Jódete, Jódete, Christus Est Natus
Hoy, no sé por qué, los de la iglesia de en frente no están cantando. Bueno, los que cantan no son el problema, sino aquellos “músicos” de pacotilla que por haberse aprendido cuatro acordes (hasta el del piano sólo sabe tocar eso, acordes) se creen de lo más kewl y se pasan las tardes ensayando a todo volumen. Como si no hubiera vecinos con críos recién nacidos, como si fuera cosa de Dios ir jodiendo al vecindario (“pero ¿no les gusta nuestra música?” dirán incrédulos, al tiempo que irán mentalmente repasando versículos de los salmos, debe de haber uno aparte de aquél que dice que hagas un ruido bien estrepitoso en alabanza del Señor, debe de haber alguno más que diga que aquél que no quede extasiado con la música cristiana, por muy mal interpretada que esté, es un miserable pagano y se irá al infierno y que se joda); pues no, no me gusta, y menos todavía cuando los finales de esos aburridos himnos folclóricos son tan interminables como los suyos, pues rematan con unos floripondios de redobles de batería tan extravagantes que uno se pregunta si creen que lo que acaban de tocar ha sido el Stairway to Heaven. Y no sólo en los ensayos, sino en el mismísimo puto culto, lo que indica que no tienen ni un ápice de vergüenza, aunque claro, buenos son aquellos fieles de aquella iglesia evangelista para criticar lo que sea, no lo veo, todos se van a quedar encantados con esos idiotas de seudo-músicos pues si los mismos feligreses son tan arrastranudillos como para dejarse embaucar por el evangelismo ecuatoriano, el de los diezmos, ¿qué peras se le puede pedir a ese olmo?
Muy lejos he caído desde esa lejana infancia cuando las misas eran en latín y cantábamos aquel Credo in Unum Deum, con esa parte inolvidable que hablaba de la jelly (gelatina) en que Nuestro Señor terminó por envolverse (siempre me he preguntado de dónde sacaron esa excéntrica pronunciación de coeli, si la fonética del latín eclesiástico era italianizado o si se adaptaba al país de adopción), en fin, todos esos himnos eran tan jodidamente buenos que todavía los canto, en el carro al volver del trabajo, sobre todo si está lloviendo.
Perdón, sí hay. Me olvidaba de la Epístola de Santa Aminta a los Quememportinos, cáp. 13, v. 11, donde dice:
Se ha perdido totalmente la beligerancia y el distanciamiento crítico que nos hace enfrentar esta situación como productos culturales de una ideología patriarcal que nos hacía daño y a la que había que combatir con firmeza por ser sustento de un modelo económico que privilegia sobre los derechos humanos de las personas: el utilitarismo, la eficacia y la competitividad que caracterizan al modelo neoliberal.
Ya se ha hablado bastante de esos “productos”, total son simples anuncios con unas cuantas fembras plazenteras que venden cerveza. Lo interesante es que aquí resulta que son productos culturales, o séase, productos de una cultura. Ahora, cuando vemos que tanto la Buenaño, en su ya fallecido blog, como el propio texto constitucional, dicen que todas las culturas tienen el derecho de expresarse con sus propios códigos, nos damos cuenta de tremenda hipocresía que padece esa pobre gente, pues ahora resulta que todos tienen idéntico derecho menos la cultura “patriarcal” que sustentaba la “eficacia” del “modelo neoliberal”. ¿Será por eficaz que no le gusta? En fin, no quería hablar de eso, sino que quería corregir un posible malentendido que puede haber con el lector, pues parece que me he explayado bastante en contra de esa gentuza correísta hasta el punto de que este blog parece ser un show de propaganda política, cuando no era para nada mi intención. Tampoco era mi intención quejarme del país en que ahora soy residente, y menos todavía de su gente, pues soy casado con una de ellas. Todo lo contrario. A mí me encanta ese país. Y hasta diría que me encanta (si me cogen en un buen momento, como ahora) esa falta de cultura que se expresa en himnos infantiles con arreglos de Status Quo.
¿Por qué te gusta todo lo feo? (pregunta frecuente de mi esposa. Ella no es fea, pero el sitio donde vivo, sí, y mis gustos musicales, también, entre otros).
¿Por qué me gusta todo lo feo? ¿Será simplemente porque soy feo, o habrá otra razón?
Vayamos por partes.
Muy lejos he caído desde esa lejana infancia cuando las misas eran en latín y cantábamos aquel Credo in Unum Deum, con esa parte inolvidable que hablaba de la jelly (gelatina) en que Nuestro Señor terminó por envolverse (siempre me he preguntado de dónde sacaron esa excéntrica pronunciación de coeli, si la fonética del latín eclesiástico era italianizado o si se adaptaba al país de adopción), en fin, todos esos himnos eran tan jodidamente buenos que todavía los canto, en el carro al volver del trabajo, sobre todo si está lloviendo.
