están esas grietas en el tiempo que permiten, durante algunos instantes y a escondidas, ser tú mismo. Una especie de anquilosamiento enorme con leve olor a nostalgia me aplasta. Queda una vida perfecta, responsable, puntual, repetitiva y sin sentido, hasta que sobrevenga el inevitable infarto.
La naturaleza es tan cruel, que ni ganas de emborracharte te quedan a esta edad. (A menos que sea con Chinchón, a unos 50 dólares la botella: olvídate).
Este post, sin embargo, no pertenece al ciclo. Digamos que es un simple aborto.
Si decido dinamitar este blog, probablemente dentro de unas semanas abriré otro en otro lugar, en otro idioma y con una nueva identidad. Y es que el sueño de terminar diciendo algo coherente, así sea por equivocación, no me abandona. Quizás no es eso. Quizás la cuestión de fondo es que me canso de no tener con quién hablar.
Estos días pienso mucho en mi madre qepd. Soy muy parecido a ella en el sentido que ninguno de los dos parece que tuviéramos nada que contribuir a La Sociedad. Éramos raros de un modo inofensivo, por lo tanto desapercibido. Ella con sus piedras, sus gaviotas, sus series de detectives, sus navidades, yo con mis canciones, mis "programas", mis alicaídas novias, mis inconfesables obsesiones y escrúpulos. Pertenecíamos a la oscura tribu de los seres humanos no exitosos, los que no contribuyen al Bien Común, y no podrían aunque quisieran, los que por no tener Siete Hábitos no tienen ninguno. Cuando ella murió, el mundo se despertó el día siguiente sin notar que le faltara nada. A mí me faltó ella y me sigue faltando.
Uno escribe, tal vez, con el deseo inconsciente de reivindicar tu universo, que no es el de los demás, y nunca, nunca podrá ser de "La Sociedad". Para que, por lo menos, conste en alguna parte.
Cada día despierto con menos dientes, menos energía, menos tiempo, menos capacidad de organizarme o de distinguir dónde están esas grietas en el tiempo que permiten, durante algunos instantes y a escondidas, ser tú mismo. Una especie de anquilosamiento enorme con leve olor a nostalgia me aplasta. Queda una vida perfecta, responsable, puntual, repetitiva y sin sentido, hasta que sobrevenga el inevitable infarto.
La naturaleza es tan cruel, que ni ganas de emborracharte te quedan a esta edad. (A menos que sea con Chinchón, a unos 50 dólares la botella: olvídate).
I miss her too!!!!
ReplyDeleteI'm too fed up with trying, trying to be somebody else more "conventional".. more comme il faut.. but I failed ....
Please don't live withhout telling me where you are going..
BTW dear fellow why you never told me that you have a younger brother???
Playing the imitation game..
As you must know behind every code it's an enigma!!!
You're not intruding and I don't think I look like him at all. I have bushier eyebrows and he has a lippier mouth. But I'm reliably flattered to be compared to anyone at all. Back in the day it was whatsisname from the Pet Shop Boys, and more recently, Jim Carrey's Grinch (there, I admit there is an eerie resemblance, only he's a bit more handsome).
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