Sanctify my Batman, punk
El problema de la apuesta pascaliana es que las loterías religiosas son mutuamente exclusivas. Si compro un billete para El Gordo islámico, me quedo fuera de consideración para el Navideño catohólico, y si me decanto por éste, ya no puedo participar en el Gran Sorteo (¡144,000 premios!) de los Ículos de Hováh. Mi esposa no entiende esto. Ella va de religión en religión según las ofertas de la temporada. Esta navidad, decidió que como hemos tenido un annus horribilis de los que bíblicamente no se sanan ni en siete, habría que dividir los esfuerzos. Ella cubriría el ángulo evangélico por si caía alguna bendición por ese lado, mientras mi misión era ir a la misa católica por si alguna brizna de prosperidad se nos contagiara a través de los efluvios de incienso que a veces merodean por ahí.
Así que fui solo a la iglesia, con un claro acometido: llevar "el niño" para que le caiga la bendición al final, y a través de él, a nosotros. Sólo había un problema: no teníamos ese "niño Jesús" que la tradición manda usar como receptáculo de bendiciones. Tenemos todo el resto del Belén, eso sí, hasta el consabido Tyrannosaurus de vinilo que en la versión ecuatoriana del pesebre suele reemplazar al caganer catalán, pero al bebé Jesús, en opinión de mi esposa, lo robaron los mismos albañiles que a lo largo de este año se llevaron todas nuestras herramientas, hasta el último desarmador. Es una buena teoría: llevando al bebé, se llevaron las bendiciones de la Navidad pasada, y así nos va. En lugar del niño Jesús, y por falta de calés para comprar otro nuevo, este año nos hemos visto obligados a suplirlo en el pesebre con un juguete de Batman, el Hombre Murciélago, que aparentemente fue diseñado para ir en moto, por eso lleva las piernas flexionadas y los brazos en posición de manejar, lo cual si le tumbas de espalda puede sugerir la posición de un bebé acostado (con pañal gris paloma y culo aplanado). Fue este juguete que mi esposa me mandó hacer bendecir.
Pero ha sido por el camino, allá sobre las ocho menos cuarto de la Nochebuena, cuando empecé a pensar que realmente, la Navidad en Ecuador es otra cosa.

Sobre la costumbre de colgar en la puerta de tu casa una muñeca sin brazos ni cabeza, nadie me había dicho nada. Supongo que como todo tiene su historia, sus pintorescos orígenes nativos. Pero en ese momento me pareció una perfecta metáfora para lo que está viviendo el país ahora: el socialismo feral y feroz que nos quiere a todos descabezados y mancos, es decir, sin la posibilidad ni de expresarnos, ni de pensar, ni de hacer nada por nosotros mismos, sino a través de Mamá Estado. Y así, me quedé pensando en el simbolismo de la muñeca degollada en esta época de cierre de emisoras televisivas, hasta llegar a la iglesia.
Para los que nunca lo han probado, una misa católica es como el apoteosis del aburrimiento. Diría incluso que hasta que no vayas a misa, no sabes lo que es el aburrimiento en estado químicamente puro. La liturgia postridentina es el resultado de siglos de investigaciones en el tema de cómo aburrir a un ser humano indefenso.
Como ya apunté en otro lugar, lo único que se puede hacer cuando vas a la iglesia es dedicarse a mirar culos. No queda otra. (En Durán, las fieles católicas vienen con gran variedad de formas y dimensiones.) En cuanto a las oraciones, si no las sabes de memoria (yo las sabía en inglés y en latín, pero hace siglos, y parece que las respectivas neuronas han fallecido: no puedo terminar el credo niceno y menos el atanasiano, lo cual a pesar de todo es motivo de congoja), lo mejor para no desentonar es simplemente murmullar cualquier cosa que sí sabes de memoria. Al principio probé rellenando el Confiteor con algunos versos de The Waste Land, pero al final descubrí que lo más fácil para seguir el ritmo sin esfuerzo eran rimas de Lewis Carroll y Edward Lear. Así que cuando los demás recitaban el Credo, yo estaba recordando en voz alta The Owl And The Pussycat:
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, the Owl and the Pussycat went to sea
Creador del cielo y de la tierra, in a beautiful pea-green boat.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, they took some honey, and plenty of money,
Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, wrapped up in a five pound note,
nació de Santa María Virgen. The Owl looked up to the stars above,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, and sang to a small guitar,
fue crucificado, muerto y sepultado, O, lovely pussy, O Pussy my love, etc.
Al cabo de unos cuantos siglos, llegó el momento de la bendición de los niños, superhéroes y Tyrannosaurus. Respecto a eso debo decir que la tradición ecuatoriana me parece mucho más higiénica que la española, donde al final de la misa del gallo el cura saca una muñeca tipo Travelina pero en niño y los fieles hacen cola para besarla, con el único atenuante de un pañuelo con el que limpia la baba sobre el bebé tras cada ósculo. Acá, en cambio, como no existe la tradición de hacer cola para nada (siempre me olvido de eso: en las farmacias a veces me aburro tanto viendo a la gente colocarse delante de mí que me pregunto si tengo aspecto de dispensar bolitas de chicle a diez centavos), entonces lo que se ve es una especie de melé donde todos se empujan salvajemente para colocar a su muñequito lo más cerca posible de esos invisibles rayos de bendición que el cura (se supone que tras ser mordido por un apóstol radioactivo) sabe dispersar desde la punta de los dedos, o mejor todavía, en el camino de ese espectacular lanzainciensos que maneja combativamente al estilo Harry Potter. La verdad, no sé si a mi Hombre Murciélago le tocó algún rayo de bendición: pero hice lo que pude.
