Niebla (e.m.b.)

No he leído de García Márquez ni la mitad de lo que debería. A juzgar por los patéticos relatos con que adornan las necrológicas (un ojo morado en los tiempos del Vargas Llosa; un feo desplante por parte de Octavio Paz) ha sido un hombre more sinned against than sinning. A modo de aclaración: yo no exijo de los escritores, ni creo que se les pueda razonablemente exigir, que lleven sus colores políticos en mástil, eso es aberración de nuestra cultura rock-star: ¿a quién demonios le ha de importar lo que puede pensar o dejar de pensar un novelista colombiano sobre el castrismo? (Si el mismo novelista voluntariamente decide tratar el tema, se le exige, eso sí, creo que razonablemente, la misma inteligencia con la que trata otros temas.) Las apresuradas biografías (cualquiera diría que no se veía venir este deceso) pintan un hombre benigno, inteligente, modesto, en relativa paz consigo mismo. Impresiona de cierto modo. (Espero con esto no atraer sobre mi caja de comentarios un enjambre de iracundos ideólogos Anon. ansiosos por informarme de tal o cual barbaridad que haya dicho en no sé qué ocasión sobre no sé qué tema político incandescente. Como si importara, chucha. Cut us some slack. Quiero decir, a los viejos, a los que alguna vez hayamos tenido la pretensión de comprenderlo todo todito y hayamos vivido para ver lo tontos que fuimos, y aun para sonreírnos tristemente por ello.) Así que, si quieres criticarlo, demuéstrame, primero, que has leído su obra (lo demás es paja, chismes), y segundo, que tú también has vivido. Lo que no podrás demostrarme es que has llegado a esto. Vamos, me sorprendería mucho.

Esta niebla.

Tu mundo es de colores primarios. Hay vida y hay muerte. En medio, tragedia (o estadística, los números lo dirán). Las hormonas, como una corriente escondida, te llevan río abajo adonde dice Manrique. Hasta tu ideología habla el lenguaje de las hormonas, de las flores (si supieras cuánto, te encerrarías en un monasterio de pura vergüenza). No puedes imaginarte otra cosa. Incluso te suicidarías sin haber imaginado otra cosa.

Bueno, pero inténtalo.

Río abajo, tarde o temprano, te vas a encontrar con esta niebla. Somos muchos los que deambulamos perdidos dentro de ella. Llenamos los asilos de ancianos, pero no solamente ellos. De cierta forma, los aún activos llevamos el asilo a espaldas por doquier, como caracoles.  Andamos arriba y abajo. Sabemos que la muerte está cerca, pero no sabemos en qué dirección.

¿Se encuentra en el mañana? ¿O en el ayer? ¿O en el ahora, detrás de aquella esquina?

¿Por qué ya no me acuerdo de los nombres de mis alumnos? ¿Por qué mi memoria se parece cada vez más a la incierta luz de una única vela, que intenta sin éxito emboscar los confines de mi habitación?

Se supone que esta habitación tiene paredes... Alguna vez tenía, chucha.

¿Dónde termino yo y empiezan los demás? No podré encontrarme con ellos por la vía izquierda-femenina, la de los sentimientos sublimes/borrachos? ¿Tendrá que ser siempre por aquella otra, la de la depurada banalidad?

(No me irritan como antes los que intentan vencer su soledad y llegar a ti mediante un playlist (aquí he hecho lo mismo, sobre todo cuando emb.). Por lo menos son honestos al querer regalarte un puro sentimiento. Culpa suya no es que las canciones por lo general no son correlativo objetivo de nada, a menos que iguales a sus propulsores copa por copa, cigarrillo por cigarrillo, desencuentro sexual por desencuentro sexual, recuerdo por yermo recuerdo, y ni entonces. Prueba de ello es que algunos al escuchar el Bolero de Ravel piensan en patinaje sobre hielo, y otros, en la hora de salida del Abdón Calderón.)

Sí: tus hormonas no te lo dejan ver ahora, pero estás solo. Ni las canciones te unirán con nadie. Estás sola. Espera la niebla, y no verás.

Soy, como siempre he sido, mayormente hambre de mujer, disfrazado como es natural de otra cosa, de paraguas, de cualquier cosa en fin, un ser pequeño y sencillo. Es cuando esa hambre ya no tiene sentido posible que empieza la niebla.

Como han demostrado ser tan infieles los recuerdos, tal vez resultará que mienten donde más cuenta. Tal vez en tu estela has dejado a un montón de mujeres llenas de cariño y de agradecimiento, y no de hiel y amargura y facturas de teléfono. Sueñas últimamente con esa posibilidad. Con restablecer contacto con alguien que te recuerde sin vomitar cerezas.

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