En contra del humilde pescador
"Puedo hablar, y hablo, con gente de toda clase," me dijo una vez N., la más magníficamente burguesa de mis ex, desde el asiento de conductor de su Suzuki Swift de color blanco, "desde un ministro hasta un humilde pescador." Más allá de la clara intención autodefensiva de sus palabras ("Pretentious? Moi?" que dirían los guionistas de Fawlty Towers) celebré para mis adentros el hallazgo lingüístico del humilde pescador, frase con que ella quiso denominar a esos rudos y lacónicos marineros con los que de vez en cuando cruzaba alguna palabra de paso estando de vacaciones en una aldea selecta de la costa de Almería, pero que para mí quedó como ejemplo de oxímoron clásico, útil para propósitos ilustrativos en mis clases. Porque la verdad sea dicha, un pescador humilde resulta tan difícil de imaginar, por lo menos para un inglés, como un juez borracho, un desarrollador de software pulcro y bien peinado, o un político honrado. El pescador - repito, para un siervo de la BBC - es un tipo que te arrincona en el pub y te entretiene con sus historias sobre cómo una vez cogió un pez así de grande, pero así, por lo menos, ups, lo siento, no pasa nada, qué era, una pinta de Guinness, enseguida te pido otra, qué estaba diciendo. El estereotipo del pescador es de un hombre fanfarrón hasta extremos cómicos: con la humildad nada que ver, uno diría. Pero puede ser que, igual que Napoleón era un gran hombre pero no un hombre grande (siempre según mi profesor de español), los pescadores con quienes la N. intercambiaba el buenos días de rigor no eran pescadores humildes, pero sí humildes pescadores. Es decir, tenemos una de esas traicioneras polisemias de las que nos hemos quejado (pero no tanto) en otros lugares, con palabras como puta, amor, o riñón. Y entre todas ellas, acabo de decidir que lo de humilde es la que me molesta más. Les diré por qué.
No recuerdo qué alma caritativa nos explicaba hoy desde las páginas de opinión del Telégrafo, where else, con soberbia pedantería, que no es lo mismo desigualdad que pobreza, aunque a él personalmente se notaba que le parecían hermanas gemelas. Y bien cierto es. (Allá va otra: Jaime Nebot no es un hombre pobre, pero sí un pobre hombre, siempre según las mismas almas caritativas del mismo diario.) A lo que quisiera agregar: no es lo mismo ser "humilde", económicamente, o si nos ponemos en plan esnob, "de origen humilde", que ser predestinado a mostrar una actitud humilde, es decir, servil con autoproclamados poderes y autoridades. Esta supuesta coincidencia de pobreza con servilismo es algo que distingue cierta rancia estética burguesa, la de la propia N. por ejemplo (la familia de ella tenía en su masía a unos criados ancianos de una humildad sin parangón hasta en las telenovelas mexicanas de sobremesa), y es la que muchas veces se identifica entre la progresía de este país, ejemplificada (se supone) en las columnas del T., una progresía secretamente nostálgica de la privilegiada magnificencia de una oligarquía hacendera latifundista ya muerta y enterrada (de ahí, se supone, su enfermizo odio hacia "los ricos"), y que conserva el sueño de ese gran "pueblo", que ellos son llamados a "liderar", y cuya característica más confiable es esa capacidad suya de agradecer a los esfuerzos hechos en su favor con cierta babeante y desdentada adulación, eventualmente traducible en votos (y manifestaciones delante de Carondelet), y así, en pingües puestos de asambleístas, carros, mansiones y todo el intríngulis. Un "pueblo agradecido": dos palabras que resumen la peor pesadilla de un individualista, y, repito, el sueño húmedo de todo progresista que se precie.
