Soledad

Es fácil olvidarte de que vives en un mundo absurdo. Fácil pero no recomendable (en aras de la salud mental).

La literatura ayuda. Ayuda tanto a recordarlo (Nietzsche, Kafka, Camus) como a soportarlo (Marco Aurelio, Shakespeare, Chekhov, Joyce, TS Eliot).

La historia ayuda. Ayuda el saber que, contrariamente a lo que nos quieren hacer creer, tener un cuerpo de policía no es algo básico y necesario en cualquier sociedad grande y desarrollada; muy al contrario, antes del s. XVII el mundo no conocía fuerza policial alguna, y Inglaterra tuvo que esperar hasta 1829 para tener su primer cuerpo de policía uniformada, evidentemente no armada (salvo con el típico tolete) y no demasiado popular (es decir, su existencia se debió a un capricho de políticos y no al clamor popular "por favor, queremos gente uniformada que mate a los desarmados que lucen color de piel equivocada, o que entregue a manifestantes a bandas de asesinos, o que torture a estudiantes de colegio por unas acusaciones no comprobadas de vandalismo callejero, etcétera"). Seamos claros: el invento de la "fuerza policial" en su acepción moderna aun no cumple su bicentenario, y por tanto, es perfectamente posible y pensable, a más de deseable, su total supresión en aras de la paz y la convivencia pacífica. La sociedad sabe, siempre ha sabido, gobernarse muy bien sola sin esa gente, usando mecanismos propios. Esas fuerzas están ahí no para protegernos a nosotros, sino para proteger a toda esa maquinaria de opresión urdida por los políticos, que son los únicos interesados en que sigan ahí, y cada día vemos más claramente el por qué.

Claro que nadie se atrevería a disolver esas fuerzas de un simple plumazo, sin preparativas.

¿Qué preparación se necesita? Simple: que la gente se acostumbre primero a la noción de la responsabilidad adulta, intransferible, responsabilidad sobre sí mismos y por su propia suerte. Eso que a los políticos les suena a veneno.

Por eso y no por otra cosa me entró una depresión tan terrible, con tentaciones autolesivas incluidas, al leer la noticia de que en EEUU han aprobado una ley para obligar a los restaurantes imprimir en las cartas las calorías que contiene cada comida.

Si no te hace aullar de dolor esta noticia, has perdido por completo la humanidad.

O séase que el ser humano del s. XXI, esa especie que tiene en su haber la misa en si menor de Bach, las obras de Shakespeare y los cuadros de Goya, ahora no solamente se contenta con ver Game of Thrones todas las semanas, sino que se ha vuelto tan cretino que necesita cuando sale a comer que le digan si tal o cual comida le engordará un poquito más o un poquito menos.

¿Quién nos ha vuelto tan tontos, tan patéticos, tan desamparados, tan necesitados de Mamá Estado? ¿Quiénes?

A pesar de que el humo todavía sale fresco del cañón de la pistola, el enmascarado se ríe, confiado en que nunca, nunca adivinarás su identidad, tantas son ya esas nubes que te pueblan la cabeza.

El mundo es absurdo, y estás solo en él. Nadie verá las cosas de la manera que tú las ves. Estás completamente solo. Acostúmbrate a la risa loca, tipo Película Serie B. Está hecha para ti.

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