- Mary Immaculate, Star of the Morning (con voz de gorila)
- I’ll sing a hymn to Mary, the Mother of my God (con voz de científico villano en una película de serie B)
- Bring Flowers of the Rarest, Bring Blossoms the Fairest (con voz de David Attenborough padeciendo leve estreñimiento. Algunas de las palabras las suelo cambiar por otras más soeces)
Perdón, sí hay. Me olvidaba de la Epístola de Santa Aminta a los Quememportinos, cáp. 13, v. 11, donde dice:
Se ha perdido totalmente la beligerancia y el distanciamiento crítico que nos hace enfrentar esta situación como productos culturales de una ideología patriarcal que nos hacía daño y a la que había que combatir con firmeza por ser sustento de un modelo económico que privilegia sobre los derechos humanos de las personas: el utilitarismo, la eficacia y la competitividad que caracterizan al modelo neoliberal.
Ya se ha hablado bastante de esos “productos”, total son simples anuncios con unas cuantas fembras plazenteras que venden cerveza. Lo interesante es que aquí resulta que son productos culturales, o séase, productos de una cultura. Ahora, cuando vemos que tanto la Buenaño, en su ya fallecido blog, como el propio texto constitucional, dicen que todas las culturas tienen el derecho de expresarse con sus propios códigos, nos damos cuenta de tremenda hipocresía que padece esa pobre gente, pues ahora resulta que todos tienen idéntico derecho menos la cultura “patriarcal” que sustentaba la “eficacia” del “modelo neoliberal”. ¿Será por eficaz que no le gusta? En fin, no quería hablar de eso, sino que quería corregir un posible malentendido que puede haber con el lector, pues parece que me he explayado bastante en contra de esa gentuza correísta hasta el punto de que este blog parece ser un show de propaganda política, cuando no era para nada mi intención. Tampoco era mi intención quejarme del país en que ahora soy residente, y menos todavía de su gente, pues soy casado con una de ellas. Todo lo contrario. A mí me encanta ese país. Y hasta diría que me encanta (si me cogen en un buen momento, como ahora) esa falta de cultura que se expresa en himnos infantiles con arreglos de Status Quo.
¿Por qué te gusta todo lo feo? (pregunta frecuente de mi esposa. Ella no es fea, pero el sitio donde vivo, sí, y mis gustos musicales, también, entre otros).
¿Por qué me gusta todo lo feo? ¿Será simplemente porque soy feo, o habrá otra razón?
Vayamos por partes.
"Ésos eran himnos y no los de ahora. Pero qué se le va a hacer. Aquí en este país no hay cultura."
ReplyDeleteLa culpa la tiene el Concilio Vaticano II ¿Cierto? La ignorancia previa a ese tiempo como que le daba un toque misterioso y romántico a la mitología judeo/greco/romana.
Hasta "Losing my Religion" de la serie Gregorian Masters of Chant suena 100 veces más apropiada para "el culto" (ugh, término aprendido de un "hermanito evangélico" para quien las enfermedades son producidas por demonios) que cualquier porquería cantada por los evangélicos criollos, el rock cristiano, la música gospel, o los lamentos soporíferos de los curas. Afortunadamente sólo cuando presto atención puedo escuchar las campanas de la iglesia a 8 cuadras de mi casa y a los evangélicos sólo cuando paso haciendo zapping con el remoto. Mi problema es la salsa. Y el merengue, vallenato, bachata, cumbia, pasillo, regueton, y últimamente Enrique Iglesias. (I'd like to go medieval on my neighbors)
Sire, os dejo un link a un intérprete de Canto Bizantino llamado Theo Vassilikos que espero sea de vuestro agrado: http://theovasilikos.com/en/listen.htm
Otro buen intérprete es Lycourgos Angelopoulos. Recomiendo también la Divina Liturgia de Juan Crisóstomo según Rachmaninov, Athos de Stephan Micus, y cualquier disco de Cappella Romana.
Cuando el trabajo me dé tregua voy a seguir tus links.
ReplyDeleteEn cuanto a música medieval ya tengo con qué contraatacar a mis vecinos. Estoy pensando ahora en las dos cintas de las Cantigas de Santa María de Alfonso X, hermosas reconstrucciones donde las haya, que compré creo que en Madrid hace un cuarto de siglo. Para llegar adonde ellas tendré que desplazar algunos sapos (vivo en zona semiacuática, Arcadia de anfibios), pero igual vale la pena.
Gracias por tus amables comentarios.