Sociología ecuatoriana para dummies
Al final la busqué en el diccionario de la RAE de dos tomos que traje desde España: no figura. Lo que significa que de momento tendré que prescindir de una definición oficial, de una derivación, de una historia de la palabra en cuestión. Al principio incluso pensé que era invención del propio Correa, tal vez inspirada por el vocablo inglés bigwig, pues el nulo dominio del inglés por parte del político explicaría suficientemente el cambio de intención (la palabra inglesa apenas posee connotaciones peyorativas); en cambio, puesto que él nunca la acompañó de una definición precisa, no se explicaría entonces por qué tanta gente la usan de modo tan suelto y familiar. Debe de tener su historia al margen de la RAE, como tantos otros ecuatorianismos.
Cuando llegué al país mi primera morada fue un apartamento alquilado en Durán. El hecho de que las paredes estaban pintadas no me pareció siquiera extraño al principio, aunque sí me llamaba bastante la atención el que apenas se podía distinguir el color de la pintura, por el efecto pointilliste del baño de sangre de que habían sido objeto en los anteriores ¿meses? ¿años?
EJERCICIO PARA ESTUDIANTES DE MATEMÁTICA CON ESPECIALIZACIÓN EN LÓGICA FELPUDA
Un ecuatoriano aplasta un mosquito lleno de sangre contra la pared noroeste de su dormitorio cada 5 minutos durante un espacio de cuatro horas diarias. Suponiendo que la sangre produce una mancha redonda de 1cm de diámetro, que la pared mide 5m x 2m, y que las coordenadas vertical y horizontal del mosquito son aleatorias en cada ocasión, ¿cuál sería el tiempo promedio, en días, para que la pared se quede completamente pintada de sangre?
(Nota: se permite el uso de calculadoras)
En fin. En aquella época, si me hubieran dicho que la sociedad ecuatoriana se dividía en dos clases (enemigas e irreconciliables, por supuesto), los pelucones y los ciudadanos, no hubiera dudado en categorizarnos (a mí mismo, y a mi novia) como pelucones, por el simple hecho de que, como no tardé en descubrir, casi ninguna de las amigas de mi novia vivían en un apartamento tan lujoso como el nuestro, pues lo normal era que las paredes de las casas no estuvieran pintadas, sino que se vieran como simples bloques con cemento; o, en el caso de mis suegros, como matas de cañas precariamente enderezadas. Sin embargo, me hubiera quedado una pequeña duda, por la cuestión de las formas de las puertas. En las casas de los amigos que empecé a tener en aquella época, era notable que todas las puertas, sin excepción, tenían una forma rectangular, ostentosamente aburguesada. En cambio, en nuestro apartamento la puerta de la habitación donde dormía mi nuevo hijastro tenía una forma geométricamente complicada, que en aquel entonces solía describir como el aparente resultado de una colisión frontal entre la pared y un animal de gran tamaño, posiblemente un rinoceronte o en todo caso un toro bastante iracundo. Es decir, parecía como si los constructores del edificio se hubieran dado cuenta en algún momento de que por un accidente de aquéllos, habían dejado una habitación completamente aislada del resto de la vivienda, y que para poder entrar necesitarían crear un agujero en la pared, y que por cuestiones de tiempo no era factible dejar esa puerta improvisada con la forma rectangular acostumbrada; entonces, habrían utilizado una mezcla de fuerza bruta y saña para abrir el hueco necesario. En todo caso, debo confesar que el efecto me parecía estéticamente interesante, y no hubiera dudado en utilizarlo en nuestra casa actual si no fuera por los gustos algo más conservadores de mi esposa. La cuestión es si se podría generalizar y decir que pelucones son aquella gente privilegiada que tienen puertas rectangulares, y ciudadanos los que tienen puertas como la nuestra. En realidad, no sé si me estoy acercando algo al significado real del dichoso término, aunque me parece que por ahí debe andar la cosa.
Por último, propongo una definición alternativa que podría servir al estudioso sociólogo extranjero. Hasta hace relativamente poco, en mis cartas al exterior solía asegurar que en Ecuador, no existe el agua caliente, salvo en aquellos casos invernales y costeños cuando la ubicación de la cisterna garantiza un precalentamiento del agua doméstica a partir de cierta hora por el efecto de los rayos del sol. Lo cierto es que ni en nuestro apartamento, ni en nuestra casa actual, ni en la casa de ningún conocido mío, hay agua caliente. Para mi esposa eso no es ningún problema, pues ella está acostumbrada toda la vida a ducharse con agua fría. Yo, en cambio, no me adaptaba y sigo sin adaptarme, cosa que ella encuentra misteri0sa tratándose de un clima tan caluroso: cómo podía yo quejarme de lo frió del agua cuando hacía tanto calor? Pero soy así de friolero o de exquisito, y por eso tengo que calentar agua en la cocina para bañarme. (Algunas veces hemos comprado esos artilugios que venden en las casas comerciales, que pretenden calentar el agua eléctricamente en una especie de antesala de la alcachofa de la ducha: en cada ocasión, a pesar de haber contratado a un electricista cualificado para hacer la instalación, el dispositivo ha terminado su vida útil en una explosión más o menos aparatosa, normalmente en menos de una semana. Ignoro cuántas muertes se producen al año con esos aparatos.) En fin, hace poco descubrí que incluso en la región costeña, sí hay casas que tienen agua caliente todo el año: me lo dijeron unos estudiantes que tenía el año pasado. Por lo tanto, no parece muy arriesgado asegurar que pelucón es todo aquel que se ducha con agua caliente, y ciudadano el que no. Por lo que, ojalá venga el invierno, ojalá vengan pronto las lluvias y los calores, para que todo el mundo tenga esa agua caliente y que podamos olvidarnos, durante un tiempo por lo menos, de tanto aburrido y deprimente maniqueísmo social.
Don Envidio
ReplyDeleteEl nivel de sus escritos posiblemente haga que no esté a la altura de comentarlos, así que éste tal vez será el único comentario que deje por aquí.
Me he convertido en un lector fiel de su blog, me la paso entretenido y al final de muchos de sus posts no me queda más que darle la razón.
Saludos.
Fe de erratas: debería decir Endivio en donde puse Envidio.
ReplyDeleteEndivio,
ReplyDeleteGenial. Se me ocurre, entonces, que lo más pelucón es aquél que TENIENDO agua caliente, decide bañarse con agua fría.
Saludos,
JM. León