Camino a casa con el trofeo, me quedé pensando: ¿para qué les sirve a esta gente religiosa la Navidad? Tal vez sólo para una cosa: para lamentar cada año la progresiva "paganización" de una fiesta que en su origen, desde mucho antes del cristianismo fue pagana (vide: solsticio de invierno, Yule, Dies Natalis Solis Invicti, &c) y que nunca dejó realmente de serlo. Lo interesante de esta navidad para mí, sin embargo, había ocurrido esa misma mañana, cuando la habitual desesperación por conseguir regalos a última hora me había llevado al Riocentro de La Puntilla. Llegué sobre las 10.45 de la mañana, dispuesto a pelearme cada palmo de terreno en la lucha por entrar en alguna tienda atestada, y cuál fue mi sorpresa al ver al centro comercial en funcionamiento (los locales estaban abiertos) pero prácticamente desierto. En serio: al entrar conté a 7 personas en todo el pasillo central. Extraordinario, sobre todo cuando me lo comparaba mentalmente con una experiencia de años atrás, una visita a un supermercado inglés el mismo día de Nochebuena, que me recordó un hilarante episodio de Star Trek sobre un planeta sobrepoblado donde la gente no podía moverse (hilarante por lo anticientífico: los experimentos con ratones han demostrado que la sobrepoblación se corrige automáticamente mediante el mecanismo de la alza de la tasa de homosexualidad en la comunidad afectada). ¿Cómo "puede ser posible" (ecuatorianismo a más no poder posible) que en la víspera de Navidad las tiendas de regalos estén casi vacías?
Entre muchas soluciones discutibles, se me ocurre ésta: que en verdad, y pesar de los pesares, el papá Disney tenía razón, los sueños están para ser cumplidos. Hace muchos años, un joven tuvo un bonito sueño: cargarse a toda una clase social (los pelucones) y empobrecer aun más a su país, que ya era llamativamente pobre. Lo que para muchos sería un sueño imposible, él tuvo la constancia y la audacia para cumplir. La extinción de los pelucones, a juzgar por la evidencia de esa mañana ha sido tan fulminante como la de los mismos Tyrannosaurus, y sobre el aumento de pobreza las estadísticas de criminalidad son elocuentes. Lo cual demuestra, y quiero dejarlo como pensamiento para el año nuevo, que no hay nada imposible: simplemente tienes que seguir tus sueños hasta donde te llevan. Suerte en el intento.
Así que fui solo a la iglesia, con un claro acometido: llevar "el niño" para que le caiga la bendición al final, y a través de él, a nosotros. Sólo había un problema: no teníamos ese "niño Jesús" que la tradición manda usar como receptáculo de bendiciones. Tenemos todo el resto del Belén, eso sí, hasta el consabido Tyrannosaurus de vinilo que en la versión ecuatoriana del pesebre suele reemplazar al caganer catalán, pero al bebé Jesús, en opinión de mi esposa, lo robaron los mismos albañiles que a lo largo de este año se llevaron todas nuestras herramientas, hasta el último desarmador. Es una buena teoría: llevando al bebé, se llevaron las bendiciones de la Navidad pasada, y así nos va. En lugar del niño Jesús, y por falta de calés para comprar otro nuevo, este año nos hemos visto obligados a suplirlo en el pesebre con un juguete de Batman, el Hombre Murciélago, que aparentemente fue diseñado para ir en moto, por eso lleva las piernas flexionadas y los brazos en posición de manejar, lo cual si le tumbas de espalda puede sugerir la posición de un bebé acostado (con pañal gris paloma y culo aplanado). Fue este juguete que mi esposa me mandó hacer bendecir.
Pero ha sido por el camino, allá sobre las ocho menos cuarto de la Nochebuena, cuando empecé a pensar que realmente, la Navidad en Ecuador es otra cosa.
Sobre la costumbre de colgar en la puerta de tu casa una muñeca sin brazos ni cabeza, nadie me había dicho nada. Supongo que como todo tiene su historia, sus pintorescos orígenes nativos. Pero en ese momento me pareció una perfecta metáfora para lo que está viviendo el país ahora: el socialismo feral y feroz que nos quiere a todos descabezados y mancos, es decir, sin la posibilidad ni de expresarnos, ni de pensar, ni de hacer nada por nosotros mismos, sino a través de Mamá Estado. Y así, me quedé pensando en el simbolismo de la muñeca degollada en esta época de cierre de emisoras televisivas, hasta llegar a la iglesia.