Si a veces hablo a favor de los tigres de la ira y en contra de los caballos de la instrucción, no me malinterpreten. No creo que cambiando el gobierno se cambie nada. Si realmente hay alguien (lo dudo) que quiere "tumbar a Correa", le tengo lástima, y cierto deseo perverso de mear sobre sus papas fritas. Porque del mismo sueño húmedo, fantasioso, malsano, se trata: el gobierno "decide" el rumbo del "país", y ese "pueblo", o sea, los seres humanos de verdad, no son más que un coro griego. Ni eso: walk-on parts. Hay que "conquistar el poder", porque con ese "poder", todo se hace. Bah. Niñerías. A veces, en plan mentón salido y venas palpitantes, los partidarios del gobierno dicen: Ah, y tú, qué propones, eh, cuál es su plan de gobierno, cómo solucionarías tú los grandes problemas del país, de la desigualdad, excétera, ves, no tienes plan, eres sólo negatividad. Y yo digo: si fuese yo el gobierno, rápidamente anularía la Constitución, la infame Ley de Comunicación, y no sé cuántas leyes nefastas más (damn braces, bless relaxes) pero no soy tan tonto como para creer que con esas medidas algo se solucione. Quitar las trabas para que las personas comuniquen sus ideas no es lo mismo que obligarlas a tener ideas. Quitar los obstáculos para que pongan sus empresas no es lo mismo que conseguir que pongan empresas. Con toda probabilidad, conmigo en el gobierno todo andaría igual que mal como ahora. Tal vez diez veces peor. Pero con todo eso, me retiraría contento si con esa experiencia la gente hubiera aprendido a no culpar a otros, al gobierno, a quien sea, de sus propias decisiones estúpidas y de las consecuencias de las mismas. Propiciar un sentido de responsabilidad personal: baby steps. Pasitos de bebé, en medio de un paisaje desastroso: es a lo más que se puede aspirar ahora, creo. De todos modos, no sueño mucho. Ya no.
La visita del Papa: paso. Cuando haya papesa, despiértenme. Me hace reir lo ernestos que se ponen con este tiparraco representante de una organización tiránica, secularmente torturadora, con sus ideas morales trasnochadas y sus pintorescas dogmas. De todos modos no culpo a los ecuatorianos por tan singulares gustos. Los ingleses tenemos también los nuestros. Ahora me toca vestirme con mi dirty raincoat y acudir a la casa de Madame Sin para mi dosis semanal de latigazos. Y rematar con un Chicken Madras y una pinta de Old Peculiar, y hasta la semana que viene, d.v.
No recuerdo qué alma caritativa nos explicaba hoy desde las páginas de opinión del Telégrafo, where else, con soberbia pedantería, que no es lo mismo desigualdad que pobreza, aunque a él personalmente se notaba que le parecían hermanas gemelas. Y bien cierto es. (Allá va otra: Jaime Nebot no es un hombre pobre, pero sí un pobre hombre, siempre según las mismas almas caritativas del mismo diario.) A lo que quisiera agregar: no es lo mismo ser "humilde", económicamente, o si nos ponemos en plan esnob, "de origen humilde", que ser predestinado a mostrar una actitud humilde, es decir, servil con autoproclamados poderes y autoridades. Esta supuesta coincidencia de pobreza con servilismo es algo que distingue cierta rancia estética burguesa, la de la propia N. por ejemplo (la familia de ella tenía en su masía a unos criados ancianos de una humildad sin parangón hasta en las telenovelas mexicanas de sobremesa), y es la que muchas veces se identifica entre la progresía de este país, ejemplificada (se supone) en las columnas del T., una progresía secretamente nostálgica de la privilegiada magnificencia de una oligarquía hacendera latifundista ya muerta y enterrada (de ahí, se supone, su enfermizo odio hacia "los ricos"), y que conserva el sueño de ese gran "pueblo", que ellos son llamados a "liderar", y cuya característica más confiable es esa capacidad suya de agradecer a los esfuerzos hechos en su favor con cierta babeante y desdentada adulación, eventualmente traducible en votos (y manifestaciones delante de Carondelet), y así, en pingües puestos de asambleístas, carros, mansiones y todo el intríngulis. Un "pueblo agradecido": dos palabras que resumen la peor pesadilla de un individualista, y, repito, el sueño húmedo de todo progresista que se precie.
