Sinsabores de la vejez (3): He dejado de entender el mundo

A veces pasa. Me vuelvo viejo, la tecnología me rebasa a 120km/h salpicándome de lodo, como uno de esos autobuses que pasaban camino a la playa mientras yo me fumaba un pitillo furtivo en las inmediaciones de la Unidad Educativa Pequeños Ornitorrincos Del Saber, entre clase y clase, sin faltar esos niños que contratan para que canten los loores del destino playero e intentan convencerte para que dejes tu trabajo, vaya, no entiendo ahora cómo no cedí, todavía tengo pesadillas con los Ornitorrincos del Saber, en fin, seguí en la brecha y ¿para qué? Para seguir sin saber qué es un Ipod ni para qué sirve, ni por qué hay hombres que usan celular (las mujeres lo entiendo perfectamente, fue hecho el invento por y para ellas), ni por qué tuvo que volverse obsoleto el video, donde por lo menos podías grabar cosas, a favor del DVD, donde no puedes grabar nada, por lo menos si está fabricado por la empresa LG, y por qué en los carros que se venden ahora no puedes ni escuchar un maldito cassette, aunque en el mío ya no puedes escuchar nada porque robaron la "memoria", eso dicen que se llama, aparte de que descubrí el otro día que también me robaron el filtro del aire acondicionado, ¿para qué coño si eso no le sirve a nadie?, en fin, la cuestión es que ahora parece que te roban todo, de alguna manera se puede decir que el robo está de moda, y para muestra, bueno, no sé con qué botón empezar, si con los mandatos aquéllos con los que todavía se asusta mi mujer, que dice que no entiende cómo Correa puede haber dejado en libertad a un montón de peligrosos criminales, que por eso están las cifras delincuenciales como están, o si con esa locura que ya parece que la gente la han olvidado, cuando a petición del gobierno (se presume) los de la Comisión de Tránsito iban quitando las películas protectoras a las ventanas de los carros, evidentemente para que hubiera más robos de vehículos: ¿no les bastaba con los robos que ya había? y con lo del desarme ya fue el colmo, imaginense, un gobierno que dice respetar la propiedad privada y acto seguido anuncia una campaña para privar a la gente del arma con que defender a su familia, en fin, parece como si el gobierno hace tiempo que está intentando por todos los medios aumentar los índices de criminalidad, ¿con qué propósito? ahí está el quid de la cuestión. Yo no lo entiendo, lo digo francamente. Me gustaría atribuirle a Correa un motivo innoble, es que va conmigo, siempre he dado más o menos por sobreentendido que los políticos saben actuar por motivos innobles, a veces divertidamente innobles, a veces tan deliciosamente innobles que sólo cabe aplaudirlos, pero en este caso, ¿cuál? Simplemente no lo entiendo. Debe haber razones de peso para querer potenciar los robos de vehículos, los asesinatos y la criminalidad en general, pero no sé cuáles son. He quedado a la zaga de las nuevas tendencias políticas que circulan por el mundo. Cuando se ideó esa nueva política de fomento de delincuencia yo estaba en otra parte. Probablemente tomándome una cerveza en el Portal San Roc. Ni lo vi venir ni lo escuché pasar.

Y así con todo. El otro día casi me caí de la silla al leer que el gobierno italiano "introduce el delito de prostitución" y hace un momento leo en no sé qué sitio de YouTube un mensaje de un fervoroso correísta que acusa a sus oponentes de "querer que siga la prostitución". Evidentemente, seguirá tanto si queremos como si no, pero lo que me asombra es que haya gente que piensa que no debe de seguir. Son cosas así que me hacen sentir como si estuviera viviendo en un malintencionado universo paralelo kafkiano. Desde donde yo sé, la prostitución es un derecho humano fundamental, así me enseñaron en la escuela, tanto el ejercicio de ella como el uso y aprovechamiento de ella, es un servicio básico esencial en cualquier comunidad civilizada, más importante incluso (y mucho más antiguo y venerable) que la medicina moderna. Dejando de lado el tema de las enfermedades venéreas, cuestión perfectamente solucionable hoy en día con unas mínimas precauciones, es un oficio noble y respetable y cuyo ejercicio no hace daño a nadie y trae enormes beneficios a la sociedad. Pero más allá de todo eso, es simplemente un hecho objetivo necesario: intentar erradicarla es como intentar convertir a los seres humanos en peces insistiendo en que no debemos respirar aire. Pero claro, ante todo eso debo aclarar (para no asustar a los menores) que vivo en otra época. Tal vez me quedé obsoleto y debo ser reciclado. Como apunté hace unos años en otro medio, a veces pienso que lo mejor fuera sacarme el cerebro y colocar en su lugar un tostador de rebanadas de pan. Sería mucho más práctico.

El bromuro aun costaría demasiado, creo.

Y ahora para colmo, justo cuando yo pensaba que el Correa ése era el malo de toda esta película, va y hace una cosa buena y diría yo que valientísima. O por lo menos es lo que me cuentan mis estudiantes, aunque no he visto todavía mención de ello en la prensa (últimamente estoy tan cargado de trabajo que apenas tengo tiempo para hojear el diario). Según me dicen, Correa ahora persigue una política de "fronteras abiertas". Yo llevo años diciendo que es igualmente derecho humano fundamental el poder viajar hacia dónde te dé la gana, y que las restricciones migratorias son una infamia, pues ahora resulta que el Presi está de acuerdo conmigo en una cosa. Por fin. Pero dudo de que sea verdad. El primer país del mundo a abrir sus fronteras, suprimiendo los pasaportes, la policía de inmigración, los formularios, los visados y toda la parafernalia autoritaria, no sé cuál será, pero Ecuador no lo veo. Ojalá.

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