Para los que nunca lo han probado, una misa católica es como el apoteosis del aburrimiento. Diría incluso que hasta que no vayas a misa, no sabes lo que es el aburrimiento en estado químicamente puro. La liturgia postridentina es el resultado de siglos de investigaciones en el tema de cómo aburrir a un ser humano indefenso.
Como ya apunté en otro lugar, lo único que se puede hacer cuando vas a la iglesia es dedicarse a mirar culos. No queda otra. (En Durán, las fieles católicas vienen con gran variedad de formas y dimensiones.) En cuanto a las oraciones, si no las sabes de memoria (yo las sabía en inglés y en latín, pero hace siglos, y parece que las respectivas neuronas han fallecido: no puedo terminar el credo niceno y menos el atanasiano, lo cual a pesar de todo es motivo de congoja), lo mejor para no desentonar es simplemente murmullar cualquier cosa que sí sabes de memoria. Al principio probé rellenando el Confiteor con algunos versos de The Waste Land, pero al final descubrí que lo más fácil para seguir el ritmo sin esfuerzo eran rimas de Lewis Carroll y Edward Lear. Así que cuando los demás recitaban el Credo, yo estaba recordando en voz alta The Owl And The Pussycat:
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, the Owl and the Pussycat went to sea
Creador del cielo y de la tierra, in a beautiful pea-green boat.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, they took some honey, and plenty of money,
Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, wrapped up in a five pound note,
nació de Santa María Virgen. The Owl looked up to the stars above,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, and sang to a small guitar,
fue crucificado, muerto y sepultado, O, lovely pussy, O Pussy my love, etc.
Al cabo de unos cuantos siglos, llegó el momento de la bendición de los niños, superhéroes y Tyrannosaurus. Respecto a eso debo decir que la tradición ecuatoriana me parece mucho más higiénica que la española, donde al final de la misa del gallo el cura saca una muñeca tipo Travelina pero en niño y los fieles hacen cola para besarla, con el único atenuante de un pañuelo con el que limpia la baba sobre el bebé tras cada ósculo. Acá, en cambio, como no existe la tradición de hacer cola para nada (siempre me olvido de eso: en las farmacias a veces me aburro tanto viendo a la gente colocarse delante de mí que me pregunto si tengo aspecto de dispensar bolitas de chicle a diez centavos), entonces lo que se ve es una especie de melé donde todos se empujan salvajemente para colocar a su muñequito lo más cerca posible de esos invisibles rayos de bendición que el cura (se supone que tras ser mordido por un apóstol radioactivo) sabe dispersar desde la punta de los dedos, o mejor todavía, en el camino de ese espectacular lanzainciensos que maneja combativamente al estilo Harry Potter. La verdad, no sé si a mi Hombre Murciélago le tocó algún rayo de bendición: pero hice lo que pude.
Camino a casa con el trofeo, me quedé pensando: ¿para qué les sirve a esta gente religiosa la Navidad? Tal vez sólo para una cosa: para lamentar cada año la progresiva "paganización" de una fiesta que en su origen, desde mucho antes del cristianismo fue pagana (vide: solsticio de invierno, Yule, Dies Natalis Solis Invicti, &c) y que nunca dejó realmente de serlo. Lo interesante de esta navidad para mí, sin embargo, había ocurrido esa misma mañana, cuando la habitual desesperación por conseguir regalos a última hora me había llevado al Riocentro de La Puntilla. Llegué sobre las 10.45 de la mañana, dispuesto a pelearme cada palmo de terreno en la lucha por entrar en alguna tienda atestada, y cuál fue mi sorpresa al ver al centro comercial en funcionamiento (los locales estaban abiertos) pero prácticamente desierto. En serio: al entrar conté a 7 personas en todo el pasillo central. Extraordinario, sobre todo cuando me lo comparaba mentalmente con una experiencia de años atrás, una visita a un supermercado inglés el mismo día de Nochebuena, que me recordó un hilarante episodio de Star Trek sobre un planeta sobrepoblado donde la gente no podía moverse (hilarante por lo anticientífico: los experimentos con ratones han demostrado que la sobrepoblación se corrige automáticamente mediante el mecanismo de la alza de la tasa de homosexualidad en la comunidad afectada). ¿Cómo "puede ser posible" (ecuatorianismo a más no poder posible) que en la víspera de Navidad las tiendas de regalos estén casi vacías?
Entre muchas soluciones discutibles, se me ocurre ésta: que en verdad, y pesar de los pesares, el papá Disney tenía razón, los sueños están para ser cumplidos. Hace muchos años, un joven tuvo un bonito sueño: cargarse a toda una clase social (los pelucones) y empobrecer aun más a su país, que ya era llamativamente pobre. Lo que para muchos sería un sueño imposible, él tuvo la constancia y la audacia para cumplir. La extinción de los pelucones, a juzgar por la evidencia de esa mañana ha sido tan fulminante como la de los mismos Tyrannosaurus, y sobre el aumento de pobreza las estadísticas de criminalidad son elocuentes. Lo cual demuestra, y quiero dejarlo como pensamiento para el año nuevo, que no hay nada imposible: simplemente tienes que seguir tus sueños hasta donde te llevan. Suerte en el intento.
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