Si a veces hablo a favor de los tigres de la ira y en contra de los caballos de la instrucción, no me malinterpreten. No creo que cambiando el gobierno se cambie nada. Si realmente hay alguien (lo dudo) que quiere "tumbar a Correa", le tengo lástima, y cierto deseo perverso de mear sobre sus papas fritas. Porque del mismo sueño húmedo, fantasioso, malsano, se trata: el gobierno "decide" el rumbo del "país", y ese "pueblo", o sea, los seres humanos de verdad, no son más que un coro griego. Ni eso: walk-on parts. Hay que "conquistar el poder", porque con ese "poder", todo se hace. Bah. Niñerías. A veces, en plan mentón salido y venas palpitantes, los partidarios del gobierno dicen: Ah, y tú, qué propones, eh, cuál es su plan de gobierno, cómo solucionarías tú los grandes problemas del país, de la desigualdad, excétera, ves, no tienes plan, eres sólo negatividad. Y yo digo: si fuese yo el gobierno, rápidamente anularía la Constitución, la infame Ley de Comunicación, y no sé cuántas leyes nefastas más (damn braces, bless relaxes) pero no soy tan tonto como para creer que con esas medidas algo se solucione. Quitar las trabas para que las personas comuniquen sus ideas no es lo mismo que obligarlas a tener ideas. Quitar los obstáculos para que pongan sus empresas no es lo mismo que conseguir que pongan empresas. Con toda probabilidad, conmigo en el gobierno todo andaría igual que mal como ahora. Tal vez diez veces peor. Pero con todo eso, me retiraría contento si con esa experiencia la gente hubiera aprendido a no culpar a otros, al gobierno, a quien sea, de sus propias decisiones estúpidas y de las consecuencias de las mismas. Propiciar un sentido de responsabilidad personal: baby steps. Pasitos de bebé, en medio de un paisaje desastroso: es a lo más que se puede aspirar ahora, creo. De todos modos, no sueño mucho. Ya no.
La visita del Papa: paso. Cuando haya papesa, despiértenme. Me hace reir lo ernestos que se ponen con este tiparraco representante de una organización tiránica, secularmente torturadora, con sus ideas morales trasnochadas y sus pintorescas dogmas. De todos modos no culpo a los ecuatorianos por tan singulares gustos. Los ingleses tenemos también los nuestros. Ahora me toca vestirme con mi dirty raincoat y acudir a la casa de Madame Sin para mi dosis semanal de latigazos. Y rematar con un Chicken Madras y una pinta de Old Peculiar, y hasta la semana que viene, d.v.
Como siempre, genial escritura.
ReplyDeleteY yo, con mis papas orinadas, no me siento en lo minimo molesto.
Cada quien tiene su perspectiva y su vision. Lo que para alguien es inutil e imperecedero, para otro es significativo o incluso, un progreso.
Yo nunca espere, ni esperare un gobierno honesto. Menos aun politicos ascetas, real, o espiritualmente.
Al igual que la gran mayoria, valoro la estabilidad. No la felicidad, sino la paz.
Levanto asi mis papas meadas y proclamo, que volver al pais de hace 8 años, sin ley de comunicacion, sin lavados cerebrales diarios, sin censuras previas o posteriores, sin abusos presidenciales publicos e impunes, sin totalitarismo, es un paso adelante; aunque bien podria parecer un paso atras.
Y si bien la leccion no calara tan profundo como yo quisiera, al menos en lo que me resta de vida, dudo que permitamos algo como esto otra vez.
Hay que retroceder mucho para encontrar similar totalitarismo en este pais. Y si bien europa y asia conocen en carne propia fascismo como el que vivimos, para nosotros es inedito.
Sin duda en 80 años volveran y atormentaran a mis nietos, espero que ellos hagan tanto o mas que yo para que termine.
Asi es la historia, no enseña nada a los pueblos.
Mira españa, olvidando a franco en tan solo unas cuantas decadas. Triste.