Más esparadrapo

Año: 1991, país: Argelia. Un partido radical islamista, la FIS, gana holgadamente la primera ronda de las elecciones. Parte de su plataforma electoral pública consiste en la supresión permanente de la democracia y la implantación de un estado teocrático. Es decir, el pueblo vota masivamente a favor de un partido que promete, entre otras cosas, no dejarlo votar nunca más. Todos sabemos lo que pasó después: vino el ejército para interrumpir ese proceso democrático-suicida, declarar ilegal el partido que iba a ganar y, en los años sucesivos, presidir un país dividido, en que se produjo una auténtica matanza, con más de 100.000 muertos a manos tanto de las fuerzas gobiernistas como de los extremistas islámicos.

¿Quién ganó? Hasta la fecha, nadie. ¿Quién perdió? Evidentemente, los 100.000, con sus familias, y por supuesto el resto del país, condenado a vivir en la miseria y la violencia más atroz. ¿Cómo se pudo haber evitado? Ahí está.

¿Eres fundamentalista de la democracia? Es decir, ¿crees que el pueblo, o para ser más exacto, el colectivo, es soberano, y que todo, absolutamente todo, se puede legitimar con una votación donde todas las personas que puedan verse afectadas por el resultado tengan la opción (o la obligación) de votar? En caso de que así sea, te invito a considerar el caso mencionado, y a contestar (así sea para sus adentros) la siguiente pregunta: ¿se debería haber permitido que la FIS ganara limpia y democráticamente esas elecciones del 91-92?

Creo que por lo menos algún lector se dará cuenta de la disonancia cognitiva que esta pregunta encierra. Si contestaste que no, entonces estás diciendo que hay casos donde la elección libre de un pueblo no debe ser respetada, lo que (allí llegaremos) obligaría a revisar el concepto simplista de soberanía total y absoluta del colectivo. Si contestaste que sí, entonces estás diciendo que hay casos en que es lícito negar a todo un pueblo el derecho de vivir en democracia para siempre jamás (pues a eso visaban los de la FIS): o sea, estaríamos todavía en las mismas. Y si a eso contestas: bueno, en el caso mencionado está bien, puesto que ese pueblo evidentemente no quería vivir en democracia, entonces habría que preguntar: ¿y esa minoría (que según sea el sistema de voto bien podría ser una mayoría aritmética) que no votaba por la FIS, no tiene entonces derechos, siquiera residuales? Y ¿qué me dices de los que vienen después, de esa generación que no pudo votar en ese momento y que tienen que cargar con un sistema político que ellos no tuvieron la oportunidad de escoger? ¿Eso, acaso, se podría aun llamar democracia?

A todo esto hay una respuesta fácil, incluso evidente, pero al fundamentalista democrático puede que no le guste, y que incluso interfiera con su digestión o le cause un trauma de difícil superación, por eso me veo obligado a emitir este aviso y a invitarle que se tape los ojos un momento, y que reanude la lectura en algún párrafo o entrada posterior. Bien. La respuesta, entonces, sería ésta: que la soberanía del pueblo termina allí donde empiezan los derechos del individuo. Es decir, está bien que la gente vote para decidir cosas que atañen a la colectividad, pero en ningún caso, por mucha mayoría de votos que haya, por mucha "paliza electoral" que se esté dando, es dable que un colectivo "decida" quitarme lo que me pertenece por derecho, que en el caso que nos ocupa no es otra cosa que mi propia libertad.

Concretando: estemos donde estemos, en Ecuador o en Argelia, que un partido político se proponga coartar mi libertad ya no tiene nada que ver con la democracia, por muy "limpias" que sean las elecciones, es decir, por muchas que sean las personas a quienes les parece bien. Si tú me robas, eres ladrón: si reunes a diez personas más para robarme, sigues siendo ladrón; si consigues que siete milliones de personas digan que el robo está bien y lo pongan en una constitución, lo siento, pero sigues siendo ladrón. Sólo que en este último caso mereces menos respeto y consideración, pues el ladrón solitario por lo menos tiene la virtud de mostrar algo de valentía en la consecución de sus fines.

¿Que cómo se pudo haber evitado lo de Argelia? Dadas ciertas realidades sociales del país, no hay respuesta fácil, al igual que en tantas y tantas otras comunidades divididas. Lo que está claro es que de haber existido una auténtica cultura de la libertad, no hubiera tenido tanta fuerza la falacia autodestructora del colectivo soberanísimo; también es evidente que quienquiera que sea, no importa de qué religión o de qué bando, que fomente divisiones sociales con fines electorales es culpable de todo lo que derive de ese hecho: eso se llama responsabilidad. No creo que haya que insistir demasiado en la parte que nos ha tocado vivir de esta comparación implícita.

Si alguna vez en este país llega a la Presidencia una persona responsable, desentiérrenme: quiero estar allí.

Cuidado con las momias.

Comments

  1. Doy gracias públicas a Juan Montalvo y su blog por haber encontrado este EXCELENTE blog. Pido permiso para reproducir éste post y tratar así de que al menos mis dos lectores comiencen a encaminarse para acá tambUién.

    Saludos. Un placer leerte.

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